
Jeune Albert, en
comentarios:
"Para mí, la dimensión del héroe está ligada a la idea de Responsabilidad, no sólo con uno mismo, y sus ideas y valores, sino con el resto de la sociedad. Un héroe se hace responsable de los problemas de los demás sintiéndolos tan suyos que es capaz de sacrificarlo todo (Eastwood, Rorschach), por el bien común.
Esto chirría tremendamente en una sociedad en la que nos hemos hecho expertos en buscar o construir excusas para no tener que asumir responsabilidades, no sólo a nivel institucional (guerra de Irak, crisis financiera), sino a nivel personal, incluso hasta en los pequeños detalles cotidianos.
Sin ánimo de encender otra vez el mismo debate, me parece muy ilustrativo que A. Moore concibiera como un justiciero desequilibrado a Rorschach para acabar de deconstruir o derruir el concepto de héroe y que sin embargo los lectores lo sigan percibiendo (lo sigamos percibiendo) como alguien heroico.
Un héroe está condenado a la soledad, un sentimiento que impregna poderosamente todo Watchmen, y nadie quiere estar solo. Está mal visto."

Quizás ahora podamos hablar de uno de los significados de aquel lema genial de Spiderman,
un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Simbólicamente hablando, lo que la ficción heroica también te dice a menudo es que, 1) cada uno tiene un talento propio, el que sea, eso da igual, y ese talento es lo que puede definir lo que eres, tu identidad, tu sitio en el mundo; 2) para alcanzar ese lugar en el mundo y por tanto estar contento contigo mismo (a partir de ahí, lo demás viene solo), debes asumir la RESPONSABILIDAD (Jeune Albert de nuevo lo ha resumido todo con "palabras claves") ante ti mismo y ante los demás. La responsabilidad de no eludir "tu tarea" en la vida real, que pueden ser tareas coyunturales ineludibles o la tarea general de usar ese talento tuyo, propio e intransferible, porque usándolo es como mejor te sirves a ti mismo y a los demás. Esa tarea general es lo que a veces llamamos de otra forma, vocación.
Eludir esa responsabilidad es condenarte a una maldición de infelicidad, porque uno no puede escapar de sí mismo. Así lo vimos en más de un episodio del no tan ingenuo Spiderman clásico. Las dos versiones más recordadas de la historia de "renuncia a la tarea" siguen siendo ¡EL FIN DE SPIDERMAN! (AMAZING SPIDER-MAN nº 18, noviembre 1964), dibujada por Steve Ditko, y algo más tarde la versión dibujada por John Romita (imagen de arriba, THE AMAZING SPIDER-MAN nº 50, julio 1967, titulado SPIDER-MAN NO MORE!), en ambos casos escritas por Stan Lee. La segunda versión de la historia exploraba el tema de manera más dramática y desarrollada, y quizás por eso sea la más recordada. Peter Parker/Spiderman, agobiado por los problemas que le acarreaba su doble personalidad heroica, harto de todo, decidía colgar las mallas "para siempre jamás" creyendo equivocadamente que así dejaba sus "juguetes de niño" y se hacía "un hombre". Para ello tiraba literalmente a la basura el traje de su identidad heroica (en la versión de Ditkolo tiraba a una papelera). Con ese gesto, Parker creía resolver su crisis personal, pero la cerraba en falso porque se refugiaba en el pasado, es decir, quería volver a ser el que era antes de convertirse en Spiderman. Pero esto es imposible, no se puede volver al pasado y pretender ser la persona que ya no eres. Después de "disfrutar de la vida" durante varias escenas (con su familia, sus amigos, las chicas) sin las complicaciones que implicaba su
responsabilidad como héroe, Parker descubre por sorpresa que a la primera de cambio y sin pensárselo dos veces, casi de forma mecánica,
inconscientemente, volvía a usar sus poderes vestido de paisano para ayudar a dos personas en apuros.

Después de ese gesto, el desenlace de la historia está cantado, en realidad está cantado desde el comienzo: previo flash-back en donde el joven Parker recuerda la culpa original que había en él, la de no haber usado sus poderes por puro egoísmo para detener al asesino que luego mató a su tío, el héroe asume finalmente entre los aplausos del lector su responsabilidad, hacia sí mismo y hacia los demás.
"¡No puedo renunciar a mi identidad de Spiderman! ¡No puedo dejar de usar los poderes que un destino misterioso quiso darme!" , decía Parker en un melodramático monólogo mientras apretaba los puños y miraba al cielo con decisión desde un muelle del puerto.

Ya sólo le quedaba por recuperar su identidad de un modo literal, poniéndose el traje de Spiderman (que tiene que recuperar primero del despacho de J. J. Jameson, nota cómica de la historia, quien lo tiene en una vitrina como trofeo desde que se lo llevó un chaval que lo encontró en el cubo de basura) y usando de nuevo los "poderes" que la vida le había dado.
Al asumir su responsabilidad en lugar de rehuirla, Parker/Spiderman de nuevo "se hallaba en sí", se reconocía a sí mismo, había recuperado su identidad. Y con ella el buen humor que siempre caracterizaba a Spidey, véase última viñeta de la historia ahí abajo donde Parker vuelve a la ACCIÓN con energías redobladas. Dicho en otras palabras, Parker VUELVE A SER EL QUE REALMENTE ES. ¿Verdad que todo esto suena muy pedorro? Sí, eso es lo que nos dice la biblia del descreído posmoderno que está "de vuelta de todo". Yo en cambio creo que esta historia arquetípica muestra una verdad humana. Una verdad que, espiritualmente hablando, sigue completamente vigente.
TU ALMA LO SABE. YO SOY TU ALMA. NO PUEDES ESCAPAR DE MÍ.
Hablando del tema, ¿alguien recuerda cómo empezaba BATMAN THE DARK KNIGHT RETURNS, 1986? Seguro que sí. Empezaba con un Bruce Wayne cincuentón y frustrado que parece muerto en vida, un amargado que ahoga sus penas en alcohol y que ya en la misma página 1 está a punto de sucumbir a la poderosa pulsión de muerte que siente, en una carrera de coches donde su conducción suicida está a punto de matarle. La razón de la amargura tiene que ver todo con el tema de antes, sólo que aquí está tratado de forma más sofisticada y adulta: Bruce lleva diez años retirado de la acción (se sugiere que la causa del retiro es -aquí vuelve a aparecer la culpa, aunque en un sentido contrario al de antes- la muerte de Jason Todd, el segundo Robin). Con su renuncia a ser quien es, a su "vocación", Bruce también se está negando a sí mismo, y de ahí su estado mental al comenzar el tebeo. Por eso su vida le resulta vacía y carente de sentido, una vida que no es digna de ser vivida y en la que se siente "preso" dentro de su propia cárcel mental. De seguir o no esa "llamada interior" -vocación, si quieres- depende algo tan crucial como su lugar en el mundo: la tarea que mejor sabe desempeñar, y que su yo interior conoce mejor que nadie.
Las siguientes páginas de DKR dan fe de todo ello, con un tortuoso monólogo interior de Bruce en el que habla de Batman en tercera persona como si fuera alguien distinto a él. Y a su vez en otros pasajes resuena en su mente la voz de "otro", alguien "distinto", alguien que se ríe de él y le llama loco...
"Eres pequeño, insignificante. No puedes detenerme... ni con vino ni con promesas ni con el peso de los años... No puedes detenerme. Y sin embargo, lo intentas... tratas de huir...".

En esas páginas del primer capítulo de DKR, Bruce, en medio de un profundo tormento, comienza a ceder a la llamada tras afeitarse el bigote
sin percatarse conscientemente: es Alfred, su mayordomo, quien se da cuenta de que Bruce se ha quitado el mostacho que lucía al principio de la historia: ha sido el inconsciente de Bruce, y no su consciente racional, el que le ha hecho afeitarse, forzándole y preparándole para marchar a la aventura, a realizar su tarea. La escena posterior de la ducha, ver página 17 aquí abajo, es clave para que Bruce recupere su identidad, en medio de un intenso monólogo interior donde la voz de su inconsciente termina imponiéndose.

En cuanto Bruce cede a la "llamada interior" (el detonante final es la culpa mayor que siente Bruce por el asesinato de sus padres) y avanza hacia su destino, tira al suelo con ese mismo gesto de avance una estatua de su mansión, rompiéndola en pedazos, y el símbolo no parece casual (página 17, aquí a la derecha). Ahora Bruce ha roto la cárcel mental que aprisionaba su verdadero yo, la "coraza de piedra" que le había convertido en la "estatua de sal" que era al comienzo de la historia.
"Ha llegado la hora. Tu alma lo sabe. Yo soy tu alma... No puedes escapar de mí", nos dice su monólogo interior mientras tira la estatua. En fin, en cuanto Bruce se pone el traje y vuelve a la ACCIÓN, toda la tontería se le quita de encima. Ahora que ha resuelto su crisis personal y no se niega a sí mismo, que acepta lo que es y se reafirma en su "vocación", Bruce vuelve a la vida, a sentirse un hombre joven. Literalmente renacido.
"Esto debería ser una agonía.
Debería ser una masa de músculos doloridos, rotos, incapaz de moverme. Así debería ser si fuese un hombre viejo.
Pero de nuevo soy un hombre de treinta, de veinte años.
La lluvia en mi pecho es un bautismo...
He vuelto a nacer".
(BATMAN THE DARK KNIGHT RETURNS, página 27, aquí abajo).

En términos prácticos, lo que un relato de aventuras heroicas como el de SPIDER-MAN NO MORE! o DARK KNIGHT RETURNS no te dice, ni puede decirte, es precisamente cuál es tu tarea en la vida, tu vocación. Tu sueño personal, si prefieres llamarlo así. Eso ya tiene que averiguarlo cada uno por sí mismo. Lo que un relato como estos sí te dice en términos simbólicos es que, una vez que esa vocación se manifiesta, si la niegas te vas a condenar a la amargura de vivir como alguien que no eres. Si por el contrario la aceptas y la pones en práctica, el mundo volverá a tener sentido y a brillar para ti.