Comento brevemente la serie Watchmen (2019) de Damon Lindelof para HBO en la web de Rockdelux.
Aprovecho para rescatar este texto sobre el cómic de Alan Moore, Dave Gibbons y John Higgins que publiqué en Rockdelux, en la revista impresa, en abril de 2009, con ocasión del estreno de la adaptación al cine dirigida por Zack Snyder. En un número cuya portada, muy apropiadamente, estaba dedicada a la serie Lost.
Más sobre Watchmen en este blog, aquí
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viernes, 27 de diciembre de 2019
lunes, 10 de septiembre de 2012
EN BUSCA DE CÓMICS MALOS
«La lista de cómics malos muy promocionados podría seguir y seguir. Pocas historias, incluso historias de Batman, son tan malas como La broma asesina de Alan Moore, un ejercicio vacío de crueldad que depende de la prestidigitación, del uso siempre espléndido del lenguaje de Alan y del dibujo fenomenal de Brian Bolland para evitar que el público se percate no solo de que el chiste no tiene gracia, sino de que ni siquiera había chiste. Esto no le impidió llegar a ser, junto a The Dark Knight Returns, una de las dos obras claves para prácticamente todas las interpretaciones posteriores de Batman. El Sandman de Neil Gaiman es una de las series más encumbradas en la historia de los cómics, pero sus defensores pasan convenientemente por alto los finales casi literalmente deux ex machina de muchas sagas del principio, con el héroe Morfeo apareciendo en el clímax desde el campo izquierdo para poner fin a todas las líneas argumentales con lánguido aburrimiento y un gesto de la mano. Eso no es una cualidad que uno encuentre tradicionalmente en los buenos finales, en cualquier medio. [...] Por el lado alternativo, siempre me he preguntado si los fans de la novela gráfica que nos descubrió a Craig Thompson, Adiós Chunky Rice, y que ayudó a desencadenar el interés de los editores mainstream en los cómics alternativos, no estaban al tanto de que era melaza sentimental, o si estaban dispuestos a pasarlo por alto, o si es ahí donde residía su principal atractivo.
Cito estos cómics como malos no sólo porque todos cambiaron el curso de los cómics de alguna manera, también porque cada uno era, a su manera, bastante bueno (respecto a Sandman, se merece totalmente su reputación desde el momento en que Neil abandonó aquel molesto truco). Si esto parece una contradicción, bienvenido a los cómics. No estoy sugiriendo que no se deban leer, o disfrutar. Ni siquiera estoy sugiriendo que la maldad sea una razón especialmente buena para no leer un comic book. Hay cosas peores para un comic book que sea malo. Un problema de discutir sobre cómics malos es que, si bien hay unos cuantos tan malos como para ser memorables, hay realmente muy pocos suficientemente malos como para ser memorables. Muchos de ellos son lo suficientemente buenos como para disfrutarse momentáneamente, como comerse un Twinkie. Algunos, como los mencionados en el párrafo anterior, son lo suficientemente buenos para haber alterado la industria».----
El guionista Steven Grant, en The Hooded Utilitarian. Su lista personal de cómics malos sigue aquí
(Viñeta de The Killing Joke, 1988, de Alan Moore y Brian Bolland, color de John Higgins)
sábado, 9 de junio de 2012
UN PORTAL A OTRA DIMENSIÓN.
«No se nos pidió hacer nada con los superhéroes de Charlton. Pensé que estaban todos ahí, a disposición de cualquiera, y yo no había oído hablar de que se estuviera haciendo algo con ellos. Eran sólo un buen grupo de personajes, inocente, lo cual significa siempre juego limpio, de verdad, y había un universo autónomo con cuatro o cinco personajes, y pensé que estaría bien tomar eso y hacer lo que quisieras. Así que empecé a trazar algunas ideas, y en un principio era sólo una novela de misterio: "¿Quién mató al Peacemaker?", eso era todo. Enviamos todo este material a Dick Giordano y algunas cosas eran extremas. Ibamos a tratar a The Question de manera mucho más extrema de lo que había sido tratado con anterioridad. A Dick le encantó, pero sentía un afecto paternal por estos personajes de su época en la Charlton, así que en realidad no quería darle sus bebés a los carniceros y, para decir la verdad, eso es lo que habría sido. Él dijo: "¿Puedes cambiar a los personajes e inventar otros nuevos?" Al principio no estaba seguro de que funcionaría, pero cuando Dave y yo nos juntamos y empezamos a planear las cosas, todo encajó en su lugar y funcionaba bien. Estoy mucho más contento ahora de haberlo hecho con personajes originales. Ha funcionado mucho mejor de lo que habría sido si hubiésemos utilizado al Capitán Atom, Blue Beetle y todos los demás, y estoy contento con eso. Dave y yo queríamos hacer algo juntos desde hace mucho tiempo, así que cuando esto salió dije que estaría encantado de trabajar con Dave y Dave dijo que estaría encantado de trabajar conmigo, y eso fue todo».The Comics Journal ha subido a su web la charla que mantuvieron Neil Gaiman, Alan Moore y Dave Gibbons en septiembre de 1986 durante una convención de cómics en Londres, publicada en The Comics Journal nº 116 (julio 1987). Me llama la atención el concepto de personajes "originales" de Moore, muy revelador de la mayor parte de su carrera: un escritor "posmoderno" de manual, en el sentido de que ha trabajado a partir de personajes clásicos creados por otros, revisándolos, reinterpretándolos y descubriendo la "verdad oculta" en ellos mediante infinitos juegos de alusiones y citas intertextuales: Marvelmal/Miracleman, Alec Holland-Swamp Thing, los personajes de Charlton Comics en WATCHMEN, Doc Savage en TOM STRONG, Wonder Woman en PROMETHEA, los Caballeros Extraordinarios de la novela fantástica victoriana, la Alicia del País de las maravillas, Dorothy de El mago de Oz y Wendy de Peter Pan en LOST GIRLS, etcétera.
Dejando aparte eso ahora, hay que tener en cuenta el valor de esta charla como documento histórico puesto que en septiembre de 1986 Moore y Gibbons aún no habían terminado de realizar WATCHMEN sino que estaban, aproximadamente, en mitad de la faena. La primera edición de la obra se publicó precisamente entre septiembre de 1986 y octubre de 1987. En la charla queda claro el proceso orgánico e improvisado de creación de WATCHMEN, para nada ese "plan maestro trazado meticulosamente desde el principio" como algunos aficionados han contado míticamente (por ejemplo, Moore explica cuándo se le ocurrió introducir las citas al final de cada episodio, que en los tres primeros no aparecen). Traduzco algo más, esta vez de las respuestas de Dave Gibbons:
«Me acuerdo de las portadas en particular. Le dimos muchas vueltas a lo que iría en ellas, y sabíamos que, fuera lo que fuese, no iban a ser escenas de lucha ni figuras completas de superhéroes. Después de dibujar el primer número pensé, "tal vez podríamos sacar al smiley en la portada", y al dibujarla y tener inmediatamente una buena idea de por dónde iba la serie, se me vinieron a la cabeza otros seis diseños de portadas. Creo que lo que se envió a DC no fue "aquí está este smiley, la portada del primer número," sino seis o siete portadas, todas trabajadas un poco como diseño gráfico, eso es lo que realmente se vendía en ellas. Posteriormente fue idea de Alan llevarla un poco más lejos y hacer de cada portada la primera viñeta de la historia, y eso es una idea muy fuerte también. La forma en que lo racionalizamos es que se trata de un cruce de caminos. La portada de Watchmen está en el mundo real y se ve muy real, pero empieza a convertirse en un comic book, un portal a otra dimensión. Ese es el tipo de cosas que pensamos mientras lo estamos haciendo».Más en el enlace.
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miércoles, 12 de octubre de 2011
EL FIN DE LA INOCENCIA
Entre septiembre de 1986 y octubre de 1987, una serie mensual de doce tebeos sacudió el mercado americano de superhéroes y luego el cómic internacional al completo. 22 años después de su publicación, las ondas de su impacto aún reverberan, amplificadas ahora hacia el público general gracias a la adaptación al cine de Zack Snyder. Hablamos por supuesto de Watchmen (Planeta DeAgostini), el cómic de Alan Moore, Dave Gibbons y John Higgins.
"WATCHMEN"
EL FIN DE LA INOCENCIA
Winston Churchill contaba en sus memorias que, desde el momento en que Estados Unidos obtuvo la bomba atómica, ni el presidente Harry Truman ni él mismo dudaron en usarla para terminar la guerra cuando antes. En esas memorias también ponderaba el enigma que rodea una decisión política. Lo explica muy bien el filósofo Slavoj Zizek: una vez que todos los analistas y expertos han dado su opinión, alguien debe asumir el difícil acto de transferir toda esa complejidad de puntos de vista a un simple SÍ o NO. Ataquemos o no. Lancemos la bomba o no. Watchmen arranca con una alusión a Truman, y no es casualidad. Si hubiera que resumir el tema principal del cómic, sería este: el significado moral de la decisión política y la Razón de Estado. O de la figura que hay tras ella: alguien con el poder y la determinación para imponer un orden de sentido en la confusa multiplicidad de la realidad.
UN NUDO GORDIANO
En 1985, el guionista Alan Moore (Northampton, 1953) y el dibujante Dave Gibbons (Londres, 1949) se labraban su carrera en DC, una de las dos grandes editoriales tradicionales del cómic estadounidense. Cuando surgió la oportunidad de colaborar juntos, quisieron imaginar cómo habría sido el mundo si los superhéroes hubiesen existido realmente. El equipo creativo se completó con el colorista John Higgins (Liverpool, 1949), cuyos violentos contrastes terminaron de dar la imagen distintiva del cómic. En el 1985 alternativo de Watchmen , los vigilantes enmascarados, muy populares en los años cuarenta, han sido ilegalizados y están siendo asesinados por una misteriosa conspiración. El Dr. Manhattan, que tampoco se llama así por casualidad, es un superhombre todopoderoso capaz de manipular la materia, la pieza clave de la superioridad estratégica americana frente a la URSS. Aunque ni él podría detener una guerra nuclear, la gran amenaza que se cierne sobre toda la historia –sobre el mundo de 1985– y constituye su nudo gordiano. Recordemos aquel nudo legendario que nadie conseguía desatar. La leyenda cuenta que Alejandro Magno, en su camino hacia la conquista de Persia, se enfrentó al problema y lo resolvió. Cortó las cuerdas con su espada.
EL GRAN HÉROE AMERICANO
Dilemas morales aparte, Watchmen es también una sátira sobre la política estadounidense de la guerra fría y, por supuesto, sobre el héroe y su versión americana del siglo XX, el superhéroe, entendido por Moore como una metáfora de las tácticas del imperialismo americano. Que Watchmen esté escrita en clave dramática en vez de cómica no le impide ser una sátira en cierto sentido clásico. Los autores han confesado que se inspiraron en una historieta clásica de Harvey Kurtzman y Wally Wood,
“Superduperman!” (1953), una parodia de Superman publicada en la revista satírica MAD, el mejor tebeo de la historia según Moore. “Queríamos girar 180 grados a ‘Superduperman’… hacerlo dramático en lugar de cómico” (Moore, 2005). La MAD de los cincuenta fue una inspiración clave para los jóvenes de la contracultura posterior, y Moore y Gibbons pertenecen en efecto a la generación que creció durante los sesenta empapándose de aquella cultura popular, oyendo a Bob Dylan o The Who e incluso (caso de Gibbons) ilustrando alguna portada para Jethro Tull.
El planteamiento inicial de Watchmen condujo así a unos vigilantes decadentes, fetichistas, neuróticos o directamente fascistas. Aquí la obra participa del proceso típicamente posmoderno de crítica y deconstrucción de la figura heroica, en este caso de su versión superheroica. El Capitán América de Watchmen –El Comediante– es un mercenario amoral que disfruta haciendo la guerra sucia para la CIA. Superman –Dr. Manhattan– es un “Dios de sí mismo” por encima del bien y del mal, un auténtico superhombre alejado de los asuntos humanos. Batman –Búho Nocturno II– es un cuarentón frustrado e impotente sexual salvo cuando se pone el disfraz. El héroe puro que lo sacrifica todo –Rorschach– es, en el contexto realista de Watchmen, un perturbado. Y el supervillano megalómano y totalitario, el héroe que “salva” al mundo. Este fin del sueño americano que encarnaron los superhéroes clásicos está representado finalmente por un vigilante retirado, Búho Nocturno I, símbolo de la Edad de Oro del comic book (los tebeos de superhéroes que surgieron en los años cuarenta tras la estela de Superman). Este antiguo héroe, un hombre bueno que creía en los viejos valores, es ahora un jubilado solitario. Acaba linchado por una pandilla juvenil.
SUPERHÉROES Y “SUPERHÉROES”
En cierto modo, Watchmen ha sido para el cómic de superhéroes lo que El Quijote fue para las novelas de caballería. No es un auténtico tebeo de enmascarados sino más bien su crítica, su sátira intertextual, pero tampoco podría existir sin esas cinco décadas previas de género. Watchmen funciona así como un palimpsesto cuyos personajes contienen múltiples ecos de los viejos superhéroes: parte de un conocimiento profundo de esa historia para homenajearla con nostalgia, y a la vez reescribirla bajo una luz racional, crepuscular y elegíaca. Y el trabajo de deconstrucción de los dos “relojeros” británicos fue tan efectivo que pusieron punto final simbólico al género. Por supuesto, desde entonces se siguen publicando tebeos de superhéroes, pero nada ha vuelto a ser igual. Revelado “el truco de magia”, los verdaderos superhéroes –Superman, Capitán América, etc.– se han convertido lentamente en fantasmas de un pasado irrecuperable, y cuando se les ha intentado aplicar un tratamiento a lo Watchmen ha sido aún peor. Llevados a un entorno político, realista y lleno de matices, lejos del universo plano y conmovedoramente ingenuo del comic book tradicional, los superhéroes clásicos no pueden existir.

LAS ARENAS DEL TIEMPO
El tiempo y su fugacidad constituye otro tema capital en Watchmen. El capítulo IV, “Watchmaker” (“Relojero”), es uno de los más poéticos de la obra y cuenta la vida entera del Dr. Manhattan evocando su especial percepción del tiempo (o del espacio-tiempo). De modo parecido al Billy Pilgrim de Matadero Cinco de Kurt Vonnegut, el Dr. Manhattan percibe simultáneamente pasado, presente y futuro. Hace poco, Iván Pintor sugería brillantemente en un artículo para La Vanguardia que el Dr. Manhattan puede verse como metáfora de la página de cómic. Es cierto. En el cómic el tiempo se expresa a través del espacio (“espacio-tiempo”) que ocupan las viñetas: cada viñeta indica un momento distinto, pero todas están en la página delante de nuestros ojos. Sólo al leer la página concretamos el momento exacto que queremos percibir. En el mismo capítulo cuarto, una viñeta recurrente muestra la caída de las piezas de un reloj. Es 1945 y el padre del Dr. Manhattan, un relojero, tira las piezas por la ventana al enterarse del lanzamiento de la bomba atómica. El viejo orden se ve roto por la relatividad de la física moderna y la liberación del átomo en Hiroshima, como “ejemplo práctico” de la muerte de Dios.
El Dr. Manhattan encarna también el deseo científico de conocer el mecanismo del Gran Reloj del universo; su monólogo interior remite a la vieja cuestión: ¿Quién hace el mundo? ¿Existe un Gran Relojero? También alude a la causalidad y el determinismo de la física de Einstein. El conflicto de esta última con la indeterminación de la mecánica cuántica es un enigma científico aún no resuelto, al menos en nuestro mundo “real”. En el mundo de ficción de Watchmen, resulta muy significativo que quien conteste finalmente a la Gran Pregunta no sea el Dr. Manhattan, el superhombre que “sabe”, que conoce la mecánica del universo, sino Rorschach, el único héroe verdadero del tebeo: “Nosotros hacemos el mundo”. Así es.
DOCE MINUTOS PARA LA MEDIANOCHE
Al final de cada capítulo, el Reloj del Juicio Final marca un minuto más hacia las doce de la noche, arrancando desde doce minutos antes, los doce capítulos. Es sólo un ejemplo de las múltiples piruetas formales de Watchmen. Y si la adaptación al cine de Zack Snyder parece muy kitsch, es porque el argumento del tebeo lo es. Lo que hace complejo al cómic no es su argumento, tópicos reciclados de la ciencia ficción de serie B y de los propios tebeos de superhéroes, sino la forma en que está contado. Así lo han reconocido los propios autores, y fue su interés por explorar recursos narrativos lo que elevó la obra a un nuevo plano. Este aparato formal, ideado mano a mano entre Moore y Gibbons –el proceso creativo se explica en el estupendo Watching the Watchmen (Norma, 2009)–, es el que aporta la densidad, las múltiples lecturas e incluso temas subyacentes como la teoría del caos. En Watchmen hay constantes juegos de diseño, barrocas contraposiciones texto-imagen, flashbacks, patrones simétricos y fractales autosimilares, estructuras dentro de estructuras, metaficción y una continua intertextualidad . El número de citas a lo largo de la obra llega a ser agotador: poemas de William Blake, frases de Nietzsche, de Jung, películas de Tarkovski (Sacrificio, por supuesto)…
El diseño del logotipo y las portadas, obra de Gibbons, es tan distintivo como el resto del aspecto visual del cómic, empezando por su hipnótico uso de la retícula fija de viñetas, otra idea del dibujante basada, como él mismo ha contado, en los tebeos de guerra de los cincuenta que realizó el gran Harvey Kurtzman. En Watchmen existe una intención clara de producir una “obra de arte total”, e incluso en sus páginas “suena” la música: canciones de Billie Holiday, John Cale o Bob Dylan. “All Along the Watchtower” en concreto inspiró una parte crucial del argumento.
UNAS MANCHAS VACÍAS Y SIN SENTIDO
Este discurso hiperformalista que pretende contener “el mundo entero” con su multiplicidad de puntos de vista y su inabarcable complejidad llega al paroxismo en el capítulo V, de diseño completamente simétrico. Pero de todos los estratos semióticos que se superponen en la obra, el gran hallazgo a nuestro juicio es la repetición de símbolos subliminales, un recurso inspirado en los cómics que William Burroughs realizó en los setenta junto al dibujante Malcolm McNeill. Así, el famoso smiley manchado de sangre con el que se abre Watchmen –símbolo del fin de la inocencia ya aludido, entre otros significados, y que fue homenajeado por Bomb The Bass en la portada de su “Beat Dis” (1987)– deviene en un patrón visual que se repite una y otra vez hasta llegar al “cráter sonriente” de Marte durante una escena clave con el Dr. Manhattan, que EXISTE realmente… pero que los autores no descubrieron hasta la mitad de la obra, en uno de los extraños casos de serendipia que han relatado.

A base de recurrencia, el smiley, las manchas de Rorschach, la silueta de los amantes volatilizados de Hiroshima, terminan cargados de resonancia. No se dice nada en concreto y a la vez se está diciendo todo. “Dime lo que ves”, le pide el psiquiatra a Rorschach durante el test de manchas que lleva su nombre. Después de mentirle varias veces, Rorschach se sincera y le contesta. La existencia es azar. No hay patrones ni significado. Sólo el que elegimos imponer.
–––––––––––––
DEL COMIC BOOK A LA NOVELA GRÁFICA
Una vez publicada entre 1986 y1987 en doce comic books, tebeos de grapa, Watchmen fue recopilada en un libro siguiendo los pasos de otros dos hitos del cómic americano editados en 1986: Maus, de Art Spiegelman, y Batman: El regreso del Caballero Oscuro, de Frank Miller, Klaus Janson y Lynn Varley (una reconstrucción épica del superhéroe, lo contrario a Watchmen). Las tres obras despertaron una atención mediática sin precedentes e impulsaron el fenómeno actual de la novela gráfica. Además de un enorme éxito comercial sostenido desde entonces (un millón de ejemplares vendidos en 2008), Watchmen obtuvo un Premio Hugo en 1988, y es el único cómic incluido en la lista de las mejores novelas en lengua inglesa del siglo XX según la revista Time. Su influencia también se deja sentir en la atmósfera conspiranoica y los juegos de estructuras narrativas de series televisivas como Perdidos, como han reconocido expresamente sus guionistas.
––––––––––––––––––––––––––––––––
El texto anterior lo publiqué, con algún pequeño recorte, en la revista Rockdelux, en su número de abril de 2009, con ocasión del estreno de la adaptación al cine de WATCHMEN dirigida por Zack Snyder. En este artículo quise hablar del cómic, no de la película, para explicarlo a los lectores de esta revista musical, lectores que pudieran estar o no familiarizados con el tebeo de Alan Moore y Dave Gibbons (y John Higgins). Esto es lo que salió, y ahora lo he recuperado para el blog.

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Más WATCHMEN en Con C de arte:
–20 años de WATCHMEN (serie de posts de 2007)
–Entrevista a Dave Gibbons de Mark Salisbury
"WATCHMEN"
EL FIN DE LA INOCENCIA
Winston Churchill contaba en sus memorias que, desde el momento en que Estados Unidos obtuvo la bomba atómica, ni el presidente Harry Truman ni él mismo dudaron en usarla para terminar la guerra cuando antes. En esas memorias también ponderaba el enigma que rodea una decisión política. Lo explica muy bien el filósofo Slavoj Zizek: una vez que todos los analistas y expertos han dado su opinión, alguien debe asumir el difícil acto de transferir toda esa complejidad de puntos de vista a un simple SÍ o NO. Ataquemos o no. Lancemos la bomba o no. Watchmen arranca con una alusión a Truman, y no es casualidad. Si hubiera que resumir el tema principal del cómic, sería este: el significado moral de la decisión política y la Razón de Estado. O de la figura que hay tras ella: alguien con el poder y la determinación para imponer un orden de sentido en la confusa multiplicidad de la realidad.
UN NUDO GORDIANOEn 1985, el guionista Alan Moore (Northampton, 1953) y el dibujante Dave Gibbons (Londres, 1949) se labraban su carrera en DC, una de las dos grandes editoriales tradicionales del cómic estadounidense. Cuando surgió la oportunidad de colaborar juntos, quisieron imaginar cómo habría sido el mundo si los superhéroes hubiesen existido realmente. El equipo creativo se completó con el colorista John Higgins (Liverpool, 1949), cuyos violentos contrastes terminaron de dar la imagen distintiva del cómic. En el 1985 alternativo de Watchmen , los vigilantes enmascarados, muy populares en los años cuarenta, han sido ilegalizados y están siendo asesinados por una misteriosa conspiración. El Dr. Manhattan, que tampoco se llama así por casualidad, es un superhombre todopoderoso capaz de manipular la materia, la pieza clave de la superioridad estratégica americana frente a la URSS. Aunque ni él podría detener una guerra nuclear, la gran amenaza que se cierne sobre toda la historia –sobre el mundo de 1985– y constituye su nudo gordiano. Recordemos aquel nudo legendario que nadie conseguía desatar. La leyenda cuenta que Alejandro Magno, en su camino hacia la conquista de Persia, se enfrentó al problema y lo resolvió. Cortó las cuerdas con su espada.
EL GRAN HÉROE AMERICANO
Dilemas morales aparte, Watchmen es también una sátira sobre la política estadounidense de la guerra fría y, por supuesto, sobre el héroe y su versión americana del siglo XX, el superhéroe, entendido por Moore como una metáfora de las tácticas del imperialismo americano. Que Watchmen esté escrita en clave dramática en vez de cómica no le impide ser una sátira en cierto sentido clásico. Los autores han confesado que se inspiraron en una historieta clásica de Harvey Kurtzman y Wally Wood,
“Superduperman!” (1953), una parodia de Superman publicada en la revista satírica MAD, el mejor tebeo de la historia según Moore. “Queríamos girar 180 grados a ‘Superduperman’… hacerlo dramático en lugar de cómico” (Moore, 2005). La MAD de los cincuenta fue una inspiración clave para los jóvenes de la contracultura posterior, y Moore y Gibbons pertenecen en efecto a la generación que creció durante los sesenta empapándose de aquella cultura popular, oyendo a Bob Dylan o The Who e incluso (caso de Gibbons) ilustrando alguna portada para Jethro Tull.
El planteamiento inicial de Watchmen condujo así a unos vigilantes decadentes, fetichistas, neuróticos o directamente fascistas. Aquí la obra participa del proceso típicamente posmoderno de crítica y deconstrucción de la figura heroica, en este caso de su versión superheroica. El Capitán América de Watchmen –El Comediante– es un mercenario amoral que disfruta haciendo la guerra sucia para la CIA. Superman –Dr. Manhattan– es un “Dios de sí mismo” por encima del bien y del mal, un auténtico superhombre alejado de los asuntos humanos. Batman –Búho Nocturno II– es un cuarentón frustrado e impotente sexual salvo cuando se pone el disfraz. El héroe puro que lo sacrifica todo –Rorschach– es, en el contexto realista de Watchmen, un perturbado. Y el supervillano megalómano y totalitario, el héroe que “salva” al mundo. Este fin del sueño americano que encarnaron los superhéroes clásicos está representado finalmente por un vigilante retirado, Búho Nocturno I, símbolo de la Edad de Oro del comic book (los tebeos de superhéroes que surgieron en los años cuarenta tras la estela de Superman). Este antiguo héroe, un hombre bueno que creía en los viejos valores, es ahora un jubilado solitario. Acaba linchado por una pandilla juvenil. SUPERHÉROES Y “SUPERHÉROES”
En cierto modo, Watchmen ha sido para el cómic de superhéroes lo que El Quijote fue para las novelas de caballería. No es un auténtico tebeo de enmascarados sino más bien su crítica, su sátira intertextual, pero tampoco podría existir sin esas cinco décadas previas de género. Watchmen funciona así como un palimpsesto cuyos personajes contienen múltiples ecos de los viejos superhéroes: parte de un conocimiento profundo de esa historia para homenajearla con nostalgia, y a la vez reescribirla bajo una luz racional, crepuscular y elegíaca. Y el trabajo de deconstrucción de los dos “relojeros” británicos fue tan efectivo que pusieron punto final simbólico al género. Por supuesto, desde entonces se siguen publicando tebeos de superhéroes, pero nada ha vuelto a ser igual. Revelado “el truco de magia”, los verdaderos superhéroes –Superman, Capitán América, etc.– se han convertido lentamente en fantasmas de un pasado irrecuperable, y cuando se les ha intentado aplicar un tratamiento a lo Watchmen ha sido aún peor. Llevados a un entorno político, realista y lleno de matices, lejos del universo plano y conmovedoramente ingenuo del comic book tradicional, los superhéroes clásicos no pueden existir.

LAS ARENAS DEL TIEMPO
El tiempo y su fugacidad constituye otro tema capital en Watchmen. El capítulo IV, “Watchmaker” (“Relojero”), es uno de los más poéticos de la obra y cuenta la vida entera del Dr. Manhattan evocando su especial percepción del tiempo (o del espacio-tiempo). De modo parecido al Billy Pilgrim de Matadero Cinco de Kurt Vonnegut, el Dr. Manhattan percibe simultáneamente pasado, presente y futuro. Hace poco, Iván Pintor sugería brillantemente en un artículo para La Vanguardia que el Dr. Manhattan puede verse como metáfora de la página de cómic. Es cierto. En el cómic el tiempo se expresa a través del espacio (“espacio-tiempo”) que ocupan las viñetas: cada viñeta indica un momento distinto, pero todas están en la página delante de nuestros ojos. Sólo al leer la página concretamos el momento exacto que queremos percibir. En el mismo capítulo cuarto, una viñeta recurrente muestra la caída de las piezas de un reloj. Es 1945 y el padre del Dr. Manhattan, un relojero, tira las piezas por la ventana al enterarse del lanzamiento de la bomba atómica. El viejo orden se ve roto por la relatividad de la física moderna y la liberación del átomo en Hiroshima, como “ejemplo práctico” de la muerte de Dios.
El Dr. Manhattan encarna también el deseo científico de conocer el mecanismo del Gran Reloj del universo; su monólogo interior remite a la vieja cuestión: ¿Quién hace el mundo? ¿Existe un Gran Relojero? También alude a la causalidad y el determinismo de la física de Einstein. El conflicto de esta última con la indeterminación de la mecánica cuántica es un enigma científico aún no resuelto, al menos en nuestro mundo “real”. En el mundo de ficción de Watchmen, resulta muy significativo que quien conteste finalmente a la Gran Pregunta no sea el Dr. Manhattan, el superhombre que “sabe”, que conoce la mecánica del universo, sino Rorschach, el único héroe verdadero del tebeo: “Nosotros hacemos el mundo”. Así es.
DOCE MINUTOS PARA LA MEDIANOCHEAl final de cada capítulo, el Reloj del Juicio Final marca un minuto más hacia las doce de la noche, arrancando desde doce minutos antes, los doce capítulos. Es sólo un ejemplo de las múltiples piruetas formales de Watchmen. Y si la adaptación al cine de Zack Snyder parece muy kitsch, es porque el argumento del tebeo lo es. Lo que hace complejo al cómic no es su argumento, tópicos reciclados de la ciencia ficción de serie B y de los propios tebeos de superhéroes, sino la forma en que está contado. Así lo han reconocido los propios autores, y fue su interés por explorar recursos narrativos lo que elevó la obra a un nuevo plano. Este aparato formal, ideado mano a mano entre Moore y Gibbons –el proceso creativo se explica en el estupendo Watching the Watchmen (Norma, 2009)–, es el que aporta la densidad, las múltiples lecturas e incluso temas subyacentes como la teoría del caos. En Watchmen hay constantes juegos de diseño, barrocas contraposiciones texto-imagen, flashbacks, patrones simétricos y fractales autosimilares, estructuras dentro de estructuras, metaficción y una continua intertextualidad . El número de citas a lo largo de la obra llega a ser agotador: poemas de William Blake, frases de Nietzsche, de Jung, películas de Tarkovski (Sacrificio, por supuesto)…
El diseño del logotipo y las portadas, obra de Gibbons, es tan distintivo como el resto del aspecto visual del cómic, empezando por su hipnótico uso de la retícula fija de viñetas, otra idea del dibujante basada, como él mismo ha contado, en los tebeos de guerra de los cincuenta que realizó el gran Harvey Kurtzman. En Watchmen existe una intención clara de producir una “obra de arte total”, e incluso en sus páginas “suena” la música: canciones de Billie Holiday, John Cale o Bob Dylan. “All Along the Watchtower” en concreto inspiró una parte crucial del argumento.
UNAS MANCHAS VACÍAS Y SIN SENTIDOEste discurso hiperformalista que pretende contener “el mundo entero” con su multiplicidad de puntos de vista y su inabarcable complejidad llega al paroxismo en el capítulo V, de diseño completamente simétrico. Pero de todos los estratos semióticos que se superponen en la obra, el gran hallazgo a nuestro juicio es la repetición de símbolos subliminales, un recurso inspirado en los cómics que William Burroughs realizó en los setenta junto al dibujante Malcolm McNeill. Así, el famoso smiley manchado de sangre con el que se abre Watchmen –símbolo del fin de la inocencia ya aludido, entre otros significados, y que fue homenajeado por Bomb The Bass en la portada de su “Beat Dis” (1987)– deviene en un patrón visual que se repite una y otra vez hasta llegar al “cráter sonriente” de Marte durante una escena clave con el Dr. Manhattan, que EXISTE realmente… pero que los autores no descubrieron hasta la mitad de la obra, en uno de los extraños casos de serendipia que han relatado.

A base de recurrencia, el smiley, las manchas de Rorschach, la silueta de los amantes volatilizados de Hiroshima, terminan cargados de resonancia. No se dice nada en concreto y a la vez se está diciendo todo. “Dime lo que ves”, le pide el psiquiatra a Rorschach durante el test de manchas que lleva su nombre. Después de mentirle varias veces, Rorschach se sincera y le contesta. La existencia es azar. No hay patrones ni significado. Sólo el que elegimos imponer.
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DEL COMIC BOOK A LA NOVELA GRÁFICA
Una vez publicada entre 1986 y1987 en doce comic books, tebeos de grapa, Watchmen fue recopilada en un libro siguiendo los pasos de otros dos hitos del cómic americano editados en 1986: Maus, de Art Spiegelman, y Batman: El regreso del Caballero Oscuro, de Frank Miller, Klaus Janson y Lynn Varley (una reconstrucción épica del superhéroe, lo contrario a Watchmen). Las tres obras despertaron una atención mediática sin precedentes e impulsaron el fenómeno actual de la novela gráfica. Además de un enorme éxito comercial sostenido desde entonces (un millón de ejemplares vendidos en 2008), Watchmen obtuvo un Premio Hugo en 1988, y es el único cómic incluido en la lista de las mejores novelas en lengua inglesa del siglo XX según la revista Time. Su influencia también se deja sentir en la atmósfera conspiranoica y los juegos de estructuras narrativas de series televisivas como Perdidos, como han reconocido expresamente sus guionistas.
––––––––––––––––––––––––––––––––
El texto anterior lo publiqué, con algún pequeño recorte, en la revista Rockdelux, en su número de abril de 2009, con ocasión del estreno de la adaptación al cine de WATCHMEN dirigida por Zack Snyder. En este artículo quise hablar del cómic, no de la película, para explicarlo a los lectores de esta revista musical, lectores que pudieran estar o no familiarizados con el tebeo de Alan Moore y Dave Gibbons (y John Higgins). Esto es lo que salió, y ahora lo he recuperado para el blog.
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–20 años de WATCHMEN (serie de posts de 2007)
–Entrevista a Dave Gibbons de Mark Salisbury
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martes, 12 de octubre de 2010
EN GLORIOSO COLOR
Rescato ahora algo de un viejo post de Con C de Arte que creo que viene a cuento:
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Si alguien tiene tiempo y ganas y le interesa el tema, puede bucear en los diversos posts que en 2006 dediqué en Con C de Arte al color en los cómics. Incluyendo, por cierto, el asunto del color en WATCHMEN, copio y pego una parte del post de entonces:
Más efectos de decidir quitarle el color a un tebeo para disfrutar 'mejor' del dibujo en glorioso blanco y negro.
Veamos esta página de THE SPIRIT, del episodio DOLAN VA DE RONDA, 1949. Versión en blanco y negro:
Vamos a observarla detenidamente. ¿Por qué se pone la mano Spirit en la cara en la viñeta dos? ¿y por qué queda tan rara la transición respecto a la viñeta tercera? ¿está o no está en el mismo sitio? ¿ha avanzado o no?
¿Y por qué en la viñeta 6 se ha dejado de repente la pared sin mancha negra alguna? ¿Por qué haría eso Eisner si su blanco y negro es lo que que supuestamente marca todo el dramatismo y la fuerza narrativa de SPIRIT?
Por otra parte, ¿qué es exactamente lo que vemos de fondo en la viñeta 9?
Vale. Ahora vamos a ver la página en color, versión THE SPIRIT ARCHIVES (DC/Norma), que imita el color con el que se publicó la página originalmente.
El juego de color con el parpadeo del neón, por cierto, me recuerda poderosamente a la famosa escena de la posterior WATCHMEN en donde Rorschach (y antes El Comediante) visita a Moloch en su casa.
Porque el color no aporta nada a THE SPIRIT, y es un cómic que "gana" mucho en blanco y negro.
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Si alguien tiene tiempo y ganas y le interesa el tema, puede bucear en los diversos posts que en 2006 dediqué en Con C de Arte al color en los cómics. Incluyendo, por cierto, el asunto del color en WATCHMEN, copio y pego una parte del post de entonces:
Veamos primero una página de WATCHMEN tal como se publicó originalmente en su episodio 9.
Ahora disfrutémosla en glorioso blanco y negro, en esa edición que algún editor listo hará en el futuro (Manhattan lo sabía hace veinte años, en 1986).
Expresa lo mismo que la versión en color ¿verdad? No se ha perdido nada. En realidad gana en blanco y negro.
Por cierto, el color de WATCHMEN no lo dio John Higgins de manera directa. Ni quiera lo aplicó por ordenador (hablamos de 1986, demasiado pronto para el Photoshop). No.
Higgins lo dio, como se aprecia ahí, con indicaciones de color para la imprenta, que el tipo de la fotomecánica se encargó luego de aplicar como buenamente pudo con la cuatricomía de tramas (sí, de las del comic-book de toda la vida, de ésas que se han empleado en miles y miles de tebeos y han influido, con sus colores básicos, chillones y de puntitos, en el pop art, en la ilustración y en el diseño gráfico de la segunda mitad del siglo XX. Esos GLORIOSOS colores chillones tramados GENUINOS del comic-book).
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sábado, 24 de abril de 2010
CIFRAS
José Antonio Serrano lleva unos días en su blog recabando cifras de tiradas y ventas de cómic en España, desde los más de 60.000 ejemplares semanales de El Jueves a las 20.000 copias vendidas de LA PAREJITA: GUÍA PARA PADRES DESESPERADAMENTE INEXPERTOS, de Manel Fontdevila, o de SEXORAMA: EL MANUAL SEXUAL DE MANUEL BARTUAL, pasando por los 5.000 -hasta el momento- de EL ARTE DE VOLAR, de Altarriba y Kim, los 30.000 del 300 de Frank Miller y Lynn Varley (en 2007, antes del estreno de la película) o los más de 50.000 ejemplares vendidos en España de WATCHMEN, de Alan Moore y Dave Gibbons. Echadle un vistazo al enlace (en serio), que los datos son reveladores. Para el que no sea consciente de ello, 50.000 ejemplares vendidos en España de un libro que cuesta 35 euros es una auténtica barbaridad, comparado en términos absolutos con las ventas habituales de narrativa literaria.
viernes, 7 de agosto de 2009
SUPERHÉROES Y "SUPERHÉROES" *


Stan Lee, Jack Kirby y Joe Sinnott, LOS 4 FANTÁSTICOS, 1966

Alan Moore, Dave Gibbons y John Higgins, WATCHMEN, 1987* (las comillas significan en este caso posmodernos)
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La idea de la relación entre ambas escenas la leí aquí
lunes, 27 de julio de 2009
DIBUJANDO 'WATCHMEN'
Esto no lo vi en su momento, y es un video muy interesante. Dave Gibbons explica cómo dibujó WATCHMEN, desde su idea de usar una retícula fija a todo el proceso de los minibocetos que hacía antes de llegar a las páginas finales. También alude al trabajo de John Higgins como colorista, y de cómo éste empleó colores secundarios en lugar de los primarios habituales en el comic book de superhéroes. Para mostrar su propio proceso creativo, Gibbons elige como ejemplo una de las páginas de la escena del Comediante en el apartamento de Moloch, donde para mantener de forma coherente el decorado y el punto de vista usó un croquis del fondo del apartamento que calcó repetidamente en su mesa de luz cada vez que tenía que dibujar una viñeta con el punto de vista de Moloch. Lástima que haya ciegos incapaces de ver toda la brillantez del trabajo de Gibbons en este cómic. Porque dibujar tebeos de la mejor forma posible no significa siempre "lucirse" como dibujante, me refiero al dibujo por el dibujo. A veces, como en este caso, se trata de "ocultarse" como dibujante, con la mayor modestia del mundo, y hacer "invisible" el estilo. Y a la vez, hincharte de currar para preparar la narración y acabar las páginas -con el nivel de detalle que hay en las viñetas de WATCHMEN además-, en un trabajo de dibujo que sabes que pasará desapercibido al lector si es que lo has hecho verdaderamente bien. En WATCHMEN se trataba de hacer "realista" y verosímil un mundo donde los superhéroes existían, ¿verdad? Pues entonces no puedes dibujar de un modo muy estiloso que recuerde constantemente al lector que ese mundo está dibujado. No puedes estar recordándole constantemente lo "gran dibujante" que eres. Por el contrario, como hizo Gibbons, tienes que desaparecer, ocultar tu impronta como dibujante, en el trazo, la línea, las formas, para lograr la ilusión de que aquel mundo paralelo existe. De que aquello no son personajes de cómic ni viñetas impresas sobre papel.
(Video vía The Ephemerist)
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Entrevista en castellano a Dave Gibbons (2000): "No me gusta llamar demasiado la atención sobre el dibujo"
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miércoles, 3 de junio de 2009
INTENCIÓN SATÍRICA
"Viendo a los superhéroes de hoy en día, me da la impresión de que se parecen demasiado a Watchmen pero sin la ironía; nosotros, a través de Watchmen, hablamos en profundidad sobre los potenciales abusos de este tipo de justicia, aplicada por vigilantes enmascarados, y sobre el tipo de individuos a los que probablemente atraería si estos sucesos tuvieran lugar en un mundo más realista. Pero no era algo que nosotros aprobáramos. Debo decir que hace mucho, mucho tiempo que no he visto un cómic, mucho menos uno de superhéroes. Años. Probablemente una década desde que estudié alguno con atención. Pero me da la impresión de que ciertas cosas que en Watchmen tenían una intención satírica o crítica, ahora parecen aceptarse tal cual como lo que aparentan ser a simple vista.Lo dice Alan Moore, entrevistado en Wired el pasado febrero y traducido en Cultura Impopular.
Así que, sí, ahora mismo tengo un punto de vista bastante negativo hacia todo el concepto del 'cruzado enmascarado'".
Sobre la sátira de WATCHMEN ya discutimos aquí y aquí, pero menos mal que había "palabra de Moore" para dejar claras sus intenciones. Y yo acabo de descubrirla gracias a Óscar Palmer, el responsable de la traducción enlazada.

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MI LADO BUENO ES EL IZQUIERDO. Más declaraciones del barbudo guionista:
"Una cosa que tienen los tebeos, y esto ha sido demostrado (creo que mediante pruebas realizadas por el Pentágono a finales de los ochenta), es que son el mejor medio para transmitir información de manera que se retenga y se memorice. No soy yo quien lo dice, es el Pentágono. Por mi parte, pienso (y esto no son más que chorradas hippies pseudocientíficas), que esto podría deberse a que la unidad de divisa utilizada por lo que antes solía llamarse el cerebro izquierdo es la palabra. El lado izquierdo del cerebro controla el habla y el raciocinio. La unidad de divisa del lado derecho del cerebro, por el contrario, sería la imagen. De modo que, quizá, los tebeos deriven ese poder único de la combinación de palabras e imágenes dispuestas de una manera legible. Por supuesto, las películas también son una combinación de palabras e imágenes, pero tienen una estructura completamente diferente y un modo de operar también completamente diferente. En una película, te ves arrastrado por la situación a 24 implacables fotogramas por segundo. En un tebeo, puedes volver la mirada hacia la viñeta anterior o retroceder un par de páginas para ver si en el diálogo hay una referencia a una escena anterior. También puedes pasar todo el tiempo que quieras asimilando cada imagen. (...) con un tebeo es mucho lo que has de poner de tu parte. Aunque tengas los dibujos, has de llenar los vacíos entre viñeta y viñeta, tienes que imaginar las voces de los personajes. Es mucho trabajo el que queda en tu mano. No tanto como con un libro ilustrado, pero aún así bastante. Y yo creo que el nivel de esfuerzo que contribuimos al disfrute de cualquier tipo de arte es un enorme componente de ese disfrute. Creo que nos gustan las obras que nos implican, que establecen una especie de diálogo con nosotros".(Alan Moore)

INSTRUIR DELEITANDO. Hablando de cómics para transmitir información, tebeos didácticos y pedagógicos, Cultura Impopular tiene también una larga entrada al respecto, vía Colección de cómics gubernamentales de la Universidad de Nebraska. Ejemplos, muchos: de Alex Raymond a Frank King o Schulz, pasando por Milton Caniff, Will Eisner, Walt Kelly o los superhéroes Marvel y DC.
Consejos para la correcta alimentación, por Alex Raymond
Cuadernillo realizado en 1968 por Schulz para promover el tratamiento del ojo vago
La guerra contra las drogas del CapiMucho más aquí
viernes, 22 de mayo de 2009
SACANDO LOS COLORES (4)
Me gustaría comentar algo de los colores en esta página. Son de la primera edición española de WATCHMEN, capítulo II, y he elegido esta en concreto porque es una muestra perfecta del gran trabajo que hizo John Higgins coloreando el tebeo. Como se ve a poco que uno se fije, los colores son cualquier cosa menos naturalistas. Para empezar, Higgins eligió tonos rojos y marrones rojizos para colorear todo el bar vietnamita, incluyendo las figuras del Comediante y de la vietnamita embarazada. No sólo el bar, también usa los mismos tonos de rojos y rosas para el fondo exterior en la viñeta 4. Con este diseño de colores, además de aportar dramatismo a toda la escena, Higgins facilita la lectura de la página y, sobre todo, destaca por contraste la figura azul del Dr. Manhattan, que es el único que no está coloreado con esos rojizos. Él permanece con su color habitual, ese celeste neutro, lo que nos viene a recordar de modo implícito su condición "más allá de lo humano", su frialdad general ante la vida humana, y su frialdad particular ante esta escena, durante la cual se ha quedado de brazos cruzados mientras el Comediante asesinaba a la vietnamita embarazada. Frente al caos de las pasiones humanas, en rojo, la frialdad de quien está por encima de ellas, el azul del Dr. Manhattan. En los diálogos de las tres viñetas de la segunda tira, el propio Comediante se lo reprocha: Manhattan pudo evitar el asesinato de mil formas, "convirtiendo la pistola en vapor, las balas en mercurio, o teleportando a cualquiera de ellos a Australia". Pero no hizo nada, se limitó a mirar prácticamente con indiferencia. ¿Como el propio Dios nos mira a nosotros quizás, en el caso de que realmente existiera? "No te importan un cuerno los seres humanos. Te he estado vigilando", le dice también Eddie Blake, alias el Comediante.En la viñeta 4 hay un cambio de colores que contrasta con los rojizos. De repente el exterior está coloreado con tonos verdosos, aunque la figura del Comediante sigue destacada en monocromo, toda ella en rosa. Este cambio en la gama de colores aporta más "pausa" a esa viñeta, una "pausa" en el ritmo de lectura que ya estaba sugerida en el propio dibujo, con la elección por parte de Dave Gibbons de usar un plano general picado en el que, desde los planos cercanos del resto de viñetas, pasamos a ver las figuras pequeñitas y desde un punto de vista "omnisciente" o "divino".
Para acabar, última tira, de nuevo Higgins mantiene sabiamente los mismos colores rojizos para destacar de manera consistente en toda la página tanto la figura del Comediante como la escena del crimen. En la penúltima viñeta, volvemos al contraste entre el azul "frío" del Dr. Manhattan y los rojizos que emplea Higgins en los fuegos artificiales, en la mesa tumbada y en la vietnamita muerta. Que a su vez contrastan con el cambio en los colores fríos que dominan la última viñeta, salvo las rosas que lleva Moloch (al fondo, detrás de Manhattan) y, atención, el marrón del ataúd donde reposa Eddie Blake, que por ese color queda así relacionado con la figura de la vietnamita muerta de la penúltima viñeta, como ya Moore y Gibbons habían sugerido usando la misma composición y plano para esas dos últimas viñetas. Fin del flashback.
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SACANDO LOS COLORES (3)
"Encontramos un pub en el West End de Londres. The Royal Oak, si recuerdo bien. Estaba lleno hasta las vigas de bebedores, así que salimos al jardín vacío. Para ser marzo en Reino Unido, hacía un frío tremendo. Alan y yo hablamos sobre el mundo de Watchmen, la aproximación artística, los personajes, las tramas, y tocamos el color pero, más que sentarme y escuchar hablar a dos maestros del cómic, hubo poco en lo que yo pudiera contribuir. Mi trabajo era el color, lo cual vendría casi al final del proceso creativo, aunque incluso en esta temprana fase se habló de algunas guías de color.
En todo momento, Alan y Dave quisieron que Watchmen fuera, visualmente, completamente distinto a cualquier otro cómic que hubiera en el momento y, por supuesto, eso lo conseguimos. Una de las conversaciones de color recuerdo que se refería al Dr. Manhattan. Como estaba hecho de energía controlada con forma humana, se decidió que debería afectar ligeramente a sus alrededores, arrojando una luz suave azul a cierta distancia de su presencia. Recuerdo a Alan y a Dave tratando de dar con la distancia óptima a la que podría afectar a los objetos. Tal era el detalle que buscaban.Mi parte empezaba cuando Dave me daba un telefonazo para que fuera a su estudio en St. Albans, Inglaterra. Recopilaba las fotocopias reducidas en blanco y negro de cada página y, si no lo tenía aún, el guión.
Me ofrecía un café y una o dos galletas de chocolate (...) Me enseñaba su colección de álbumes del Teniente Blueberry o alguno e la multitud de nuevos cómics europeos importados o libros sobre arte gráfico que había conseguido últimamente. Era una tarde social espléndida y altamente estimulante. Pasábamos al dibujo, y ser la tercera persona en ver el dibujo completo, y en leer el nuevo número, era una gran emoción para mí.
Dave y Alan podían tener sugerencias de color para algo específico en un capítulo, como un rojo, una señal de neón brillante, así que tenía que averiguar cómo incorporar esas ideas de color a lo que hice en cada número. Esto podría sonar simple y podría ser un poco denso, pero empezó a crear paradojas de color desde el principio, y fue incrementándose a medida que la historia se desplegaba con toda su compleja brillantez.
Por ejemplo, en el número uno, Rorschach toma algunos terrones de azúcar de la cocina de Daniel Dreiberg, y en el número nueve arroja un envoltorio de un terrón sobre la nieve antártica. ¿Hacía el envoltorio del mismo color que el de la cocina de Daniel, donde había estado bajo una fuerte iluminación desnuda sobre tonos planos y los colores primarios de los elementos de la cocina? ¿O dejaba que la pálida luz antártica afectara a su tono? ¿Y caía sobre un montón de nieve blanca, o uno oscurecido?"
--John Higgins, colorista de WATCHMEN

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"En primer lugar, por supuesto, está John Higgins, cuyos colores no dejaron de sorprendernos y deleitarnos. Normalmente era la primera persona que leía cada número, y esperábamos ansiosos sus comentarios, y el conocimiento y perspicacia de su trabajo hizo que nunca infravaloráramos la contribución y enriquecimiento que aportaba. Sus visitas de los martes por la noche con las pruebas de color que yo "aprobaba" también eran un gran excusa para abrir un par de cervezas y charlas".
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"John Higgins contaría con su serie de copias y hablaríamos sobre las posibilidades del color. Los suyos eran los primeros comentarios sober lo que Alan y yo habíamos hecho, y eran muy valorados. Unas semanas más tarde, había traído las copias coloreadas a mi casa, y volvíamos sobre ellas. Esta era siempre una tarde simpática, con su mujer e hija acompañándole a menudo y alternando con mi familia. Se abrían cervezas.
Aunque quería a John a bordo tanto por su idiosincrático sentido del color como por su proximidad y amistad, mi reacción inicial de lo que había hecho era a menudo de sorpresa. Sin embargo, siempre era capaz de explicar sus decisiones y, con el tiempo, acabé apreciando su audaz aproximación. Su paleta de colores normalmente secundarios añadió de nuevo una útil distancia de los tradicionales rojos, amarillos y azules de los cómics de superhéroes.
(...) La edición Absolute era la oportunidad perfecta de digitalizar el arte y color y corregir los molestos errores con los que habíamos tenido que vivir durante tanto tiempo. Mientras el departamento de color por odenador de WildStorm reproducía fielmente el coloreado original y John Higgins perfilaba el resultado, yo me dediqué a diseñar el continente. (...) Las mejoras de color de John se centraron en reequilibrar escenas y limpiar bordes. También fue capaz de apoyar los negros sólidos con color de fondo para hacerlos consistentemente impresos, lo cual supone una enorme diferencia con el aspecto global.
Apenas anunciada, la nueva versión ha sido usada para las siguientes impresiones de la edición normal en tomo. Que esté en imprenta al menos otros veinte años, especialmente ahora que John, como debe ser, cobra royalties".
--Dave Gibbons, dibujante de WATCHMEN. Ambas citas son de WATCHING THE WATCHMEN, edición española de Norma
Actualización Análisis del color de John Higgins para una página de WATCHMEN, aquí


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martes, 28 de abril de 2009
SUPERHÉROES Y "SUPERHÉROES" (II)


¿Alguien puede afirmar que esto de aquí arriba es género de superhéroes? ¿Que es una historieta que renueva dicho género, sus códigos y convenciones?
No, pero en serio. ¿Cómo calificaríais esta historieta clásica de Harvey Kurtzman y Wally Wood?
(El origen de la cosa)
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ACTUALIZACIÓN 16:30
SUPERDUPERMAN! se publicó en la revista satírica MAD, concretamente en su primera etapa (MAD nº 4, 1953), dirigida por la batuta de Harvey Kurtzman. Aquella MAD es, para Alan Moore, "el mejor tebeo de la historia". La historieta de Kurtzman y Wood, como es evidente, no pretendía renovar los códigos del género de superhéroes sino parodiarlos y ridiculizarlos. SUPERDUPERMAN! es, en términos estrictos, una sátira del principal modelo de todo el género de superhéroes, o sea, Superman.
Vale. ¿Qué pensaríais ahora si os digo que esta historieta fue la principal inspiración para Alan Moore y Dave Gibbons a la hora de idear WATCHMEN? Porque ellos querían llevar a cabo la misma operación satírica, solo que en lugar de hacerlo en clave cómica, lo harían en clave dramática.
"Queríamos girar 180 grados a ‘Superduperman’… hacerlo dramático en lugar de cómico”(Alan Moore, en WATCHMEN: AN ORAL HISTORY)
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Debate aquí.
MONTEYS Y 'WATCHMEN' EN EL MANGLAR 9

En este número de la revista, Monteys ha firmado además de la portada, unas acojonantes, abrumadoras páginas interiores de cómic. Va sobradísimo. Humor fino, metahumor más fino, meta-metahumor y triple pirueta sin red. Espero que siga publicando en la revista, ojalá que sí. José Antonio Serrano también le ha entrevistado en las páginas centrales, merece la pena leer también la entrevista.
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SUPERHÉROES Y "SUPERHÉROES". Al margen de esto, y aprovechando que ha vuelto a salir "casualmente" WATCHMEN en el post de abajo, quería citar un extracto de la sección de John Tones en El Manglar, A MACHETE. Se trata de unos párrafos que me sorprendieron gratamente porque explican una idea que comparto desde hace bastante tiempo. Tones argumenta por qué es absurdo citar a WATCHMEN como "cumbre de los tebeos de superhéroes". WATCHMEN es una sátira en clave dramática de los superhéroes, una deconstrucción, una coda al género de enmascarados, un experimento en los márgenes del mismo, lo que queramos. Pero no es definitivamente el paradigma del cómic de superhéroes ni "el mejor cómic de superhéroes de la historia", sencillamente porque se salta a la torera los códigos que definen a este género. El SUPERMAN de finales de los cincuenta sí es un buen ejemplo del cómic de superhéroes; LOS 4 FANTÁSTICOS de Lee y Kirby, sí, por supuesto; SPIDERMAN, de Lee y Ditko, sí. BATMAN de Bill Finger y Dick Sprang también es un buen ejemplo del género, igual que el LINTERNA VERDE de John Broome y Gil Kane. BATMAN de O'Neil y Neil Adams, también; LA PATRULLA X de Roy Thomas y Neal Adams, sí, por supuesto; LOS VENGADORES de Lee y Kirby, evidentemente que sí; SUPERMAN Vs. SPIDERMAN de Gerry Conway, Ross Andru y Dick Giordano por supuesto que también. Etcétera. Porque cuando hablamos de un género determinado, hablamos de eso mismo, de un género. Es decir, de un tipo de relato con unos códigos y convenciones muy concretos, en el que pueden caber muchas cosas dependiendo del autor, sí, pero no cabe todo. Particularmente aquellos relatos que, como WATCHMEN, se dedican precisamente a deconstruir esos códigos y convenciones del género y a criticarlos abiertamente.

El origen del género: el Superman de Jerry Siegel y Joe Shuster (Action Comics 1, 1938)

Hazañas bélicas superheroicas: el supersoldado Capitán América zurra a los nazis en su debut, fecha de portada Marzo 1941, por Joe Simon y Jack Kirby. En 1986, el supersoldado americano de WATCHMEN -El Comediante- es el fascista que liquida a inocentes

Momento cumbre de la Edad de Oro de los superhéroes, años cuarenta: la socarronería heroica del Capitán Marvel -luego Shazam!- superaba en ventas (millonarias) a Superman, su máximo rival. Portada de C.C. Beck (1946)

Dos Caras y los cacharros gigantes del Batman de los cincuenta, por Bill Finger y Dick Sprang (1954)

Más género de supertipos disfrazados: El GREEN LANTERN de John Broome y Gil Kane (1959) en los inicios de la Edad de Plata del comic book de enmascarados

El hombre que se casó con Lois Lane. El delirio no tan ingenuo del Superman de la Edad de Plata, por Wayne Boring y guionista no acreditado (1960)

¡Si este fuera el día del juicio final...! La Edad de Plata del género alcanza su gloriosa cima con la llegada de Galactus al Edificio Baxter de Los 4 Fantásticos. Por Stan Lee, Jack Kirby y Joe Sinnott (1966)


LA DROGA MATA. En la segunda mitad de los sesenta, los problemas sociales de la época entran de forma cada vez más intensa en el género de superhéroes por la puerta abierta de Marvel. La portada y viñetas de arriba constituyen un punto álgido de los "temas sociales" en los superhéroes de la Edad de Plata, concretamente pertenecen a la célebre "trilogía de las drogas", en AMAZING SPIDER-MAN #96 (1971), por Stan Lee, Gil Kane y John Romita. El chaval que está en el suelo en esa portada se había tomado una pirula y, colocadísimo, hacía un salto del ángel desde un séptimo piso creyendo que podía "flotar, volar como un pájaro". Menos mal que Spidey estaba cerca para salvarle. El episodio no pasó la censura del Comics Code, y Lee decidió publicarlo y ponerlo en la calle sin el famoso sellito. Había llovido ya demasiado desde que el Comics Code Authority se creara durante la "caza de brujas total" de los 50.

LA IMPACTANTE VERDAD SOBRE LAS DROGAS. De manera casi simultánea, en DC Comics se lanza el mismo mensaje a la juventud de una forma más contundente. Speedy, el sidekick del superhéroe Green Arrow, se chuta heroína. "¡Mi pupilo es un yonki!", gritaba Flecha Verde en esa portada de Neal Adams de 1971; guiones de Denny O'Neil. Releída ahora la saga, sorprende por su ingenuidad en el tratamiento del tema.

En 1974 el caso Watergate llegaba a Marvel para despertar al Capitán América del sueño americano. El héroe termina renunciando a su papel de supersoldado patriota, pero no a su papel de héroe: se convierte en un superhéroe sin país, el Nómada. Fue en la saga de EL IMPERIO SECRETO, por varios autores (principalmente, Steve Englenhart y Sal Buscema). La portada de arriba es de John Romita.

Otro hito en el género. SUPERMAN VS. EL ASOMBROSO SPIDERMAN (1976) supone el inicio de la moda de los crossovers entre las dos grandes editoriales rivales, Marvel y DC. Después de una larga gestación, este especial daba todo lo que prometía destilando "esencia pura" de superhéroes. Megahostias, megavillanos hiperlocos, megarrobots gigantes, megaplanes demenciales de conquista del mundo y, por supuesto, breve megapelea donde los dos héroes medían sus fuerzas mientras la chiquillería aplaudía a rabiar. Final feliz donde el superbien triunfaba frente al archimal (Dr. Octopus y Lex Luthor). Por Gerry Conway, Ross Andru y Dick Giordano



MARIDOS Y MUJERES. Una miniserie de DC realizada en 1983 por Jan Strnad, Gil Kane y Tom Ziuko, SWORD OF THE ATOM, adelantó cierto tono "realista", crepuscular y desengañado, que explotaría tres años más tarde con los superhéroes del "curso de 1986". El héroe, Ray Palmer alias Atom, descubre que su mujer le engaña con otro, y además lo hace porque las tareas de Ray Palmer como científico y superhéroe no le dejan tiempo para atenderla debidamente. "Oh, Ray... ¡Crece! ¡Dejé de leer comic books hace años! ¿Qué te hace pensar que quiero vivir en uno?", le decía su mujer. Es el comienzo de una aventura que combinó género de superhéroes y fantasía heroica. Para matar las penas, el cornudo Atom viaja reducido a tamaño de bolsillo a una tierra salvaje microscópica; el héroe renacerá allí como un hombre nuevo, convirtiéndose después de muchas vicisitudes en el líder local y, por supuesto, conquistando el corazón de una bella moza.


LA ERA POSMODERNA. Deconstrucción y sátira en clave dramática del género de enmascarados: frente a todo lo anterior, los superhéroes son antihéroes (menos uno en última instancia) y son cuestionados en su totalidad. Neuróticos, decadentes, amorales, fetichistas, megalómanos o fascistas sin paliativos. Véase el Comediante, que en esas viñetas de arriba se caga en todo lo que significan los superhéroes y de paso revienta una reunión para crear un nuevo grupo de justicieros. "He dicho MIERDA. Esta idea de los Justicieros APESTA. (...) Solo un idiota puede pensar que los problemas de América son lo suficientemente pequeños para que PAYASOS como vosotros puedan manejarlos. No tenéis NI IDEA de lo mal que va este mundo. Creedme". Toda una declaración de intenciones en WATCHMEN, capítulo 2. Por Alan Moore, Dave Gibbons y John Higgins (1986)
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En palabras de Tones en la revista El Manglar 9, cedidas amablemente por él para este blog (gracias):
"La revista de literatura Quimera publica, en su número 301, un dossier que titula Narrativas Superheroicas y que, a la sombra de la gravedad arrojada por ese extraño nuevo orden impuesto por el soporífero cine de superhéroes reciente, intenta reivindicar un modo de contar las cosas que lleva reivindicándose a sí mismo desde hace veinte años. Este dossier, coordinado por Jorge Carrión, se compone de un artículo introductorio (Los montes de Kryptonita, de Carrión); un artículo (Las cuatro edades del superhéroe, de Juan Trejo) que sitúa cronolígicamente la historia del género equiparándolo con otras tantas novelas sobre el tema (Las Asombrosas Aventuras de Kavalier y Clay de Michael Chabon, La Tormenta de Hielo de Rick Moody, La Fortaleza de la Soledad de Jonathan Lethem y Muy Pronto Seré Invencible de Austin Grossman); una inofensiva galería fotográfica de Dulce Pinzón en la que gente normal se viste de superhéroe para llevar a cabo tareas cotidianas; un interesante artículo (La supervivencia del supergénero, de nuevo de Jorge Carrión) sobre la relación entre los héroes y sus congéneres humanos; y, finalmente, un diccionario de superhéroes en el que participé con unas breves semblanzas de Punisher y Hulk, y en el que también intervino gente como Alvy Singer, Doctor Zito o Eloy Fernández-Porta. La conclusión para el lector curtido es, en términos generales, la habitual: es contraproducente teorizar buscando la rareza y la disidencia en una forma narrativa que se desea convencional. Dicho de otro modo: no tiene ningún sentido hablar de tebeos de superhéroes usando como elementos teóricos Watchmen y otros títulos cuyo sentido es, precisamente, que se apartan del canon.
Me irrita la necesidad de la crítica de señalar obras como Watchmen como la culminación de la narrativa superheroica, precisamente porque tal y como se subraya siempre, se distancia de la narrativa superheroica. No tiene sentido: Watchmen es una obra maestra del medio, que usa el material superheroico como orgulloso soporte argumental, pero las grandes muestras del género, precisamente por eso mismo, hay que buscarlas en los tebeos que saben cómo no apartarse de los estrictos códigos que rigen los universos superheroicos: la etapa de Claremont y Byrne en los X-Men, las alienígenas fantasías para todos los públicos del Shazam! clásico, los retruécanos de metafísica superheroica de Mark Waid para Flash o, como mucho, la mayúscula superlativización de los mitos Marvel en los dos primeros volúmenes de Ultimates de Mark Millar. Es el constante terror de la crítica cultural (pasa aquí, y pasa en el cine, y en la música) a las restricciones genéricas lo que lleva a elogiar los productos que las ignoran cuando, aún reconociendo el indiscutible valor de las visiones laterales, los condicionantes de los géneros son la camisa de fuerza que los hace evolucionar. Por supuesto, no hace falta aclarar que Watchmen es un extraordinario comic de superhéroes, pero no debería ser el espejo en el que se mire el género, precisamente a causa de su revolucionaria singularidad. Watchmen es una maravillosa rareza".

El "slice of life de un mundo alternativo", en palabras de Dave Gibbons, o la ucronía de WATCHMEN (1986)
Tones apunta una de las posibles razones del extraño fenómeno: la aversión de la crítica cultural a las restricciones (convenciones) del género. Yo propongo otra posible razón, y esta apunta también hacia los propios aficionados a los superhéroes. Cuando se dice que "WATCHMEN es el mejor cómic de la historia", muy a menudo se está afirmando implícitamente que el mejor cómic de la historia es un cómic de superhéroes porque se da por hecho que WATCHMEN lo es. Y sin embargo, ni siquiera uno de los autores, Dave Gibbons, era capaz de verlo como tal sino como “una historia de ciencia-ficción, un ‘slice of life’ de un mundo alternativo” (sic). WATCHMEN en todo caso es una deconstrucción posmoderna de las convenciones que habían sostenido el género, un artefacto autoconsciente que pretende dejar al descubierto las piezas del mecanismo, los motivos psicológicos y políticos que se ocultan -según la interpretación personal de los autores de Watchmen- bajo los tópicos superheroicos. Pero por eso mismo no es un ejemplo paradigmático del cómic de superhéroes sino justo lo contrario. Una "maravillosa rareza", en palabras de Tones.¿Cuál es entonces, según lo veo yo, la razón de que se elija WATCHMEN como "cumbre del género de superhéroes" cuando difícilmente puede defenderse como un relato de ese género, y quizás no pertenezca a ningún género en realidad (Zack Snyder declaró hace poco algo en este sentido, que ve a WATCHMEN como una obra sui generis que crea su propio mundo al margen del género)? La razón a mi juicio oculta un secreto sentimiento de inferioridad del aficionado al género de enmascarados, y me refiero al auténtico género: Superman de Siegel y Shuster, Batman de O'Neil y Adams, Spiderman de Conway, Kane, Romita y Andru, X-Men de Claremont y Byrne, X-Men y All Star Superman de Morrison y Quitely, etc., etc. etc.
El Batman de los setenta, por Denny O'Neil y Neal Adams (1971)

El fin de la inocencia: el Spiderman de Gerry Conway, Gil Kane y John Romita en LA NOCHE QUE GWEN STACY MURIÓ (1973), punto final de la Edad de Plata del género de superhéroes y comienzo de la más oscura y violenta Edad de Bronce, que se extendería durante el resto de los setenta y primera mitad de los ochenta. The times, they are a-changing.

El loco loco loco Arcade contra los UNCANNY X-MEN de Chris Claremont, John Byrne, Terry Austin y Glynis Wein (1979). Spiderman, de superamigo invitado


"Hazañas bélicas" nada gloriosas de los "superhéroes" de WATCHMEN (1986). El Comediante asesina a sangre fría a una vietnamita embarazada por él mismo, mientras el Dr. Manhattan se cruza de brazos
Al escoger a WATCHMEN como mejor cómic de superhéroes de la historia se trata de elegir no un tebeo de superhéroes de verdad, con todo lo que eso implica (tramas delirantes y ridículas, maniqueísmo a tope, villanos loquísimos y malísimos, peleas físicas a porrillo con superpoderes, superamigos y supermamporros, es decir, todo lo que hace GLORIOSO, ORIGINAL e IRREPETIBLE al género de superhéroes), sino de elegir un tebeo de "superhéroes" que podamos mostrar sin vergüenza ante el público general. Un tebeo de "superhéroes" presentable. Porque WATCHMEN, con su exhibicionismo formal y temático, dio una pátina de respetabilidad cultural a un género popular que había sido menospreciado hasta entonces por infantil y banal. Enarbolar ante el mundo la bandera de WATCHMEN es como decir “mirad, los superhéroes también pueden ser complejos y adultos”. Y esa es la razón, creo yo, de que a menudo se le cite como mejor tebeo de superhéroes de la historia cuando WATCHMEN es ante todo y sobre todo una sátira que critica duramente ese género hasta demolerlo.
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