LA GRAN NOVELA (GRÁFICA) AMERICANA. Menuda historieta me acabo de leer ahora del
Building Stories. Cuando me puse a escribir estas notas conforme leía el contenido de esta obra monumental en todos los sentidos –no me cabe ya la menor duda–, la idea era precisamente dejar constancia aquí, un poco a modo de diario, del desconcierto de enfrentarse a este objeto no identificado tal como se va a enfrentar cualquier lector, sin saber por dónde empezar a leer, por dónde seguir luego, qué te estaban contando, cuáles eran tus prejuicios e ideas equivocadas sobre lo que te contaban y, en suma, cómo ordenar, experimentar y asimilar la cantidad ingente de información que Ware suministra en esta madre de todas las cajas.
Poco a poco, el misterio de la narración se revela, y lo hace como si fuera un enorme mapa (o mapas, en plural) cuyos signos, en lugar de representar una superficie terrestre, representaran vidas humanas (y alguna animal). Para empezar, la ya conocida protagonista con pierna prostética no es la única protagonista de la historia, aunque sin duda tiene un gran peso en ella.
Building Stories quiere contarnos la vida de otros personajes cuyas vidas se entrecruzan, mostrando, como las diferentes caras de un edificio (de papel y viñetas) distintas facetas de ellos en cada segmento de la narración y, a menudo, amplias referencias a su pasado que se entrelazan con el presente desde la memoria del personaje en cuestión. Cada segmento, o cada
capítulo, podríamos decir si queremos comparar con la estructura de una novela literaria. El multiformato diseñado por Ware aparece de este modo completamente apropiado para abordar una narración así, porque al desperdigarla en soportes y formatos tan diferentes no solo consigue un equivalente representativo en la forma del cómic al carácter azaroso y fragmentario de la experiencia de vivir, sino que lo presenta ante el lector con
marcos también diferentes que, por sus mismas hechuras, proporcionan experiencias de lectura igualmente distintas. Leer un segmento de
Building Stories en una tira pequeña o en un gran desplegable añade texturas narrativas diferentes en cada caso, pero también la sensación de que cada momento de la vida es irrepetible, y que cada persona es única y diferente a las demás. Sospecho que la idea del multiformato disperso, en lugar del libro único, lineal y clásico, le pudo venir a Ware de la experiencia colectiva del
número 33 de la revista literaria McSweeney's (invierno 2009/2010), donde él mismo participó, un número que en homenaje a la prensa escrita en los tiempos de internet adoptó un formato de periódico enorme a la vieja usanza americana, bautizado
San Francisco Panorama, que incluía un montón de suplementos (literario, de deportes, una sección de cómics, etc.) y un magazine a todo color. Si fue así, Ware ha añadido de su propia cosecha la idea de usar formatos completamente dispares, algo que por cierto lleva practicando
desde los primeros noventa con Acme Novelty Library. En este sentido,
Building Stories puede verse como la culminación de ese recurso al emplearlo ahora como dispositivo narrativo para contar una sola historia, una gran
novela, y de la ambición y alcance que tiene esta.


Las dos páginas que he subido arriba son las dos caras de un mismo pliego. Uno puede empezar a leerlo por una cara o por la otra, y no tiene manera de saber por dónde se supone que debería hacerlo porque no hay ninguna indicación al respecto. Eso también forma parte de la aventura que se nos está proponiendo aquí. Ware refuerza la diversidad de soportes-formatos abordando cada segmento (o capítulo) con diferentes tratamientos formales, tanto visuales como textuales. En algunos capítulos opta por la retícula ortogonal de la tira clásica, incluso con viñetas estrictamente regulares; en otros, como el de arriba, elige un diseño de página diagramático, terreno en el que ya se ha convertido en el Mayor Experto del Planeta cómic ahora mismo. Y si para plantear algunas escenas elige un tipo de narración "externa", con un punto de vista de narrador omnisciente que ve a los personajes "desde fuera" (en algún caso concreto con tiras completamente mudas), en otras puede saltar a una narración subjetiva guiada por el monólogo interior del personaje, ya contenido en bocadillos de pensamiento, ya en cartuchos de texto o en reservas en blanco dispuestas en el diseño de página. Este último es el caso de las dos páginas de arriba, que narran el reencuentro de la protagonista coja con un antiguo amigo (*amigo* en realidad) del instituto, vía Facebook por supuesto, también conocida como la red social de los antiguos compañeros del cole que creías que no volverías a ver nunca más.

A diferencia de la última historieta que comenté, la de la pareja en descomposición, hasta cierto punto más estereotipada por su enfoque satírico, aquí se busca deliberadamente la textura y los matices de la realidad, y vaya si se consigue. El monólogo interior de la protagonista los aporta, y Ware demuestra una vez más la capacidad de cualquier gran novelista actual para escribirlo. Pero el monólogo interior no solo se expresa en palabras, como lo haría en una novela, sino también visualmente, en el diseño y dibujo de las viñetas de Ware. El reencuentro en Facebook de la protagonista desata por supuesto un montón de recuerdos asociados directamente o indirectamente al *amigo* del instituto. Son tantos los detalles, visuales y literarios, que Ware vuelca en esas dos páginas, que no puedo describirlo de otro modo: te abruma. Por completo.
Se me ocurre ahora que estamos ante el mayor intento de estos años por parte de un historietista de abordar ese ideal platónico literario conocido como la gran novela americana. Solo que en este caso no se trata de una novela literaria, sino gráfica, y por tanto de un cómic. Tengo la sospecha, no obstante, de que a Ware le van a reconocer desde los circuitos literarios como autor de la gran novela americana de 2012 con
Building Stories, o al menos el de una de ellas si hay otros candidatos al trono. Se me ocurre también lo mucho que han cambiado los tebeos desde mediados de los ochenta, cuando se plantearon otros tres intentos de gran novela americana desde el cómic. De algún modo, en aquel momento, por la situación en que estaba la industria del cómic estadounidense, con un público ya constituido en gran medida por entendidos y coleccionistas, parecía muy apropiado abordar esa Gran Novela que hablara de la América de entonces de manera alegórica y desde los códigos de los superhéroes. Así lo hicieron efectivamente
The Dark Knight Returns y
Watchmen, dos obras que estaban en el momento y lugar oportuno para dar la campanada que dieron; dos obras claves sin las que es imposible entender el comic book norteamericano de los últimos 25 años. La tercera en discordia la firmaba un hombre que venía de fuera de la industria del cómic, que de hecho nunca había pertenecido a ella. Se apellidaba Spiegelman, y como no se debía a nadie salvo a sí mismo, su gran novela (gráfica) americana,
Maus, no trataba de superhéroes sino de personas reales y hechos de la realidad. Su heredero natural es hoy, entre otros, Chris Ware. En 2012, con todo lo que ha pasado desde entonces y la presencia que ha ganado el cómic en el mundo igualmente real (el de las librerías generalistas, más allá de la reserva de entendidos del cómic), parece lógico, con la misma naturalidad que en 1986 parecía hacerlo con superhéroes, plantear desde el cómic la gran novela americana con personajes realistas. Gente corriente sin superpoderes, que tiene hijos o taras físicas, se separa de su pareja o se reencuentra con viejos *amigos* del instituto gracias al Facebook.