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domingo, 8 de noviembre de 2015

semanas astrales y cómics en Rockdelux noviembre 2015


Bajo esa portada que conmemora la reedición del Astral Weeks de Van Morrison se «oculta» un nuevo número de Rockdelux. La revista trae, como es habitual cada mes, su sección de cómic, en este caso una página que incluye un artículo breve de Fernando Castro Flórez sobre el Zanardi de Andrea Pazienza (Fulgencio Pimentel) y las siguientes reseñas:
Sangre Americana, de Benjamin Marra (Autsaider), por Daniel Ausente
El mundo a tus pies, de Nadar (Astiberri), reseñado por Raúl Minchinela
Por sus obras le conoceréis, de Jesse Jacobs (DeHavilland), por Miguel A. Pérez-Gómez
 Doble sentido, de Niklas Asker (Sapristi), por Erika Pardo Skoug
Los bosques de Upsala, de Francisco Sánchez y Guillermo Capacés adaptando novela de Álvaro Colomer (De Ponent), por Eloy Fernández Porta
Los mejores enemigos. Segunda parte: 1953-1984, de Jean Pierre Filiu y David B. (Norma), por Daniel Ausente
Miracleman, de Alan Moore, Garry Leach y otros (Panini), por Alberto García.

Rockdelux de noviembre, ya en sus kioscos.

viernes, 26 de julio de 2013

OTRO DÍA EN LA SVA




Ha llegado el momento de mostrar con más detalle las instalaciones del Máster en Narración Visual de la School of Visual Arts, en concreto el workspace donde se trabaja y se imparte la mayoría de clases salvo cuando hay proyecciones o conferencias, que se dan entonces en la cuarta planta, en el miniauditorio que mostré en algún post anterior. 

Todas estas instalaciones están situadas en el noveno piso de un edificio que tiene la SVA en la calle 21 Oeste, en la zona de Chelsea (todas las demás plantas del edificio están ocupadas por oficinas y otros departamentos de la SVA). Las tres primeras fotos son de la pared de entrada a esta espacio de trabajo, con diseño de Nathan Fox, Jeff Rogers y Benjamin Marra. La que vemos arriba sentada trabajando en su espacio personal es Jenny, Jennifer Goldstick, una talentosa diseñadora e ilustradora de Chicago que, aunque no es experta en cómic (me contaba que lo está descubriendo recientemente), admira el trabajo de Chris Ware, que le parece asombroso y un modelo a seguir. Jenny ya se gana la vida con su trabajo, especialmente con encargos de ilustraciones infográficas para prensa y publicidad, pero le gustaría de algún modo poder emplear sus conocimientos de diseño e infografía para hacer una novela gráfica algún día. Tal vez sea ése su proyecto final de máster. Otra anécdota: a Jenny le ha hecho mucha gracia descubrir en las clases de Dan Nadel que un buen número de los creadores de personajes famosos del comic book eran judíos, como ella. Luego me estuvo preguntando más al respecto, y le pasé la lista «completa» con enlaces vía email. Jerry Siegel y Joe Shuster, creadores de Superman, Bob Kane, cocreador de Batman junto al también judío Bill Finger, Will Eisner, Stan Lee, Jack Kirby, Harvey Kurtzman, Bernard Krigstein y muchos otros. Como describió Michael Chabon en su novela Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay (2000) y nos recordaba Art Spiegelman –otro famoso judío del cómic– en un ensayo reciente, los cimientos de la industria del comic book fueron construidos por judíos estadounidenses. En sus comienzos, durante los treinta y primeros cuarenta, el medio era «un entorno específicamente judío, prácticamente una extensión de la industria de la confección. Lo inventó un vendedor de publicaciones judío y se popularizó con historias creadas por dos chicos judíos de Cleveland sobre un inmigrante del planeta Krypton. Muchos de los miembros de la primera generación de creadores –como Will Eisner, Bob Kane (Kahn), Stan Lee (Lieber) y Jack Kirby (Kurtzberg)– eran judíos de Nueva York de primera y segunda generación» (Art Spiegelman, 2002).


Más fotos del espacio común de trabajo, dividido en numerosos cubículos personales para los estudiantes. Cada uno de ellos dotado de mesa, pared con vileda para poder anotar o abocetar, y lámpara de mesa.



Algunos dibujos realizados por los estudiantes de este curso, junto al logotipo del máster.


En la habitación contigua al espacio de trabajo se encuentra esta clase. Aquí es donde los profesores exponen, y es también donde se hacen las puestas en común, los debates y las presentaciones de los trabajos realizados por los estudiantes. Tareas en grupo e individuales, dependiendo del encargo que toque. El MFAVN es un máster experimental porque sólo tiene clases presenciales en verano (junio y julio), durante tres veranos consecutivos. El resto del año se trabaja mediante tareas y seguimiento virtuales. 

Justo al lado de la clase, en una tercera habitación separada solo por la pared/pizarra que podía verse más arriba, se encuentra una minibiblioteca (fotos de abajo) con libros y cómics de referencia básicos, para poder consultarlos en el mismo espacio de trabajo sin tener que ir a la biblioteca principal de la SVA, que está como a veinte minutos andando desde aquí.




Filthy Rich, de Brian Azzarello y Víctor Santos, The Playwright, de Daren White y Eddie Campbell, un Acme Novelty Library de Chris Ware, The New Frontier, de Darwin Cooke, Infinite Kung Fu, de Kagan McLeod, etc. En esas estanterías hay también libros sobre diseño y tipografía, ilustración y artistas plásticos.



Esta es la zona de descanso, contigua a la clase y al espacio de trabajo. Y la que vemos haciendo un break a media mañana en uno de los sillones es Anna Eveslage, una estupenda fotógrafa que también dibuja, como todos los estudiantes del máster. Junto a ella a la izquierda, aunque no se vea, hay una aparador de cocina con varias cafeteras eléctricas y un frigorífico, que sí ve un poco, para que los estudiantes puedan guardar comida y bebida. Hay que tener en cuenta que se puede venir a trabajar a este espacio las 24 horas del día. Por la noche basta con enseñar tu tarjeta de la SVA al guarda de la entrada para que te deje subir, y no hay problema alguno en echarse una cabezada en esos sillones de diseño clásico van der Rohe. Para eso están. De vez en cuando, Joan McCabe, asistente del chair y auténtica «hada madrina» del máster, ha dejado en la nevera frutas y helados gratis para todos. En esas mesas de la zona de descanso también hay caramelos y chupachups. Son detalles que resultan muy agradables.





Las vistas desde la ventana del espacio de descanso. Very typical neoyorquinas como se ve, depósitos de agua incluidos.




Más vistas de la clase. Arriba, las taquillas para cada estudiante.

Un cartel para una exposición del máster que acaban de retirar. Por el estilo de la rotulación diría que el autor, si no me equivoco, es Jeff Rogers.













De vuelta de nuevo al espacio de trabajo. Repito que todo esto está en la misma planta del edificio, son tres habitaciones contiguas.


WHAT TIME IS IT. Aquí arriba puede verse otra vez mi mesa de trabajo (antes de que Alison instalara la lámpara, por cierto), con una página a medio dibujar. En esta ciudad me está dando tiempo a hacer de todo, incluso de dibujar los cómics que tengo entre manos. Cuando uno se levanta a las seis o a las siete, como hace la gente aquí normalmente, el día cunde una barbaridad. Sobre todo si no «se cierra» todo a la hora de comer como sucede en España. A las seis de la mañana ya es de día, porque a diferencia de nosotros aquí siguen la hora solar del meridiano que les corresponde. De este modo, cuando tienes que levantarte a las seis no lo haces de noche, como nosotros (por si alguien no sabe por qué en España llevamos un desfase solar de una hora menos respecto al huso horario que nos corresponde, se debe a una decisión de Franco que hasta ahora nadie ha rectificado. Desde 1942 España no sigue la hora europea occidental –que es la que le correspondería por el meridiano, el de Greenwich, y es la que siguen Reino Unido, Irlanda, Portugal, Marruecos y Canarias– sino la hora de Europa central.  La «peculiar» razón de aquella decisión franquista, aquí). 

A las seis de la tarde en los States, como en el resto de occidente –salvo nosotros, una vez más– la gente ya ha dado de mano y, si es el caso, se ha recogido en casa; hacia las siete se cena usualmente, como en la mayoría de países occidentales. Esto que digo es el horario estándar, claro. Porque como sucede en todas las grandes ciudades, luego cada cual va a su bola y tiene el horario que tiene, y por eso en Nueva York te puedes encontrar a gente comiendo o cenando a cualquier hora en bares y restaurantes. Las tiendas suelen cerrar tarde en América. Por ejemplo, en Manhattan puedes ver una tienda de cómics abierta hasta las once de la noche, y esto a diario. The city that never sleeps, tal cual. Los domingos abren muchos comercios, pero eso es algo que también vi en Baltimore, no es exclusivo de NYC. Por supuesto, eso significa que hay más trabajadores haciendo turnos de trabajo, no que trabajen más horas que nosotros. Otra cosa que notas en comercios, supermercados y restaurantes es que hay mucho más personal trabajando a la vez respecto a un local similar en España. En los supermercados, por ejemplo, hay más reponedores en todas las secciones y hay más personal en las cajas; incluso tienen a un empleado que organiza la cola para pagar y va «cantando» la siguiente caja libre al cliente que le toca; el resultado de esta organización es que jamás estás más de dos o tres minutos esperando para pagar. No se trata sólo de eficacia, se trata también de que hay más empleados, insisto. Con los bares de copas, restaurantes o diners sucede lo mismo. Las conclusiones, vosotros mismos.

WINDOWS OF THE WORLD. Pero se me va el santo al cielo. Esto es lo que veo desde mi espacio de trabajo en la SVA si me levanto para mirar por la ventana. Aquí debajo, las vistas desde otra ventana.



Más dibujos de los estudiantes. Éstos de arriba en concreto son de Louisa Bertman, dibujante, ilustradora e animadora digital, una profesional que lleva tiempo trabajando en el sector aunque haya decidido ahora hacer este máster. Entre sus artistas de referencia (pueden verse también en esa pared) se encuentran Crumb, Grosz y Schiele. Aquí debajo, más dibujos de otros estudiantes.





El espacio de trabajo está coronado por dos tabletas gráficas Wacom Cintiq, más un éscaner grande formato A3 y una fotocopiadora/impresora multifunción, de libre uso por todos los estudiantes.





EN CLASE. Exponiendo uno de los ejercicios en grupo para la clase de Nathan Fox, el chair del departamento y profesor en el máster (con camisa de cuadros, en el centro de la foto de aquí debajo). Cada uno de los cuatro grupos debía desarrollar una historia inspirándose en un artista como referente que les fue asignado. Recuerdo que dos de los referentes fueron John Baldessari y Man Ray, no me acuerdo de los otros dos. Abajo, presentando y comentando los trabajos de los estudiantes. 



De izquierda a derecha: Jacob, Ryan y Nathan, oculto; en el centro Zach; a la derecha Ivory y Louisa, en primer plano.


Jenny inclinada para comentar un trabajo, Nathan en el centro y Anna de pie, a la derecha; al fondo a la izquierda, Feifei, una estudiante china que ha venido expresamente a cursar el máster, Alison con camisa verde y Craig Coss, el alto, un magnífico pintor e ilustrador de California que también está pasando el verano en NYC para realizar el máster. Aquí debajo, un espectacular trabajo en grupo. Realizado por Melissa, Alison y Ryan.

 
OPEN STUDIOS / PERFORMANCE. Ayer por la tarde hubo sesión de estudio abierto al público en el Máster en Narración visual la SVA, y vino gente a curiosear al espacio de trabajo que os acabo de enseñar. Antes de eso habían comenzado las presentaciones de los proyectos finales de los estudiantes, en formato de performance breve (5 minutos) basado en el objeto amarillo que le fue asignado a cada uno. De nuevo, la importancia de saber «actuar» en público, lo hagas luego como artista o como orador/conferenciante. Cada estudiante ha realizado un show de su padre y de su madre, y de eso se trataba. Debo decir que en general han estado espectaculares. Si yo fuera el responsable del grupo –cosa que es Nathan Fox–, estaría orgulloso de ellos. Él lo está, desde luego, tal como ha dicho esta mañana al terminar todas las presentaciones. Abajo, dos de las mejores para mi gusto: la performance de Zach Ares, ilustrador y animador de Detroit que ha realizado una buena cantidad de dibujos para proyectarlos sobre sí mismo mientras sonaba un relato que ha grabado, y la que ha llevado a cabo Jenny, que ha combinado la proyección de una animación preparada previamente con dibujos hechos en directo de manera sincronizaba, mientras sonaba una narración grabada por ella misma. Todo para contarnos una historia profundamente personal.



(foto de Anna Eveslage)
(foto de Anna Eveslage)



jueves, 18 de octubre de 2012

CARANTIGUA (FUCKFACE): LO QUE ES.

Sin ningún tipo de prolegómenos, un preso peligroso al que un carcelero llama Carantigua es arrojado a un planeta prisión (o eso suponemos), habitado como enseguida descubrimos por las peores bestias pardas del universo. Ya en plena caída se parte la cara con uno de los carceleros, y a partir de ahí sigue una interminable sucesión de peleas en las que Carantigua (Cannibal Fuckface en el inglés original) se enfrenta a monstruos patibularios de calaña aún peor que la suya. Su supervivencia pasa por adaptarse al entorno hostil y ser más bárbaro y vengativo que sus oponentes, lo cual es mucho decir en un cómic como este.
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Mi reseña de Pudridero 1, de Johnny Ryan (Entrecomics Comics / Fulgencio Pimentel, 2012) sigue en Númerocero
Johnny Ryan, Pudridero 1, 2012 (originalmente en Prison Pit 1, 2009)
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Me gustaría aprovechar la reseña para comentar algunas cuestiones que se me han quedado en el tintero, en parte por falta de espacio y en parte porque me parecían más “especializadas” y por tanto tal vez menos procedentes en una web como Númerocero.



La edición española de Prison Pit, Pudridero, reúne dos tomos de los cuatro aparecidos hasta ahora en Estados Unidos en un libro de elegante diseño con tapa dura y grueso lomo que parece plantear una paradoja por comparación con la “suciedad” del contenido. David Sánchez Rodríguez se preguntaba hace poco en su blog Intramuros, muy pertinentemente, qué ha pasado en los últimos veinte años para que un material como este, antaño típico del underground, sea consumido en una edición como esta. Lo que ha pasado, esto lo digo yo, es el triunfo de la novela gráfica, y no por casualidad los principales autores norteamericanos de la novela gráfica actual proceden de lo que hasta los noventa se denominaba cómic alternativo –caso precisamente de Ryan, que comenzó autoeditándose en los primeros noventa antes de pasar a la escudería de Fantagraphics–, los cuales a su vez solían reconocer como ascendientes a los dibujantes del comix underground de los sesenta y setenta, con el Padre Crumb a la cabeza.

El comix underground de Rory Hayes (textos de Gary Arlington). «Dear Crusader», Conspiracy Capers (1969)
Ryan dejó de publicar comic books grapados con sus historietas breves de humor cafre en 2001. Lo hizo sencillamente porque su editor americano, Fantagraphics como decía, dejó de publicarlos en favor del libro, el formato más asociado a la novela gráfica. Ryan se vio entonces ante el desafío de afrontar su primera narración larga, y el resultado fue Pudridero. En otras palabras, y en contra de lo que a veces se piensa, una novela gráfica no tiene por qué tratar de temas realistas, “serios” o autobiográficos, un material narrativo que por cierto Ryan detesta y ha parodiado en más de una ocasión. Una novela gráfica puede tratar perfectamente de lo que trata Pudridero, a saber: mamporros, sangre, vísceras, sexo chungo y mutaciones asquerosas. Solo es cuestión de enfoque, de visión. La del autor, en este caso Johnny Ryan. Y la jugada le ha salido tan bien en su país y, por lo visto hasta ahora, también en España, que ahora mismo no tiene planeado cuándo terminará Pudridero. Como él dice, es un tipo de historia que podría continuar para siempre. Lo dejará cuando se aburra.

Johnny Ryan, Pudridero 1 (originalmente en Prison Pit 2, 2010)
NACIDO PARA LA ACCIÓN... O NO, DEPENDE. Lo anterior me lleva a pensar en la larga tradición de acción y aventuras que hay en el cómic; de hecho bien podría mantenerse que hasta no hace mucho era el material predominante de manera aplastante. Lo que no había hasta fechas relativamente recientes eran demasiados recursos formales para representar el mundo interior de las emociones y sensaciones.

Basta pensar en muchas tiras de prensa clásicas de las primeras décadas del XX, cuyos autores se preocuparon más que nada de representar la acción de manera deslumbrante para el lector o, según el caso, cómica. El Little Nemo de Winsor McCay, del que acaba de cumplirse aniversario (15 de octubre de 1905 fue la fecha de publicación de su primera tira de prensa), puede ser una de ellas, el Krazy Kat de Herriman otra, y el Popeye de Segar otra más, tan solo por citar tres de las más conocidas. Hay muchísimos más ejemplos, por supuesto, porque del hilo de la "acción" en el cómic se puede tirar hasta las tiras de aventuras exóticas que comenzaron entre 1929 y los primeros treinta (Tarzán de Hal Foster, Captain Easy de Roy Crane, Terry y los piratas de Milton Caniff, etc.), el modelo de aventuras de la escuela francobelga (Hergé) o, por supuesto, el manga moderno, especialmente a partir de los cincuenta. La acción en las tiras de prensa de McCay o Herriman y otros menos conocidos como Charles Forbell me recuerda ahora que un autor como Chris Ware, del que he hablado un poco durante la última semana, también ha practicado la pantomima en sus historietas breves, como siempre de gran despliegue gráfico; páginas que se pueden insertar –al menos en parte– en la tradición de McCay o Herriman, a la que Ware cita expresamente, aunque se lleve esa tradición al terreno de sus temas personales o aporte nuevos juegos formales. Lo cual me hace preguntarme a su vez si la aparente incomprensión que Ware despierta en algunos lectores de cómic es aplicable también a esos grandes clásicos supuestamente disfrutados por todos los amantes de la historieta, esos McCays y Herrimans de los que Ware desciende hasta cierto punto. O es que tal vez a los Grandes Clásicos no se les aplica el mismo criterio, sancionados por el paso del tiempo, que todo lo ennoblece,  y estos ya gustan "de por sí". No lo sé.
Chris Ware, The Acme Novelty Library (2005)
Chris Ware, «Quimby the Mouse», en The Acme Novelty Library (2005) 
Vista con la mirada adecuada, incluso Johnny Ryan parece estar practicando slapstick –aunque sea violento– más o menos mudo en abundantes páginas de Pudridero, que no se caracteriza precisamente por las grandes parrafadas sino justamente por la acción de trompazos. Al fin y al cabo, es lo que Ryan ya hacía en sus cómics previos, aunque allí, sí, con una intención humorística directa. Hay, en fin, una amplia tradición de acción en el cómic, no hace falta insistir más, basta pensar también en los superhéroes desde los años treinta, que derivaban en buena parte de las primeras tiras de prensa de aventuras, y tal vez por eso la acción nos parezca a veces tan “natural” (ninguna tradición lo es, por supuesto; la tradición lo que hace es naturalizar la invención, el artificio, la convención) para el lenguaje del cómic. Casi como si los tebeos fueran exclusivamente born for action. Tal vez por esa amplia tradición, un cómic (una novela gráfica) de acción tan bruta como Pudridero esté siendo tan fácilmente asimilado y celebrado por sus lectores. A pesar de que es, como probablemente diría su autor en román paladino, rara de cojones.

E. C. Segar. Popeye y Olivia en Thimble Theatre (1931)

 Johnny Ryan, Pudridero 1 (originalmente en Prison Pit 1, 2009)
 Johnny Ryan, Pudridero 1, 2012 (originalmente en Prison Pit 2, 2010)
Hay más cuestiones interesantes en este cómic aparentemente irracional. Una, que apunto en la reseña de Númerocero, que no es tan visceral o primitivo, y sí mucho más sofisticado de lo que aparenta. Técnicamente lo es en su ejecución –a pesar del engañoso acabado del dibujo, una vez más–, pero también porque bajo la somanta de hostias se va dejando ver un gran plan maestro. De Pudridero se ha dicho en este sentido que es el “black metal del cómic”, y que “existe dentro de su propio universo de influencia y ambición, con una actitud lo-fi que contradice el alcance inabarcable de la historia”. Ryan, como ha confesado, tiene un argumento pensado a grandes rasgos, y va conectando los puntos de esa escaleta mental conforme va dibujando. De manera parecida en este sentido al Powr Mastrs de CF, hay una lógica interna visual en las escenas: es el dibujo, anterior a cualquier guión técnico (que no existe aquí), el que va marcando con sus evoluciones sobre la página el ritmo de la narración, y por supuesto todas esas mutaciones físicas (gráficas) de la historia.

BON VOYAGE, SACOMIERDAS. Hay otro detalle en este tebeo que me hizo gracia, y fue comprobar cómo hemos llegado a interiorizar masivamente el patrón del “viaje del héroe” que, por influencia de Joseph Campbell, está deliberadamente en el guión de tantas y tantas películas de Hollywood desde los ochenta para acá. Ese patrón argumental influido por la tesis del monomito de Campbell, presente según él en muchas mitologías diferentes del pasado porque simboliza la función de avance psicológico humano necesaria para sobrevivir, también parece filtrarse en la narración supuestamente “visceral”, no intelectual, de Pudridero. Hasta el punto de que (y cuidado que ahora vienen curvas de spoilers) nada más empezar el viaje de Carantigua con su salida al mundo especial, el héroe (antihéroe, bárbaro y salvaje, pero héroe de su aventura al fin y al cabo), un novato en el mundo al que le ha sido arrojado, comienza su iniciación donde aprenderá poderes mayores de los que tenía. Aún más, en ese viaje no solo se enfrenta a enemigos que pueden verse como dobles de sí mismo y a sucesivas pruebas cada vez más duras, más o menos como en el patrón campbelliano, sino que también encuentra aliados inesperados en su camino, caso del Glotón que se le encasqueta en el brazo para sustituir al miembro perdido, ayudarle en las peleas e incluso, ya puestos, hacerle las mamadas. 
 Johnny Ryan, Pudridero 1 (originalmente en Prison Pit nº 1, 2009)
Si de alguna manera, pues, Carantigua sigue el patrón del monomito campbelliano en cuanto a salida al mundo especial e iniciación personal del héroe, más dudoso parece que llegue a cumplir la parte final del cuento, la del del retorno a su "hogar" o "sociedad" con la mayor sabiduría y experiencia alcanzada durante las pruebas del viaje. Sí, la estructura nos suena un poquillo, es como en el Beowulf,  la Odisea de Homero y el Evangelio cristiano, pero también como la primera trilogía de Star Wars, Born Again de Miller y Mazzucchelli, Terminator-Titanic-Avatar de James Cameron, la trilogía MatrixNaúfrago de Robert Zemeckis y mil relatos más. Aunque la moraleja de autoayuda, personal o colectiva, no es precisamente algo que parezca interesarle a Ryan, ya veremos cómo acaba esto. Naturalmente, uno puede pensar que en Pudridero hay mucho de la estructura de un videojuego, y estará completamente en lo cierto, pero es que los videojuegos, como el cine de Hollywood, tampoco son inmunes a la influencia de la tesis del monomito de Campbell. Más bien al contrario.

DIBUJAR COMO UN "NIÑO". Otro asunto para comentar podría ser el espíritu que Ryan pretende recuperar aquí, el del viejo tebeo casero que todos dibujamos cuando fuimos niños, en hojas grapadas o encoladas, a veces de muchas páginas. Con un deseo de imitar los tebeos industriales que consumíamos con pasión pero no limitados por ninguna industria del cómic, solo por nuestra imaginación y nuestras ganas, podíamos dibujar durante páginas y páginas, a veces hasta confeccionar un buen tocho. Fue mi caso mientras estaba en la escuela, con historietas protagonizadas en más de una ocasión, cómo no, por un superhéroe de invención propia, a imitación por supuesto de mis favoritos (normalmente Marvel). Mi récord fue un tebeo de unas 120 páginas, más o menos. No los conservo, y por eso mismo en mi memoria se han convertido en objetos míticos. Pero me despisto, estaba hablando de Johnny Ryan. Traduzco ahora de una de las entrevistas (realizada por Ian Burns para The Comics Journal) donde Ryan no se pone a decir chorradas, como suele en las entrevistas, sino cosas coherentes acerca de la génesis de Pudridero
Eso era parte de lo que sentía sobre volver a mis orígenes, tratando de recuperar esa sensación. Creo que también era solo la idea del cómic, que quería hacer el tipo de cómic de acción / aventura que podrías encontrar si abrieras algún viejo cuaderno de notas de un chico de 14 años y vieras lo que estaba haciendo. Así que quería captar eso también, e intuí que podía hacerlo con una plumilla [abandonando el pincel, habitual en los cómics previos de Ryan] y haciéndolo con ese estilo.
Otro tema es cómo ha influido en Ryan el cómic que están haciendo algunos jóvenes dibujantes del alternativo más reciente, utilizando de base el material de género para hacer tebeos rabiosamente personales o, como en el caso de CF, raros hasta el asombro. Probablemente, los cómics de CF también le inspiraron a Ryan esa idea de tebeo casero, como si fuera hecho por el chaval que no tiene ninguna obligación de hacerlo, que los dibuja por gusto para sí mismo, con toda libertad y sin más limitaciones que las que él mismo se pone:
También estaba influido por una gran cantidad de jóvenes dibujantes que están saliendo ahora, que son historietistas alternativos pero están trabajando en géneros. No están haciendo las típicas cosas del cómic alternativo. Están haciendo historias de ciencia ficción o historias de acción o historias de horror. Pero no son cosas que cabrían normalmente en algún tipo de cómic mainstream: su estilo de dibujo es poco convencional. Sus sensibilidades son extrañas. Dibujantes como Benjamin Marra (Night Business) o Powr Mastrs, de CF: esos cómics también me han influido. Sentí como que yo podría hacer eso también.
CF, Powr Mastrs nº 2 (2008)
Benjamin Marra, Gangsta Rap Posse nº 2 (2011), más en Mandorla y en el propio blog de Marra
UNA AVENTURA EN SERIO. En cuanto a la intención de hacer Pudridero “en serio”, sin ironía, Ryan aclara:
Hay comedia en todo ese aspecto de un tío que se convierte en un tentáculo de araña grande, gigantesco, o de un tipo que tiene un gusano en su brazo. Hay una cierta comedia a esas cosas, podrías argumentar que sí. Pero siento que al enfocar esos temas en serio, tienen más poder que si estuviera tratando de cachondearme de toda la escena del cómic de acción / super héroes / peleas.
En realidad, cuando uno lee Pudridero, la sensación final es de que se trata de una broma monumental, de dimensiones operísticas; cómica a gran escala, digamos, no de una manera tradicional. Y sobre la falta de subtexto en el cómic, al menos deliberado, explica: 
La idea global detrás de estos libros es que quería hacer un cómic donde hombres grandes, monstruos feos, se reventaran a hostias unos contra otros. Quiero decir que no se puede hacer un cómic así y pensar, "Oh, necesito tener un personaje femenino positivo, debo tener ese tipo de mensaje sexual de que esto está mal y esto está bien", sabes. No estoy pensando en esos términos, y supongo que yo... No sé qué coño estoy intentando hacer [Risas]. Estoy tratando de hacer un cómic, estoy tratando de hacerlo lo más orientado a la acción y lo más raro que me sea posible. Así ha sido toda mi carrera, solo intento hacer algo que me gustaría leer. Quiero decir que si estuviera tratando de tener algún tipo de trasfondo sobre el sexo, o de mis sentimientos inconscientes sobre el sexo [Risas]… cosas así. Estoy seguro de que la gente puede desmenuzar eso en cualquiera de mis cómics. Pero no es algo que esté tratando de hacer conscientemente.
Efectivamente, ya se han hecho lecturas subliminales de Pudridero, preferentemente sexuales, buscando simbolismos coitales en determinadas formas, una alegoría erótica gay o incluso como metáfora de un posible canto a la autoaceptación. Llegados a este punto, y parafraseando a la Susan Sontag de Contra la interpretación, nos cuesta resistirnos a interpretar las obras, y esto indica a menudo un deseo de reemplazarlas por alguna otra cosa, la mierda del autor por nuestra propia mierda. Tal vez eso sea inevitable, cada vez más cuanto mayor y resabiado es uno. Sin embargo, como proponía también Sontag, «idealmente, es posible eludir a los intérpretes por otro camino: mediante la creación de obras de arte cuya superficie sea tan unificada y límpida, cuyo ímpetu sea tal, cuyo mensaje sea tan directo, que la obra pueda ser... lo que es». Tal vez con Pudridero estemos ante una obra de ese tipo. Al menos, nos queda la constancia de que su autor lo pretendió así.

C.F. Termino con un apunte curioso sobre la bestia parda protagonista, el carismático Carantigua, Fuckface en el original americano. Como indico en la reseña que enlazaba al comienzo, el “modelo” real para el personaje procede de la lucha libre estadounidense, a la que Ryan solía ser aficionado, y más concretamente del wrestler Stone Cold Steve Austin, protagonista en alguna pelea real de esos chorreones de sangre por el rostro que Ryan convierte en la “máscara” dibujada de su rudo de cómic.

Stone Cold vs. Carantigua (Fuckface)

Ahí va qué chorrazo. El de Rottweiler Herpes
Más curioso aún es averiguar por qué bautizó así al protagonista. Aunque en Prison Pit no se nombran expresamente a los personajes, Ryan sí les pone a todos nombre en su cabeza. A uno de los primeros enemigos del protagonista, el “michelín” con el braguero de la esvástica nazi, le apodó Rottweiler Herpes, y al protagonista le bautizó Fuckface al principio, tal como le llama expresamente el carcelero que le empuja en las primeras viñetas de la obra. “Pero a mitad de la historia descubrí que ese cómic mierdoso de Garth Ennis llamado Fury tenía a un personaje llamado Fuckface, así que le cambié el nombre a Cannibal Fuckface”. C.F., curiosas siglas. El entrevistador, Nick Gazin, le dice entonces que pensaba que Garth Ennis y su Preacher eran del mismo palo de lo que le gusta a Ryan. “Leí un cómic de Preacher. No es mi rollo. Mi rollo está muy lejos de ese rollo”.