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jueves, 13 de diciembre de 2012

LEGITIMACIÓN, RECONOCIMIENTO.

«La exposición de 1990 "High and Low: Modern Art and Popular Culture" intentaba lidiar con el tema, que entonces empezaba a ponerse de moda, de cómo las artes populares interactuaban con las minoritarias. Desgraciadamente, la exposición desperdició la oportunidad, ratificando meramente los gustos de siempre del museo y sus predisposiciones jerárquicas. Expusieron las pinturas de Lichtenstein y luego tenían, en una vitrina pequeña, las humildes viñetas de cómic que birló para componer sus cuadros de gran tamaño, sin ni siquiera citar el nombre de los dibujantes de los tebeos... lo que simplemente confirmaba aquello que estaba implícito en las pinturas de Lichtenstein: que los artefactos originales eran despreciables. Había pinturas de Miró en la pared al lado de Krazy Kats porque, al menos por lo que me pareció adivinar, ambos tenían lunas crecientes y paisajes surrealistas. Me gustan los dos, pero se veían incómodos uno junto al otro. Francamente, el Herriman, por muy bonito que sea a su manera, no queda igual de bien en una pared que algo que fue hecho para colgarlo en ella. Por entonces lo entendía así: "Supongo que la pintura gana en la pared y el cómic en el catálogo". Los cómics quedaban mejor [en el catálogo] porque estaban hechos para la reproducción».
Art Spiegelman, en MetaMaus, Pantheon, 2011, pp. 203-204, un libro extraordinario que por cierto acaba de traducirse al castellano (Reservoir Books-Mondadori).

La idea de que un cómic está pensado y hecho para su reproducción, al contrario que una pintura o escultura –hechas para verse en un lugar de exposición, como objetos, únicos y originales–, aún no parece tener demasiadas consecuencias para algunos. Conozco a un profesor de pintura, pintor sobresaliente, que no se cansa de repetir: "recordad que una pintura no es simplemente una imagen, contiene materia, es un objeto". Bien, un cómic sí es ante todo imagen, y desde luego se concibe y ejecuta para su reproducción, no como un objeto único para verse colgado de la pared de un museo. Art Spiegelman habla mucho en MetaMaus sobre cómo realizó su memoria familiar sobre el Holocausto, el célebre Maus, pensando siempre en cómo se vería impreso. Esta idea le llevó, entre otras muchas decisiones, a dibujar las páginas al tamaño exacto en que se verían impresas para lograr un mayor grado de intimidad con el lector. Normalmente, los dibujantes de cómic suelen preferir trabajar a mayor tamaño del que se imprimirá el tebeo –yo mismo lo hago casi siempre– porque «dibujar en grande y reducir el dibujo para la publicación lo ajusta, lo hace parecer más nítido y "profesional"», en palabras del propio Spiegelman.

Para mí está claro que Scott McCloud y su Understanding Comics ha sido el máximo responsable de este tipo de pensamiento que, basándose en una extravagante creencia de que el elemento definidor y esencial del cómic es la secuencia de imágenes –que existe en todas las artes, ya desde las cavernas–, ha llevado a llamar "cómics" a pinturas rupestres, jeroglíficos egipcios, códices pintados que nunca se hicieron para la imprenta e incluso, ya puestos, esculturas, por qué no, y todo porque usan secuencias de imágenes. Este extravagante pensamiento, hay que aclararlo, solo existe dentro del extravagante mundillo del cómic. Fuera de él, es conveniente saber que nos van a mirar muy raro si pretendemos convencerles de que la Capilla Sixtina, la Columna de Trajano o una serie de cuadros en secuencia de Goya es un "cómic".

Se puede jugar a eso, es decir, a intentar legitimar culturalmente el cómic pretendiendo argumentar que el cómic ya estaba en las cavernas, en la Capilla Sixtina, en un códice medieval o en el friso de un monumento o una gran catedral. Pero, sinceramente, no creo que ése sea el camino. Tengo la casa llena de cómics, escribo esto con una estantería repleta de ellos detrás, y no me parece que esos cómics pertenezcan a las tradiciones de la pintura, del manuscrito iluminado o de la escultura, por muy nobles que estas sean. Creo, como muchos de los que leéis esto, que el cómic es una forma artística autónoma que cuenta con las suficientes tradiciones internas como para haber desarrollado un lenguaje propio de hacer, de contar las cosas. Si el cómic no es el cine de los pobres –y un dibujante de cómic no maneja ninguna "cámara" cuando planifica sus páginas–, tampoco es un "cuadro" o "escultura" de un Mundo Bizarro. En estos días dudo de la necesidad de lograr esa legitimación cultural externa, ese reconocimiento del mundo artístico, pero si uno quiere obtenerlo me parece que no va a ser intentando convencer a los expertos en arte de que una pintura es un "cómic" por mucha secuencia de imágenes que contenga. Podemos comparar aquello con esto, por ejemplo un cuadro con secuencia de imágenes a un cómic, y de hecho estoy seguro de que aprenderemos mucho de esa comparación. Pero eso es muy distinto a afirmar que ese cuadro es un cómic.

Basta ahora en reparar en en el nombre que usamos para llamar al cómic. Comic. Una palabra en inglés inventada a principios del siglo XX para nombrar no a cuadros ni a esculturas, ya de la época o de siglos atrás, ni mucho menos a frisos esculpidos en secuencia, sino a páginas dibujadas que se reproducían en los periódicos de la época, páginas impresas que contenían pequeñas historias que, en principio, iban destinadas a entretener y divertir al lector. Comic significa cómico en inglés, no está de más recordarlo, y de hecho a principios del siglo XX a aquellas páginas pensadas para ser impresas, para ser reproducidas en masa en la prensa estadounidense y llegar como llegaban a miles de lectores (por algo el cómic fue un arte popular, de masas), se les llamaba comicalsfunnies o, sí, comics. Páginas como las del Krazy Kat de Herriman, ya que Spiegelman lo cita arriba, o del no menos famoso Little Nemo de Winsor McCay. ¿Por qué hubo que inventar palabras nuevas para nombrar a aquello si, supuestamente, se trataba de una forma artística universal que había existido desde siempre, desde que el hombre es hombre y pintaba en las cavernas? Creo, me parece a mí, que porque aquellas páginas dibujadas para la imprenta se percibían como nuevas, o al menos eran relativamente nuevas para aquel momento. No creo que el cómic se inventara entonces en Estados Unidos, soy más bien de los que piensan que esa tradición ya existía desde un siglo antes, aproximadamente, y nació y se desarrolló en Europa antes de exportarse al otro lado del Atlántico. Pero sí creo que esa es la tradición de la que nacen todos los demás cómics, es decir, dibujos hechos para ser reproducidos en masa que contaban pequeñas historias, en una sola viñeta o en varias, muy a menudo cómicas. Comics.

No pretendo ahora definir nada. No me gustan las definiciones, que no creo que sirvan para entender formas artísticas y tradiciones culturales. Las definiciones son esencialistas por naturaleza, es decir, ahistóricas, y yo creo en la historia. No pretendo señalar ahora una norma que dice que "un cómic debe ser impreso", ni mucho menos que "debe ser cómico", sino señalar el hecho histórico, al menos para mí, tal como yo entiendo la historia del cómic, de que los cómics nacieron y se desarrollaron para la imprenta. Este hecho de ser un arte reproducido técnicamente por supuesto tuvo consecuencias cruciales en el desarrollo de la forma (del lenguaje) del cómic, empezando por el tipo de dibujo que se podía reproducir (las técnicas de reproducción eran mucho más limitadas en el siglo XIX y primeros del XX que hoy), siguiendo por la forma (el lenguaje) en que se contaban esas pequeñas historias dibujadas (usando o no los globos de texto, metáforas visuales, tipo de dibujo reproducible, onomatopeyas, etc.) y terminando por el hecho crucial de que el dibujante de cómic, como McCay, Herriman o Spiegelman, trabajaba en todo momento pensando cómo quedaría reproducido su cómic. Lo sigue haciendo, de hecho. Por algo muchos dibujantes de cómic viajan a la ciudad de la imprenta en que se tirará su cómic para supervisar los trabajos de impresión. Porque su obra se produce justo en ese momento, en la reproducción, no antes, y lo que los lectores verán, leerán y juzgarán serán los cómics que salgan de esa imprenta, reproducidos. No sus páginas dibujadas a mano, por muy bonitas que éstas sean. A menudo, llenas de correcciones, manchas y tachaduras, como en las páginas dibujadas del Maus de Spiegelman, que solo podríamos ver si vamos a la casa del autor. O bien reproducidas, una vez más, en el MetaMaus.

Todo esto viene a cuento, en parte, de la serie que The Hooded Utilitarian está dedicando estos días a comentar el reciente libro de Bart Beaty, Comics versus Art, en la cual Noah Berlatsky ha destacado una cita de Les Daniels que Beaty incluye en el primer capítulo de su libro, dedicado a discutir las (inútiles en mi opinión, haciendo una generalización) definiciones de cómic que se han dado por diferentes estudiosos. Escribe Daniels, citado por Beaty: «Los defensores del medio del cómic tienen una tendencia a hurgar en los restos reconocidos de la vasta historia de la humanidad para arrancar sucesivamente símbolos sancionados que puedan crear entre los expertos el deseado choque de reconocimiento». La cita está escrita con un estilo pomposo y pretencioso, pero sospecho que Daniels lo hizo de forma deliberada. Para imitar irónicamente a aquellos a los que se refería.

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De la misma serie:

-Herzog y la cueva de los sueños olvidados (en secuencia)

-Más

jueves, 23 de agosto de 2012

'CÓMICS VERSUS ARTE'

«EP: ¿Puede el antagonismo expresado por el título de tu libro ser deconstruido? En otras palabras, ¿puede "la supremacía de la fase final hegemónica del valor cultural" (p. 209) ser desmontada, crítica o prácticamente, más allá de la mera absorción del subalterno (el cómic) en la corriente dominante (el mundo del arte)? 
BB: Esa es verdaderamente una cuestión central, y en muchos aspectos bastante especulativa. Me gustaría creer que la respuesta es que sí, que esa relación puede ser desmontada, pero es llamativo que nunca lo haya sido realmente. En cierto modo, la situación es una reminiscencia de los desafíos marxistas y postmarxistas al capitalismo; es mucho más fácil imaginar una nueva alineación social después del capitalismo que alcanzar ese modelo, sobre todo a gran escala. 
De la misma manera, es fácil imaginar un mundo en el que los cómics no sean considerados una auténtica forma de arte... ya que esa ha sido la situación durante cientos de años. También es fácil imaginar un mundo en el que algunos historietistas sean bienvenidos al mundo del arte. Ese es el juego al que muestras como Masters of American Comics han jugado, y ha funcionado bien para gente como Crumb, Spiegelman y Ware. Creo que esta es la situación en la que nos encontramos ahora. 
Lo que resulta más difícil de imaginar es un contexto en el que los cómics sean considerados culturalmente como los equivalentes de la pintura o la poesía sin ser absorbido por ellos. Ciertamente, el proceso requeriría décadas de esfuerzo. Habría que crear instituciones para el cómic —museos, por ejemplo— tan bien dotados económicamente como el MoMA, el LACMA, el Tate o el Pompidou. 
Creo que ese esfuerzo está actualmente en marcha, pero realmente en una etapa incipiente. Por otra parte, el peligro obvio es que, en el esfuerzo de evitar ser absorbidos por el más amplio mundo del arte, el mundo del cómic corre el riesgo de limitarse a reproducir los prejuicios de aquello que están tratando de evitar (yo diría que la muestra Masters cayó en esta trampa).
La opción más difícil es intentar poner del revés esos prejuicios y desmentirlos. Esa es una tarea más difícil, porque los prejuicios son muy comunes en nuestra cultura. Los estudiosos del cómic recibimos muy poca desaprobación cuando enseñamos sobre Crumb, Spiegelman y Ware (y Marjane Satrapi y Bechdel y... ). Cuando recibimos cejas levantadas es cuando enseñamos sobre Archie y otras obras que "no son serias" o "no sofisticadas". La ruta que el mundo del cómic podía haber tomado habría sido desafiar fundamentalmente esa ideología. Rechazar ese tipo de quejas en conjunto. Si nos fijamos en el tipo de trabajo que hemos publicado como académicos y enseñado como profesores, hemos fracasado en gran medida a la hora de hacer eso. Y me incluyo en ese grupo aun cuando reconozco que esa podría haber sido la dirección más productiva.
EP: En efecto. Esto me lleva a la relación entre la clase social, las condiciones tecnológicas de producción y distribución y los gustos. ¿Cuál es el papel que desempeña el formato físico en el reconocimiento social de los cómics como forma?
BB: La fisicidad del cómic ha sido tremendamente importante cuando se trata de procesos de legitimación de la forma. Esto es algo sobre lo que he hablado largo y tendido en el contexto europeo en mi libro anterior, Unpopular Culture, pero es igual de importante en Estados Unidos». 
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Bart Beaty (BB), entrevistado por Ernesto Priego (EP) en The Comics Grid a propósito del nuevo libro de Beaty, Comics versus Art (University of Toronto Press, 2012), que acaba de publicarse. Beaty es profesor universitario en Canadá y ha publicado libros sobre cómic tan buenos como Unpopular Culture (2007), acerca de la transformación del cómic europeo a lo largo de la década de los noventa. Traduzco algo más de la entrevista (en inglés), justo lo que sigue respondiendo Beaty a la pregunta sobre el asunto de los formatos en el cómic:
«Si asumimos, en aras de la discusión, que la percepción pública de los comics ha estado en fase de expansión desde la publicación de Maus, entonces es imprescindible que la obra de Spiegelman fue serializada desde 1980 a 1991, con los primeros seis capítulos recogidos en 1986 y los últimos cinco en 1991. La serialización en RAW atrajo una atención increíble hacia Spiegelman —busca las reseñas en los números antiguos ​​de The Comics Journal conforme iba saliendo— pero si el libro nunca se hubiera recogido como "novela gráfica", su impacto cultural podría haber sido cercano a lo insignificante. 
En mi capítulo sobre Maus también hablo de Master Race, de Krigstein y Feldstein, que es bien conocida entre los aficionados al cómic y prácticamente desconocida por el público en general, porque apareció en un comic book semi-oscuro en 1955 y sólo se ha reeditado de manera esporádica. Si Maus hubiese tenido una carrera similar, creo que habría tenido una vida útil parecida. Lo mismo podría decirse de The Dark Knight Returns, Watchmen, Love and Rockets, Acme Novelty Library... sólo cuando estas obras se convierten en libros es cuando encuentran al público que necesitan para tener un impacto cultural significativo. 
El giro en los cómics americanos hacia obras con extensión de libros, y con publicación en libro, ha sido repentino, dramático y definitivo. En 1998 publiqué un ensayo en The Comics Journal argumentando que la serialización de los cómics serios estaba prácticamente muerta ("Pickle, Poot, and the Cerebus Effect") [con el término 'efecto Cerebus' Beaty aludía al fenómeno, típico del mercado norteamericano de la segunda mitad de los noventa, de que los aficionados a una serie mensual dejaban de comprarla desde el momento en que sabían que sería recopilada en tomos, entre otras razones porque el tomo les salía mas económico] que tuvo una fuerte respuesta de Gary Groth, argumentando la necesidad de títulos regulares. Quince años después, Fantagraphics no publica ningún título de esa forma. En esencia, los [tebeos] flexibles no son serios. Como muestro en mi capítulo sobre el coleccionismo, son enmarcados no como forma de arte, sino como una pieza de nostalgia. Son pintorescos. La gentrificación de los cómics en las últimas dos décadas desde la publicación del segundo libro de Maus ha ido de la mano del cambio en el formato, hacia el libro y lejos de las publicaciones periódicas y revistas. 
EP: ¿Crees que esta "gentrificación" de los cómics también podría traer, como expresión del mismo fenómeno, una vuelta a apreciar los tebeos flexibles como objetos culturales valiosos? 
BB: ¡Sospecho que es muy probable! Y creo que se desarrollarán muchos argumentos por el estilo sobre el valor del formato flexible y del modelo de serialización. Para mí está claro que la lectura de cómics en papel es diferente a leerlos en un iPad, y está claro que la lectura de Sandman en un par de sesiones de dos tardes es diferente a leerlo como un cómic mensual a lo largo de seis años. En mi opinión, no es "mejor" o "peor", pero es "diferente" y creo que los estudiosos tenemos que dar cuenta de esas diferencias. 
En cuanto a los tebeos flexibles, me parece que han perdido mucho valor en el mercado de números atrasados, conforme más títulos están ampliamente disponibles en una variedad de formatos. Te puedes comprar una edición completa de los flexibles de Sandman bastante barata, por ejemplo. En última instancia, parte del romanticismo de los flexibles volverá para algunos lectores... pero creo que su era de dominio en el mercado ya ha terminado».
La entrevista sigue en The Comics Grid, donde se habla también de los cómics digitales, de Umberto Eco y de la reconciliación entre formas culturales tradicionalmente antagónicas. De momento, el nuevo libro de Beaty ya viene camino de mi casa.

(ilustración de portada del libro Comic versus Art: Gary Panter, Me Am No Art, 1978)

miércoles, 23 de diciembre de 2009

LOS 'CHICOS DEL DIBUJO'

"¿Cuál es tu valoración general del trabajo, Bart? ¿Ha cambiado a lo largo de los años? ¿Cambió cuando se fueron publicando nuevos volúmenes?

Los dos primeros volúmenes sólo me dejaron tibio. Quedé intrigado al final del segundo, y alucinado por todo el tercero. Ahora, cuando lo leo como un todo, constantemente me impresiona. He impartido clases sobre el libro a estudiantes universitarios media docena de veces, y a ellos siempre les impresiona, y a mí me gusta más el trabajo cuanto más enseño sobre él. He llegado al punto en que prefiero hablar en clase sobre él que sobre Maus, en realidad. Así que me gusta mucho.
(...) Creo que Persépolis es un cómic que permanecerá del mismo modo que ahora lo es Maus.

(...) He leído algunas críticas hacia Persépolis que dicen que el libro y la misma Satrapi adulan un autoconcepto particular de los europeos. ¿Crees que es una vía de crítica legítima? Y, ¿ha habido alguna puñalada por la espalda contra la autora más seria que este tipo de comentarios maliciosos?

Persépolis es un libro que parece que genera muchos comentarios maliciosos, y sobre todo por parte de los “chicos del dibujo” (casi siempre son chicos) que dicen que está dibujado sin elegancia. Esa es la mayor fuente de condena. Incluso ahora, me imagino que una buena cantidad de tus lectores no lo han leído porque no se pueden imaginar que un libro dibujado “así” merezca tanta discusión.

Hay otros cómics franceses de la pasada década que creo que formalmente hacen las cosas mejor, o más inteligentemente, o son más divertidos, o más emocionantes. Pero creo que Persépolis es un hito y un logro tremendo".
Bart Beaty (profesor universitario, experto en cómics europeos y autor de uno de los mejores libros teóricos que he tenido ocasión de leer, UNPOPULAR CULTURE. Transforming the European Comic Book in the 1990s), pone los puntos sobre las íes acerca de PERSÉPOLIS, el tebeazo. De Marjane Satrapi, por supuesto. Los fragmentos proceden de una entrevista de Tom Spurgeon a Beaty, traducidos en Entrecomics, más en el enlace. No sé si alguien necesitará aún otra década (o dos) para comprender que PERSÉPOLIS está estupendamente dibujado, pero mejor ir haciéndose a la idea porque este camino no tiene vuelta atrás. Afortunadamente para la apertura de miras (y de estéticas) en el cómic. Dibujar bien no pasa necesariamente por hacerlo como Moebius, ni siquiera como Boucq; dibujar bien es encontrar una caligrafía gráfica personal con la que el dibujante pueda dibujar cualquier cosa, y Satrapi no sólo la tiene, también es capaz de transmitir con ella bastante más que algunos dibujantes virtuosos de impactante acabado, y con esto último no me refiero a los dos citados, evidentemente.

Copio esto otro de la entrevista a Beaty:

¿Qué ha significado el éxito del libro para L’Association? ¿Qué efecto crees que ha tenido en la industria en general?

Para L’Asso es parecido a lo que ha sido Peanuts para Fantagraphics, les ha salvado el culo. No estoy seguro de que L’Asso estuviera todavía aquí hoy sin Persépolis, y su éxito les ha permitido arriesgarse con un montón de trabajos que de otra forma no habrían podido sacar.

(…) También creo que la decisión de Satrapi de quedarse con L’Asso es tremenda. Después de Persépolis podría haber publicado en cualquier sitio, y probablemente por con un adelanto enorme. Sé cuáles son los adelantos para algunos autores que han vendido la vigésima parte de lo que ella vende, así que me imagino que alguna gente le ha ofrecido camiones llenos de euros. Y ella los ha rechazado. Ha dicho, básicamente, “L’Asso creyó en mí cuando ninguno de vosotros me habría siquiera mirado; por eso creo en L’Asso.”
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domingo, 26 de julio de 2009

EL DIBUJO COMO PROCESO NARRATIVO.

"Calificar el dibujo de Satrapi de 'descuidado', tal como hizo el Orlando Sentinel en una reseña de Bordados, es ignorar el hecho de que el libro fue producido para L' Association dentro de la serie de Carnets inspirados en los cuadernos de bocetos. Esta falta de atención a una cultura de cómic extranjera no es casi tan grave como el hecho de que también falla en tener en cuenta cómo los cómics existen en cuanto lenguaje visual. Thierry Groensteen, cuyo Système de la Bande Desinée ha hecho avanzar el tema de la semiótica de los cómics más que ningún otro libro, traza una distinción crucial en los cómics entre modos de dibujar narrativos e ilustrativos. Para Groensteen, es inadecuado evaluar a los cómics con el criterio estético que se aplica a las imágenes no-narrativas, porque el dibujo en los cómics es fundamentalmente un proceso narrativo".
--Bart Beaty, en UNPOPULAR CULTURE. TRANSFORMING THE EUROPEAN COMIC BOOK IN THE 1990s. Debate aquí

martes, 23 de junio de 2009

DE PILOTE A POISSON PILOTE.



"Pero siempre hay una revuelta contra las cosas establecidas. He citado a Goscinny y Charlier... Ellos también se rebelaron un poco en los sesenta contra las revistas de cómic que ya existían. Del mismo modo, en los años 1970-75, Mandryka, Bretécher, Gotlib... también se rebelaron contra Goscinny porque representaba la vieja escuela... De la misma manera, estos jóvenes que vienen de L' Association se han rebelado contra los paradigmas dominantes de los 80 y 90, y han creado lo que han creado, y ampliado, bajo mi punto de vista, el medio. Los cómics se han enriquecido considerablemente desde que yo empecé en los sesenta. Cuando era un muchacho, los tebeos eran para niños... Ahora, los hay casi con suerte -pienso en Boule et Bill, o en Titeuf-, pero el campo de la investigación y exploración en los cómics se ha enriquecido considerablemente y yo lo encuentro maravilloso".
--Guy Vidal, citado en el fabuloso libro de Bart Beaty UNPOPULAR CULTURE. TRANFORMING THE EUROPEAN COMIC BOOK IN THE 1990s, p. 185 (University of Toronto Press). La cita procede de una entrevista que puede leerse completa en BDParadisio. Vidal (1939-2002) fue periodista, guionista y editor en editoriales francesas de cómic. Nacido en Marsella, trabajó como editor para Dargaud, y fue en esa gran casa editorial donde participó en momentos claves de la historia reciente de la BD.

Así fue desde los buenos tiempos de la revista Pilote (primer número, octubre de 1959), a cuya redacción en Dargaud Vidal se incorporó en los años sesenta llegando a ser mano derecha de Goscinny y trabajando con autores como Uderzo, Charlier, Giraud, Christin, Mézières, Reiser, Mandryka, Claire Bretécher, Gotlib, Cabu, Fred, Tardi, etc. En los primeros setenta, Vidal fue nombrado redactor jefe de Pilote y tomó las riendas de la revista ante el cansancio de Goscinny, harto de los "jóvenes rebeldes" que se habían "amotinado" a rebufo de mayo del 68 (además de los citados antes por Vidal, Giraud-Moebius fue también uno de esos rebeldes). Entre 1981 y 1982 Vidal abandonó Dargaud para incorporarse a una editorial más innovadora y pujante entonces, Les Humanoïdes Associés, aunque apenas un año después volvió a Dargaud. Guy Vidal también escribió guiones, por ejemplo, en la serie GRINGO para el dibujante Víctor de la Fuente, para Morris en algún álbum de LUCKY LUKE y para otros dibujantes como Alexis, Florenci Clavé o Antonio Parras.

Un número de Pilote como éste, noviembre de 1972, traía el siguiente contenido:
- Portada de Tardi
- SALADE DE SAISON, Claire Bretécher
- Leconte
- Pelaprat y Poppe
- Vidal y Chakir
- Alexis
- DEMAIN IL SERA TROP TARD, Dorville
- BRINDAVOINE, Tardi
- L'ARTISAN DU BONHEUR (Cellulite), Claire Bretécher
- Forest
- L'ÉNONCE DE L'HORRIBLE DRAME, Bazzioli y Caza
- LA VIE QU'ON MÈNE, Mandryka
- ACHILLE TALON, Greg
- SERGENT LA TERREUR, Frydman y Touis
- PHILEMON, Fred
- Charpentier
- CHACUN SON TRUC, Massonnat
- Cabu (dos páginas)
- Jean Florac
- Cartry
- MUSÉE PILOTE, Catherine Langeais


VACAS FLACAS. En 1998, Dargaud perdió el pleito que le había puesto la editorial de Albert Uderzo, Éditions Albert-René. A consecuencia de ello, Dargaud perdió los derechos para seguir editando los primeros 24 álbumes de ASTÉRIX (la mayoría serializados originalmente en la revista Pilote de Dargaud antes de ser recopilados en álbum, y todos publicados antes de que Uderzo fundara su propia editorial en 1977 tras la muerte de Goscinny; aquí arriba, portada de Pilote de ese año tras su fallecimiento) y también los derechos sobre ediciones extranjeras de dichos álbumes. El efecto, lo explica muy bien Bart Beaty en su libro, fue devastador. Tras perder el juicio de 1998, Dargaud dejó de ingresar los ingentes beneficios que producían las reimpresiones de todos esos ASTÉRIX, aproximadamente millón y medio de copias vendidas de todos los álbumes al año, y unas 60.000 copias de cada álbum vendidas también por año. Esas ventas suponían para Dargaud "entre el 35 y el 40% de los ingresos de la compañía y aproximadamente el 80% de su margen de beneficios. La pérdida súbita de ese título -sumado a la indemnización que la compañía debía a Uderzo- casi provocó la quiebra de la firma", afirma Beaty en su libro. Tras semejante revés, la compañía fue completamente reestructurada, y Guy Vidal recibió el encargo de descubrir nuevos talentos para la editorial.

LA NUEVA OLA. Fue entonces cuando Vidal se dirigió a L'Association, una pequeña editorial que había agitado la escena francesa desde 1990 con el objetivo de publicar tebeos de autor alternativos a la gran industria francobelga, tanto en temática, más libre y a menudo al margen de géneros y personajes establecidos, como en estilos de dibujo y formatos de publicación: novelas gráficas de tamaño variable, sin número de páginas delimitadas de antemano y en blanco y negro, frente al tradicional y rígido álbum de 46-48 páginas en color, dominante hasta entonces en la industria francobelga. L'Association había sido fundada en 1990 como cooperativa de autores por Jean-Christophe Menu, Stanislas, Mattt Konture, Killoffer, Lewis Trondheim, Mokeit y David B.; este último precisamente publicó su obra magna LA ASCENSIÓN DEL GRAN MAL en L'Association entre 1996 y 2003. Al hilo del relativo éxito que había obtenido la serie LAPINOT de Lewis Trondheim en la L'Association, Vidal creó una nueva línea editorial en Dargaud, a la que bautizó significativamente con un nombre que recordaba a la vanguardia del cómic galo de los sesenta que trabajó en la revista Pilote. La nueva colección de Dargaud fue bautizada Poisson Pilote, y para ella Vidal captó a Trondheim y a David B., junto a otros artistas que tenían una sensibilidad o estética parecidas. Como afirma Beaty en su libro,
"es justo decir que Poisson Pilote representó un intento de vender la idea de independencia dentro de los confines de una gran casa tradicional que publicaba álbumes".

De este modo, junto a obras de Trondheim y David B., en la colección Poisson Pilote vieron la luz las series EL GATO DEL RABINO y EL MINÚSCULO MOSQUETERO, ambas de Joann Sfar (que también había publicado previamente en L' Association), ISAAC EL PIRATA de Christophe Blain, LES ENTREMONDES de Manu Larcenet, LES PAUVRES AVENTURES DE JÉRÉMIE de Riad Sattouf o L'INSPECTEUR MORONI de Guy Delisle, entre otras.

Los premios no tardarían en llegar. LAS AMÉRICAS, el primer y deslumbrante álbum de la serie ISAAC EL PIRATA, de Blain, ganó el premio Alph'Art al mejor álbum en el festival de Angulema de 2002, igual que Larcenet en 2004 por el primero de LOS COMBATES COTIDIANOS.

Según relata Beaty, no faltaron entonces las críticas a la intención de Dargaud -y otras grandes editoriales como Dupuis- de aprovecharse de la creatividad de L'Association. David B. respondió expresamente:

"Los grandes editores nos han solicitado, nos han pedido que vayamos y hagamos en su casa lo mismo que hacemos en L'Association. A la larga, ha sido lo mismo con las concesiones necesarias. El blanco y negro no era inevitable; hicimos álbumes de 46 a 56 páginas a color. Hubo peajes obligatorios. Pero aparte de eso, fui absolutamente libre para hacer lo que quise tanto en Dargaud como en Dupuis".


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EPÍLOGO. Hoy día, tras la marcha en 2006 de David B. y Lewis Trondheim de L'Association por desavenencias con Jean-Christophe Menu, y también de Joann Sfar algunos meses después, la pequeña editorial parece haber agotado su ciclo creativo, y solo parece garantizar su estabilidad económica la superventas Marjane Satrapi. En palabras de David B. en el reciente Salón de Barcelona, "L'Asso está muerta". Asimismo, el impulso renovador de L'Association se expandió hace años hacia otros autores y editoriales, incluyendo a las grandes casas como se ha visto, siendo asimilado por la industria francesa hasta el punto de que la historia de ese movimiento ya ha sido contada y analizada en entrevistas, artículos y libros teóricos. Por ejemplo, en el de Bart Beaty.

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Más:
-UNPOPULAR CULTURE, de Bart Beaty, completo en Google Libros
-La nouvelle BD en un artículo de Santiago García publicado en el ABCD
-Extractos del libro de Bart Beaty y de una entrevista suya realizada por Tom Spurgeon en Con C de Arte