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sábado, 20 de octubre de 2012

BUILDING STORIES: NOTAS (VII)

¿Cuándo fuiste más feliz?  
El día que mi hija, Clara, nació, y casi todos los días desde entonces.
Chris Ware en The Guardian, el viernes pasado. Solo diré que: se nota mucho en Building Stories.

(el resto del cuestionario que le hace Rosanna Greenstreet no tiene desperdicio---> más)

(vía Revista Larva)
¿Cuál consideras que es tu mayor logro? 
Concluir que la razón de que el tiempo se acelere a medida que envejecemos es porque después de la infancia empezamos a leer el mundo en lugar de verlo.

martes, 16 de octubre de 2012

BUILDING STORIES: NOTAS (VI)


LA GRAN NOVELA (GRÁFICA) AMERICANA. Menuda historieta me acabo de leer ahora del Building Stories. Cuando me puse a escribir estas notas conforme leía el contenido de esta obra monumental en todos los sentidos  –no me cabe ya la menor duda–, la idea era precisamente dejar constancia aquí, un poco a modo de diario, del desconcierto de enfrentarse a este objeto no identificado tal como se va a enfrentar cualquier lector, sin saber por dónde empezar a leer, por dónde seguir luego, qué te estaban contando, cuáles eran tus prejuicios e ideas equivocadas sobre lo que te contaban y, en suma, cómo ordenar, experimentar y asimilar la cantidad ingente de información que Ware suministra en esta madre de todas las cajas.

Poco a poco, el misterio de la narración se revela, y lo hace como si fuera un enorme mapa (o mapas, en plural) cuyos signos, en lugar de representar una superficie terrestre, representaran vidas humanas (y alguna animal). Para empezar, la ya conocida protagonista con pierna prostética no es la única protagonista de la historia, aunque sin duda tiene un gran peso en ella. Building Stories quiere contarnos la vida de otros personajes cuyas vidas se entrecruzan, mostrando, como las diferentes caras de un edificio (de papel y viñetas) distintas facetas de ellos en cada segmento de la narración y, a menudo, amplias referencias a su pasado que se entrelazan con el presente desde la memoria del personaje en cuestión. Cada segmento, o cada capítulo, podríamos decir si queremos comparar con la estructura de una novela literaria. El multiformato diseñado por Ware aparece de este modo completamente apropiado para abordar una narración así, porque al desperdigarla en soportes y formatos tan diferentes no solo consigue un equivalente representativo en la forma del cómic al carácter azaroso y fragmentario de la experiencia de vivir, sino que lo presenta ante el lector con marcos también diferentes que, por sus mismas hechuras, proporcionan experiencias de lectura igualmente distintas. Leer un segmento de Building Stories en una tira pequeña o en un gran desplegable añade texturas narrativas diferentes en cada caso, pero también la sensación de que cada momento de la vida es irrepetible, y que cada persona es única y diferente a las demás. Sospecho que la idea del multiformato disperso, en lugar del libro único, lineal y clásico, le pudo venir a Ware de la experiencia colectiva del número 33 de la revista literaria McSweeney's (invierno 2009/2010), donde él mismo participó, un número que en homenaje a la prensa escrita en los tiempos de internet adoptó un formato de periódico enorme a la vieja usanza americana, bautizado San Francisco Panorama, que incluía un montón de suplementos (literario, de deportes, una sección de cómics, etc.) y un magazine a todo color. Si fue así, Ware ha añadido de su propia cosecha la idea de usar formatos completamente dispares, algo que por cierto lleva practicando desde los primeros noventa con Acme Novelty Library. En este sentido, Building Stories puede verse como la culminación de ese recurso al emplearlo ahora como dispositivo narrativo para contar una sola historia, una gran novela, y de la ambición y alcance que tiene esta.


Las dos páginas que he subido arriba son las dos caras de un mismo pliego. Uno puede empezar a leerlo por una cara o por la otra, y no tiene manera de saber por dónde se supone que debería hacerlo porque no hay ninguna indicación al respecto. Eso también forma parte de la aventura que se nos está proponiendo aquí. Ware refuerza la diversidad de soportes-formatos abordando cada segmento (o capítulo) con diferentes tratamientos formales, tanto visuales como textuales. En algunos capítulos opta por la retícula ortogonal de la tira clásica, incluso con viñetas estrictamente regulares; en otros, como el de arriba, elige un diseño de página diagramático, terreno en el que ya se ha convertido en el Mayor Experto del Planeta cómic ahora mismo. Y si para plantear algunas escenas elige un tipo de narración "externa", con un punto de vista de narrador omnisciente que ve a los personajes "desde fuera" (en algún caso concreto con tiras completamente mudas), en otras puede saltar a una narración subjetiva guiada por el monólogo interior del personaje, ya contenido en bocadillos de pensamiento, ya en cartuchos de texto o en reservas en blanco dispuestas en el diseño de página. Este último es el caso de las dos páginas de arriba, que narran el reencuentro de la protagonista coja con un antiguo amigo (*amigo* en realidad) del instituto, vía Facebook por supuesto, también conocida como la red social de los antiguos compañeros del cole que creías que no volverías a ver nunca más.

A diferencia de la última historieta que comenté, la de la pareja en descomposición, hasta cierto punto  más estereotipada por su enfoque satírico, aquí se busca deliberadamente la textura y los matices de la realidad, y vaya si se consigue. El monólogo interior de la protagonista los aporta, y Ware demuestra una vez más la capacidad de cualquier gran novelista actual para escribirlo. Pero el monólogo interior no solo se expresa en palabras, como lo haría en una novela, sino también visualmente, en el diseño y dibujo de las viñetas de Ware. El reencuentro en Facebook  de la protagonista desata por supuesto un montón de recuerdos asociados directamente o indirectamente al *amigo* del instituto. Son tantos los detalles, visuales y literarios, que Ware vuelca en esas dos páginas, que no puedo describirlo de otro modo: te abruma. Por completo.

Se me ocurre ahora que estamos ante el mayor intento de estos años por parte de un historietista de abordar ese ideal platónico literario conocido como la gran novela americana. Solo que en este caso no se trata de una novela literaria, sino gráfica, y por tanto de un cómic. Tengo la sospecha, no obstante, de que a Ware le van a reconocer desde los circuitos literarios como autor de la gran novela americana de 2012 con Building Stories, o al menos el de una de ellas si hay otros candidatos al trono. Se me ocurre también lo mucho que han cambiado los tebeos desde mediados de los ochenta, cuando se plantearon otros tres intentos de gran novela americana desde el cómic. De algún modo, en aquel momento, por la situación en que estaba la industria del cómic estadounidense, con un público ya constituido en gran medida por entendidos y coleccionistas, parecía muy apropiado abordar esa Gran Novela que hablara de la América de entonces de manera alegórica y desde los códigos de los superhéroes. Así lo hicieron efectivamente The Dark Knight Returns y Watchmen, dos obras que estaban en el momento y lugar oportuno para dar la campanada que dieron; dos obras claves sin las que es imposible entender el comic book norteamericano de los últimos 25 años. La tercera en discordia la firmaba un hombre que venía de fuera de la industria del cómic, que de hecho nunca había pertenecido a ella. Se apellidaba Spiegelman, y como no se debía a nadie salvo a sí mismo, su gran novela (gráfica) americana, Maus, no trataba de superhéroes sino de personas reales y hechos de la realidad. Su heredero natural es hoy, entre otros, Chris Ware. En 2012, con todo lo que ha pasado desde entonces y la presencia que ha ganado el cómic en el mundo igualmente real (el de las librerías generalistas, más allá de la reserva de entendidos del cómic), parece lógico, con la misma naturalidad que en 1986 parecía hacerlo con superhéroes, plantear desde el cómic la gran novela americana con personajes realistas. Gente corriente sin superpoderes, que tiene hijos o taras físicas, se separa de su pareja o se reencuentra con viejos *amigos* del instituto gracias al Facebook.

sábado, 13 de octubre de 2012

BUILDING STORIES: NOTAS (V)


DEL IPAD AL TEBEO IMPRESO. Acabo de leer en papel esta historia en uno de los tebeos grapados de Building Stories. Se trata de la que Chris Ware concibió originalmente para iPad, titulada Touch Sensitive (2011), y que en formato impreso aparece ahora sin título. Me he acordado por las imágenes, he buscado el post de Santiago y efectivamente, es. Naturalmente, es y no es, porque ya es otra cosa muy diferente al pasar al tebeo impreso. Aquí las imágenes aparecen completas, y obviamente no se puede tocar ninguna "pantalla" para que vayan apareciendo, ni las imágenes están superpuestas de modo que unas desaparecen al aparecer otras, etc. La doble página que he colgado allá abajo aparece completa, y la disposición de las viñetas en el diseño es bastante diferente.

Aunque yo no he leído la historia original para iPad, sospecho que Ware ha añadido material para la versión impresa, en un viaje inverso al habitual en estos casos. Pero mas allá de plantear ahora las obvias diferencias entre un cómic digital y un cómic impreso (literalmente, son medios diferentes), quiero hablar de otra cosa. ¿Cuál es el "contenido" de esta historia? Muy resumidamente, una pareja en descomposición que intenta recordar los días en que se conocieron, cuando se querían; el detonante de la crisis (al menos de la crisis que vemos nosotros) es una aparición fugaz de su vecina, la protagonista coja.
Pantallazo de la historia en formato digital, con parte de las posibles imágenes desplegadas conforme se pasa el dedo por ellas
La doble página de la historieta impresa

Lo apasionante, lo que da sentido(s) y originalidad a ese "contenido" es la forma de contarlo, de representarlo visualmente gracias a la concepción de Ware, y de tu propia participación como lector al descifrar la página, donde el diseño combina acciones en presente, recuerdos o sensaciones del pasado, donde el sentido del tacto tiene una gran importancia por razones evidentes (repito que la historieta fue concebida originalmente para iPad, se titulaba Touch Sensitive y había que tocar mucho la pantalla para poder verla). Veáse la esquina superior derecha de esa doble página de arriba del tebeo impreso, por ejemplo; también en la parte inferior izquierda se mezclan simultáneamente las viñetas del pasado con las del presente; los recuerdos se amontonan literalmente, superpuestos a la experiencia actual. También son los detalles aparentemente nimios, como ese bocadillo mudo que indica el canto del pájaro en la primera página de la historia; la mano de ella que lleva anillo, la de él que no lleva en la doble página de arriba; el inesperado y abrupto cambio de estación en las últimas viñetas de otra doble página, y mil pequeñas cosas más. Como en otras ocasiones en los tebeos de Ware, hay algo de estereotipado en los comportamientos de sus personajes. No creo que pretenda que sean "personas" ni engañarnos de manera ilusionista haciéndonos creer que lo son, sino más bien representaciones confesas. Sin embargo, en sus comportamientos estereotipados ligeramente, no demasiado, uno puede contemplarse y reconocerse en aquello en que puede reconocerse.

De Touch Sensitive, Chris Ware para Ipad. La imagen, explicaba Santiago en su blog, no aparecía nunca entera en pantalla, pues «se desplaza a medida que la movemos con nuestros dedos. Lo que reproduzco [...] nunca lo vemos en el iPad, porque la pantalla nunca lo abarca completamente, sólo fragmentariamente».
Doble página, tal como aparece impresa en el tebeo grapado recogido en Building Stories
No digo nada del otro salto narrativo, el que se despliega en la última doble página del tebeo impreso, aparte de que la pirueta formal añada a todo lo anterior un punto satírico, cómico también, muy del gusto de Ware. Una vez más tratándose de la forma en un tebeo suyo (del contenido, por tanto), no he visto nada igual en ningún cómic que haya leído antes; todo lo más, y de manera embrionaria, en Crumb y Richard McGuire. Con Ware uno se acostumbra a que suceda eso, como si fuera lo más normal del mundo. Con él, el cómic vuelve a parecer una forma virgen, un territorio desconocido donde todo estuviese por inventar o, como mínimo, por desarrollar.

BUILDING STORIES: NOTAS (IV)

«El germen de esta analogía arquitectónica le vino a Ware en 1995. En una esquina de su cuaderno de bocetos copió "LA ARQUITECTURA ES MÚSICA CONGELADA". Debajo de eso garabateó: "Esta es, creo, la clave estética para el desarrollo de los cartoons como forma artística". El autor de esa ecuación clave no era otro que Johann Wolfgang von Goethe, el primer crítico de los primeros cómics. Una extraña coincidencia sincrónica. Pero no es ninguna coincidencia que Ware haya elegido para su historia más reciente el título de Building».
—Daniel Raeburn, Chris Ware (2004, Yale University Press, p. 26).

Como muchos ya os habéis figurado, los primeros cómics a los que se refiere, leídos y comentados por el mismísimo Goethe poco antes de su muerte, fueron los que dibujó en los años veinte del siglo XIX el suizo Rodolphe Töpffer, hoy tenido por muchos historiadores como "el padre del cómic". La analogía entre arquitectura y cómics a la que se refiere Raeburn en su libro sobre Ware es la misma que he citado en el post anterior.

viernes, 12 de octubre de 2012

BUILDING STORIES: NOTAS (III)


ESCULPIR EN EL TIEMPO, CONSTRUIR PISOS DE IMÁGENES. Pero Building Stories sugiere otro significado en inglés. Si stories significa historias, cuentos, relatos, storeys significa plantas o pisos de un edificio. En su estupendo libro Chris Ware (2004, Yale University Press), Daniel Raeburn había llamado la atención sobre una de las estrategias formales de Ware, la arquitectura de la página, o el diseño como edificio que sustenta el cómic. Traduzco de las páginas 25-26:
Porque los cómics, como la música, se componen de divisiones de tiempo, cada viñeta es como una ventana en el tiempo, y esas ventanas juntas forman un mapa cuya cadena nos permite ver el principio, la mitad y el final de la historia simultáneamente, al menos cuando la historia va en una sola página. En una historia más larga, Ware compensa las pausas que marcan las páginas en la composición al colocar deliberadamente imágenes y motivos visuales recurrentes en un lugar idéntico del conjunto de la página, enlazando visualmente emociones y sucesos paralelos en las vidas de los Corrigan. Ware hace esto para refrescar la memoria y ayudar al lector a ver más del libro de una sola vez. Esto viene a señalar lo que podríamos denominar la arquitectura de los cómics. 
"Lo que haces con los cómics, esencialmente, es coger fragmentos de experiencia y congelarlos en el tiempo", dice Ware. "Los momentos están inertes, tendidos en la página de la misma manera que las partituras están en la página impresa. En la música, le das vida a la composición al tocarla. En los cómics haces que la historieta cobre vida al leerla, al experimentarla golpe a golpe como si estuvieras tocando música. Así que ese es un modo de experimentar estéticamente el cómic. Otro modo es echarse hacia atrás y examinar toda la composición de una vez, como si fuera la fachada de un edificio. Puedes mirar un cómic como mirarías una estructura que pudieras girar en tu mente y ver todos los lados al mismo tiempo". Entonces Ware murmura que su explicación suena "demasiado pomposa", pero él, como siempre, es modesto hasta el exceso. Su analogía arquitectónica está basada en la realidad. La palabra "story", que significa tanto narración como piso [storey] de un edificio, es un fósil etimológico que contiene un vínculo perdido entre el arte narrativo y la arquitectura. Como Art Spiegelman ha indicado, "story" desciende del latín medieval "historia", que significaba tanto "imagen" como la división horizontal de un edificio. Los hablantes de latín derivaron esta fusión a partir de la práctica medieval de colocar una imagen en cada ventana de un edificio, especialmente en las iglesias. Un piso [storey] era literalmente una fila de imágenes en color.  


CAJAS, PANELES, VIÑETAS. Y ya que estamos con citas pertinentes, copio esta otra:
De hecho, la necesidad de crear, de manipular, de producir cosas palpables está muy presente en toda la actividad de Ware, que ha realizado también esculturas cinéticas inspiradas en historietas de Quimby the Mouse , máquinas expendedoras de ejemplares de Acme, maquetas de edificios y escenarios, o pequeños armarios-museo para recoger sus cómics (figura 7), al estilo de las cajas de Joseph Cornell, otro artista por el que siente gran admiración. Casi diríamos que en Ware hay una nostalgia del aquí y ahora benjaminiano del cual el cómic siempre ha carecido, salvo como fetiche de la memoria infantil. Ese aquí y ahora lo busca Ware objetualizando el cómic en una especie de rebeldía contra la desmaterialización digital del siglo XXI y reivindicando las artes y oficios tradicionales como verdaderas bellas artes. 
Para Ware, el periodo que comprende desde finales del siglo XX hasta la década de 1930-40 funciona como una edad de oro.
Durante años he intentado aprender las técnicas de rotulación manual que eran comunes a principios de siglo. Y se me da de pena. Son muy difíciles. Pero miles de artistas comerciales de hace 60 años tenían que hacerlo, aunque sólo aspirasen al trabajo más rudimentario. Era una habilidad común. Creo que el nivel general de la cultura está en un punto mínimo ahora mismo (Groth, 1997: 170).
No es de extrañar que el episodio culminante de la infancia del padre de Jimmy Corrigan esté ambientado en la Exposición Colombina de Chicago de 1893, que viene a ser la materialización de todos los proyectos estéticos del positivismo.
(Santiago García, "Chris Ware: estrategias para un cómic nuevo", en Mundaiz nº 76, julio-diciembre 2008, Universidad de Deusto, pp. 25-28. La cita a Gary Groth es de la entrevista que le hizo a Ware en "Chris Ware", The Comics Journal nº 200, 1997, Fantagraphics, pp. 118-178).

Figura 7. Chris Ware, Vitrina de curiosidades (1988-2003).
Reproducida en Raeburn, p. 50. Raeburn escribe en el pie de foto: «Inspirada por la obra del artista americano Joseph Cornell, al que venera, Ware labró esta vitrina con paneles [recordemos que "panel" en inglés significa panel pero también viñeta] para guardar sus curiosidades más pequeñas y comic books, muchos de los cuales no son más grandes que una uña del pulgar».
Como ha señalado Kirstie Gregory en este artículo de 2011 que relaciona escultura y cómic, hay evidentes conexiones formales y temáticas entre Cornell y Ware, además de «una notable determinación por la experimentación, así como un marcado interés e influencia de ida y vuelta entre la cultura popular y las bellas artes, la tienda de chatarra y el objeto artístico, la tienda de juguetes y la vitrina. El ejemplo del trabajo de Cornell que tal vez tiene la mayor afinidad con uno de Ware es Untitled (Medici Slot Machine) de 1942».

Joseph Cornell, Untitled (Medici Slot Machine), 1942
Joseph Cornell, Untitled (Medici Boy), 1942-52
Chris Ware, tapa de la caja para Building Stories, 2012

Joseph Cornell, Untitled (Cockatoo and Corks), h. 1948
Chris Ware, Potato Man's House, 1989. Reproducido en Raeburn, Chris Ware, p. 52. Raeburn escribe en el pie de foto: «Los pisos [storeys] viñetados de esta casa reflejan las historias [stories] en viñetas de los cómics de Ware, y viceversa. Ware construyó esta réplica de la casa de Potato Man del tercer número de The Acme Novelty Library y animó una película en 8 mm. que proyectaba en la pared del dormitorio».

Chris Ware, «Potato Guy»,
en The Acme Novelty Library nº 3
Viñeta girada de la misma página de «Potato Guy»
(Chris Ware's Potato Guy)

Aunque las "cajas" de Ware están inspiradas efectivamente en Cornell, personalmente no puedo evitar pensar también en Boîte en valise (1938-1941), la caja en la que el siempre humorista Duchamp quiso coleccionar todas sus obras en miniatura, como en un pequeño museo portátil (literalmente, una maleta).  Por supuesto, no soy el primero en relacionar a Ware con Duchamp.

Duchamp, Boîte en valise (1938-1941), «una alternativa peculiar al libro-catálogo con la "obra completa" de un artista» (Juan Antonio Ramírez, Duchamp. El amor y la muerte, incluso, 1993, Siruela, p. 188) .
Cada obra contenida en la maleta estaba cuidadosamente rotulada, y una indicación señalaba en francés: "Esta caja debe contener 69 artículos".  En 1942 se hicieron reproducciones de la maleta, y catorce de ellas fueron colocadas en la galería de Peggy Guggenheim Art of this Century (distribuidora de las maletas).
Duchamp manipulando su Boîte en valise, fotografiado en 1942
Y aunque sus personalidades artísticas sean muy diferentes, pienso que la comparación con Duchamp no es improcedente. Como Duchamp lo fue en su momento para las artes plásticas, Ware es uno de los principales representantes –tal vez EL representante– de nuestra particular era de las vanguardias en el cómic. La que tenemos el privilegio de vivir en presente, ahora mismo, conforme se desarrolla.

Chris Ware en su casa de Chicago en julio de 2003, fotografiado por Tom van Eynde

BUILDING STORIES: NOTAS (II)

INCOMPLETO Y NO LINEAL. Naturalmente, el lector que abre la caja de Building Stories y se dispone a leer su contenido no conoce el "orden correcto" para leerlo, y por tanto Ware le está obligando a hacerlo de manera, una vez más, arbitraria, azarosa y fragmentaria. También, a completar una narración incompleta. Como los recuerdos, saltamos de un momento a otro muy distante en el tiempo, de manera no lineal. Como los recuerdos, estamos obligados a construirlos desde el presente. Construyendo historias literalmente, como el título. En mi caso, he leído en primer lugar una de las tiras grapadas que describe gráficamente los días de "bebé recién nacido" de la protagonista, pero la siguiente parte que he escogido, otro de los tebeos grapados, corresponden a sus días de soltera antes de tener bebé alguno. O eso creo ahora mismo. En el tercer fragmento que he elegido, aparece embarazada.

BUILDING STORIES: NOTAS (I)

MULTIFORME. Chris Ware ya llevaba tiempo trabajando en desarrollar recursos formales que le permitan captar la experiencia de la vida contemporánea. Formas narrativas no tradicionales, no lineales, para representar lo fragmentario, azaroso y multiforme de nuestra percepción actual del mundo. Arrumbados hace mucho los grandes metarrelatos de la modernidad, no tenemos gran cosa a la que agarrarnos, y este proceso se ha visto acrecentado con la desmaterialización que ha traído la era digital y de internet, como el propio Ware alude en la caja que contiene su nueva novela gráfica. Con Building Stories (Pantheon Books, 2012) Ware ha dado un paso más en ese camino. Si ya había planteado saltos de siglos de una viñeta a otra –como antes lo hizo Richard McGuire en HERE–, o diseñado páginas diagramáticas donde la narración no es realmente secuencial sino abierta, dispuesta en circuitos en red que el lector puede leer e interpretar de diversas formas, con el multiformato elegido ahora para Building Stories ha llevado más lejos ese planteamiento, estableciendo la narración en fragmentos con soportes literalmente diferentes. Así, una porción de la experiencia vital de la protagonista de Building Stories se nos cuenta en pequeñas tiras grapadas, otra en un libro con tapa dura y lomo de tela, otra en un cartón desplegable y otra en un folleto gigante de formato tabloide. Más allá de la importancia que tiene esto para el interés habitual de Ware en jugar con la poco explorada materialidad del cómic, más allá también del homenaje a las cajas de su adorado Joseph Cornell, esta decisión formal del continente multisoporte y multiformato es crucial para la recreación de lo fragmentario de la vida, la memoria y los recuerdos de una persona del siglo XXI. No en vano en uno de los libros que contiene esta caja se representa un día entero de septiembre de 2000. Hace dos años, Chris Ware respondía de este modo a una de las preguntas que le hice para Rockdelux:

Te preocupa mucho la representación del tiempo y de la vida diaria. Un “tiempo” a menudo no lineal debido a tus diseños, especialmente en tus historietas-diagrama. Veo el tiempo y la vida humana como una forma, no como una dirección, y en mis historias trato de llegar a ella de diferentes maneras. Mi objetivo es captar lo más estrechamente posible el sentido y la experiencia de la vida real. También estoy escribiendo, espero, para personas que no han nacido todavía, así que quiero recrear mi sentido del mundo tanto como pueda. No me fío de las historias o el arte que tratan de divertir, entretener o distraer, porque todo arte verdadero convierte lo que consideramos entretenimiento en algo innecesario y obsoleto. Aunque suena pretencioso, creo que es el único camino para hacer algo duradero, excepto para el arte popular que pasa a la posteridad por accidente, una circunstancia bastante rara.
Lo que quiero decir ahora es: ¿qué otra forma artística, cine, literatura, etc., puede representar la vida de este modo? Solo por eso, Building Stories supone un paso de gigante, y lo supone en territorios intransferibles del cómic, territorios que todos los novelistas que han intentado previamente captar ese tipo de narración fragmentaria no pudieron ni siquiera concebir, "limitados" por la palabra escrita y la linealidad de la frase impresa, una detrás de otra, página tras página, del libro que las contenía.


Y solo por la experiencia de "día de Reyes magos" que me hizo revivir la apertura de la "caja madre" de Building Stories,  le estaré eternamente agradecido a Ware. De repente, una caja con plástico retractilado con aspecto de "Juegos Reunidos Geyper" se había convertido en un cofre de tesoros que ocupaba todo el sofá de la casa. Como en la mañana de Reyes.

jueves, 11 de octubre de 2012

MOTHER BOX

or THE LIFE AND TIMES OF CHRIS WARE

En la parte trasera de la caja:


TODO LO QUE NECESITAS
para leer la nueva novela gráfica
BUILDING STORIES:

14 libros, folletos, revistas, periódicos y panfletos distintivamente discretos.
Con el aumento de la incorporeidad electrónica de la existencia, a veces es reconfortante –tal vez incluso necesario– tener algo a lo que agarrarse. 



Se decía y se repetía que la novela gráfica era solo un formato, incluso un formato restrictivo. Chris Ware parece preguntarnos silenciosamente: "¿sí, pero qué formato? ¿El del libro, el comic book, la tira de prensa, el tabloide desplegable gigante, el librito de tapa blanda, el álbum de tapa dura?" 

No, la novela gráfica no es "un formato", es una sensibilidad. Una manera de ver el cómic y de hacer cómics. La elección del formato –o formatos– viene después, acorde a la obra concreta y a la intención del autor. Y, como demuestra también Ware, elegir ese formato es competencia exclusiva también del autor.

A los que piensan que la novela gráfica tal como hoy la conocemos "ha existido desde siempre", esta madre de todas las cajas de Chris Ware parece preguntarles también, ¿en qué momento anterior de la historia del cómic un autor ha podido publicar su nueva obra en semejante formato-multiformato? En otras palabras, ¿en qué momento del pasado un historietista pudo siquiera concebir una obra semejante? ¿Tal vez los autores de la era dorada de las tiras de prensa, con su espacio estándar y estrecho, estrictamente limitado por la agencias de prensa y los periódicos que les compraban las tiras? ¿Tal vez los hacks del comic book grapado, entre los años 30 y los 80? ¿Tal vez los autores españoles de las revistas del "boom del cómic adulto"? ¿O, tal vez incluso, los autores de las novelas gráficas de los ochenta, cuya sola recopilación de la obra en un libro parecía milagroso? 

Y si alguien piensa que el formato no condiciona el contenido, que el continente no determina por completo y de antemano lo que es concebible incluir dentro de él, yo me lo pensaría dos veces, forastero.


No se vayan todavía aún hay más: la pegatina promocional que viene en el plástico que envuelve la caja milagrosa, una caja que hay que tener en tus manos, verla, abrirla y desplegarla, para creerla:

"Building Stories de Chris Ware reúne el tipo más raro de brillantez; es a la vez conmovedora, graciosísima, chocantemente íntima y profundamente reveladora. No hay un artista gráfico vivo o muerto que haya usado la forma de este maravilloso modo para transmitir el paso del tiempo, la soledad, la nostalgia, la frustración o la dicha.

Queda a la elección del lector dónde y cómo empezar esta obra monumental... la única pena que tendrá al empezarla es saber que va a terminar". 
–J. J. Abrams
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Más: La caja mágica con movimiento y música