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viernes, 27 de agosto de 2010
CLINT EASTWOOD EN...
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jueves, 17 de septiembre de 2009
¿VIOLENCIA? DEPENDE DE QUIÉN Y PARA QUÉ
Este YouTube me ha hecho encadenar varias ideas. Se trata de un fragmento de un programa americano de TV donde una crítica de cine pone a caldo el KILL BILL de Quentin Tarantino (entre otras perlas les dice al público que NO la vean), pero la gracia es que lo hace delante del propio Tarantino, vía conexión en directo con Nueva York. La crítica desde el estudio "pone contra las cuerdas" a Tarantino pidiéndole cuentas por asuntos tales como qué necesidad hay de una historia de venganza tan violenta como KILL BILL (Tarantino le responde que las historias de venganza son un recurso clásico del drama), que por qué en su historia de venganza muere gente inocente (Tarantino dice que porque, desafortunadamente, es una historia de venganza, y la venganza es sucia y nunca funciona del modo que uno quiere), qué necesidad hay de tanta violencia explícita (Tarantino viene a decirle que en las películas resulta muy divertida) y, para rematar la faena, la crítica recurre al clásico de proponer a Tarantino que se imagine en la calle sufriendo algo de esa violencia que emplean algunos chicos. A esas alturas, Tarantino ya está tan exaltado como la crítica y le suelta lo que debería ser una perogrullada (no para la crítica, claro): ah, es que yo pensé que hablabámos de cine, no de la vida real. Si quieres podemos hablar de la vida real, pero separemos, vida real, películas, vida real, películas, porque resulta que yo hago cine y estaba hablando de películas. La crítica le replica con otro gran clásico: los chavales que van al cine a ver sus películas no pueden distinguir la diferencia. Por supuesto, Tarantino le dice que sí que pueden. Que él de chaval veía muchas películas violentas (esto lo leí en una biografía suya: su madre le dejaba ver lo que quería en la tele, sin restricciones, e incluso le llevaba al cine a ver pelis de adulto) y sabía distinguir perfectamente la violencia de ficción de la violencia real. A lo mejor tú no sabes distinguirla, termina diciéndole Tarantino, pero los chavales te aseguro que sí.
(inciso: cómo me mola DEATH PROOF, por dios, con toda su violencia y venganza. Lo digo en espera de ver con muchas ganas MALDITOS BASTARDOS, "la infame y salvaje historia de una desenfrenada venganza")

Parece mentira que a estas alturas aún haya gente que crea que la violencia ficticia provoca la violencia real, o que piense que la gente no sabe distinguir una de la otra. Me recuerda a Fredric Wertham y su caza de brujas contra los tebeos de crímenes y horror de los 50, "fuente" según él de los crímenes reales que cometía la juventud americana de la época. Yo desde aquí propongo un ejercicio mental. Así como para meditar un poquito sobre determinadas cosas que asumimos sin realmente reflexionar qué significan. O el doble rasero moral que a veces implican. Resulta que el otro día le dieron a Stieg Larsson un premio. El premio, a la "labor más destacada contra la violencia de género", se lo ha concedido a título póstumo el Consejo General del Poder Judicial. Sí, como sabéis, Larsson es el escritor de la trilogía MILLENIUM. Inmaculada Montalbán, presidenta del Observatorio contra la violencia de género del CGPJ, ha destacado la aportación del escritor
"a la visibilización y denuncia de la violencia contra las mujeres, que se sigue perpetuando en las sociedades actuales, también en las más avanzadas; y por poner de manifiesto que no sólo es deseable sino posible la construcción de una sociedad libre de violencia de género por todos sus integrantes, mujeres y hombres".
Yo no he leído las novelas de Larsson pero sí he visto la película que ha adaptado la primera de la trilogía, LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES. Fui a verla con mi amigo Cake, que sí ha leído el libro y me dijo que el filme era bastante fiel aunque por razones obvias de metraje se han tenido que aligerar las distintas subtramas. Aclaro que la película, un thriller "con sabor" (me refiero al ambiente y actores suecos de la peli), me gustó. No es que me pareciera una Obra Maestra, pero me hizo gracia, me lo pasé bien, es entretenida y me gustaron los actores y personajes. También creo que entendí las claves del éxito de Larsson, sobre todo por los "temas importantes" de rabiosa actualidad que toca. El periodismo como cuarto poder frente al capitalismo sin escrúpulos, la corrupción, el tráfico de información y, especialmente, la muy mal llamada en mi opinión "violencia de género". Los toca además en vehículos de ficción más o menos convencionales, thriller con whodunit mediante, con el suficiente ingenio como para enganchar al público. Lo más significativo para mí es que el personaje femenino fuerte de la historia, Lisbeth Salander, hace el papel de héroe vengador con todos los atributos clásicos masculinos. Vamos, que es un "tío" en cuerpo de tía. Un tío VIOLENTO además, aunque en el fondo bueno. Quiero decir buena. Con pasado tortuoso detrás: padre maltratador que golpeaba a su madre y a ella misma, estancia de Salander en el correccional, etc. Aclaro también que el personaje de Lisbeth me pareció el principal hallazgo de Larsson; sin ella la historia no tendría el mismo interés. Pues bien, resulta que las escenas apoteósicas de la peli, vamos ya al meollo de la cuestión, no son aquellas en las que Lisbeth y el periodista (que por cierto asume el rol pasivo clásico de "mujer" en su relación con Lisbeth, ahí arriba están los dos en la foto) resuelven el caso del asesino de mujeres. No. Las escenas apoteósicas de la película son aquellas en las que Lisbeth SE TOMA LA JUSTICIA POR SU MANO con el malo (dos malos en realidad, en dos subtramas distintas, pero ambos malos maltratan/violan/asesinan a mujeres) empleando para ello GRAN violencia. Y el público tan contento, claro, y es normal. Es una violencia de ficción, no real, no literal, luego es completamente catártica. Como decía Tarantino, "it's so much fun". El malo, los malos a los que Lisbeth Salander ajusta las cuentas son muy malos y se merecen que se las den todas. Al fin y al cabo, es una novela, una película. Ficción. Fantasía. Mi amigo Cake me contaba que la escena en la que Lisbeth viola con un consolador a su violador y luego le tatúa en el pecho a las bravas "Soy un violador hijo de puta" (o algo así) es bastante más explícita y violenta en el libro. Y cuando Lisbeth, ya terminando la película, atiza repetidas veces con un palo de golf al asesino de mujeres, sólo tienes ganas de aplaudir y de que le arree otra vez. Algo más tarde, Lisbeth deja morir al asesino en el incendio de su coche tras el accidente que sufre intentando escapar. Aunque puede salvarle perfectamente, Lisbeth decide dejarle arder.
Por supuesto, seguro que en otras películas parecidas aunque más "clásicas", quiero decir con héroe masculino en vez de heroína, buena parte del público biempensante que ahora aplaude a Larsson (y que le concede premios) criticaría la "violencia gratuita" e incluso el "fascismo" del héroe vengador. Ahí tenemos a Harry el Sucio, los tebeos de Miller y tantos y tantos ejemplos... O, por volver a donde empezábamos, las películas de Tarantino y su "violencia explícita". Violencia de ficción. No real.
miércoles, 1 de julio de 2009
CLINT EASTWOOD Y LA NUEVA FRONTERA

Aunque no es sorprendente que Gran Torino haya recibido el unánime favor de la crítica y del público, sí lo es que no se hayan hecho de la misma las lecturas más certeras ni más provechosas. ¡Esperando la revisión crepuscular de Harry el Sucio, hemos malinterpretado la actualización de Liberty Valance! Y es una lástima, porque lo que Eastwood pone sobre la mesa es una conmovedora reflexión sobre la Norteamérica del nuevo siglo, o lo que es igual, sobre los fundamentos mismos de la sociedad que viene. Es, en este sentido, una obra política de primer orden. Ahora que todo el mundo ha podido ver la película, merece la pena apuntar algo sobre todo ello.
Hay que empezar por recordar que Eastwood proviene tanto del cine negro de Don Siegel, como del western de Sergio Leone. Y que el gran tema del western es la fundación de la comunidad. Históricamente, ésta tiene lugar a medida que se produce la colonización del oeste norteamericano; es, claro, una fundación problemática: el estado de naturaleza que precede al contrato social. Tal como han señalado Walter Benjamin o René Girard, no hay comunidad que no tenga su origen en un acto de violencia: el orden civil no se impone con bellas palabras. Donde no rige el monopolio estatal de la violencia legítima, son las violencias privadas las que despejan el camino para el comerciante, el maestro de escuela, el alcalde. Surge así la figura del pistolero, profesional de la violencia que vive sin quererlo al servicio de la comunidad antes de la comunidad. Su tragedia, sin embargo, es que no puede pertenecer al orden que ayuda a instaurar: su figura simboliza un pasado desagradable que es preferible reprimir, su estilo de vida no encaja en la monotonía burguesa. ¡Ya no sabe vivir sino en absoluta libertad!
Sin duda, la expresión artística más acabada de esta –digamos– dialéctica de las normas y las pistolas es la proporcionada por John Ford en El hombre que mató a Liberty Valance, meditación acerca del mito originario de la comunidad con la que entronca Gran Torino. Es sabido que el Liberty Valance del título es un villano, encarnado por Lee Marvin, que amenaza el orden civil de un pueblo de nueva planta; a él se enfrenta un tímido sheriff, James Stewart, quien, ante la sorpresa general, lo abate en un duelo. Pero la verdad es otra: ha sido un viejo pistolero, John Wayne, a quien Stewart había expulsado del pueblo, quien ha disparado. Nadie lo sabrá, conforme al célebre eslógan acuñado por el periodista local: Between facts and legend, print the legend. Hechos, ficciones, mitos: una comunidad.





¿Qué tiene que ver todo esto con Gran Torino? Mucho, si no todo. Eastwood nos cuenta la historia de Walt Kowalski, un veterano de la Guerra de Corea que se niega a dejar su vecindario de Michigan pese a la invasión de la comunidada asiática: allí es, literalmente, el último de su estirpe. Su esposa acaba de morir y sólo un joven sacerdote irlandés se interesa por él; que el personaje sea católico y no protestante, esto es, alguien que llegó después que los demás, es un sutil acierto. Tenemos así al héroe individualista, ferozmente americano: Harry el Pensionista.

Paralelamente, se nos presenta a una modesta familia asiática, cuyo introspectivo hijo mayor, Thao, lucha por escapar de la influencia de una violenta banda de la misma etnia que aterroriza el vecindario. Es, de acuerdo con el gusto libertario de Eastwood, un espacio sin Estado, una esfera civil donde la guerra de todos contra todos –Hobbes– y la cooperación voluntaria –Locke– coexisten confusamente. Será a partir de un incidente menor cuando Harry entre en contacto con sus vecinos. Y paulatinamente se producirá en él un sorprendente reconocimiento, a saber: que ellos poseen los valores –buena educación, amor al trabajo, responsabilidad individual– que ya no encuentra en sus propios hijos y nietos, arruinados por una banal opulencia. Aquello por lo que luchó en Corea ¡precisamente contra quienes tiene ahora delante!




Se entabla así una relación de amistad entre Kowalski y Thao, que recibe un curso de iniciación a ese entorno hostil que es la vida adulta. Es un hermoso y divertido proceso de aprendizaje, cuya culminación tiene lugar en una de esas escenas que fácilmente pasan desapercibidas pese a su profundo significado. Incapaz de sacar una pesada nevera de su sótano, Kowalski pide ayuda al joven, que acepta prestársela sólo si el acarreo se hace a su manera: si no, no hay trato. Bienvenido, sugiere Eastwood, a la esfera civil de los acuerdos voluntarios: bienvenido a la comunidad.
Sin embargo, la protección que Kowalski se esfuerza por dispensar no surte los efectos deseados y la banda termina por ametrallar la casa de Thao y violar a su –inteligentísima, valiente– hermana Sue. De acuerdo con los viejos códigos de honor, la familia asiática clama venganza; Kowalski, víctima de una enfermedad pulmonar incurable, comprende que una interminable cadena de venganzas privadas sólo conduce al desorden perpetuo. Y el desenlace es tan viejo y noble como la Pasión de Cristo. Alguien tiene que sacrificarse, para que el orden pueda instaurarse; ese alguien tiene que convertirse –voluntaria o involuntariamente– en el chivo expiatorio que, como nos recuerda el antropólogo René Girard, resuelve en su persona las tensiones internas de la comunidad. ¿Cómo no leer en esa clave la postura crística del cuerpo muerto de Kowalski, inmolado ante la banda juvenil, inmediatamente arrestada por la policía? Esta tardía aparición del Estado nos recuerda, además, que incluso la teoría libertaria le reconoce una función irreemplazable en la protección de los derechos individuales.
Semejante desenlace no sorprenderá tampoco a quienes hayan leído con atención a ese otro peculiar insider de la cultura norteamericana que es Frank Miller. Admirador confeso de la serie de Harry el Sucio por razón de su profunda resonancia moral y sacrificial, Miller vino a homenajearla en Ese cobarde bastardo (1996), cuyo planteamiento y desenlace resuenan, a su vez, en Gran Torino. Aquí como allí, un policía moribundo –el agente Hartigan– se sacrifica en el marco de un orden injusto para salvar a alguien más joven: “Un viejo muere y una niña vive. Un trato justo”. Afinidades electivas.


Gran Torino es, en fin, la primera gran meditación sobre la América del nuevo siglo. Más que una elegía por el sueño desvanecido, es una afirmación de su vigencia, mediante la necesaria renovación de su ideal: una meritocracia multicultural donde cada cual vale lo que valen sus capacidades y esfuerzos. ¿Un nuevo contrato social? Es una imagen de la sociedad americana que se parece mucho a la que llevó a Barack Obama a la presidencia. Y una que debería inspirarnos a todos, porque la sociedad del futuro se parecerá cada vez más a Nueva York y menos a Soria. Quizá no nos guste el cambio, pero la nostalgia, simbolizada en ese Gran Torino de 1972 que es el orgullo de Kowalski, no sirve para mucho: vivimos en el tiempo y el tiempo sólo conduce hacia delante.

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El artículo es de Manuel Arias Maldonado, profesor universitario de Ciencia Política y de la Administración. Se publicó en el Rockdelux de junio, y se reproduce aquí con su permiso. El dibujo que lo ilustraba, justo sobre estas líneas ("after Frank Miller" por supuesto), fue cosa mía.




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Otro artículo de Manuel Arias en El País, sobre la ley del tabaco en lugares públicos
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Más sobre GRAN TORINO: ya hablamos de la peli en este blog, aquí y aquí
domingo, 10 de mayo de 2009
LA POLÍTICA DE AUTOR.
El suplemento cultural ABCD trae precisamente dos artículos sobre la nouvelle vague. El de Fernando Castro en concreto es implacable y se titula LA POLÍTICA DE AUTOR, ya enlazaré los dos artículos cuando los suban a la web del ABCD. Pero ahora quiero copiar una cosa del artículo de Fernando Castro quien, después de comentar qué ha quedado del legado de la "política de los autores" de la nouvelle vague en el cine actual, escribe casi terminando el artículo lo siguiente (NO SIGAS LEYENDO SI NO HAS VISTO AÚN 'GRAN TORINO'):
ACTUALIZACIÓN 16:51

Fernando Castro ya dio su opinión sobre GRAN TORINO hace unos días, en su blog. A modo de resumen:
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Aún no han subido los artículos de hoy a la web del ABCD, me imagino que lo harán a lo largo del fin de semana. En la sección de cómic hoy se publica artículo a doble página de Manuel Muñiz a propósito de CRISIS FINAL (Grant Morrison, J.G. Jones, Carlos Pacheco y otros autores), y reseña extensa de Santiago García de OMBLIGO SIN FONDO (Dash Shaw)
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ACTUALIZACIÓN Domingo 10 de mayo, 20:00
La nouvelle vague en el ABCD:
-HISTORIA DE UNA OLA, por Antonio Weinrichter.
-LA POLÍTICA DE AUTOR, por Fernando Castro.
Sección cómic del ABCD:
-LA CRISIS DE LAS "CRISIS", reportaje de Manuel Muñiz.
-DIAGRAMA FAMILIAR, reseña de OMBLIGO SIN FONDO por Santiago García.
"Lo malo es que sólo podemos confiar en un "héroe" que parodia su antigua suciedad: Clint Eastwood (el rey Lear, gruñón y blasfemo) que se sacrifica para que, literalmente, un "atontao" conduzca su fetichizado Gran Torino. Nos hemos llevado demasiados golpes desde aquella "vaga novedad" (la broma made in Godard) para aceptar que la escapada final sería el sacrificio".
ACTUALIZACIÓN 16:51

Fernando Castro ya dio su opinión sobre GRAN TORINO hace unos días, en su blog. A modo de resumen:
"Sencillamente: maravilloso. Parodia su viejo papel de "Harry el Sucio" y además introduce un sentido del humor inusual. Los diálogos son de traca: políticamente incorrectos pero llenos, al final, de grandeza. Es el jefe total".El resto, aquí.
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Aún no han subido los artículos de hoy a la web del ABCD, me imagino que lo harán a lo largo del fin de semana. En la sección de cómic hoy se publica artículo a doble página de Manuel Muñiz a propósito de CRISIS FINAL (Grant Morrison, J.G. Jones, Carlos Pacheco y otros autores), y reseña extensa de Santiago García de OMBLIGO SIN FONDO (Dash Shaw)---
ACTUALIZACIÓN Domingo 10 de mayo, 20:00
La nouvelle vague en el ABCD:
-HISTORIA DE UNA OLA, por Antonio Weinrichter.
-LA POLÍTICA DE AUTOR, por Fernando Castro.
Sección cómic del ABCD:
-LA CRISIS DE LAS "CRISIS", reportaje de Manuel Muñiz.
-DIAGRAMA FAMILIAR, reseña de OMBLIGO SIN FONDO por Santiago García.
domingo, 12 de abril de 2009
LA TAREA DE RECONSTRUCCIÓN.








Todo esto que llevamos semanas comentando, sobre el mito heroico, su significado y su reinterpretación en nuestros días se inscribe en una tendencia subterránea que, aunque nunca se ha ido del todo, creo que ha ido aumentando en los últimos años. Y si alguien se está preguntando por qué el tema del héroe nos interesa tanto justo ahora, tengo algunas respuestas. O más bien preguntas.
En realidad el héroe nos ha interesado siempre. Pero actualmente parece haber una necesidad imperiosa de reconstruir valores previamente deconstruidos por nosotros mismos, de recuperar asideros simbólicos que podamos compartir para refundar el orden simbólico común. Mitos, en otras palabras. Asideros que nos hemos cargado a base de ironía, crítica, deconstrucción posmoderna y más crítica posmoderna. Yo al menos veo en todas partes una necesidad de reconstruir el mito heroico, especialmente desde el mazazo, literal y simbólico, que supuso para Occidente el 11-S. Y sus "secuelas" y consecuencias, por supuesto, esto no podemos olvidarlo, tanto bélicas/terroristas como económicas. Consecuencias que han supuesto un nuevo "final de la fiesta".
I WANT TO BELIEVE. El problema inicial de reinventar mitos es que nuestro mundo es nuestro mundo y no ninguno del pasado, perogrullada al canto. No podemos volver la vista atrás y asumir mitos premodernos, ni siquiera mitos de la modernidad tal cual, porque estamos muy lejos de ellos y no pertenecen a nuestro mundo simbólico. No nos los creemos, vaya. En nuestra sociedad occidental, basada en un modo de vida ya prácticamente ateo gobernado por la ciencia moderna, nos resultaría imposible asumir esos viejos mitos, y no me refiero exclusivamente a los religiosos. Ni siquiera estamos ya en el mundo de la posmodernidad sino más allá de él, o eso me parece a mí. Por eso tenemos necesidad de contar mitos que podamos creernos nosotros, personas de 2009, mitos que nos inspiren cambios positivos y sirvan para reconstruir un nuevo espacio simbólico común, adecuado a nuestra sensibilidad actual. La del mundo de la globalización y la sociedad del espectáculo en la era de internet, terrorismo fundamentalista/guerras preventivas, crisis ambiental, especulación financiera y secuestro económico de la democracia, terrorismo capitalista y recesión mundial.

USTED CREERÁ QUE UN HOMBRE PUEDE VOLAR. Frank Miller fue uno de los autores que se adelantaron a esta tendencia actual ya desde los deconstructivos y posmodernos ochenta, pues su preocupación temática fue siempre no deconstruir al héroe sino reconstruirlo. Lo hizo acudiendo a viejos mitos y arrojando sobre ellos la mirada irónica típicamente posmoderna PERO sin caer en la deconstrucción, pues lo que él buscaba era justamente reconstruir el mito. En particular BATMAN THE DARK KNIGHT RETURNS (1986, Miller, Klaus Janson y Lynn Varley), era exactamente eso, una reconstrucción en clave épica del (super)héroe, es decir, lo contrario a WATCHMEN.
"Hay una cosa genial de los superhéroes, la sustancia que los hace míticos. No es el hecho de que puedan volar o tragarse planetas, sino que pueden, o deberían poder, manifestar las cualidades que nos permiten afrontar la vida cotidiana, nuestro día a día. El éxito de la primera película de Superman lo demostró. Ahora que el mundo está a punto y jodido, el superhéroe podría ser revitalizado, podría animarnos desde un plano de fantasía a encontrar las fuerzas que necesitamos"
(Miller, en 1985, entrevistado por Kim Thompson para The Comics Journal mientras realizaba BATMAN THE DARK KNIGHT RETURNS. Tenía 28 años entonces)

Una reconstrucción épica del héroe que, sin embargo, no renunciaba a la media sonrisa y la ceja alzada, porque hoy nos cuesta mirar de otra forma. Y por esa senda, más o menos en serio, con más o menos sátira dependiendo del caso, siguió luego caminando, en tebeos igualmente épicos como BORN AGAIN (con David Mazzucchelli y Max Scheele), BATMAN AÑO UNO (con Mazzucchelli y Richmond Lewis), la saga MARTHA WASHINGTON (con Dave Gibbons, Robin Smith y Angus McKie), SIN CITY, 300 o DK2 (con Lynn Varley), aunque en este último caso la sátira pesara más que nunca sobre la épica. Capta el mensaje / el medio es el mensaje: DK2, 2001:



Dejando aparte diferencias formales y de tono en esos tebeos, y más allá de que le saliera mejor o peor la jugada según la obra, en todos los casos se buscaba reconstruir al héroe de un modo más acorde a nuestra mirada contemporánea. Se trataba de reconciliar dos fenómenos en principio antagónicos: uno, la autoconciencia, inevitable ya en el hombre desde hace mucho, de que se estaban contando mitos, es decir, ficciones, fantasías. Dicho en plata, mentiras. Mentiras que, a pesar de serlo, revelaban en sus metáforas y símbolos una verdad humana profunda. Y que por eso mismo nos servían, individual y colectivamente, para refundar un orden simbólico común que pudiéramos compartir. El otro fenómeno a conciliar con esa autoconciencia inevitable de hoy era justamente la vieja necesidad humana de contar mitos propios, adecuados a la época. "Nuevos" mitos para el mundo después de Auschwitz, Hiroshima, el Gulag y la guerra fría. Y ahora el tiempo parece estar dando la razón a esa estrategia de reconstrucción heroica.

Una de las consecuencias de esta necesidad actual de reconstruir nuestro mundo simbólico es que la ficción heroica, aunque nunca haya desaparecido del todo, está experimentando en esta década un resurgimiento significativo, o al menos es lo que veo yo. Por poner sólo unos pocos ejemplos que hemos comentado aquí en las últimas semanas: De ALL STAR SUPERMAN (reconstruir al héroe, no deconstruirlo, en palabras de su guionista Grant Morrison) a GRAN TORINO (actualización del sacrificio heroico narrado con la risa floja-pero a la vez en serio para la sociedad multicultural de extrarradio) pasando por PROMETHEA (notición: Alan Moore reivindicando la figura heroica, aunque sea bajo su personal deconstrucción fantástico-esotérica, después de tirarse veinte años criticándola en buena parte de sus tebeos).
"Hemos deconstruído todos nuestros iconos. Sabemos que los políticos son gilipollas mentirosos, sabemos que las estrellas de los culebrones son freaks de la coca, actores guapos son travestis raros y preciosas supermodelos son bulímicas, neuróticas desgraciadas. Sabemos que nuestros cómicos favoritos acabarán siendo pervertidos alcohólicos o suicidas depresivos. Nuestros reality shows nos han mostrado un espejo hirviente para nuestras caras de babuíno aullador y obsesiones obvias, cursis; nuestro amor por la basura, el cotilleo, las trivialidades y la suciedad.(Grant Morrison, en declaraciones a Wired de hace apenas un mes)
Sabemos que hemos jodido la atmósfera y condenado a los adorables osos polares, y ya ni siquiera somos capaces de reunir la energía para sentirnos culpables. Dejad que los pedófilos tengan a los niños. No queda donde volverse ni nadie a quien culpar excepto, paradójicamente, aquellos tipos ligeramente medievales sin base industrial. ¿En qué creer? El único hombre auténticamente moral, auténticamente bondadoso que queda, ¡es un personaje de comic book inventado! Los únicos modelos laicos para una cultura progresista, responsable, cientificamente racional de iluminación son… ¡Kal-El de Krypton, alias Superman, y sus descendientes multicolores!"

"De repente, todos éramos exactamente quienes éramos, para bien o para mal, y entonces el Presidente anunció que se necesitaban más tropas en Irak y seguimos mirándonos en aquel espejo, reconociendo algo, algo deslumbrante bajo los pliegues y contornos familiares de nuestras caras, esa luz única que desprenden nuestras personalidades míticas y sagradas, cada uno de nosotros es único, irrepetiple en la inmensidad del Espaciotiempo y ahí mismo todos recordamos que éramos reales, que en nuestras propias y apasionadas sagas éramos amantes, dioses o enemigos y rompimos a llorar, "¿Qué son estos patios lúgubres que hemos levantado? ¿Qué vidas son éstas que nos tiñen de gris cual mortajas?", y entendimos que en lo más hondo de nuestras almas todos somos héroes"(Alan Moore, 2004, PROMETHEA nº 28, episodio titulado ¿AÚN NO SE HAN ENTERADO DE QUE ES EL FIN DEL MUNDO?; aquí abajo, doble página de otro episodio de la serie)



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"MIENTRAS LOS AUTÉNTICOS MONSTRUOS SE HACÍAN CON EL PODER SIN OPOSICIÓN ALGUNA". Entretanto, otro loco británico genial como Morrison o Moore, el músico Jarvis Cocker, cantaba en 2006 cunts are still running the world, los cabrones siguen dirigiendo el mundo. La canción, RUNNING THE WORLD, fue puesta gratis en internet por el cantante, y solamente después apareció publicada, como un corte "camuflado" al final de su siguiente CD. En el minimalista clip, Cocker nos presentaba brevemente la canción invitándonos a corearla si nos apetecía, y añadía al final de su introito el ya clásico "SMASH THE SYSTEM". No te pierdas el karaoke:
Bien, ¿has oído que hay un orden natural?
¿Que los que más lo merecen terminarán teniendo lo mejor?
¿Que la flor y nata no puede ayudar pero siempre sube a lo más alto?
Bien, yo digo... la mierda flota.
Si pensaste que las cosas habían cambiado
Amigo, mejor piénsalo otra vez.
Digámoslo sin rodeos, con las menos palabras posibles:
Los cabrones siguen dirigiendo el mundo
Los cabrones siguen dirigiendo el mundo.
Ahora que las clases obreras son obsoletas,
hay excedentes para las necesidades de la sociedad,
Así que vamos a matarnos el uno al otro
y a conseguir criadas en el extranjero.
Esa es la palabra, ¿no la sabes?
La de los tipos que están dirigiendo el espectáculo,
Vamos a dejarlo perfectamente claro, chicos y chicas:
Los cabrones siguen dirigiendo el mundo
Los cabrones siguen dirigiendo el mundo.
Oh, alimenta a tus hijos con cigalas y langostas,
Encuentra una escuela cerca de lo mejor de lo mejor
En teoría, yo respeto tu derecho a existir
Te mataré si te aproximas a mí.
Ah, esto apesta, sí, es una mierda, es antropológicamente injusto,
Oh, pero las recaudaciones las cobra un tercero,
Los cabrones siguen dirigiendo el mundo
Los cabrones siguen dirigiendo el mundo.
El libre mercado es perfectamente natural,
¿Te crees que soy una especie de muñeco?
Es el modo ideal de ordenar el mundo;
a la mierda la moral, ¿acaso da dinero?
Y si no te gusta, entonces abandona.
O usa tu derecho a protestar en la calle.
Sí, usa tu derecho, PERO NO PIENSES QUE SERÁS OÍDO,
NO MIENTRAS LOS CABRONES SIGAN DIRIGIENDO EL MUNDO.
Los cabrones siguen dirigiendo el mundo
Los cabrones siguen dirigiendo el mundo.
Los cabrones siguen dirigiendo el mundo
Los cabrones siguen dirigiendo el mundo.
Los cabrones siguen dirigiendo el mundo
Los cabrones siguen dirigiendo el mundo.
NOS VOULONS DES HÉROS. Mientras tanto, más abajo en el mapa, un grupo musical tan de izquierdas como Expérience, gente francesa, nada que ver por tanto con la tradición americana, y mucho menos la tradición que representan Eastwood-Miller, músicos que conocen los problemas de la banlieue francesa y han sido testigos de los disturbios de noviembre de 2005, cantaban el año pasado una proclama sobre la falta de referentes actuales para jóvenes y no tan jóvenes en la que repetían como un mantra: NOS VENDEN ÍDOLOS, QUEREMOS HÉROES. Aquí hay algo.

VIVIR EN TU PROPIA FICCIÓN. No está de más recordar ahora las declaraciones de Alan Moore que comentamos el otro día sobre la posibilidad (o necesidad) de dejar de vivir en ficciones impuestas por otros, especialmente cuando son ficciones imaginadas por cabrones (no creo que haga falta dar nombres).
"La realidad es una experiencia tremendamente ficcional. No creo que tengamos opción de elegir si vivimos o no en una ficción, la opción es en la ficción de quién queremos vivir. Hay gobiernos por todo el mundo que tratan de convencernos de vivir en sus ficciones. El gran acto mágico es decidir si vas a vivir en tu propia ficción, si vas a encargarte de escribirte una mejor historia".(Moore)
"Hemos creado fantasías y luego hemos luchado por hacerlas realidad. Todo lo que se halla a vuestro alrededor ahora mismo tuvo su origen en la mente de alguien. Al crear dioses, diosas, héroes y heroínas, intentábamos ser como ellos, extender nuestras personalidades a través de la imaginación pura".
«Cambiar un mundo es tan fácil como cambiar tu mente. Solo que la materia es más viscosa que la imaginación, así que lleva más tiempo»
"Las ideas sirven para cambiar el mundo. Es para lo único para lo que sirven".





Vuelve ahora a este post y mira las imágenes heroicas que lo ilustran, procedentes de tebeos y películas recientes. Puedes mirar también todas las que ilustran este mismo post, si te apetece. Es casi seguro que algunas imágenes te resultarán más simpáticas y otras más antipáticas, dependiendo de tu ideología y creencias, o de la distancia a la que tú creas estar de la estética concreta, del personaje heroico o del autor responsable de cada una de esas imágenes. Sin embargo, a pesar de las diferencias estéticas, todas esas imágenes heroicas en el fondo te están hablando de lo mismo a un nivel poético. Manejan las mismas metáforas y símbolos, los mismos arquetipos universales. En otras palabras, responden a las mismas necesidades humanas, deseos y esperanzas. Ahí está el espacio simbólico común que todos nosotros, vengas de donde vengas, de la izquierda, la derecha o el centro del campo, del norte, del sur, del este o del oeste, podemos compartir. Para mirar al futuro, barrer los pedazos rotos y empezar la tarea de reconstrucción. La tarea de imaginar el mundo por venir.







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