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miércoles, 9 de abril de 2014

tu historia favorita de Batman


Me han preguntado para la revista Número Cero cuál es mi historia favorita de Batman, a propósito del 75 aniversario de Batman que se cumple este año (Detective Comics 27, fecha de portada mayo de 1939).

Personalmente iba a ser "original" y "desconcertar" eligiendo una historieta "rara" de los cientos que he leído de Batman, tal vez alguna de la etapa "alienígena rosa" dibujada por Sheldon Moldoff, o tal vez alguna de Denny O'Neil y Neal Adams. Al final... al final, pues leedlo en el enlace.

Participan Paco Roca, Manel Fontdevila, Santiago García, David Rubín, Álvaro Ortiz, Nadar, Manuel Bartual, Alberto García El Tio Berni, Alexis Nolla y Carlos Vermut. ¡¡Alguna mujer, por favor! (no hay, y lo siento). Que lo diga aquí, si le apetece. TU HISTORIA FAVORITA DE BATMAN. Que hable ahora o

lo haga luego.

lunes, 15 de abril de 2013

GRAF, GRAFFF



En los foros de Artbox, Koki ha recopilado videos de los stands y las mesas redondas celebradas en el primer Graf, encuentro de cómic de autor y edición independiente. Maravilloso, sobre todo para los que no pudimos ir a Barcelona y asistir en persona a un encuentro que, estoy bastante seguro,  irá a más en próximas ediciones.

(logo del Graf por Gabi Corbera; foto del twitter de Borja Crespo)

El Graf, este sábado a la hora de comer
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Reportaje sobre Graf en Esquire España, por Adriana Herreros

El Graf en Número Cero

sábado, 13 de abril de 2013

LOS AÑOS SESENTA PARA...

Dos entrevistas de David G. Natal para Número cero que creo merece la pena leer:
«Mi vuelta a España en 1960 fue un regreso al franquismo, pero el país había avanzado, a pesar de Franco y no gracias a él. Fue muy interesante vivir la transición. Pero la verdad es que me sentía desarraigado, porque después de diez años ya no existía el país que dejé... un fenómeno por otro lado muy natural. Me costó volver a incorporarme al mercado laboral y me cuesta todavía. Todo estaba supeditado al dinero, me había acostumbrado a pensar más en lo que hacía que en lo que valía en términos monetarios.  Me aburre el capitalismo y lo inhumano del sistema».
--Jan, creador de Superlópez
«Siempre leí comics durante mi infancia, pero solo en cierto momento fui consciente de que había un artista dibujando esas cosas. Vi un nombre garabateado en uno de mis cómics y estaba molesto por el hecho de que alguien lo hubiera pintarrajeado. Había tenido el cómic bastante tiempo antes de conectar el nombre garabateado con el concepto de la firma de un artista. No me acuerdo de qué comic se trataba. Puede que fuera uno de los primeros de Rawhide Kid con la firma de Jack Kirby. Me encantaban los westerns».
--Eddie Campbell, autor de Alec, Mi libro sobre el dinero o Baco

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Más cómic en Número Cero

lunes, 31 de diciembre de 2012

2012 EN CÓMICS (y 2)

La memoria y lo autobiográfico han dado otros cómics destacables en este año que termina. Los recuerdos de una infancia transcurrida en los ochenta en el seno de una familia obrera de charnegos constituyen el material narrativo de ‘Entretelas’ (La Cúpula), de Rubén del Rincón, un dibujante de Olesa de Montserrat que ha aprovechado un hueco entre sus últimos trabajos en la industria francesa para poner en orden estos recuerdos junto a su hermano Carlos del Rincón, que firma el color. Frente a ciertas novelas gráficas melifluas y un tanto desnortadas, la memoria familiar de ‘Entretelas’ destaca por su franqueza y precisión a la hora de seleccionar anécdotas significativas y narrarlas con eficacia. Centrada en la lucha de unos obreros por constituir una cooperativa tras el cierre de la fábrica textil en que trabajaban, los ecos de su crónica social e íntima llegan en un momento en que nos parece inevitable buscar paralelismos entre aquella crisis y la actual, tanto como para pensar que se trata de la misma.
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La segunda y última parte del artículo resumen del año que me pidieron desde la revista Númerocero podéis leerla aquí.  
Aprovecho para poner por escrito algunas ideas sobre las listas del año que tanto proliferan por estas fechas. Nunca me han gustado, y este año no ha sido una excepción en ese sentido. Entiendo la necesidad humana de confeccionar esas listas para "recordar" y hacer balance de lo que ha sido el año, pero en el fondo son un timo. La mía también, por supuesto. No ya por la obviedad de que toda lista de esta clase es eminentemente subjetiva, y por tanto no va a coincidir con la lista personal de otras personas, sino porque hacer una lista seleccionando "lo mejor del año" (sean cómics, libros, discos o películas) presupone que te has leído TODO lo que se ha editado ese año en ese sector, cosa que, perdón por la perogrullada, va a ser imposible siempre. De modo que este artículo no pretende ser una lista con "los mejores del año", y reconoce que es un resumen sesgado, incompleto y subjetivo, como no puede ser de otra manera. Quien diga lo contrario miente como un bellaco. Aún así, los destacados en el artículo tampoco obedecen estrictamente a mi gusto en todos los casos, puesto que he aludido a algunos cómics de 2012 que me parecían relevantes por una u otra razón aunque a mí personalmente no me hayan gustado. Al final, ni siquiera es un artículo realmente personal.  
Demasiadas justificaciones, ¿verdad? Como decía antes, es que no me gustan las listas del fin de año. Este artículo para Númerocero lo he escrito como un compromiso, me ha costado muchísimo hacerlo, y no creo que vuelva a repetirlo. De momento, y esto es mucho más importante, os deseo a todos un feliz año. 

miércoles, 19 de diciembre de 2012

2012 EN CÓMICS

Un hombre cerdo se arrastra dolorosamente a través de estrechas oquedades oníricas, entre parásitos inesperados y extraños personajes emblemáticos que parecen salidos de una baraja de naipes, de viejos dibujos animados, de una ilustración de John Tenniel o, vamos a decirlo de una vez, de un trip psicodélico. El calvario de este hombre cerdo, escatológico en lo literal y de una gran densidad en lo simbólico inspirada en la filosofía hindú, tiene lugar en las viñetas del estadounidense Jim Woodring, concretamente en ‘Frank. Filigranas del clima’(Editorial Fulgencio Pimentel), uno de los grandes cómics que se han publicado en España a lo largo de 2012. 
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La primera parte del artículo sobre cómics destacados de 2012 que me han pedido para Númerocero sigue aquí

miércoles, 31 de octubre de 2012

MEMORIAS VISUALES DE UNA NIÑA DE BEIRUT

Cuando se le pregunta por ello, Lamia Ziadé aclara que esto no es un cómic, y hay que creerla. “En las librerías lo colocan normalmente en la sección de cómics pero no creo que lo sea”. Ziadé (Beirut, 1968), artista visual y diseñadora, había hecho antes libros ilustrados, para niños y para adultos, y en esta última órbita puede situarse ‘Bye Bye Babilonia. Beirut (1975-1979)’ (Sexto Piso, 2012, traducción de Elena Martínez Bavière). Sin embargo, resulta difícil no ver en este artefacto ciertamente inclasificable la influencia del cómic a través de la reciente novela gráfica autobiográfica, y más concretamente de una del impacto internacional del ‘Persépolis’ (2000-2003) de Marjane Satrapi. Incluso los paralelismos biográficos entre las dos autoras son llamativos: como la iraní Satrapi, la libanesa Ziadé es una exiliada voluntaria en París, enviada por sus padres para huir de su país natal, en su caso de una guerra civil que parecía no terminar nunca. Como Satrapi, Ziadé rememora la experiencia de su país de origen ya desde una visión de occidental asimilado, integrada en el mundo del “hombre blanco” tras una larga temporada en Francia, donde vive y trabaja.

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Mi artículo sobre Lamia Ziadé y sus memorias sobre la guerra civil de Líbano sigue en Númerocero

jueves, 18 de octubre de 2012

CARANTIGUA (FUCKFACE): LO QUE ES.

Sin ningún tipo de prolegómenos, un preso peligroso al que un carcelero llama Carantigua es arrojado a un planeta prisión (o eso suponemos), habitado como enseguida descubrimos por las peores bestias pardas del universo. Ya en plena caída se parte la cara con uno de los carceleros, y a partir de ahí sigue una interminable sucesión de peleas en las que Carantigua (Cannibal Fuckface en el inglés original) se enfrenta a monstruos patibularios de calaña aún peor que la suya. Su supervivencia pasa por adaptarse al entorno hostil y ser más bárbaro y vengativo que sus oponentes, lo cual es mucho decir en un cómic como este.
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Mi reseña de Pudridero 1, de Johnny Ryan (Entrecomics Comics / Fulgencio Pimentel, 2012) sigue en Númerocero
Johnny Ryan, Pudridero 1, 2012 (originalmente en Prison Pit 1, 2009)
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Me gustaría aprovechar la reseña para comentar algunas cuestiones que se me han quedado en el tintero, en parte por falta de espacio y en parte porque me parecían más “especializadas” y por tanto tal vez menos procedentes en una web como Númerocero.



La edición española de Prison Pit, Pudridero, reúne dos tomos de los cuatro aparecidos hasta ahora en Estados Unidos en un libro de elegante diseño con tapa dura y grueso lomo que parece plantear una paradoja por comparación con la “suciedad” del contenido. David Sánchez Rodríguez se preguntaba hace poco en su blog Intramuros, muy pertinentemente, qué ha pasado en los últimos veinte años para que un material como este, antaño típico del underground, sea consumido en una edición como esta. Lo que ha pasado, esto lo digo yo, es el triunfo de la novela gráfica, y no por casualidad los principales autores norteamericanos de la novela gráfica actual proceden de lo que hasta los noventa se denominaba cómic alternativo –caso precisamente de Ryan, que comenzó autoeditándose en los primeros noventa antes de pasar a la escudería de Fantagraphics–, los cuales a su vez solían reconocer como ascendientes a los dibujantes del comix underground de los sesenta y setenta, con el Padre Crumb a la cabeza.

El comix underground de Rory Hayes (textos de Gary Arlington). «Dear Crusader», Conspiracy Capers (1969)
Ryan dejó de publicar comic books grapados con sus historietas breves de humor cafre en 2001. Lo hizo sencillamente porque su editor americano, Fantagraphics como decía, dejó de publicarlos en favor del libro, el formato más asociado a la novela gráfica. Ryan se vio entonces ante el desafío de afrontar su primera narración larga, y el resultado fue Pudridero. En otras palabras, y en contra de lo que a veces se piensa, una novela gráfica no tiene por qué tratar de temas realistas, “serios” o autobiográficos, un material narrativo que por cierto Ryan detesta y ha parodiado en más de una ocasión. Una novela gráfica puede tratar perfectamente de lo que trata Pudridero, a saber: mamporros, sangre, vísceras, sexo chungo y mutaciones asquerosas. Solo es cuestión de enfoque, de visión. La del autor, en este caso Johnny Ryan. Y la jugada le ha salido tan bien en su país y, por lo visto hasta ahora, también en España, que ahora mismo no tiene planeado cuándo terminará Pudridero. Como él dice, es un tipo de historia que podría continuar para siempre. Lo dejará cuando se aburra.

Johnny Ryan, Pudridero 1 (originalmente en Prison Pit 2, 2010)
NACIDO PARA LA ACCIÓN... O NO, DEPENDE. Lo anterior me lleva a pensar en la larga tradición de acción y aventuras que hay en el cómic; de hecho bien podría mantenerse que hasta no hace mucho era el material predominante de manera aplastante. Lo que no había hasta fechas relativamente recientes eran demasiados recursos formales para representar el mundo interior de las emociones y sensaciones.

Basta pensar en muchas tiras de prensa clásicas de las primeras décadas del XX, cuyos autores se preocuparon más que nada de representar la acción de manera deslumbrante para el lector o, según el caso, cómica. El Little Nemo de Winsor McCay, del que acaba de cumplirse aniversario (15 de octubre de 1905 fue la fecha de publicación de su primera tira de prensa), puede ser una de ellas, el Krazy Kat de Herriman otra, y el Popeye de Segar otra más, tan solo por citar tres de las más conocidas. Hay muchísimos más ejemplos, por supuesto, porque del hilo de la "acción" en el cómic se puede tirar hasta las tiras de aventuras exóticas que comenzaron entre 1929 y los primeros treinta (Tarzán de Hal Foster, Captain Easy de Roy Crane, Terry y los piratas de Milton Caniff, etc.), el modelo de aventuras de la escuela francobelga (Hergé) o, por supuesto, el manga moderno, especialmente a partir de los cincuenta. La acción en las tiras de prensa de McCay o Herriman y otros menos conocidos como Charles Forbell me recuerda ahora que un autor como Chris Ware, del que he hablado un poco durante la última semana, también ha practicado la pantomima en sus historietas breves, como siempre de gran despliegue gráfico; páginas que se pueden insertar –al menos en parte– en la tradición de McCay o Herriman, a la que Ware cita expresamente, aunque se lleve esa tradición al terreno de sus temas personales o aporte nuevos juegos formales. Lo cual me hace preguntarme a su vez si la aparente incomprensión que Ware despierta en algunos lectores de cómic es aplicable también a esos grandes clásicos supuestamente disfrutados por todos los amantes de la historieta, esos McCays y Herrimans de los que Ware desciende hasta cierto punto. O es que tal vez a los Grandes Clásicos no se les aplica el mismo criterio, sancionados por el paso del tiempo, que todo lo ennoblece,  y estos ya gustan "de por sí". No lo sé.
Chris Ware, The Acme Novelty Library (2005)
Chris Ware, «Quimby the Mouse», en The Acme Novelty Library (2005) 
Vista con la mirada adecuada, incluso Johnny Ryan parece estar practicando slapstick –aunque sea violento– más o menos mudo en abundantes páginas de Pudridero, que no se caracteriza precisamente por las grandes parrafadas sino justamente por la acción de trompazos. Al fin y al cabo, es lo que Ryan ya hacía en sus cómics previos, aunque allí, sí, con una intención humorística directa. Hay, en fin, una amplia tradición de acción en el cómic, no hace falta insistir más, basta pensar también en los superhéroes desde los años treinta, que derivaban en buena parte de las primeras tiras de prensa de aventuras, y tal vez por eso la acción nos parezca a veces tan “natural” (ninguna tradición lo es, por supuesto; la tradición lo que hace es naturalizar la invención, el artificio, la convención) para el lenguaje del cómic. Casi como si los tebeos fueran exclusivamente born for action. Tal vez por esa amplia tradición, un cómic (una novela gráfica) de acción tan bruta como Pudridero esté siendo tan fácilmente asimilado y celebrado por sus lectores. A pesar de que es, como probablemente diría su autor en román paladino, rara de cojones.

E. C. Segar. Popeye y Olivia en Thimble Theatre (1931)

 Johnny Ryan, Pudridero 1 (originalmente en Prison Pit 1, 2009)
 Johnny Ryan, Pudridero 1, 2012 (originalmente en Prison Pit 2, 2010)
Hay más cuestiones interesantes en este cómic aparentemente irracional. Una, que apunto en la reseña de Númerocero, que no es tan visceral o primitivo, y sí mucho más sofisticado de lo que aparenta. Técnicamente lo es en su ejecución –a pesar del engañoso acabado del dibujo, una vez más–, pero también porque bajo la somanta de hostias se va dejando ver un gran plan maestro. De Pudridero se ha dicho en este sentido que es el “black metal del cómic”, y que “existe dentro de su propio universo de influencia y ambición, con una actitud lo-fi que contradice el alcance inabarcable de la historia”. Ryan, como ha confesado, tiene un argumento pensado a grandes rasgos, y va conectando los puntos de esa escaleta mental conforme va dibujando. De manera parecida en este sentido al Powr Mastrs de CF, hay una lógica interna visual en las escenas: es el dibujo, anterior a cualquier guión técnico (que no existe aquí), el que va marcando con sus evoluciones sobre la página el ritmo de la narración, y por supuesto todas esas mutaciones físicas (gráficas) de la historia.

BON VOYAGE, SACOMIERDAS. Hay otro detalle en este tebeo que me hizo gracia, y fue comprobar cómo hemos llegado a interiorizar masivamente el patrón del “viaje del héroe” que, por influencia de Joseph Campbell, está deliberadamente en el guión de tantas y tantas películas de Hollywood desde los ochenta para acá. Ese patrón argumental influido por la tesis del monomito de Campbell, presente según él en muchas mitologías diferentes del pasado porque simboliza la función de avance psicológico humano necesaria para sobrevivir, también parece filtrarse en la narración supuestamente “visceral”, no intelectual, de Pudridero. Hasta el punto de que (y cuidado que ahora vienen curvas de spoilers) nada más empezar el viaje de Carantigua con su salida al mundo especial, el héroe (antihéroe, bárbaro y salvaje, pero héroe de su aventura al fin y al cabo), un novato en el mundo al que le ha sido arrojado, comienza su iniciación donde aprenderá poderes mayores de los que tenía. Aún más, en ese viaje no solo se enfrenta a enemigos que pueden verse como dobles de sí mismo y a sucesivas pruebas cada vez más duras, más o menos como en el patrón campbelliano, sino que también encuentra aliados inesperados en su camino, caso del Glotón que se le encasqueta en el brazo para sustituir al miembro perdido, ayudarle en las peleas e incluso, ya puestos, hacerle las mamadas. 
 Johnny Ryan, Pudridero 1 (originalmente en Prison Pit nº 1, 2009)
Si de alguna manera, pues, Carantigua sigue el patrón del monomito campbelliano en cuanto a salida al mundo especial e iniciación personal del héroe, más dudoso parece que llegue a cumplir la parte final del cuento, la del del retorno a su "hogar" o "sociedad" con la mayor sabiduría y experiencia alcanzada durante las pruebas del viaje. Sí, la estructura nos suena un poquillo, es como en el Beowulf,  la Odisea de Homero y el Evangelio cristiano, pero también como la primera trilogía de Star Wars, Born Again de Miller y Mazzucchelli, Terminator-Titanic-Avatar de James Cameron, la trilogía Matrix, Naúfrago de Robert Zemeckis y mil relatos más. Aunque la moraleja de autoayuda, personal o colectiva, no es precisamente algo que parezca interesarle a Ryan, ya veremos cómo acaba esto. Naturalmente, uno puede pensar que en Pudridero hay mucho de la estructura de un videojuego, y estará completamente en lo cierto, pero es que los videojuegos, como el cine de Hollywood, tampoco son inmunes a la influencia de la tesis del monomito de Campbell. Más bien al contrario.

DIBUJAR COMO UN "NIÑO". Otro asunto para comentar podría ser el espíritu que Ryan pretende recuperar aquí, el del viejo tebeo casero que todos dibujamos cuando fuimos niños, en hojas grapadas o encoladas, a veces de muchas páginas. Con un deseo de imitar los tebeos industriales que consumíamos con pasión pero no limitados por ninguna industria del cómic, solo por nuestra imaginación y nuestras ganas, podíamos dibujar durante páginas y páginas, a veces hasta confeccionar un buen tocho. Fue mi caso mientras estaba en la escuela, con historietas protagonizadas en más de una ocasión, cómo no, por un superhéroe de invención propia, a imitación por supuesto de mis favoritos (normalmente Marvel). Mi récord fue un tebeo de unas 120 páginas, más o menos. No los conservo, y por eso mismo en mi memoria se han convertido en objetos míticos. Pero me despisto, estaba hablando de Johnny Ryan. Traduzco ahora de una de las entrevistas (realizada por Ian Burns para The Comics Journal) donde Ryan no se pone a decir chorradas, como suele en las entrevistas, sino cosas coherentes acerca de la génesis de Pudridero: 
Eso era parte de lo que sentía sobre volver a mis orígenes, tratando de recuperar esa sensación. Creo que también era solo la idea del cómic, que quería hacer el tipo de cómic de acción / aventura que podrías encontrar si abrieras algún viejo cuaderno de notas de un chico de 14 años y vieras lo que estaba haciendo. Así que quería captar eso también, e intuí que podía hacerlo con una plumilla [abandonando el pincel, habitual en los cómics previos de Ryan] y haciéndolo con ese estilo.
Otro tema es cómo ha influido en Ryan el cómic que están haciendo algunos jóvenes dibujantes del alternativo más reciente, utilizando de base el material de género para hacer tebeos rabiosamente personales o, como en el caso de CF, raros hasta el asombro. Probablemente, los cómics de CF también le inspiraron a Ryan esa idea de tebeo casero, como si fuera hecho por el chaval que no tiene ninguna obligación de hacerlo, que los dibuja por gusto para sí mismo, con toda libertad y sin más limitaciones que las que él mismo se pone:
También estaba influido por una gran cantidad de jóvenes dibujantes que están saliendo ahora, que son historietistas alternativos pero están trabajando en géneros. No están haciendo las típicas cosas del cómic alternativo. Están haciendo historias de ciencia ficción o historias de acción o historias de horror. Pero no son cosas que cabrían normalmente en algún tipo de cómic mainstream: su estilo de dibujo es poco convencional. Sus sensibilidades son extrañas. Dibujantes como Benjamin Marra (Night Business) o Powr Mastrs, de CF: esos cómics también me han influido. Sentí como que yo podría hacer eso también.
CF, Powr Mastrs nº 2 (2008)
Benjamin Marra, Gangsta Rap Posse nº 2 (2011), más en Mandorla y en el propio blog de Marra
UNA AVENTURA EN SERIO. En cuanto a la intención de hacer Pudridero “en serio”, sin ironía, Ryan aclara:
Hay comedia en todo ese aspecto de un tío que se convierte en un tentáculo de araña grande, gigantesco, o de un tipo que tiene un gusano en su brazo. Hay una cierta comedia a esas cosas, podrías argumentar que sí. Pero siento que al enfocar esos temas en serio, tienen más poder que si estuviera tratando de cachondearme de toda la escena del cómic de acción / super héroes / peleas.
En realidad, cuando uno lee Pudridero, la sensación final es de que se trata de una broma monumental, de dimensiones operísticas; cómica a gran escala, digamos, no de una manera tradicional. Y sobre la falta de subtexto en el cómic, al menos deliberado, explica: 
La idea global detrás de estos libros es que quería hacer un cómic donde hombres grandes, monstruos feos, se reventaran a hostias unos contra otros. Quiero decir que no se puede hacer un cómic así y pensar, "Oh, necesito tener un personaje femenino positivo, debo tener ese tipo de mensaje sexual de que esto está mal y esto está bien", sabes. No estoy pensando en esos términos, y supongo que yo... No sé qué coño estoy intentando hacer [Risas]. Estoy tratando de hacer un cómic, estoy tratando de hacerlo lo más orientado a la acción y lo más raro que me sea posible. Así ha sido toda mi carrera, solo intento hacer algo que me gustaría leer. Quiero decir que si estuviera tratando de tener algún tipo de trasfondo sobre el sexo, o de mis sentimientos inconscientes sobre el sexo [Risas]… cosas así. Estoy seguro de que la gente puede desmenuzar eso en cualquiera de mis cómics. Pero no es algo que esté tratando de hacer conscientemente.
Efectivamente, ya se han hecho lecturas subliminales de Pudridero, preferentemente sexuales, buscando simbolismos coitales en determinadas formas, una alegoría erótica gay o incluso como metáfora de un posible canto a la autoaceptación. Llegados a este punto, y parafraseando a la Susan Sontag de Contra la interpretación, nos cuesta resistirnos a interpretar las obras, y esto indica a menudo un deseo de reemplazarlas por alguna otra cosa, la mierda del autor por nuestra propia mierda. Tal vez eso sea inevitable, cada vez más cuanto mayor y resabiado es uno. Sin embargo, como proponía también Sontag, «idealmente, es posible eludir a los intérpretes por otro camino: mediante la creación de obras de arte cuya superficie sea tan unificada y límpida, cuyo ímpetu sea tal, cuyo mensaje sea tan directo, que la obra pueda ser... lo que es». Tal vez con Pudridero estemos ante una obra de ese tipo. Al menos, nos queda la constancia de que su autor lo pretendió así.

C.F. Termino con un apunte curioso sobre la bestia parda protagonista, el carismático Carantigua, Fuckface en el original americano. Como indico en la reseña que enlazaba al comienzo, el “modelo” real para el personaje procede de la lucha libre estadounidense, a la que Ryan solía ser aficionado, y más concretamente del wrestler Stone Cold Steve Austin, protagonista en alguna pelea real de esos chorreones de sangre por el rostro que Ryan convierte en la “máscara” dibujada de su rudo de cómic.

Stone Cold vs. Carantigua (Fuckface)

Ahí va qué chorrazo. El de Rottweiler Herpes
Más curioso aún es averiguar por qué bautizó así al protagonista. Aunque en Prison Pit no se nombran expresamente a los personajes, Ryan sí les pone a todos nombre en su cabeza. A uno de los primeros enemigos del protagonista, el “michelín” con el braguero de la esvástica nazi, le apodó Rottweiler Herpes, y al protagonista le bautizó Fuckface al principio, tal como le llama expresamente el carcelero que le empuja en las primeras viñetas de la obra. “Pero a mitad de la historia descubrí que ese cómic mierdoso de Garth Ennis llamado Fury tenía a un personaje llamado Fuckface, así que le cambié el nombre a Cannibal Fuckface”. C.F., curiosas siglas. El entrevistador, Nick Gazin, le dice entonces que pensaba que Garth Ennis y su Preacher eran del mismo palo de lo que le gusta a Ryan. “Leí un cómic de Preacher. No es mi rollo. Mi rollo está muy lejos de ese rollo”.

martes, 9 de octubre de 2012

lunes, 8 de octubre de 2012

UNA PORTADA

Sí, es un cómic. Avance de Brassens, la libertad, de Joann Sfar (edita Fulgencio Pimentel). En Número Cero

jueves, 27 de septiembre de 2012

POLÍTICA GRÁFICA

Cuando Christophe Blain (1970) aborda el primer tomo de ‘Quai d’Orsay. Crónicas diplomáticas’ en 2010, ya es una estrella consagrada dentro de la gran industria del cómic francés. Dibujante sobresaliente, a comienzos de la década pasada se había revelado con ‘Isaac el pirata’ (2001-2005), una actualización adulta de un género tan clásico de la bande dessinée como el cómic de aventuras. Para ello aplicaba el ritmo narrativo del ‘Tintín’ de Hergé, el acabado gráfico aprendido de los caricaturistas de primeros del XX, que Blain adora, y una introspección psicológica lograda a base de numerosas viñetas mudas y elipsis abismales. Cansado del pirata, aparcó la serie sin rematarla para rendir homenaje al western y a los tebeos de ‘Lucky Luke’ en la muy cómica ‘Gus’ (2007-2008), un producto de brillante superficie pop que, a la altura de su tercer álbum, no parecía dar más de sí. Es entonces cuando Blain se da el relevo a sí mismo en ‘Quai d’Orsay’ cambiando radicalmente de temática, desde la ficción de género hacia la realidad de la política contemporánea. La serie, con dos tomos de momento, ha cosechado un éxito monumental en Francia y será adaptada al cine nada menos que por Bertrand Tavernier.
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Mi reseña del tomo 2 de Quai d’Orsay. Crónicas diplomáticas continúa en NúmeroCero

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'Quai d’Orsay. Crónicas diplomáticas' está publicado en España por Norma Editorial

martes, 11 de septiembre de 2012

ERÓTICO GROTESCO Y CÓ(S)MICO


“Se aguantó tanto las ganas de defecar que las heces se solidificaron hasta el punto de impedir la evacuación. Y al final llegó a abrirse las tripas para intentar sacarlas… no creo que quepa otra explicación”, dice un médico forense en 'Atasco', una de las historietas recogidas en Reproducción por mitosis y otras historias (EDT, 2012, traducción de Marc Bernabé). Los aficionados más atentos ya habían descubierto a su autor, Shintaro Kago (Tokio, 1969), a través de las páginas que en los últimos años han ido apareciendo en internet; sin embargo, el dibujante japonés permanecía inédito en castellano hasta ahora, al menos en versión impresa. El sexo extremo, la escatología y las diversas parafilias de sus historietas le han valido el encasillamiento en el llamado ero-guro, una tradición que va más allá del manga y se remonta hasta las revistas “picantes” y otras manifestaciones de la cultura de masas japonesa de los años veinte y treinta, dentro de una genealogía que algunos llevan incluso más atrás, hacia ciertos grabados eróticos de los dibujantes decimonónicos de ukiyo-e.


El maestro del manga ero-guro más conocido en España es sin duda Suehiro Maruo, del que ya se ha traducido aquí buena parte de su producción, pero el estilo de Kago es diferente. Si el primero ha construido un elegante imaginario de horror erótico con abundantes citas artísticas al cine expresionista y a la estética fin-de-siècle y de entreguerras, la mirada singular de Kago prefiere posarse sobre el mundo contemporáneo. Es una mirada más soslayada que antepone lo social a lo individual, la metaficción al relato ilusionista, lo cómico grotesco al tremendismo. Ero-guro significa lo que parece, “erótico grotesco”, y esto en el caso de Kago encaja como guante de seda forjado en hierro.
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El texto de mi primera colaboración para la revista Númerocero continúa aquí



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Más sobre Shintaro Kago:

Reseña de Reproducción por mitosis y otras historias en Entrecomics
Reseña en The Watcher and the Tower
Reseña en Mandorla

Sus historietas en internet enlazadas desde Entrecomics

La obra de Shintaro Kago está siendo publicada en España por EDT (Editores de Tebeos), con más tomos en preparación

martes, 13 de marzo de 2012

miércoles, 29 de febrero de 2012

VASELINA PARA EL PENSAMIENTO

«Yo, por ejemplo, yo diría, vale, que la gente vea la tele, si yo fuera dictador... vale, en un suponer. Diría, "puedes ver la tele, pero tienes que estar siempre fumao, o sea, si no, no puedes ver la tele"»

«Para mí el humor es una vía de escape. Para mí la situación que vivimos es que es muy seria, no sólo muy seria, es que es muy dramática. Yo miro a mis sobrinos y... se me cae el alma a los pies pensando en lo que se les viene encima»

«El humor es como un calzado muy bueno para transmitir ciertas ideas, porque hace que entren de manera muy directa [...] Es como un lubricante... dicho así horriblemente. Vaselina para el pensamiento»
Miguel Brieva, en una estupenda videoentrevista de Número Cero

martes, 13 de diciembre de 2011

THE BEST OF

Comenzamos pronto con Número Cero, por Antonio Jiménez Morato. Lo mejor del año en cómics

miércoles, 7 de septiembre de 2011