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sábado, 23 de julio de 2011

THE AUTHORITY/X-FORCE

THE AUTHORITY
Varios autores
World Comics

X-FORCE
Peter Milligan y Mike Allred
Marvel Comics

No dejo de asombrarme ante la velocidad cada vez mayor a la que la industria, ésta o cualquier otra, fagocita las modas y tendencias más nuevas. Cual Saturno con sus hijos, la maquinaria perfectamente engrasada del mainstream devora sin miramientos a sus vástagos más atrevidos, los más llamativos y originales, para nutrirse de ellos mediante la explotación comercial de sus descubrimientos. Hallazgos que son genuinamente innovadores, verdadero arte, son rápidamente estandarizados y fabricados en serie, previa trivialización para venderlos “mejor” al gran público. Del trabajo de esos visionarios, los mamporreros de la industria copian rápidamente lo que es fácil copiar, es decir, lo formal, el envoltorio, el celofán; pero nunca el fondo, la sustancia, la esencia. Claro, la esencia es mucho más difícil de capturar y de reproducir, porque para eso hay que tener talento, que es lo que tienen los auténticos artistas pero no sus imitadores. Así, lo que en origen es vanguardista pronto (cada vez más pronto) deja de serlo para ser deglutido, desnaturalizado y reducido a papilla por el implacable aparato digestivo de la industria. El ciclo es siempre el mismo. En el cine, en la música o en los cómics, da igual.

Los pioneros, generalmente, sólo pueden crear con libertad en los márgenes del mercado, en sus periferias y arcenes más olvidados. Ahí se les deja hacer lo que quieran porque nadie da un duro por ellos. Si tienen la suerte (más bien el talento) de dar con la tecla -y la gente se entera de ello, claro-, les llega el éxito. Y una vez captada la atención del comprador, ya no hay vuelta atrás. La industria también se va a fijar en ellos para sacar tajada de sus logros. Sucedió a principios de los sesenta, con Atlas (luego Marvel) a punto de chapar por falta de ventas justo antes de que Lee, Kirby y Ditko dieran con EL filón. Sucedió en los setenta con Claremont y Byrne en un título maldito como X-Men, que ni siquiera un Neal Adams en plenitud de sus facultades había podido salvar años antes. Sucedió en los ochenta con Miller y Moore, que entraron de puntillas en la industria y recibieron personajes deshauciados que ya no importaban a nadie: Daredevil, La Cosa del Pantano. Tras su paso por ellos vendrían los Prestigios, la “revolución del 86”, Vertigo y toda la pesca, casi nada. Una rica herencia que durante los noventa pareció irse por el desagüe gracias a vulgares sucedáneos de aquello, a impostores y plastas del calibre de Gaiman o a guionistas retro que miraban hacia los sesenta. Y hace ahora tres años, sucedió de nuevo. Por aquel entonces, muchos de nosotros dábamos por finiquitado el género superhéroes, viendo cómo de aburrido y rancio estaba el patio: mucho revival y mucha nostalgia, pero de darle al magín para inventar algo nuevo, nada de nada. Sin embargo, cuando menos lo esperábamos, justo como en la vida misma, aparece (mayo de 1999) algo como The Authority, de Warren Ellis y Bryan Hitch. Y de nuevo unos autores desconocidos para el gran público, gente con talento y voluntad de innovar a los que se les había dado libertal total, conseguían sorprendernos, interesarnos, incluso entusiasmarnos. Aun cuando en The Authority había elementos reconocibles, había también cosas nunca vistas, o mejor dicho, nunca vistas de aquel modo.

No hay que olvidar que cualquier creador parte siempre de cosas ya inventadas por sus mayores; nadie nace sabiendo. Lo que realmente da originalidad a sus creaciones es tener una visión propia y saberla aplicar a todo ese bagaje que han mamado. Incluso inteligencias superiores como Kirby, Ditko, Miller o Moore partieron de materiales que no eran suyos; la cuestión es que supieron hacerlos suyos porque se esforzaron en pensar de manera distinta a sus coetáneos. Eso y no otra cosa es el progreso, cultural en este caso. Y en The Authority había sucedido algo parecido. En ella se llevaban los superpoderes al terreno de la política y el poder reales (Moore ya lo había hecho primero en Miracleman, Miller en Dark Knight) y también se jugaba la baza de lo impredecible en los argumentos (ya lo habían hecho antes Claremont y Byrne en La Patrulla). Se asimilaban lecciones aprendidas del manga (destrucciones masivas, hiperviolencia, narrativa cinética, acelerada y muy visual; diálogos mínimos pero exactos) y se inyectaba esa adrenalina, esa visceralidad y exceso que Miller había aportado a los superhéroes. También estaban presentes el humor negro, los personajes cínicos y malhablados, el fondo político-subversivo, todos del palo Vertigo (John Constantine y Predicador sobre todo, pero también Invisibles). Había también ciencia-ficción (como en todos los superhéroes clásicos, desde Superman hasta la Marvel de Kirby) y la herencia conceptual más lejana de la Edad de Plata (Liga de la Justicia de America), junto al sentido de la grandiosidad de Los Vengadores o de la mucho más reciente JLA de Grant Morrison. Cuatro décadas, en fin, del comic book USA, actualizadas por la influencia "europea" vía Vertigo y la japonesa del manga y del anime, claves en los noventa. En lo gráfico, la planificación de The Authority era más innovadora de lo que parecía a primera vista, por sus tremendas elipsis y su formato “cinematográfico”, y el color de Laura Depuy -inédito, espectacular, utilizando el Photoshop de un modo inteligente al fin- conseguía aportar algo así como la dirección de fotografía a toda la película. La conjunción exacta de todos esos materiales conseguía ser fresca y original; las sensaciones eran razonablemente nuevas. Como la fórmula secreta de la Coca-Cola, lo que confería la originalidad al producto era la peculiar mezcla de todos sus ingredientes, no los ingredientes en sí mismos. Y queríamos más de aquello. Por supuesto, la industria se iba a encargar de proporcionárnoslo mucho más rápido de lo que podíamos imaginar.

Casi coetáneamente a The Authority (en realidad un mes antes) aparecía Planetary, donde el mismo Ellis trabajaría con conceptos parecidos aunque de forma más sutil y cerebral, con más subtramas y subtextos y un trabajo de guión más serio. No me detengo más en esta magnífica serie, que ya reseñó Enrique Vela aquí mismo (U # 21). Lo que ahora importa es que la mente pensante que estaba tras este núcleo germinal fue la misma, Ellis, un tipo oscuro que no por casualidad venía de Vertigo, otro de esos “guionistas británicos raritos”. Fue Ellis quien descubrió la piedra filosofal para los superhéroes del nuevo milenio, el que consiguió capturar algo que llevaba tiempo en el aire, esa combinación de, resumiendo, Marvel+Vertigo (en el sello Marvel Knights se intentaba algo parecido desde un año antes, con resultados mucho más irrelevantes y olvidables).


Tras abandonar Ellis y Hitch The Authority, fueron sustituidos por Mark Millar y Frank Quitely, quienes, para sorpresa de todos, consiguieron elevar el listón creativo, sublimando los conceptos y añadiendo más leña a aquel fuego. Millar hizo que todo en la serie fuese MÁS. Más político, más sarcástico, más extremo, más irreverente, más imprevisible. También jugó con los clichés superheroicos para destrozarlos de modos que el lector nunca era capaz de anticipar. Y planteó de manera más bruta y directa que Miller (Frank) cuestiones políticas peliagudas: ¿por qué los superhéroes siempre van a por criminales de poca monta, pero nunca a por “los cabrones de verdad”, el enemigo real, dictadores sanguinarios, gobiernos corruptos, servicios secretos que practican terrorismo de Estado, grandes corporaciones sin escrúpulos? Es decir, ¿por qué no van nunca contra El Poder? Por su lado, Quitely, con su impactante estilo (¿Corben+Hermann+Talbot?) y una planificación inaudita, a años luz de cualquier otra cosa, demostraba que se había convertido en el dibujante más completo y original que había en el mercado de superhéroes USA; de hecho, lo sigue siendo a día de hoy.


La voz se corrió, el público respondió, la maquinaria se puso en marcha. Hoy, apenas tres años después, a The Authority le han crecido los enanos. Lo que hasta hace muy poco nos parecía nuevo, ya es viejo y ha sido incorporado a la cadena de montaje. No es sólo que la propia Authority hace tiempo que derivó hacia una pálida imitación de sí misma, una vez que Millar y Quitely fueron sustituidos por manos menos capaces (cuando escribo esto, la serie parece cancelada definitivamente en USA por efecto de la autocensura post 11-S), sino que también han aparecido un montón de colecciones nuevas que son puro Authority, o mejor dicho, que pretenden serlo. Promovidas desde Marvel, ansiosa por exprimir el filón, tenemos series como Ultimate X-Men, que visualmente es lo mismo. Para escribirla captaron a Millar, claro, y le pusieron un dibujante mediocre pero muy comercial (Adam Kubert) y un color que emulara apropiadamente al de Laura Depuy. Uno mira las páginas de aquello y no sale de su asombro: no, no es Authority aunque lo parezca. Luego tenemos New X-Men, ahora publicada por estos lares. En ella, a falta de Ellis o Millar, se consigue a Grant Morrison como guionista, que para ciertos editores estadounidenses debe venir a ser más o menos lo mismo; de dibujante escogen, cómo no, a Quitely. Sin embargo, y a pesar de que esto es lo mejor que se ha hecho con La Patrulla en años, la magia de Authority tampoco consigue repetirse aquí: en los primeros números de New X-Men no hay demasiadas sorpresas y hallamos lo mismo de siempre; por mucho que se intente disimular, esto es La Patrulla de toda la vida, sólo que narrativa y visualmente todo es mucho más moderno y descaradamente authorityano , y no ya porque lo dibuje Quitely (que continúa impresionante, por cierto), sino también por el color, enésima imitación del estilo de Depuy. Sin embargo, Morrison sigue siendo mucho Morrison, y aún sometido a los cánones patrulleros, continúa escribiendo diálogos implacables y colando algunas de sus perversas e inquietantes ideas. Además, en los últimos episodios parece haber conseguido distintos y prometedores derroteros para la colección; veremos. Más recientemente tenemos The Ultimates, con Millar escribiendo de nuevo y (hombre, qué casualidad) Hitch dibujando; la idea aquí es repetir con Los Vengadores la misma fórmula de The Authority. Hasta el momento he leído los cuatro primeros números y, la verdad, me han parecido muy irregulares: a ratos realmente espectaculares, a ratos espectacularmente aburridos; la cosa parece un desconcertante cruce entre Authority primera etapa y... el Marvels de Busiek y Ross. La pregunta, en fin, que uno puede hacerse con todo este asunto es: si Authority ya existe, ¿por qué ese empeño en repetir algo ya hecho? Pero así no funciona la lógica de la industria.

Afortunadamente, no todo el mundo piensa de esa manera. Porque, además de todos estos títulos, más o menos derivativos de Authority, tenemos... X-Force de Peter Milligan y Mike Allred. Y esta colección sí que ha vuelto a demostrar que en el género hay más gente con talento y ganas de jugársela aparte de los ahora omnipresentes Millar, Ellis, Hitch y Quitely (curiosamente todos ellos, incluyendo a Milligan, son británicos, o sea, europeos trabajando para Estados Unidos, tal como pasa a menudo en su industria del cine, pero ésa es otra historia). En X-Force, no por casualidad otra colección segundona y de capa caída, Milligan (o sea, Vertigo de nuevo) y Allred (un indie más o menos inclasificable) han sabido aprovechar la brecha abierta por el éxito inesperado de The Authority; me refiero a esa prisa repentina de Marvel por contratar para todas las colecciones comentadas a autores que hayan pasado por Authority o por Vertigo, incluyendo a un antiguo editor del sello, Axel Alonso, y darles a todos libertad total. Siguiendo la estela de Authority, Milligan y Allred han reinventado nuevamente el género pero en una dirección distinta a aquélla, sin intentar imitarla, explorando caminos poco o nada transitados. Veamos cómo y por qué (un aviso antes para quienes no hayan leído X-Force, aún inédita en castellano: dado que Forum no la saca aquí hasta finales de año, no reventaré los detalles más impactantes de la serie. No obstante, sí voy a analizarla en profundidad, porque la serie lo merece. Fin del aviso).

Esencialmente, esta X-Force consiste en actualizar de modo radical el concepto X-Men de Lee y Kirby, pero sobre todo el de Adams, Claremont y Byrne. Es decir, cojamos a un grupo de inadaptados, que en el mundo Marvel quiere decir mutantes, y volvámoslos dosmiles. Como no estamos en los ingenuos sesenta ni en los alegres setenta, sino en en mayo de 2001 (fecha de aparición de estos X-Force en USA), la Academia Para Jóvenes Talentos significa hoy Spice Girls, Backstreet Boys, o más exactamente y por lo que nos toca, Operación Triunfo (o como demonios se llame su equivalente en la televisión anglosajona). Es decir, los X-Force del 2001 son un grupo prefabricado por mentes empresariales sin escrúpulos con el solo objetivo de explotarlo comercialmente: derechos de imagen, merchandising, exclusivas para prensa y televisión. La humanidad ya no teme a estos mutantes, al contrario, son adorados como auténticos ídolos del pop; tienen groupies y stalkers que les acosan. La única diferencia con el mundo real es que los miembros de este grupo, en lugar de cantar y bailar, tienen superpoderes. Si incluso hay uno -la “mascota” de X-Force, Doop- que se encarga de filmar constantemente, a lo Gran Hermano, las vidas de los miembros del grupo, sus sangrientas misiones, las bajas que causan, y que sufren en sus propias filas. Por supuesto, el trabajo de “héroes” es lo que menos les importa a estos mutantes; en realidad eso es la excusa para conseguir fama, poder, prebendas, dinero. U-Go Girl, la chica del grupo, lo deja bien clarito en este diálogo procedente del #116 USA: “La mejor mesa del restaurante. Dinero. Sexo. Fama. Poder. Todo eso... ¿Acaso no es de eso de lo que va todo esto? Las misiones a las que vamos... son sólo el espectáculo que debemos dar para poder tener esta vida”. El planteamiento, más brutal, actual y realista -quitando el elemento fantástico, claro-, no puede ser. En nuestras sociedades post-todo, donde el materialismo parece haber alcanzando su paroxismo, ningún lector podría tragarse que, de existir mutantes en la vida real (gente que en origen son marginados, desclasados, es decir, resentidos), iban a dedicarse a defender altruistamente a la sociedad.

Consecuentemente con esta idea de “hacer el bien sólo si reporta beneficios”, las misiones de X-Force son turbias y nunca desinteresadas: intervenciones al estilo Delta Force en el Norte de África; rescate “gratis” de los rehenes de un secuestro con la secreta intención de mejorar la imagen pública de X-Force; rescate de un niño de las garras de un régimen comunista caribeño, teóricamente para evitar que experimenten con él (la sátira del affaire del niño balsero Elián González no puede ser más clara), aunque el motivo real de la misión sea que el chaval, también mutante, es pura medicina andante y tiene a las farmaceúticas detrás ansiosas por ponerle las manos encima.

Por supuesto, no basta con que el concepto sea bueno, hay que plasmarlo en las páginas de un modo atractivo, moderno, que funcione. Milligan y Allred también han conseguido esto. Primero, llevando el factor de lo imprevisible hasta extremos verdaderamente arriesgados. Como es cuestión de destripar aquí la serie por completo, diremos únicamente que la tasa de mortalidad de este supergrupo es, bueno, bastante alta, algo justificado si tenemos en cuenta que estamos hablando de misiones de cierto realismo en plan SWAT o comandos de élite. Segundo, para elevar al cubo ese factor sorpresa, la serie cuenta además con unos personajes realmente potentes, de lo más atrevido que puede encontrarse hoy en el mercado USA -y no me refiero sólo al mainstream–, con comportamientos inestables e impredecibles. Frente a The Authority (menos en Planetary) donde los personajes no importaban tanto como el espectáculo , en X-Force los personajes lo son todo. Se trata con ellos de actualizar otro concepto Marvel revolucionario en su día, el de “superhéroes con debilidades humanas y problemas cotidianos”, así que eso también hay que llevarlo al límite si se desea que a los lectores de ahora no les parezcan ñoños estos nuevos héroes. La idea aquí es huir como de la peste de la corrección política y construir a unos “héroes” que sean realmente imperfectos. De este modo, la mayoría de los protagonistas de X-Force no son buena gente, porque en los círculos del famoseo real la buena gente no abunda precisamente, y si alguien lo era al principio, deja pronto de serlo. Casi todos los personajes de la serie están envilecidos por el dinero y la fama; son cínicos, trepas, codiciosos, corruptos, manipuladores, amorales. Para decirlo de modo simplista, esto sería algo así como si Bret Easton Ellis se pusiera a escribir X-Men.

Pero fijémonos en algunos de tales personajes. El dirigente en la sombra de X-Force, Coach, es un tipo realmente despreciable, preocupado sólo por amasar dinero y poder a costa de la imagen pública del grupo y los índices de audiencia, verdadero trasunto de ciertos tiburones empresariales que operan en el escenario actual de la globalización económica y más concretamente del negocio mediático. A Coach no le importa hacer lo que sea para explotar el morbo del público en torno a X-Force, incluyendo enfrentarlos entre sí o planear la muerte de algún miembro excesivamente inútil o contestatario. En cuanto al primer líder del grupo, llamado significativamente Zeitgeist (para quien no lo sepa, la expresión procede del alemán y significa algo así como “el espíritu de la época”), se trata de un guaperas egomaníaco, frío, calculador, despiadado, que en el mundo real vendría a ser como ciertos ejecutivos de gran empresa o ciertas estrellas del cine/rock obscenamente ricas y poderosas. Luego está The Anarchist, un negro malencarado, macarra, chulazo e indisciplinado al que el nombre le viene que ni al pelo. Con semejante material humano, los conflictos internos en el grupo (típicos de La Patrulla) no van a faltar, con el añadido de ese puntito extreme tan propio de las relaciones humanas de nuestros días.

Ahora bien, que los personajes de X-Force sean así de contemporáneos no quiere decir que estén hechos de una pieza, algo que siempre ha preocupado a Milligan a lo largo de su obra. Hay un lado muy duro, muy feo en la mayoría de estos X-Force, eso salta a la vista, pero también un lado tierno, débil, neurótico. Y, conforme los vamos conociendo, nos sorprenden, tal como sucede con la gente de la vida real. A medida que la serie avanza y los personajes interactúan entre sí, vamos descubriendo matices insospechados de su personalidad, giros de su comportamiento que no esperábamos y que desbaratan los prejuicios que nos habíamos creado sobre ellos. Unas veces para mal y otras para bien. The Orphan, actual líder del grupo, es un mutante hipersensitivo pero también extremadamente sensible y atormentado, al que vemos llorar durante un par de misiones y que, además, tiene serias tendencias suicidas (juega a la ruleta rusa todas las noches antes de acostarse). Sin embargo, tras varios episodios, descubrimos que no es para nada el blandengue que parecía, sino alguien con verdadera madera de líder además del único miembro del grupo con una moral digna de ser llamada así. Sensibilidad no quiere decir debilidad, y no es el mundo quien nos obliga a renunciar a nuestra ética sino nosotros mismos, es el mensaje que Milligan nos deja caer de modo sutil al insertar a este personaje, íntegro y ético, en el contexto materialista crudo y duro de la serie (de nuestra sociedad actual). Tenemos también a la pelirroja U-Go Girl, enganchada a los estimulantes, obsesionada por ser la líder del grupo, insultantemente cínica y ambiciosa, lianta y embaucadora como sólo una mujer bonita puede serlo. Pero ella también ha evolucionado de modo sorprendente, sobre todo desde que ha conocido a Orphan. Porque aquí también hay soap opera; por supuesto, soap opera igualmente extrema. Es como si Cíclope y Jean Grey se hubieran encontrado en el mundo actual, o sea, dos jóvenes prematuramente envejecidos por los problemas emocionales y psicológicos propios de nuestra época (hastío vital, tendencias depresivas, falta de autoestima o exceso de ella, sensibilidad como serio obstáculo para integrarse en una sociedad despiadada y embrutecida, incomunicación, individualismo, materialismo, culto al éxito, falta de valores éticos a los que agarrarse). Está claro que unos personajes así enganchan al lector actual. Milligan ha realizado un trabajo muy fino, y tan sólo unos pocos episodios le han bastado para construirlos: tienen un pasado, una personalidad, te importan, quieres saber más de ellos. Así solía pasar en los mejores tiempos de la Marvel. Tebeos de género fantástico planteando conflictos morales y emocionales, hablando de nosotros aquí y ahora.

Además de personajes, la serie cuenta con una riqueza argumental rara de encontrar hoy día. En un mercado donde la mayoría de colecciones alargan durante números y números argumentos que a Kirby o Ditko le habrían durado un solo episodio, incluso menos, en X-Force las tramas se suceden vertiginosamente, discurren de modo desbordante pero a la vez entrelazado y fluido, como sucedía en las buenas épocas de La Patrulla. De hecho, en los últimos episodios, el rollito Ricos y famosos ha dejado paso a otra cosa que aún no sabemos bien qué es. Cuando escribo esto, se están tocando temas como las relaciones sentimentales (hetero y homo), el racismo o la homofobia, siempre, por supuesto, dentro del marco argumental de aventuras (espaciales ahora mismo) y del sarcasmo políticamente incorrecto predominante en la serie, que no deja títere con cabeza: Milligan no sólo se ríe de los racistas o de los homofóbicos, sino también de ciertos tópicos victimistas y autocompasivos que la propia comunidad gay o negra maneja a veces en su beneficio. En la misma línea de avance frenético de la serie, incluso encontramos personajes que, tal como pasaba con el kamikaze Kirby, aparecen y desaparecen en un sólo número. Todo comienza a velocidad de crucero en el # 116 USA, el primer episodio que firman Milligan y Allred, un número extraordinario como hacía tiempo que no se veía, que arranca en medio de una historia ya empezada, como si hubiésemos llegado tarde al cine y la película fuese por la mitad. Milligan, más punk que nadie, se pasa por el forro la continuidad, hace tabula rasa e ignora por completo los ciento quince episodios anteriores, que se dice pronto. Los personajes son nuevos, las situaciones son nuevas, todo es nuevo aquí. Nada de eso nos es presentado, no tenemos referencias a la que agarrarnos, y, sin embargo, la historia funciona y se entiende, todo está en su sitio, bien construido. Tras pasar la última página, asombrados, intentamos asimilar todo lo que ha sucedido en esas 22 alucinantes páginas: el apabullante desfile de personajes, definidos con unas pocas frases y acciones, los diálogos mordaces e hirientes, el humor seco y negro, la brutalidad extrema, física pero sobre todo emocional; el tono nihilista y a la vez poético que lo impregna todo. Y el desenlace, una auténtica pasada, nos deja la sensación de que después de eso puede suceder literalmente cualquier cosa. Para cuando cerramos el tebeo, ya no cabe duda: reconocemos esa emoción especial que producen las experiencias nuevas.

En los episodios siguientes, quitando algún número de relleno, la cosa no decae sino todo lo contrario. Los personajes, ya se ha dicho, crecen y evolucionan a ritmo impensable para la mayoría de atrofiadas colecciones de hoy día; la progresión argumental es cada vez más imaginativa, entretenida y apasionante; los diálogos son más brillantes y certeros, las réplicas más afiladas. Todo tiene un trasfondo inteligente, sutilmente político, a veces filosófico y casi siempre humorístico (preferentemente sarcástico, claro, muy Vertigo, muy Milligan). Aquí hay verdadera cultura, y procede de algo tan supuestamente basura como un cómic de superhéroes. Y es que el talento no conoce fronteras, ni de géneros ni de mercados. Con talento, imaginación, voluntad y trabajo (mucho trabajo) es posible transmitir desde cualquier género ideas inteligentes, emociones hondas y verdaderas, crítica social, filosofía, lo que sea. Y además, es posible hacerlo de modo entretenido, sin dar el tostón, deleitando.

El dibujo de Allred es otra de las piezas esenciales para sustentar el delicado mecano de X-Force. En cuestiones exclusivamente técnicas (perspectivas, escorzos, fondos), Allred comienza tan torpe como de costumbre, pero hay que reconocer que en números posteriores el hombre se esfuerza y mejora una barbaridad, realizando su mejor trabajo hasta la fecha. Sin embargo, es en el plano estrictamente del grafismo donde el estilo de Allred encaja mejor con las ideas de Milligan. Ese aspecto tan intencionadamente pop de su dibujo, reforzado por los colores planos de Laura Allred, viene como anillo al dedo para lo que aquí se está contando, al fin y al cabo, la historia de unos iconos populares adorados por las masas. Y la actualización con un punto modernete indie que Allred ha hecho de los viejos uniformes de la Marvel (estilo La Patrulla original: botas remangadas, calzones) no sólo es vistosa y tiene su gracia, sino que también funciona en la historia. Asimismo, el contraste de este dibujo amable con la crudeza de lo que se cuenta queda fuerte, chocante, y añade visualmente más subtexto y textura a la narración. Por otro lado, en los rostros que dibuja ahora Allred hay un toque deprimente, melancólico, que recuerda en más de un personaje (U-Go Girl sobre todo) a los freaks extrañamente atractivos que dibuja Daniel Clowes. Y no creo que sea casual, porque también en estos guiones de Milligan pueden sondearse ciertas resonancias de Clowes (la mezquindad, la frialdad, la autoconsciencia de los personajes; lo triste, lo vacío, lo sórdido que es todo). No en vano la década de los noventa ha dejado tras de sí un buen puñado de obras maestras paridas no en los superhéroes sino en el underground (Clowes y su quinta: Tomine, Ware, Brown, etc., ya sabemos quiénes), y cosas como X-Force demuestran que durante todo este tiempo mucha más gente de lo que parecía ha permanecido atenta a lo que editaban Fantagraphics o Drawn and Quarterly. Milligan y Allred han leído esos tebeos, eso está claro, y da la sensación de que estaban ansiosos por incorporar algunos de los hallazgos indies a la industria de los superhéroes en cuanto ésta se lo permitiese.

Sí, Milligan y Allred lo han hecho bien. Los editores les han dado la oportunidad y ellos la han aprovechado, ensamblando piezas de diferentes procedencias y géneros para obtener un producto fresco e innovador, que no se parece a nada que se haya hecho antes, sencillamente (es un decir) porque no se le ha ocurrido a nadie antes que a ellos. ¿Cuánto tiempo tardará en ser deglutido y clonado? Seguro que poco. De momento, lo único que podemos hacer es seguir disfrutando mientras dure. La bola que echó a rodar con The Authority/Planetary ha crecido y está arrastrando a más creadores de primera fila, provocando una nueva revolución en los superhéroes como no habíamos visto desde hace quince años. Ahora tenemos a Peter Bagge haciendo Spider-Man. ¿Qué vendrá después? Tampoco podemos saberlo, pero ahí está la gracia. Lo único que sabemos es que, definitivamente, esto mola, y no queremos perdernos un solo detalle.

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X-FORCE, como muchos sabéis, se convirtió poco después en X-STATIX. El texto anterior procede de una reseña doble que publiqué en la revista U nº 24, junio de 2002. No he retocado nada del texto original. Evidentemente, quien la escribió fue otra persona, porque yo he cambiado y soy alguien distinto. Hace casi diez años de aquello, y hoy no emplearía determinadas expresiones ni hubiera escrito algunas de esas ideas, o las diría de otra forma. Pero me ha parecido interesante rescatar la reseña porque refleja cómo eran las cosas en las series más renovadoras que se hacían en el comic book de superhéroes a comienzos de los 2000, o mejor dicho, cómo veía yo las cosas entonces. Creo que la situación actual se merece un comentario por comparación con aquellas "promesas" de 2002, o mejor dicho de nuevo, con las promesas que yo creía ver entonces. Pero será mejor hacerlo en un futuro post. Coming soon.

martes, 19 de julio de 2011

MÉTETE LA PORRA POR DONDE TE...


Santiago García ha dedicado en las últimas semanas una serie de posts a los supervillanos que me han disparado la imaginación y la curiosidad, y me han hecho darle vueltas a algunas ideas. El último post de la serie, dedicado a NÉMESIS, también me ha hecho interesarme lo suficiente en el tebeo en cuestión como para leerlo. NÉMESIS es una miniserie de 4 comic books publicada en 2010 por el sello Icon de Marvel, que permite conservar a los creadores los derechos de autor (en España la publicará Panini este otoño). Está escrita por Mark Millar, dibujada por Steve McNiven y coloreada por Dave McCaig.

Digo que me ha interesado lo suficiente como para leerlo porque yo hace tiempo que había perdido el interés por el trabajo de Millar, a pesar de los habituales elogios de alguien cuya opinión tengo en alta estima, el visionario Nacho Vigalondo. Quien por cierto y como muchos de vosotros ya sabéis, está preparando una adaptación al cine de SUPERCROOKS, otro cómic de Millar dibujado en este caso por Leinil Francis Yu, inédito todavía pero en fase de realización. Otro cómic que va sobre, sí, supervillanos, concretamente sobre un grupo de supervillanos que, huyendo del excesivo número de superhéroes por habitante de Estados Unidos, deciden venir a España para dar un gran golpe. A lo que iba. Millar (Mark) dejó de interesarme exactamente desde su trabajo para Marvel en THE ULTIMATES, que en mi opinión no sólo era aburridísimo, el mayor pecado para un tebeo de superhéroes, sino que revelaba un cinismo en las ideas y argumentos de Millar para explotar con sensacionalismo el título, y afianzar su estrellato en el comic book, que me resultaba exasperante.

NÉMESIS ES UNA CIFRA,
dice Santiago en su post, con
razón. Una de las mejores ideas de NÉMESIS, un supervillano a la altura de los tiempos que corren, es decir, alguien sanguinariamente amoral cuya misión es causar el mayor mal posible sin motivos personales, es justamente ésa. Su carácter abstracto como personaje o, si se prefiere, metafísico. Esto le eleva por encima de su materialidad concreta y le convierte en una idea, una entidad, un "agente del caos", un poco como lo era el Joker de THE DARK KNIGHT (la película de Chris Nolan); no por casualidad la primera publicidad de NÉMESIS llevaba el lema "¿Qué hubiera pasado si Batman fuese el Joker?". O como el Anton Chigurh de NO ES PAÍS PARA VIEJOS, la novela y la película (Bardem en esta última, en efecto). Sólo que aquí, a diferencia de la película de Nolan, el juego de valores morales está ingeniosamente subvertido, y hay un inequívoco placer –con esa absoluta amoralidad que sólo la ficción permite– en el mal que despliega Némesis, en su facilidad para atacar a los intocables y poderosos, en su inhumana capacidad para masacrar a ciudadanos corrientes pero, especialmente, a policías y otros representantes de la autoridad establecida. Es la crisis, estúpido, la crisis.


(cuidado, que vienen curvas, también conocidas como **SPOILERS**)

A pesar de que en el tebeo te cuenten otra cosa al principio, más adelante se revelará el auténtico "origen" de Némesis, que le devuelve al enigma absoluto que era al comienzo. Se trata de un enorme acierto de Millar. En realidad, casi podríamos ver el calvario del policía protagonista y su familia como el que atravesaba la familia del abogado de EL CABO DEL MIEDO, versión Scorsese, sólo que dentro de un tebeo de superhéroes (supervillanos, ejem). Y a Némesis, como aquel mal "metafísico" (un Dios negro, o más bien su enviado en la Tierra, un anticristo) que encarnaba Robert De Niro en la película de Scorsese, un auténtico ángel vengador. Purificación familiar, previa expiación de culpas ("secretos y mentiras") a lo bestia. Bueno, a lo bestia-bestia. Estamos hablando de un guión de Millar.


Y luego, por supuesto, está el superior del villano. Si Némesis es un anticristo, su superior sería un Dios negro de los negocios. Los dioses caminan entre nosotros, parece decirnos este tebeo, porque su poder absoluto les permite ser dioses. Pero son de carne y hueso, y desde luego materialistas. Y desde ese materialismo absoluto hacen el mal, por supuesto. Viva el mal, viva el capital. Y porque, como decía Santiago, todo es un juego para ellos. O, como dicen en un artículo que no tiene nada que ver con esto (o sí),

We are nothing to them

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Entre las viñetas de NÉMESIS hay muchas elipsis marca Millar. La planificación no es el típico y cansino estilo storyboard, aunque pueda parecerlo en un primer vistazo. No lo es por las elipsis abisales, que imprimen ese ritmo personal que Millar lleva practicando desde hace al menos una década, y que a mí particularmente me gusta mucho. Las viñetas panorámicas son otro recurso habitual que evoca al "cine" (aunque en realidad no lo es), y que ya estaban en THE AUTHORITY hacia 1999, antes incluso de que llegara Millar y Quitely a la serie. Para todo aquel que sigue su trabajo, no hay mucho que explicar porque lo sabe perfectamente: Millar lleva años concibiendo sus cómics pensando en posibles adaptaciones a la pantalla. En realidad, son como una maqueta de bajo presupuesto para posibles películas. Ningún reproche, si son como ésta. Cuando terminé de leer NÉMESIS, pensé que sí, que bien, que me había entretenido y a ratos fascinado, pero que era sólo comida rápida.

Esa misma noche me encontré pensando en algunos cabos sueltos de la trama, volviendo a algunas escenas. Y, de repente, me di cuenta de que el tebeo tenía más sustancia de lo que había pensado en un primer momento. Hay algo en él, por otra parte, que me recuerda a cierto tipo de historias que fascinan a los orientales, en las que un villano inaprensible, casi una incógnita no humana, extorsiona a gente de buena vida, gente poderosa, y les obliga a base de sufrimiento a pensar en lo afortunados que son, y en lo fácilmente que pueden dejar de serlo, volverse masa, desgraciados como la mayoría. Y de repente, me encontré pensando en un peliculón de Kurosawa como EL INFIERNO DEL ODIO, que por cierto estaba basado libremente en una novela policiaca (de Ed McBain). Los sueños americanos de los japoneses producen monstruos.


MILLAR (MARK),
es sin duda uno de los autores que lleva tiempo marcando el nuevo camino en la industria americana del comic book. Un camino que, en la era de la novela gráfica, es decir, de la mentalidad de autor dueño de todo lo que crea con la máxima libertad, se dirige hacia el mismo horizonte. El del cómic de autor. Sí, incluso en la tradición del comic book de superhéroes. Mientras las grandes editoriales tradicionales se hunden poco a poco, atrapadas en los barrotes de oro de sus propias franquicias intocables, los autores más vivos y espabilados tienen un plan. Ahí está MillarWorld, dueño de todo lo que crea junto a sus dibujantes, para explotar los derechos de sus creaciones en otros medios si se tercia, con un control total de sus productos. Por ejemplo, para hacer una película con Nacho Vigalondo sin tener que pedirle cuentas a nadie, ni rendirlas. Tampoco me parece casualidad que lo más interesante creativamente hablando que ha hecho Millar, al menos a mi juicio, no ha sido con personajes propiedad de Marvel o DC, sino con personajes libres de las ataduras de grandes corporaciones (THE AUTHORITY) o bien de entera creación propia, caso de WANTED o de este NÉMESIS. A su propia escala, Warren Ellis lleva años haciendo lo mismo.

No hace mucho, Miller (Frank) daba un salto parecido cuando decidía sobre la marcha que su HOLY TERROR, que hacía en principio para DC y protagonizaba Batman, ya no iba a ser Batman ni lo iba a sacar con DC. El mensaje puede leerse como sigue: esto es mi creación, y voy a hacer con esto lo que le me dé la gana, en todos los aspectos y ámbitos posibles. El gesto, viniendo de quien viene, es importante porque Miller siempre fue un modelo a seguir para otros autores del comic book. Me pregunto qué pensaron los jefazos de DC cuando se enteraron de que iban a perder las ventas que Miller les aseguraba con ese proyecto. Ahora, me pregunto también cuánto tiempo tardarán figurones como Grant Morrison (y otros) en saltar de un barco que se hunde. Y qué planes tiene, como Millar, como Miller, para montárselo por su cuenta.

A menudo, aquellos a los que nos gustan los superhéroes, los que hemos leído superhéroes toda la vida y tenemos la casa repleta de ellos, hemos reclamado superhéroes nuevos, por amor de Dios, superhéroes que revitalicen el género y lo hagan volar por encima de las cenizas que quedan de viejos personajes que tienen 50, 60 o 70 años de historia a sus espaldas. Nada más, y nada menos. Tal vez estemos ya ante el umbral de una nueva era en este sentido, favorecida por la novela gráfica, y los nuevos superhéroes -de autor, por supuesto- están por llegar. Superhéroes... o supervillanos.

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Postdata.

En efecto, NÉMESIS me ha hecho recuperar la fe en Millar (Mark). Tanto que he empezado a recuperar no sólo tebeos suyos antiguos, también viejos archivos al respecto. Permanezcan atentos a sus pantallas.

jueves, 7 de enero de 2010

2010: PROFECÍA ESCOCESA

Me escribe por mail Valentín Vañó lo siguiente:

"hace varios días estuve hojeándome número antiguos de la revista Trama y me encontré con una declaraciones muy interesantes que creo que te gustará recordar. Son de Mark Millar, de la entrevista que Koldo Azpitarte le hizo para el número 28 (septiembre del 2003) y donde Millar se pone a hacer pronósticos para el futuro cercano en base a ciclos del pasado:

PREGUNTA: Tal vez poseas facultades de adivino porque también has mencionado alguna vez que los cómics van a dominar el mundo hacia el 2012.

RESPUESTA: Por supuesto (risas). Ya sé que parece una locura, pero, mirad, en 1939 se inventan los superhéroes; hasta entonces los cómics tenían devoluciones de un 50% de la tirada, sin embargo, de Superman sólo se devolvía el 10%. Fue un éxito tremendo. De 1935 a 1945, tenemos el "boom", luego la crisis hasta 1965 (cuando aparece la Marvel de Stan Lee), en 1975 otra vez crisis, en 1985 empieza el auge otra vez con Dark Knight y Watchmen, y en 1995 todo se viene abajo otra vez. Ahora vuelve a resurgir, las ventas suben y la prensa generalista vuelve a hablar de cómics. Yo creo que para el 2005 es cuando el "boom" de verdad va a comenzar, y para el 2010 estaremos en la cresta de la ola. Además, cada vez que ha habido una recesión, ésta ha sido peor que la anterior y el "boom" ha sido también mayor. En los 40 los autores ganaron su dinerito, en los 60 ganaron más, en los 80 se hicieron millonarios..."
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Grant Morrison, amigo de Millar y escocés igual que él, opinaba algo parecido en 1999.

lunes, 24 de agosto de 2009

LA ASOMBROSA! INCREÍBLE! EXTRAÑA HISTORIA ORAL DE MARVEL COMICS


NUEVA MARVEL

(Marvel emerge de la bancarrota: Bill Jemas preside Marvel entre 2000 y 2004; Joe Quesada es nombrado editor jefe y da carta blanca a los creadores de su generación en Marvel; líneas Ultimate)

"Joe Quesada (dibujante, editor en jefe de Marvel desde 2000): Marvel llevaba mucho tiempo escribiendo cartas de amor al pasado. La nostalgia puede sacarte del negocio porque sólo estás apelando a una base de fans moribunda.

Mark Millar (guionista de The Ultimates): Lo intentaron con el radicalismo. Afortunadamente, el radicalismo funcionó.

Grant Morrison (guionista de New X-Men 2001–2004): Sentíamos que cualquier cosa podía pasar. Había una sensación de que habíamos ocupado la oficina del director.

Mark Millar: Los tipos que lograron el éxito de Marvel en los primeros 2000 procedían de áreas arriesgadas de la industria, y tipos como Kevin Smith, que venía del cine independiente. Decíamos, “Cojamos estas cosas con las que todo el mundo está obsesionado y empecemos de cero". Fue increíblemente liberador.

Brian K. Vaughan (guionista): Le envié un e-mail a Joe, “¿Qué tal si hacemos un Spiderman como tipo malo y le llamamos The Hood?” Me contestó, “OK, me debes el primer guión. Adelante.” Sucedió así de rápido.

Bill Jemas [presidente de Marvel entre 2000 y 2004]: Revelé el origen de Lobezno, prohibí fumar en los tebeos, creé un Capitán America negro. Las ventas mejoraron.
TRUTH: RED, WHITE & BLACK, de Robert Morales y Kyle Baker. Abajo, el Nick Furia negro de THE ULTIMATES, por Mark Millar y Bryan Hitch. Arriba del todo de este post, el Lobezno de los NEW X-MEN de Grant Morrison y Frank Quitely

MARVEL GOES TO HOLLYWOOD

Tom DeSanto (productor ejecutivo de X-Men y X-2): las películas sobre tebeos eran consideradas veneno para la taquilla después de Batman y Robin. Cuando estrenamos X-Men, al estudio le cogió simplemente por sorpresa. Spider-Man obtuvo luz verde aquel lunes.

Sam Raimi (director de Spider-Man): Sentía mucha presión del mundillo del cómic. La gente quería estar segura de que el personaje que amaban no iba a ser masacrado.

Louis Leterrier (director de The Incredible Hulk): Los fans del comic book son muy ruidosos. No era, "¡No jodas esto o te encontraremos!", era más "Por favor, por favor, esperamos que venga alguien y le haga justicia".

Joe Quesada: Estábamos muy involucrados con las películas oficiales hechas-por-Marvel. Recuerdo una llamada tarde, por la noche: “¿Qué te parece Robert Downey Jr.?”

Frank Miller: En Iron Man, el ingenio de los tebeos originales de Marvel estuvo maravillosamente representado por Robert Downey Jr. The Incredible Hulk también fue sumamente buena. ¿Cómo lo diría? Esas películas parecían dibujadas.

Stan Lee: ¿Cuál es la parte "que te corresponde"? Todo el mundo piensa que merece más de lo que ha recibido.

Len Wein (guionista, cocreador de Lobezno): No he visto ni un centavo por parte de Marvel, ni siquiera tengo un crédito en la película de Lobezno. Hugh Jackman es un tipo adorable, y en el estreno le dijo al público que le debía su carrera a mí y me sacó a saludar. Fue muy gratificante y agradable. Habría preferido un cheque.

GUERRA Y PAZ

Hoy Marvel es responsable del 46 % de todos los cómics del mercado directo. Sus personajes son una franquicia en época de bonanza para cualquier cosa, desde Manos de Hulk al inminente musical de Broadway Spider-Man: Turn Off the Dark, con canciones de Bono y The Edge. La compañía que surgió en 1939 de la mente de Stan, Jack y amigos se ha convertido en un auténtico universo propio.

Brian K. Vaughan: Marvel y DC son mis padres divorciados. DC es mi mamá cuidadora, estable, amorosa. Marvel es mi papá raro que vive en un apartamento y no sabe cocinar, pero te deja estar hasta las tres de la mañana viendo RoboCop 2.

Stan Lee: Aún soy el presidente emérito de Marvel, aunque no tengo ni idea de qué significa eso. [Se ríe]. Esos personajes ya no son realmente míos. Hay otra gente escribiéndolos, otra gente dibujándolos. Lo cual es maravilloso, así es como debería ser, pero para mí es difícil tener un sentido de pertenencia con esos personajes cuando ya no tengo nada que ver con ellos. Estoy feliz por su éxito, por supuesto. Siempre decía, "¡Deberíamos ser otra Disney!" Y ahora andamos cerca".
--Del artículo de Sean T. Collins. Más aquí

martes, 30 de junio de 2009

LOS SUPERHÉROES QUE NOS MERECEMOS.

"Hace unos días me sacudió el cuerpo un ligero escalofrío; la impresión de que muchos lectores, críticos y analistas no terminan de entender que cada tiempo tiene al superhéroe que se merece se apoderó de mí, y me puse a desbarrar, aludiendo a la terminación del texto y a las distintas lecturas que se pueden hacer de un relato. “Ir más allá de lo estrictamente histórico”, dije. Entender por qué se transgrede, por qué se rompen los esquemas, por qué hay quien decide mearse en sus mitos ¿Será que ya no nos satisfacen? ¿Nos han dejado de consolar?

Entender qué es un icono es importante ¿Dónde radica el poder del mito posmoderno? ¿Inspiración o entretenimiento? El superhéroe, que en algún momento perteneció a sus creadores, es ahora un habitante de la cultura de masas, un referente, un recurso, una parodia, una pantomima… porque el texto no termina hasta que no se decodifica, hasta que no pasa a formar parte del imaginario, hasta que no se convierte en plastilina para amantes de lo cool. Ahí reside su poder.

Dicen que el superhéroe se ha dejado el significado por el camino. Yo tengo la sensación de que los tiempos nos han dado los superhéroes que nos merecemos – carnales, sucios, cínicos, tristes-".
Elisa G. McCausland, La Pequeña Delirio, se pregunta por qué nuestros (super)héroes ya no son lo que eran. Sus respuestas, y propuestas, en su blog