
No sé si alguien se ha preguntado alguna vez por qué al comic book le llaman comic book, o sea, libro de cómic, un formato tradicional en la industria norteamericana desde los primeros años treinta (habitualmente se suele considerar que los primeros comic books fueron FUNNIES ON PARADE y FAMOUS FUNNIES). Por si alguien no lo sabe, el comic book era un cuadernillo grapado de escasas páginas (36 tenía FAMOUS FUNNIES) e impreso en papel barato en el que cualquier parecido con un libro era pura coincidencia. Y sin embargo, como eran recopilaciones (los primeros comic books contenían recopilaciones de tiras ya publicadas en la prensa; luego empezaron a recoger material nuevo expresamente producido), el término comic book cuajó para diferenciar el nuevo soporte, autónomo respecto a las tiras de prensa, que estaban supeditadas para su publicación al espacio que les dejaran los periódicos.

Como se ve, era un término completamente convencional que no significa literalmente lo que dice: un "comic-book" no era un libro-de-cómic, pero el nombre valía para designar el nuevo soporte y formato, que en años venideros (Superman, 1938, y los héroes disfrazados que le siguieron) serviría de plataforma para el nuevo género de superhéroes y de otros géneros populares que encontraron hueco en el cómic (crimen, terror, romántico, etc.). Con los años, el género de superhéroes se convertiría en hegemónico -desplazando a los demás géneros cultivados en el comic book- y por tanto en el
mainstream del comic book. Y con la decadencia de las tiras de prensa, el mainstream del comic book terminaría convirtiéndose en el mainstream absoluto del mercado norteamericano.
Pues bien, yo aún me sigo preguntando por qué tantos aficionados se siguen rasgando las vestiduras -¡aún!- ante otro término convencional que en estos últimos años nos ha servido para denominar a un movimiento de cómic de autor reconocible por cierto formato (este sí es el de un libro, aunque de dimensiones y aspecto variables, dependiendo de la obra y del autor; y teniendo en cuenta que la obra ha podido prepublicarse antes en otro formato distinto) combinado con unas ciertas intenciones creativas, temáticas y narrativas. Me refiero por supuesto a la novela gráfica, el movimiento. El término es igual de convencional que comic book: igual que un comic-book no era un "book", la novela-gráfica no es una novela en sentido literal, pero por determinadas razones el uso del término empezó a cuajar a finales de los sesenta, algo más tarde en la segunda mitad de los setenta (CONTRATO CON DIOS) y ya abiertamente durante los ochenta (MAUS I, etc.) hasta llegar a la generación actual de novela gráfica (JIMMY CORRIGAN y todo lo que le ha seguido). Que sí, que ya, que no es una novela, es un cómic, un tebeo, pero el término se ha implantado convencionalmente, a las editoriales literarias les viene bien para vender la cosa, y a todos nos sirve para
reconocer algo relativamente nuevo y distinguirlo del resto de cómics. Igual que el comic book generó su propia tradición diferenciada de las tiras de prensa, la novela gráfica hace lo propio respecto a otros formatos tradicionales del cómic, el comic book entre ellos.

Lo que quiero decir es ¿y por qué al comix underground se le llamó comix underground? Pues porque de alguna manera había que llamar a aquel movimiento alternativo (al mainstream, claro) de finales de los sesenta, para poder referirse a él de manera rápida y reconocible (luego estaban las razones particulares del caso: la palabra "comix" se usaba en alguno de aquellos tebeos -que por cierto se publicaron habitualmente en formato comic book-, la "x" aludía a que eran cómics para adultos y no para el público infantil al que alimentaba el mainstream, etc.). Con el movimiento de la novela gráfica moderna sucede algo parecido. De alguna forma había que bautizar al niño.
Y al hilo de esto, abordo el asunto del cómic "para gafapastas", apelativo "cariñoso" con el cual ciertos aficionados más apegados a, digamos, fórmulas tradicionales del tebeo producido en masa como entretenimiento (lo cual está muy bien dicho sea de paso) han bautizado a muchas de estas novelas gráficas. Bajo ese apelativo claramente despectivo, como de insulto bobo de colegio, estos aficionados están diciendo en realidad mucho más de sí mismos que de los tebeos de los que pretenden burlarse.

Al bautizar como "gafapasta" un tebeo, sea de Spiegelman, de Ware, de Burns, de David B. o de Satrapi, lo que pretenden decir es que son tebeos "aburridos", "no molones", incluso difíciles de leer (no voy a entrar en la cuestión de por qué pueden resultar difíciles de leer). Tebeos, se quiere decir en suma, para "minorías" snobs, no para el aficionado fetén de toda la vida, el "gran público" al que el cómic se debe. Y ahora viene la pregunta que me hacía el otro día, aunque no llegué a formularla claramente. Tres posts más abajo ha vuelto a salir la cuestión, cuando David Mazzucchelli ponía el dedo en la llaga durante su conversación con Dash Shaw para el Comics Journal: el "mainstream" estadounidense tradicional está dejando de ser auténtico mainstream porque -esto no lo dice él, lo digo yo- mientras sus cifras de venta no dejan de bajar mes tras mes, el manga triunfa entre los más jóvenes y las novelas gráficas siguen pujantes entre el público adulto general, que además las compra en librerías generalistas junto a los demás libros (incluyendo por supuesto novelas auténticas, literarias quiero decir).

Llegados a este punto, y teniendo en cuenta que a duras penas un comic book estadounidense está llegando ahora mismo a los 100.000 ejemplares vendidos, o que en España un título "mainstream" puede vender unos 4.000-6.000 ejemplares, o que dos de los tebeos de grapa más vendidos en nuestro país llegan a unos 17.000 ejemplares, ¿a quién estamos llamando "gafapasta"? ¿A las 15.000 personas que se compran los tebeos de Mauro Entrialgo o de Juanjo Sáez? ¿A las más de 400.000 personas que han comprado en todo el mundo el PERSÉPOLIS de Satrapi? ¿Al más de medio millón que ha comprado MAUS sólo en Estados Unidos, a los que hay que sumar los cientos de miles de ejemplares vendidos en otros países de un tebeo que se ha leído hasta mi madre?
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ACTUALIZACIÓN"Lo de "a duras penas un comic book estadounidense está llegando ahora mismo a los 100.000 ejemplares vendidos" se queda corto. EL "top 300" cae enseguida por debajo de los 50.000 (los veinte primeros, más o menos), y la mayoría de títulos rondan entre los 20.000 y los 5.000 (entre el puesto 20 y el 200 nada menos).
Habría que actualizar a qué tebeos se llama mainstream... lo culto es leer superhéroes hombre, las novelas gráficas están al alcance de cualquiera!
;-)"
Kano, en comentarios.
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Más sobre los formatos en el cómic, en un artículo de Jesús Jiménez Varea en
Tebeosfera (gracias, Manuel)
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"Según Len Wein, en los 80 cancelaban series que vendían un cuarto de millón de copias..."
Bruce, en los comentarios