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viernes, 23 de octubre de 2015

tecknad serie | cómics en Suecia

Nuestro enviado especial reporta desde Suecia. El pasado puente del Pilar Es muy de cómic hizo una visita a la Serieteket de la Kulturhuset (mediateca de la Casa de la cultura) de Estocolmo; en ella uno se encuentra discos, películas y, en efecto, cómics de muchas nacionalidades. La mayoría de ellos no en sueco sino en inglés, segundo idioma del país; es decir, la mayoría era cómic norteamericano, tanto clásico como contemporáneo. Pero había un poco de todo, incluyendo cómics de otros países en su edición original. Dejemos que las imágenes hablen por sí mismas (fotos de Erika Pardo Skoug y, las malas, mías)
Max internacional 


Estoy señalando la etiqueta: los cómics están ordenados por géneros; en este caso, «avantgarde», aunque luego hay algunas secciones ordenadas simplemente por el país de origen
Género: «héroes»; Jack Kirby, presencia destacada a través de recopilatorios recientes

Sección manga
Etiqueta genérica: «ciencia ficción», arriba, y «terror», debajo


«grafiska novelletter» (esto estaba en la sección de cómic sueco)
«klassiker»
más «klassiker»
Sección de teoría sobre cómic, muy bien nutrida
Otra estantería dedicada a «héroes»
Más «klassiker» (The Phantom, El hombre enmascarado, ha sido muy popular en tierras escandinavas) 
klassiker klassiker
Zapatos fuera para pasar a la sección infantil; me los estaba quitando, de ahí la foto
Llegamos a la sección de cómic del resto de Europa
Ahí está todo lo que tenían de cómic de «Spanska». La selección de cómic español estaba compuesta en su gran mayoría de libros y revistas publicadas en la primera mitad de la década pasada, lo que me hizo comparar mentalmente con los últimos 5-8 años de novela gráfica y percatarme de sopetón de los pocos libros de historietistas españoles que se editaban en este país  hace solo 10 años 
Erika en la sección «Historia», ella sabe lo que es el «buen material» (de nuevo en su edición inglesa, el segundo idioma nacional). Aquí estaban Emmanuel Guibert, Jacques Tardi, Marjane Satrapi y muchos más
Más cómics de la sección «historia», lo mismo aquí debajo

klassiker Valiant 
La sección de «avantgarde» al comienzo de la parte de la mediateca dedicada al cómic. El Jimmy Corrigan de Chris Ware nos da la bienvenida
Cómics consultados o devueltos en el carrito
Katitzi (1969-1982) es una serie de libros infantiles muy populares en Suecia, escritos por Katarina Taikon, de la que derivaron cómics (dibujados por Björn Hedlund) y una serie de televisión



Epílogo. Debajo, la foto de un kiosco de prensa sueco (en el interior de un supermercado). Los cómics de patos Disney siguen vendiéndose, como en algunos países centroeuropeos:


Desde el Arbetets Museum de Norrköping, en la exposición de Ewert Karlsson (uno de los caricaturistas suecos más conocidos), se despide su reportero más o menos dicharachero. Hasta pronto, estimados lectores.

sábado, 12 de julio de 2014

los límites de la forma

«Resulta llamativo que, precisamente cuando se refiere a su trabajo sobre la 1ª Guerra Mundial, el más logrado de todos, Tardi tenga dudas sobre la utilidad del mismo o la idoneidad del cómic como vehículo artístico y de comunicación. Ya antes de comenzar La guerra de las trincheras, el dibujante se planteaba algunos interrogantes:“Pero a día de hoy me pregunto si el cómic es verdaderamente un medio de expresión capaz de provocar emociones. La técnica narrativa, el principio de la sucesión de imágenes, constituye un serio hándicap. El cómic funciona muy bien a nivel de escenas de acción, de movimiento. ¿Pero los sentimientos? En el cine, la peor actriz filmada en primer plano puede provocar emociones, mientras que un dibujo en primer plano de Adèle Blanc-Sec, por ejemplo, sigue siendo frío, no emociona. El cine se impone a la visión, el espectador experimenta la película. En el cómic sucede lo contrario, la lectura es muy relativa: retenemos lo que queremos, organizamos nuestro propio ritmo, no nos detenemos necesariamente en una imagen sin texto que contiene una información emocional, pero tiene la ventaja de que favorece la acción. Por eso el cómic es un soporte ideal para el humor, el gag… Pero, ¿se podría hacer a Bergman, por ejemplo, en cómic? Lo dudo mucho. Por último, no recuerdo un solo cómic que me haya llegado a las entrañas…”. Para Tardi, uno de los problemas del cómic no es tanto su falta de capacidad para mostrar y describir momentos de intensa emoción como el modo en que se establece la relación entre el lector y la obra: “No creo que, en última instancia, el cómic sea apto para mostrar hechos complejos. Esto no quiere decir que no haya cómics complejos, significa que, bajo mi punto de vista, el lector lee muy rápidamente un cómic muy sofisticado”».
Alberto "tio berni" García concluye su monumental serie de artículos «Tardi, la memoria del pueblo» con este post, del que he extraído el párrafo anterior, una cita que me ha parecido crucial para reflexionar sobre la historia y los límites de la forma cómic. Si entendemos, como yo, que el cómic nació para el humor y la aventura (caricaturistas del XIX, Rodolphe Töpffer, revistas satíricas decimonónicas europeas y norteamericanas, aventuras exóticas en las tiras de prensa a partir de los años treinta, superhéroes desde 1938, etc.), y su propio nombre lo indica como vestigio de sus orígenes (como es bien sabido el término funnies, luego comics, se extendió para referirse a las páginas de la prensa norteamericana), la cuestión es que hace tiempo que el cómic no se dedica solamente al humor y la acción. No hace mucho Eddie Campbell me planteó en una breve conversación virtual el mismo problema histórico —resumiendo, el cómic fuera de su territorio original, el humor y el slapstick, como un pez fuera del agua—, y me quedé con la mosca tras la oreja pensando en el tema, al que por cierto dediqué algunas reflexiones hace un par de años en este mismo blog. De nuevo me he topado con la misma piedra en las palabras de Tardi, que han parecido cruciales, y por eso mismo las cito aquí y ahora. 

lunes, 14 de octubre de 2013

«ACCIÓN»




VIVÈS / RUPPERT & MULOT
“La gran odalisca”
DIÁBOLO

POSGÉNERO Cuando la mentalidad de autor llama a la puerta de la vieja industria del cómic, suceden cosas como “La gran odalisca”. Invocando el espíritu de la nouvelle vague, Vivès (1984) y los experimentales Ruppert (1979) & Mulot (1981) revisan géneros tradicionales desde su mirilla personal. Las fórmulas argumentales –un thriller de atracos aquí– se toman a la ligera como lo que son, fórmulas, y por tanto ya no hay que justificarlo todo sino más bien nada. Por la misma regla, el dibujo se libra de las antiguas cadenas, la representación del más mínimo detalle, y vuela libre como la historia. 122 contundentes páginas donde los héroes-ladrones son mujeres, las citas al arte tienen resonancias ambiguas y la “acción” es tan física como íntima. Lo que importa son las relaciones entre los personajes y todo lo que no se han dicho antes de que baje el telón. 

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Una reseña de La gran odalisca (Diábolo) que publiqué en Rockdelux a comienzos del verano. Amplío ahora un poco el rollo a partir de mis notas sobre esta fascinante obra, un cómic que devoré como si no pudiera terminarlo al día siguiente, y que desde luego me dio muchas ganas de volver a leer los nuevos trabajos de Bastien Vivès (1984) después del chof que tuve con su Polina. Sospecho por otra parte que los bromistas Ruppert & Mulot son los responsables de los chistes más perversos en La gran odalisca, dos grandes nombres del cómic de vanguardia reciente de los que sin embargo, hasta donde yo sé, aún no se ha publicado nada en español, exceptuando obviamente este cómic. Ruppert (1979) y Mulot (1981), que se conocieron cursando sus estudios artísticos en la Escuela Nacional Superior de Arte de Dijon, empezaron a colaborar en un fanzine que realizaron juntos antes de ser fichados por Jean-Christophe Menu para L'Association, la editorial en cuyo catálogo puede encontrarse el grueso de su obra. Por cierto que en Estados Unidos vi a la venta en bastantes sitios su Barrel of Monkeys, la edición en inglés de Panier de singe, editada originalmente en Francia por L'Association en 2006 y publicada en Estados Unidos este año por Rebus Books, la editorial de Bill Kartalopoulos.

No es la primera vez que Vivès trabaja a cuatro manos (Por el imperio, junto a Merwan), aquí seis en realidad, porque la colaboración se extiende a la historia y al dibujo. Sí, todo lo escriben y dibujan entre todos, aunque el dúo Ruppert & Mulot se haya encargado de perfilar el guión final. Si tienes curiosidad por ver un poco del proceso creativo de La gran odalisca, en esta entrevista a Rupper & Mulot hay una muestra de la evolución de un dibujo conforme cambiaba de manos. Si estos últimos dibujan sobre papel, Vivès lo hace digitalmente con la Cintiq, a veces trabajando encima de los dibujos previos de Ruppert & Mulot; los tres autores compartían lo que iban realizando a través de la nube, vía Dropbox. Algo que muchos de nosotros estamos haciendo desde hace tiempo gracias a dios, digo a internet, que lo está globalizando todo de verdad. Tiempos nuevos, tiempos salvajes. 

La gran odalisca puede entenderse en varias claves, y ése es uno de sus atractivos. Hay algunos referentes obvios, que yo evité en la minirreseña para Rockdelux porque me parecían engorrosos en un texto tan breve y preferí centrarme en cuestiones más importantes. Pero sí, ahí está el antecedente directo de Cat's Eye, manga y anime de gran éxito popular sobre tres ladronas de arte 
creado por Tsukasa Hojo, del que La gran odalisca sería una parodia, si hacemos caso a lo que dice Florent Ruppert (él y Mulot vieron de chavales el anime Cat's Eye), o la cita, si queremos verlo así, a  Los Ángeles de Charlie (en la nota de prensa promocional de Diábolo se describe La gran odalisca con gracia y precisión de esta guisa: «Imagina que las bellas Ángeles de Charlie hubieran sido malas»; dejo para otro momento el tema, complejo, de qué puede tener en común nuestra época con los sesenta y setenta para que estén tan de moda como entonces los héroes amorales o directamente canallas). O, sobre todo, la reinterpretación del subgénero criminal de ladrones de guante blanco, que por cierto cuenta con una robusta tradición en Francia, de Les Vampires a Fantômas. No falta quien ha comparado este cómic con las películas de Tarantino, y no le falta razón, aunque yo creo que los tiros no van exactamente por ahí. 


En realidad La gran odalisca tiene más que ver, a mi juicio, con el espíritu de la nouvelle vague, una de las fuentes mayores de las que ha bebido Tarantino. Leyendo La gran odalisca no pude evitar acordarme más de una vez, y de dos, de películas como Pierrot le fou o À bout de souffle, Al final de la escapada. Y por ahí viene, creo yo, la conexión con Tarantino: Godard, es bien sabido, es uno de sus maestros reconocidos. Como Tarantino, como Godard en su día, veo al equipo Vivès-Ruppert-Mulot buscando el modo de reinterpretar en clave personal y experimental una vieja tradición de género para actualizarla con algo que sea relevante y moderno a la vez, contemporáneo, no retro ni vintage. Como en las películas de Godard y Tarantino, la peripecia argumental y los clichés de género se transforman en otra cosa, más abstracta y emocional, y de este modo vemos a los personajes hablar sin parar de sus líos amorosos, de sus caprichos hedonistas, de cualquier banalidad o de, al fin, sus verdaderos sentimientos, mientras corren de museo en museo, de cama en cama y de país en país para cometer sus crímenes con el mismo espíritu nihilista de los protagonistas de Pierrot le Fou o Al final de la escapada. 


La comparación que establezco con la nouvelle vague tampoco es casualidad, en el sentido de lo que ha sucedido en la historieta francesa en los últimos 15-20 años a raíz de la llamada nouvelle bande dessinée. Jóvenes historietistas que empezaron en los noventa en editoriales independientes, algunas de ellas cooperativas de autores como L'Association, y llamaron tanto la atención con sus trabajos, frescos e innovadores, que consiguieron renovar la gran industria del cómic francobelga por la vía de la integración, es decir, publicando en grandes editoriales de BD tradicional como Dargaud o Dupuis, a menudo alternando esos trabajos con proyectos para las pequeñas editoriales en las que empezaron a publicar. Me refiero por supuesto a los Lewis Trondheim, Joann Sfar, David B., Emmanuel Guibert, Blutch y compañía, que han publicado y siguen publicando a ambos lados del río. 

Precisamente una gran casa como Dupuis es la que editó el año pasado en Francia La gran odalisca, y aquí tenemos de nuevo el fenómeno: joven autor que publica en pequeñas y grandes editoriales, Bastien Vivès, perteneciente ya a la siguiente generación, más dos autores experimentales como Ruppert & Mulot, habituales de L'Association, produciendo un cómic para un emporio editorial como Dupuis en formato de álbum a color (que firma la colorista Isabelle Merlet). Un formato sin duda asociado a la bande dessinée tradicional, pero publicando la obra en Aire libre, la colección «de autor» de Dupuis, creada para albergar cómics no basados en la serialidad larga y pensados para un público más maduro. «Queríamos intentar realizar una bande dessinée de acción para ver que podíamos hacer en ese formato y ese registro», declaraba Jérôme Mulot, para quien publicar en Dupuis no significa un «reconocimiento a su trabajo» sino una «experiencia suplementaria». Una experiencia en la que, ha explicado también Mulot, las relaciones con el editor fueron similares a las que mantienen cuando publican en L'Association. De hecho a Dupuis le llevaron el álbum terminado en un setenta por ciento.

¿Qué es lo que resulta tan cool en La gran odalisca, lo que la hace tan diferente o «especial» respecto a otras bande dessinées de acción? Parece inevitable ver a estas tres protagonistas femeninas como un nuevo capítulo en la idealización de la mujer, el tema personal favorito de Vivès, pero yo creo que hay más. Sin duda poner a tres mujeres protagonistas a hacer el gamberro –y que de verdad tienen mucho peligro– es un gesto cargado de significado en relación al protagonista tradicional del género de acción, masculino. También, a diferencia por ejemplo de Los ángeles de Charlie, estas ladronas, que no detectives, no trabajan para un amo masculino que permanece en la sombra, idealizado y adolatrado por «sus chicas». Estas (anti)heroínas son completamente autónomas respecto al hombre, un hombre al que de hecho manejan cuando viene al caso y se les pone a tiro. Pero más allá de eso, y siempre en mi opinión, lo que hace tan diferente a La gran odalisca es que no es una BD de acción tradicional. Aquí resulta mucho más importante todo el aspecto formal, la sensualidad de las imágenes, los cuerpos en movimiento y la estructura, que «contar una buena historia», y esto se ve constantemente en las digresiones, las elipsis y el concepto general «por la cara» de todas las peripecias argumentales. Se ve en el mismo dibujo, liberado de la obsesión artesanal, habitual en la BD tradicional, de dibujarlo «todo». Como la línea del dibujo, nerviosa y libre, que omite detalles y decorados cuando no hacen falta, una suerte de «línea clara» que se ha soltado el pelo, la historia va a su bola buscando la poética de la forma, de la secuencia y del color. Si se trata de un cómic de acción y aventuras, ¿por qué hay que justificarlo todo, sean «motivaciones» de los personajes o justificaciones racionales del argumento? En realidad, ¿por qué no justificamos nada de nada? Total, esto no es la realidad sino una creación, es dibujo, así que hagamos de esto un verdadero festival de acción visual. Precisamente. ¿A que quedaría guapa (es decir, bella) una página con una chica en moto que vuela usando de rampa la Pirámide de la plaza del Louvre? De hecho, ésa fue la primera escena que visualizaron los autores. 


Como La gran odalisca de Ingres (1814), que tenía tres vértebras de más porque al artista le parecía más bello el cuerpo femenino alargado, estilizado por tanto, aquí no se trata de imitar a la realidad sino de crearla. La realidad de la obra, con leyes propias y ajenas al mundo real, que sólo tiene sentido dentro de la obra. Como el cuadro de Ingres, esta Gran odalisca también es «exótica» y «romántica» en un cierto sentido, además de una fantasía manierista que se recrea en la forma para reinterpretar las manieras de la tradición previa. De este modo, los clichés de género (acción–criminal–subgénero ladrones de guante blanco, etc.) se usan, retuercen o desechan al antojo de Vivès, Rupert & Mulot, sencillamente porque sus intereses son otros. Por un lado la ACCIÓN, pero la acción «pura», representada por las imágenes en lo que alguien podría llamar un ejercicio de estilo; paradójicamente, cuando la acción se libera del corsé de contar una «buena historia» y se sitúa más allá de las fórmulas argumentales de género (y de la preocupación ilusionista de atar sus cabos), es cuando sale una obra de acción de verdad. Por otro, los SENTIMIENTOS íntimos de los personajes, dichos por la palabra y el gesto. Ambos elementos, acción y sentimientos, lo exterior y lo interior, aparecen asociados de manera deliberada como si fueran la misma cosa, a menudo en la misma escena: mientras roban un cuadro, escapan de la policía o planean el ataque a unos mafiosos mexicanos. La amistad, el amor y el desamor, el flechazo repentino, el subidón en la discoteca y la resaca posterior en una playa triste, la vida si queremos resumir, es la acción. 
Como en Lost in Translation, no podemos «oír» lo que realmente importa, sólo «verlo» 
Veo la portada de La gran odalisca como un resumen simbólico de lo que es la obra. Como sucedía en muchos álbumes infantiles y juveniles de la BD tradicional, la imagen de cubierta elegida por Vivès-Ruppert-Mulot es «mentira» porque no aparece en ninguna escena del interior del cómic, aunque sea «verdadera» en el sentido de que sí resume la «aventura» –de la forma más atractiva e impactante posible– que podemos encontrar en del álbum.


Una aventura de Bob Morane. Les contrebandiers de l'atome, 1974, Henri Vernes y William Vance
A diferencia de una BD tradicional, en la portada de La gran odalisca aparece un elemento que estaría vedado en un cómic infantil, una mujer desnuda. Es decir, un elemento adulto que avisa al posible lector desde la cubierta de a quién va dirigida la obra. La imagen elegida corresponde además a un sueño que cuenta en el interior una de las protagonistas, no a la aventura «real» que se narra en el cómic; sin embargo, se trata de una imagen soñada que representa alegóricamente las relaciones entre los personajes y por ende el tema de la historia: el vínculo sentimental que tiene con la otra protagonista. Por tanto, la imagen de portada tampoco nos «miente» sobre lo que vamos a encontrar en el interior. El resultado neto es que el motivo elegido para ocupar la portada de un álbum de «acción», aunque aparentemente remita a una aventura física, es en realidad un elemento onírico, íntimo, sentimental. En una palabra, personal. Pertenece al mundo de los sentimientos, el terreno propio del interés de los adultos, no al mundo de la aventura física literal, un terreno de fantasía más propio del interés infantil. Aquí ambos mundos consiguen darse la mano. Y de este modo, la tradición se reinventa en otra cosa. 



Como ya me conozco el percal, no está de más aclarar algo antes de seguir: NO, por supuesto que no estoy «en contra» del cómic infantil, me parece saludable y estupendo y maravilloso que siga existiendo, y de hecho tengo la casa llena de cómic infantil porque ése fue el que consumí durante mi infancia y adolescencia, y también porque la historia del cómic está llena de él. Lo que pasa es que ahora soy un adulto, y como tal me interesan cosas para adultos. Y si hablo de cómics recientes que me interesan, como es el caso, prefiero hacerlo de cómics que como adulto a mí me apetece leer porque ya no soy un chaval. Lo saludable, no está de más recordarlo, es que no haya sólo cómics para chavales, que era lo que sucedía hace no tantos años. Que también haya cómics para adultos, cómics verdaderamente adultos, sean éstos de ficción, de no-ficción o de ficción de género.

No hace mucho conversé de La gran odalisca con alguien que, me dio la impresión, lo veía como un álbum normal de BD frente a las «novelas gráficas de tantas páginas que se hacen ahora». Se sorprendió cuando le señalé que en realidad se trata de un libro de 122 páginas, nada menos, frente al tradicional álbum francobelga de 46-48, paginación estándar pensada en su día para un público de chavales y para satisfacer otras exigencias industriales que hoy día no existen. Mi impresión es que esa persona se había «bebido» de un tirón La gran odalisca sin percatarse de la cantidad de páginas de la obra, y que la asociaba a la BD tradicional por el formato álbum, y a color. Pero las cosas no son tan sencillas. Si este cómic funciona como funciona, y os gusta tanto como a mí, es necesario tener en mente que –igual que comentaba un post más abajo sobre Papel estrujado– eso se debe a que los autores han podido dibujar todas las páginas que han necesitado. Particularmente porque de vez en cuando hay viñetas «de impacto», enormes, que exigen mayor espacio para desarrollar las escenas, en lugar de someterse absurdamente a formatos convencionales del pasado, rígidos y homogéneos, concebidos para necesidades de otra época. Tampoco está de más recordar que hace sólo dos décadas un álbum de 120 o 150 páginas era un artefacto poco habitual en el mercado francobelga (ejemplo: 1992, Trazo de tiza, Miguelanxo Prado: 63 páginas de historia), a diferencia de hoy. Y que, en mi opinión, ha sido la libertad en formatos, temas y estilos que desplegaron los autores de la nouvelle bande dessinée (y, previamente, pioneros como Tardi y otros), sumado a la influencia de la novela gráfica norteamericana de la década pasada, los que han permitido que un autor que trabaja hoy día en la industria francobelga pueda elegir el formato y la extensión que mejor se ajuste al concepto de obra que tiene en la cabeza. Más grande o más pequeño, libro o álbum, de más o menos páginas, a color o en blanco y negro. O que un mismo autor pueda compaginar la realización de cómics infantiles con novelas gráficas para adultos, como hacen Emmanuel Guibert y otros. Este último aludía al asunto en la entrevista que le hizo Alberto García para el libro colectivo Supercómic, coordinado por Santiago García (Madrid, Errata Naturae, pág. 336):
— [Alberto García] ¿Cómo nace una historia en tu cabeza? ¿Surge a partir de una idea o surge a partir de las imágenes? 
—[Emmanuel Guibert] Depende del tipo de historia. Algunos de mis libros no han sido traducidos en España, pero puede que sepas que también hago trabajos para niños, cómics para niños que son totalmente ficción. Cuando realizo novelas gráficas para adultos, que como sabes suelen estar relacionadas con historias que han vivido amigos míos, son historias reales, historias que parten directamente de la realidad. 


Lo que quiero decir con todo esto es que La gran odalisca, a mi juicio siempre subjetivo y por tanto discutible, es una auténtica novela gráfica tal y como la entendemos ahora, y no un álbum de BD tradicional. Por sensibilidad, por modo de producción y por el público para el que está pensada, que no es infantil precisamente. Es cómic de autor para adultos, producido con una mentalidad artística, no industrial en el sentido de la BD tradicional. Que La gran odalisca esté publicada por una gran editorial, en un formato grande de álbum a color, justamente para poder desplegar un grafismo que es parte fundamental del concepto de la obra, o que se trate de un cómic de acción y ficción criminal, sólo nos dice que una novela gráfica de nuestros días no tiene por qué ser dibujada en blanco y negro, ni publicarse en una «pequeña editorial independiente» o en un formato más reducido de novela literaria, ni tiene por qué ser «autobiográfica» o tratar «temas sociales». La novela gráfica, tal como la entendemos hoy día, es muchísimo más amplia que todo eso, y excede de los marcos del cómic tradicional. Y no hay límites a lo que puede ser, salvo —ahora sí, al fin— los que decida el autor.



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Otra reseña de La gran odalisca en Intramuros
Comentario de la obra en el blog Mandorla

Actualización 15/10/2013
Reseña de Absence en GenComics
Otra más de El lector impaciente
Y una reseña en francés sobre las tres Gracias y otras citas a la historia del arte (también spoilers) de La gran odalisca

sábado, 5 de enero de 2013

UN ROTUNDO NO


El dibujante de cómic Jacques Tardi, 66 años, rechazaba hace tres días la Legión de Honor, la más alta condecoración honorífica de Francia. Instituida en 1802 por Napoleón, la condecoración reconoce los méritos excepcionales para la nación realizados por personas eminentes en su campo, tanto civiles como militares. Tardi había sido propuesto para recibirla, pero tras enterarse por los medios de comunicación de su nominación ha declarado rápidamente: «Por estar fuertemente apegado a mi libertad creativa y de pensamiento, no quiero recibir nada, ni del poder actual ni de ningún otro poder político cualquiera que este sea». Por eso la rechaza «con la máxima contundencia, para seguir siendo «un hombre libre, no un rehén del poder». Tardi se suma así a la lista de personalidades que rechazaron en su día la condecoración, entre ellas Daumier, Monet, Camus, Sartre, Simone de Beauvoir o, como ahora me interesa destacar, Gustave Courbet.

Propuesto para la Legión de Honor en 1870 por Napoleón III, Courbet la rechazó con palabras parecidas a las de Tardi: quería ser un hombre libre, sin depender de ningún poder ni religión. Courbet, uno de los primeros pintores en trasladar una conciencia proletaria a sus cuadros, que creía en el papel emancipador del arte en la lucha de clases y se definió como socialista y republicano, participó luego en el gobierno revolucionario de la efímera Comuna de París de 1871, antes de exiliarse a Suiza pocos años después. Tardi dedicó precisamente uno de sus cómics a la creación y caída de la Comuna de París, El grito del pueblo (2001-2004, basado en una novela de Jean Vautrin), así que probablemente estará orgulloso de estar en la misma liga que Courbet y haber rechazado, por parecidas razones, la misma condecoración que él rechazó hace siglo y medio.

Poco antes de eso, el último día de 2012, el dibujante Juan López, Jan, 73 años, creador de Superlópez, había rechazado la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes que otorga el Ministerio de Cultura español por destacar en el campo literario, artístico, musical, etc. Como Tardi, Jan también se había enterado por los medios. Su breve comunicado, publicado en comentarios de un blog, manifestaba que «ante las circunstancias sociales y políticas actuales no puedo, por ética personal, aceptar la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes que, según he sabido por la prensa, me concede el ministerio de Cultura de España». Algunas reacciones.

La lista de rechazos recientes a premios institucionales no es pequeña. Este mismo otoño Javier Marías rechazó el Premio Nacional de Narrativa por su última novela. Hace dos años, Santiago Sierra renunciaba al Nacional de Artes plásticas. Entre otras razones, porque tampoco quería perder su libertad artística pero, sobre todo, porque el premio procedía de «un estado que dona alegremente el dinero común a la banca. Un estado empeñado en el desmontaje del estado de bienestar en beneficio de una minoría internacional y local. El estado no somos todos. El estado son ustedes y sus amigos».

En estos días parece volver con fuerza el rechazo al poder establecido. Los reconocimientos del poder no son tomados en muchos casos como signo de prestigio sino como dádiva de un establishment que percibimos completamente corrupto. El gran triunfo de las élites dominantes en los sistemas democráticos modernos es precisamente que nos tragamos el cuento de que la cosa se había logrado después de tanto sudor, sangre y lágrimas; de que ya se había instaurado un «gobierno del pueblo». Lo único positivo tal vez que se puede sacar de estos años de «crisis» (aunque podríamos llamarla restauración, por ejemplo) es que la fachada ha caído, y que si estamos como estamos es porque el poder ha gobernado durante años, y gobierna, contra el pueblo al que dice servir. Nada nuevo en ese sentido. Hay quien habla ya de neofeudalismo, de cleptocracia o de «totalitarismo invertido» (Wolin) para aludir al retroceso de derechos laborales y libertades civiles en general, en el marco de un Estado que gobierna por y para las corporaciones bajo el paripé del turno de los grandes partidos, que expolia los bienes comunes y que promueve por todos los medios la desmovilización social mientras crea en la ciudadanía la sensación de debilidad y miedo, de que no se puede hacer nada salvo lo que ellos dicen. Mientras tanto, se sigue con la farsa del espectáculo (estilo Un mundo feliz de Huxley: tenemos Gandía Shore y series televisivas «de calidad» a punta pala y, para desahogarnos, las redes de internet; yo mismo las estoy usando ahora para eso), se acrecenta el uso de la bota y la neolengua (estilo 1984 de Orwell), y se fomenta la ilusión de que las cosas mejorarán si seguimos sacrificándonos (nosotros, claro), postergando el «progreso» a un horizonte que se aleja permanentemente conforme caminamos hacia él.

Es fácil y tentador comparar el pasado lejano –por ejemplo, el de Courbet– con el presente, pero la historia nunca se repite en los mismos términos. La desigualdad podrá aumentar día a día en estos días, como hace, pero hay un factor en la ecuación que ya no está presente respecto a tantas revoluciones del pasado: la violencia ha sido erradicada de nuestra cultura, y por eso hoy los cambios se pretenden conseguir «con métodos pacíficos». No me refiero al sistema ni al poder, claro. El poder tiene a su disposición, con el monopolio propio de un Estado, una cantidad enorme de violencia para conseguir cuanto desea. Desahuciar a familias de sus viviendas por préstamos fallidos, en muchos casos debido a la avaricia del prestamista, es de una violencia brutal. Apalear a personas mayores o adolescentes que se manifiestan legalmente, también. O, bueno, legalmente hasta hace 10 minutos, porque la ley se modificará rápidamente para impedir esas manifestaciones en adelante, después seguiremos con el derecho de huelga (por ejemplo, porque los médicos la hacen para intentar evitar que la sanidad pública se venda a los amiguetes), y así con todo.

No, es la violencia del pueblo, de la masa, la violencia revolucionaria de los tiempos de Courbet, la que ha desaparecido de la cultura general, de nuestro lenguaje y por tanto de nuestro pensamiento, incluso como mero concepto. Eso también es Orwell. Basta ver a los biempensantes de la corrección política despotricar de la violencia de ficción, incluso de una violencia tan de pegolete como la de las películas de Tarantino. Hay más diferencias de calibre respecto a los tiempos de la Comuna. En realidad, como decía un amigo, el momento actual no tiene precedentes en la historia humana. Está el asunto de la demografía, el problemón del que no se habla –a nadie como al poder le interesa que no se hable de él–, y en relación directa con eso, el de los recursos disponibles para una cantidad de personas como jamás ha tenido el planeta.

Ante semejante gobierno de la cosa pública, qué menos que pronunciar un rotundo NO. Como han hecho Tardi y Jan, cada uno con sus circunstancias. O como nos recordaba hace poco el mentado Santiago Sierra.

(Arriba, After Courbet, L´origin du Monde, 2004, de Tanja Ostojic, que cita evidentemente a El origen del mundo [1866] de Courbet, una pintura que creó gran escándalo en su día por el singular punto de vista que ofrecía la composición, obligando al espectador a observar el "origen del mundo". Como siempre, tratándose de cultura, se trataba de la mirada. La obra de Ostojic fue exhibida durante dos días como póster en el mobiliario urbano de las calles de Viena antes de ser retirada por el escándalo que provocó)

lunes, 22 de febrero de 2010

NESTOR BURMA

Hablan ahora mismo de Léo Malet, Nestor Burma y Tardi en RNE 3, programa EL POSTRE.

martes, 23 de junio de 2009

DE PILOTE A POISSON PILOTE.



"Pero siempre hay una revuelta contra las cosas establecidas. He citado a Goscinny y Charlier... Ellos también se rebelaron un poco en los sesenta contra las revistas de cómic que ya existían. Del mismo modo, en los años 1970-75, Mandryka, Bretécher, Gotlib... también se rebelaron contra Goscinny porque representaba la vieja escuela... De la misma manera, estos jóvenes que vienen de L' Association se han rebelado contra los paradigmas dominantes de los 80 y 90, y han creado lo que han creado, y ampliado, bajo mi punto de vista, el medio. Los cómics se han enriquecido considerablemente desde que yo empecé en los sesenta. Cuando era un muchacho, los tebeos eran para niños... Ahora, los hay casi con suerte -pienso en Boule et Bill, o en Titeuf-, pero el campo de la investigación y exploración en los cómics se ha enriquecido considerablemente y yo lo encuentro maravilloso".
--Guy Vidal, citado en el fabuloso libro de Bart Beaty UNPOPULAR CULTURE. TRANFORMING THE EUROPEAN COMIC BOOK IN THE 1990s, p. 185 (University of Toronto Press). La cita procede de una entrevista que puede leerse completa en BDParadisio. Vidal (1939-2002) fue periodista, guionista y editor en editoriales francesas de cómic. Nacido en Marsella, trabajó como editor para Dargaud, y fue en esa gran casa editorial donde participó en momentos claves de la historia reciente de la BD.

Así fue desde los buenos tiempos de la revista Pilote (primer número, octubre de 1959), a cuya redacción en Dargaud Vidal se incorporó en los años sesenta llegando a ser mano derecha de Goscinny y trabajando con autores como Uderzo, Charlier, Giraud, Christin, Mézières, Reiser, Mandryka, Claire Bretécher, Gotlib, Cabu, Fred, Tardi, etc. En los primeros setenta, Vidal fue nombrado redactor jefe de Pilote y tomó las riendas de la revista ante el cansancio de Goscinny, harto de los "jóvenes rebeldes" que se habían "amotinado" a rebufo de mayo del 68 (además de los citados antes por Vidal, Giraud-Moebius fue también uno de esos rebeldes). Entre 1981 y 1982 Vidal abandonó Dargaud para incorporarse a una editorial más innovadora y pujante entonces, Les Humanoïdes Associés, aunque apenas un año después volvió a Dargaud. Guy Vidal también escribió guiones, por ejemplo, en la serie GRINGO para el dibujante Víctor de la Fuente, para Morris en algún álbum de LUCKY LUKE y para otros dibujantes como Alexis, Florenci Clavé o Antonio Parras.

Un número de Pilote como éste, noviembre de 1972, traía el siguiente contenido:
- Portada de Tardi
- SALADE DE SAISON, Claire Bretécher
- Leconte
- Pelaprat y Poppe
- Vidal y Chakir
- Alexis
- DEMAIN IL SERA TROP TARD, Dorville
- BRINDAVOINE, Tardi
- L'ARTISAN DU BONHEUR (Cellulite), Claire Bretécher
- Forest
- L'ÉNONCE DE L'HORRIBLE DRAME, Bazzioli y Caza
- LA VIE QU'ON MÈNE, Mandryka
- ACHILLE TALON, Greg
- SERGENT LA TERREUR, Frydman y Touis
- PHILEMON, Fred
- Charpentier
- CHACUN SON TRUC, Massonnat
- Cabu (dos páginas)
- Jean Florac
- Cartry
- MUSÉE PILOTE, Catherine Langeais


VACAS FLACAS. En 1998, Dargaud perdió el pleito que le había puesto la editorial de Albert Uderzo, Éditions Albert-René. A consecuencia de ello, Dargaud perdió los derechos para seguir editando los primeros 24 álbumes de ASTÉRIX (la mayoría serializados originalmente en la revista Pilote de Dargaud antes de ser recopilados en álbum, y todos publicados antes de que Uderzo fundara su propia editorial en 1977 tras la muerte de Goscinny; aquí arriba, portada de Pilote de ese año tras su fallecimiento) y también los derechos sobre ediciones extranjeras de dichos álbumes. El efecto, lo explica muy bien Bart Beaty en su libro, fue devastador. Tras perder el juicio de 1998, Dargaud dejó de ingresar los ingentes beneficios que producían las reimpresiones de todos esos ASTÉRIX, aproximadamente millón y medio de copias vendidas de todos los álbumes al año, y unas 60.000 copias de cada álbum vendidas también por año. Esas ventas suponían para Dargaud "entre el 35 y el 40% de los ingresos de la compañía y aproximadamente el 80% de su margen de beneficios. La pérdida súbita de ese título -sumado a la indemnización que la compañía debía a Uderzo- casi provocó la quiebra de la firma", afirma Beaty en su libro. Tras semejante revés, la compañía fue completamente reestructurada, y Guy Vidal recibió el encargo de descubrir nuevos talentos para la editorial.

LA NUEVA OLA. Fue entonces cuando Vidal se dirigió a L'Association, una pequeña editorial que había agitado la escena francesa desde 1990 con el objetivo de publicar tebeos de autor alternativos a la gran industria francobelga, tanto en temática, más libre y a menudo al margen de géneros y personajes establecidos, como en estilos de dibujo y formatos de publicación: novelas gráficas de tamaño variable, sin número de páginas delimitadas de antemano y en blanco y negro, frente al tradicional y rígido álbum de 46-48 páginas en color, dominante hasta entonces en la industria francobelga. L'Association había sido fundada en 1990 como cooperativa de autores por Jean-Christophe Menu, Stanislas, Mattt Konture, Killoffer, Lewis Trondheim, Mokeit y David B.; este último precisamente publicó su obra magna LA ASCENSIÓN DEL GRAN MAL en L'Association entre 1996 y 2003. Al hilo del relativo éxito que había obtenido la serie LAPINOT de Lewis Trondheim en la L'Association, Vidal creó una nueva línea editorial en Dargaud, a la que bautizó significativamente con un nombre que recordaba a la vanguardia del cómic galo de los sesenta que trabajó en la revista Pilote. La nueva colección de Dargaud fue bautizada Poisson Pilote, y para ella Vidal captó a Trondheim y a David B., junto a otros artistas que tenían una sensibilidad o estética parecidas. Como afirma Beaty en su libro,
"es justo decir que Poisson Pilote representó un intento de vender la idea de independencia dentro de los confines de una gran casa tradicional que publicaba álbumes".

De este modo, junto a obras de Trondheim y David B., en la colección Poisson Pilote vieron la luz las series EL GATO DEL RABINO y EL MINÚSCULO MOSQUETERO, ambas de Joann Sfar (que también había publicado previamente en L' Association), ISAAC EL PIRATA de Christophe Blain, LES ENTREMONDES de Manu Larcenet, LES PAUVRES AVENTURES DE JÉRÉMIE de Riad Sattouf o L'INSPECTEUR MORONI de Guy Delisle, entre otras.

Los premios no tardarían en llegar. LAS AMÉRICAS, el primer y deslumbrante álbum de la serie ISAAC EL PIRATA, de Blain, ganó el premio Alph'Art al mejor álbum en el festival de Angulema de 2002, igual que Larcenet en 2004 por el primero de LOS COMBATES COTIDIANOS.

Según relata Beaty, no faltaron entonces las críticas a la intención de Dargaud -y otras grandes editoriales como Dupuis- de aprovecharse de la creatividad de L'Association. David B. respondió expresamente:

"Los grandes editores nos han solicitado, nos han pedido que vayamos y hagamos en su casa lo mismo que hacemos en L'Association. A la larga, ha sido lo mismo con las concesiones necesarias. El blanco y negro no era inevitable; hicimos álbumes de 46 a 56 páginas a color. Hubo peajes obligatorios. Pero aparte de eso, fui absolutamente libre para hacer lo que quise tanto en Dargaud como en Dupuis".


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EPÍLOGO. Hoy día, tras la marcha en 2006 de David B. y Lewis Trondheim de L'Association por desavenencias con Jean-Christophe Menu, y también de Joann Sfar algunos meses después, la pequeña editorial parece haber agotado su ciclo creativo, y solo parece garantizar su estabilidad económica la superventas Marjane Satrapi. En palabras de David B. en el reciente Salón de Barcelona, "L'Asso está muerta". Asimismo, el impulso renovador de L'Association se expandió hace años hacia otros autores y editoriales, incluyendo a las grandes casas como se ha visto, siendo asimilado por la industria francesa hasta el punto de que la historia de ese movimiento ya ha sido contada y analizada en entrevistas, artículos y libros teóricos. Por ejemplo, en el de Bart Beaty.

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Más:
-UNPOPULAR CULTURE, de Bart Beaty, completo en Google Libros
-La nouvelle BD en un artículo de Santiago García publicado en el ABCD
-Extractos del libro de Bart Beaty y de una entrevista suya realizada por Tom Spurgeon en Con C de Arte