domingo, 13 de agosto de 2017

chivos expiatorios

En la tesis de René Girard, el chivo expiatorio durante la crisis de una comunidad suele ser aquel o aquellos que revelan la verdad (las razones de la rivalidad y la violencia mimética) sobre dicha crisis. Creo que Chaykin ha reunido muchas papeletas para ser chivo expiatorio con su cómic The Divided States of Hysteria. Por supuesto, él no tiene la culpa de nada. Teniendo en cuenta las cifras de venta, pocos miles de personas leerán su cómic (el primer número ha vendido poco más de 16.000 ejemplares) en un país de más de 300 millones de habitantes, un público escaso que ni siquiera incluye a todos los que lo han puesto a parir sin leerlo. Pero me temo que la "verdad incómoda" que hay en la exageración distópica de su tebeo le ha convertido en alguien ideal para ser señalado desde la comunidad del cómic como "culpable" de la violencia  real que hay en su país... por una obra de ficción. 

Enlazo con destacados una entrevista a Chaykin que se publicó hace un par de semanas (vía):

“The book was conceived in late ’15. I live in a small California town, more conservative socially and politically than would be assumed about the west coast. I spent a great deal of time in the American Midwest, going to comics shows. And it just seemed that the country I grew up in had ceased to exist. There was a divide along racial lines, generational lines, ethnic lines with no capacity for compromise under any circumstances".

“The irony is that the only criticism I’ve received from the right is the only criticism that’s come from those who have actually read the book,” he pointed out. “On the other hand, the obsessive hatred directed at me; the cynical attempt to promote one’s own product by attacking me–this comes from my side of the aisle".

 “It inflamed people who hadn’t read the book, slamming it on the basis of assumptions drawn from the image. From the start of this, I’ve been accused of Islamophobia, homophobia, transphobia, racism, and my favourite, anti-Semitism [inciso: Chaykin es judío]. I’ve covered all the major food groups. I’ve spent much of my professional life having representations mistaken for the act. Back in 1994, I did a book called Power & Glory in which I had the president of the United States tell a genuinely offensive joke, in order to convey how loathsome this guy was. I was taken to task for telling the joke. It didn’t matter that it was the character telling the joke, because it was the audience that was repelled by the character telling the joke. But this was ignored in the name of virtue indication–a concept that had no name back then, so I’m grateful to have lived long enough for it to be designated".

“I come from a longstanding left wing/liberal tradition, so I wanted to do a book that talked about the divisiveness of the culture. I actively chose not to do a book that referred to contemporary figures or that dealt with contemporary issues, because, as I said in the essay in the first issue, I assumed that Hillary was going to win, and there would be some violence from Trump supporters. I was the first voter in my polling place. I was having lunch with my wife that day and there was an eerie quiet in the street. I sat and watched the election results that night, changing channels in the hope of getting a different result. I was shocked by the election results but not surprised. It seemed to be a natural fault of this country. You sow the wind and you reap the whirlwind and that’s what’s going on. And let’s not forget the fact that there are 41% of the American people who still think he’s doing a great job".

jueves, 3 de agosto de 2017

neopuritanismo

Quería extenderme con el asunto del neopuritanismo porque cada vez me parece más serio.

He aquí otro comunicado sobre el cómic de Howard Chaykin, The Divided States of Hysteria, firmado por las autoras de Moonstruck, serie que edita Image y que la editorial ha promocionado bastante.

Algunos destacados: 
«We believe there is no story justification great enough to excuse this brutal, ignorant scene, and there is certainly nothing that could justify Chaykin’s derision of those who felt hurt by his book».  

«This cover is utterly stomach-turning and inexcusable, but we are heartened by the news that Image and Chaykin released a joint statement recanting the cover and apologizing, saying that they will not be publishing it after all. We commend them for this action».  

«There is an obvious pattern here: a pattern of sensationalizing hate crimes, a pattern of using minorities as props meant to shock white/cis people, a pattern of refusing to acknowledge the harm that these depictions do to their respective communities».
«We will do what we can to effect change within Image itself so that in the future, books like “Divided States” aren’t even considered for publication». 
«The setup that allows Chaykin’s book to exist is the same one that allows “Moonstruck” (an all-ages/YA book with tons of LGBTQ characters of color and with an all-queer, non-male core creative team) to exist, as well as the many other wonderful Image books that, like ours, may not have found a home elsewhere. It’s a double-edged sword, and it’s not fair, but it’s the truth». 
Que tebeos como el de Chaykin ni sean «considerados para publicarse». Y llaman «ignorante» a la escena de Chaykin. 


Bien, hablemos de ignorancia. Por ejemplo, sobre códigos artísticos. Hay quien habla de «maltrato animal» por representar escenas de maltrato animal... pero no se percata de que la lógica es la misma cada vez que se representa un asesinato humano en una obra de ficción: ¿desde cuándo representar un asesinato humano es asesinato o equivale a «incitar a cometerlo» en la realidad? Hay quien habla de «delitos de odio» por representar un delito de odio, o de «fetichización de minorías» por representar minorías. Por lo visto, solo si los personajes de dichas minorías se representan siempre y en todo caso de manera positiva (no vaya a ser que confundamos la ficción con la realidad; no vaya a ser que interpretemos la obra de manera incorrecta) no se las estaría fetichizando como mercancía (nota: en el cómic de Chaykin todos los personajes reciben el mismo tratamiento cínico-irónico, sean o no de minorías, aunque  estos últimos no son «accesorios» o «decorado» como se afirma en el comunicado sino personajes importantes). Por lo visto, los autores que hacen cómics políticamente correctos sobre minorías no cobran por ellos sino que los «regalan». Ah, no, que también cobran por su trabajo. Por su mercancía.  

Porque «mercancía» la hay de todos los tipos, para todo tipo de lectores y gustos. Moonstruck, a 3.99 $ cada número, ocupó en concreto la portada del catálogo Previews de mayo

Sí, todo es relativo, y hablar de las personas mediante personajes de ficción (blancos o de minorías étnicas, LGTB o no, etc.), como por otra parte solemos hacer «un poquillo», no implica explotar a personas reales o convertir a estas en mercancía. Si aceptamos el razonamiento de la fetichización de la mercancía en un caso (el de Chaykin), las autoras de Moonstruck también estarían convirtiendo a las personas LGTB o de minorías étnicas en «mercancía» de la que se «aprovechan» puesto que hacen personajes LGTB o de minorías étnicas en un cómic por el que cobran dinero (¡horror!) y que está siendo promocionado intensamente. Un cómic que va dirigido a unos lectores, y que proporciona a sus autores un capital simbólico (prestigio, etc.) pero también económico: en plata, dinero.

El argumento no tiene sentido, ni en su caso ni en el de Chaykin (en ambos se hace ficción dibujada), pero puede ser que la ignorancia también me ciegue a mí. Crear y vender tu obra artística es fabricar siempre una mercancía, aunque es una distinta a las demás mercancías (precisamente por su valor simbólico o cultural). Que esa «mercancía» esté basada en el mundo, o que aluda al mundo, no significa que sea el mundo ni, por tanto, que sustituya a este. Que es lo que significa realmente fetichizar algo en la teoría marxista. El arte es ficción, y la ficción no es realidad. Y como ficción que es, el arte tampoco tiene la obligación de mimetizar la realidad ni de ser «fiel» a ella.

Volvamos al caso Chaykin. ¿De verdad hay que discutir a estas alturas que representar no equivale a endorsement, a incitar, a hacer apología de lo que se representa? ¿De verdad que a fecha de 2017 hay que explicar el factor IRONÍA y la doble o triple codificación que puede existir en una misma imagen o texto, cuando la ironía ha sido un recurso crucial en las artes visuales modernas desde al menos las vanguardias históricas (que tienen ya un siglo), en la sátira gráfica del XIX y en la literatura de siglos previos? ¿El cómic de Chaykin es acaso «para niños» y no nos hemos enterado o es que todos los cómics tienen que ser «para todos los públicos / jóvenes adultos»? ¿Eso desde cuándo? 

Ya dije algo aquí sobre la infantilización de la que procede el cómic tradicional y de la que parece que no podemos desprendernos: las campañas públicas que condujeron al Comics Code estadounidense en 1954 partían de la misma preocupación, qué se estaba enseñando en los comic books a los chavales, porque la mayoría de sus lectores eran chavales. ¿Eso sigue siendo así en 2017? Yo diría que no. Un comic book como el de Chaykin no va dirigido a chavales sino a adultos. Exactamente igual que los cómics de Aline Kominsky, Julie Doucet o Alison Bechdel, por poner ejemplos de otras tradiciones historietísticas (el comix underground, cómic alternativo y novela gráfica de autoras). Son cómics para adultos, y como tales hablan de manera adulta a sus lectores: sin «explicar» las cosas, sin «decir» cómo debe entenderse la obra, dejando sus significados abiertos al lector, sin tener que usar todo el tiempo personajes role models que eduquen en valores. Y el arte para adultos puede implicar lenguajes «brutos», «soeces» y «provocativos» o imágenes desagradables u «ofensivas». Todo depende de para quién, claro. Pero recomiendo recuperar los viejos comix de Aline Kominsky hoy. O los alternativos de Julie Doucet. Igual más de uno se lleva una sorpresa. 

O, ya puestos, que vean esta película de 2016 de Julia Ducournau en la que (SPOILER) dos chicas blancas heterosexuales, las protagonistas, se comen a un chico gay de minoría étnica. En el medio en que se ha producido la obra, el cine, el filme ha cosechado buenas críticas y una considerable cantidad de premios. No, la película no es para «todos los públicos». Eso ya se presupone. Para los niños ya hay otras películas en las salas y plataformas digitales. Y sus estándares infantiles no se pretenden aplicar al resto del cine que se produce. Ahora imaginemos que alguien dijera: «películas como la de Julia Ducornau no deberían volver a estrenarse». Ahora imaginemos que un cineasta dijera: «películas como la de Julia Ducornau no deberían volver a estrenarse».

Entiendo también que algunos pueden descartar o banalizar el recurso de la ironía, tan querido por Chaykin, como sospecho hacen algunos de los ofendidos. Solo puedo decir ahora, para no extenderme más e ir recogiendo, que la IRONÍA es un recurso que merece ser tomado muy en serio y que dice buenas cosas de nuestra civilización, como argumentaron estudiosos como Richard Rorty, quien dedicó un libro a investigar el asunto: la ironía implica el reconocimiento de la contingencia de todas las cosas; la ironía manifiesta la duda permanente sobre lo que uno dice y sobre cómo lo dice; la ironía es antidogmática.

Pero, en fin, qué sabremos los demás (usemos la ironía también), si aquí los ofendidos (también este crítico de cómic se ha posicionado en términos similares afirmando que la famosa portada de Chaykin no debería haber llegado a imprenta, y se queda tan pancho sin darse cuenta de todo lo que eso implica si lo elevamos a categoría; en realidad la famosa portada no ha llegado a imprimirse gracias a la presión en redes sociales) llaman ignorante a Chaykin por una escena de ficción y creen saber más que él. Más que él y que toda una tradición irónica de autores (y autoras) que, de repente, ya no parecen dignos de respeto. 

Especialmente si, como es el caso de Chaykin, eres hombre y blanco.

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(Nota: no menciono expresamente los nombres de las personas posicionadas en contra del cómic de Chaykin, como tampoco hice en posts previos, porque solo me preocupa el debate, no señalar a quienes piden la censura o afirman que hará todo lo posible para que no vuelvan a publicarse cómics que a esas personas no les gustan. Las firmas se encuentran en los enlaces. Se trata de no hacer de esto una confrontación «personal» sino un debate público civilizado que revierta en algo positivo) 

miércoles, 2 de agosto de 2017

de qué hablamos cuando hablamos de

UNA INDUSTRIA DEL CÓMIC COMO LA NORTEAMERICANA:

Un amigo me pasa este enlace a The Beat.

El artículo, de Brian Hibbs, no trata solo (enésimo reportaje al respecto) de lo “bien” que van las grandes editoriales en USA, DC o, como en este caso, Marvel. Caídas de ventas aparte (personajes requemados de tantos años de historias, tan RENEGRIDOS que han sido sustituidos por nuevos personajes, que por supuesto no satisfacen a los fanboys que coleccionan las series, que piden la vuelta de “the real stuff”, con lo cual regresarán pronto los personajes renegridos, etc.), la parte final del artículo sobre las tácticas de extorsión de Marvel hacia los retailers (que solo favorecen la especulación) son muy reveladoras. Es un mercado abiertamente mafioso y especulador, aunque algo parecido se hace en Francia hace tiempo, con las grandes moviendo los paquetes de libros a través de sus propias distribuidoras de aquí para allá. Da igual que no se vendan mucho, hacen dinero con los libreros. A costa de ellos, claro.


Aunque tal vez lo más significativo es el párrafo final del artículo.

Until Marvel is willing to think about the long-term steps needed to right their ship they’re going to remain in danger of collapsing the entire market; and there is literally nothing they’ve shown us from “Marvel Legacy” so far that doesn’t literally feel like rearranging the deck chair on the Titanic.
I hope to god I’m wrong; otherwise 2018 is going to suck.
Parece claro que hay rumores de que Marvel podría hundir el mercado entero del comic book (ya ocurrió, bajo otras circunstancias, en los noventa) si sigue en este plan. Make Mine Marvel!

miércoles, 26 de julio de 2017

«histéricos anónimos»

«Hablamos del caso Chaykin, en referencia al veterano dibujante norteamericano Howard Chaykin, cuya serie The Divided States of Hysteria –publicadas por Image Comics en Estados Unidos– han provocado un torrente de críticas y desembocado en el enésimo debate sobre la libertad de expresión en las sociedades liberales. La controversia persigue intermitentemente a Chaykin desde, al menos, la publicación de la serie Black Kiss en 1988: un cómic erótico de aire hard-boiled protagonizado por vampiros transexuales que rondan Hollywood y buscan metraje pornográfico perteneciente a la colección del Vaticano. En esta ocasión, ha concebido una serie cuyo título ya es lo bastante explícito: jugando con el nombre de la república norteamericana, el dibujante describe un país sacudido por el odio racial y el prejuicio político e inmerso, de hecho, en una segunda guerra civil. Si lo hace con éxito o no, lo ignoro, pues no he leído la serie. De hecho, lo mismo puede decirse de la mayoría de quienes han arremetido contra ella, pues el escándalo se ha centrado en una de sus portadas: una superficialidad verdaderamente significativa que remite a la histeria denunciada por el autor. Histeria: reacción desmedida e incontrolable ante un estímulo exterior. Para más detalle, ha sido la portada del número 4 de la serie la que ha provocado un aluvión de protestas que han culminado con su retirada, si bien el primer número ya contenía una escena –el ataque contra un trabajador transexual– que ya generó quejas entre lectores y comentaristas. La cubierta en cuestión muestra a un paquistaní (sabemos que lo es porque su polo muestra la palabra paki en la pechera) que ha sido linchado y cuelga en plena calle con sus genitales visiblemente mutilados. Detrás de él, una marquesina dice irónicamente que se ofrece «final feliz con cualquier almuerzo de la casa».

[...] «Por otro lado, como muestra el caso Chaykin, la Red se ha poblado de defensores de la corrección política que enarbolan conceptos tan anticuados como el buen gusto o la moralidad pública para justificar el ataque a las opiniones que les disgustan. Nada hay de malo en una cierta corrección política, rectamente entendida como respeto hacia los demás. Pero lo que contemplamos ahora es un uso espurio de la misma que, en la práctica, conduce a una conversación pública higienizada donde nadie debe poder jamás sentirse ofendido y sólo ciertos discursos poseen plena legitimidad expresiva. Tal como ha señalado Timothy Garton Ash, no es aconsejable que organicemos el debate público a partir de una noción de daño que dependa en exclusiva de la percepción subjetiva del ofendido. Y ello, al menos, por dos razones: porque no es sano constituir una sociedad formada por personas que se presenten habitualmente como víctimas de la ofensa ajena; y porque en un mundo interconectado y heterogéneo, no digamos en la Red, siempre encontraremos cosas que nos ofendan. Es preferible, sostiene, limitar el uso del poder público para restañar los daños reales, objetivables, mientras construimos –esto es un desideratum– una cultura del debate público más cívica y robusta. El pensador británico añade algo obvio: que las palabras y las imágenes tienen un significado abierto que depende en buena medida del contexto. Bajo estas premisas, la retirada de la portada de Chaykin no está justificada».

—Manuel Arias Maldonado comenta el caso Chaykin en su blog de Revista de Libros, el texto sigue aquí

lunes, 24 de julio de 2017

mal gusto visual

«Una atmósfera de “buen gusto hipócrita y afectado” ahogó los valores gráficos de las historietas: la eliminación de argumentos problemáticos, perturbadores, trajo implícito el menoscabo de las formas con que habían sido expresados. Un tema esencial que suelen descuidar críticos y hasta historietistas. El mal gusto visual puede llegar a ser un acto político, mientras que lo que se entiende generalmente por buen gusto representa, en muchos casos, sumisión y autocensura».

—Elisa McCausland, Wonder Woman. El feminismo como superpoder (2017, Errata Naturae, p. 91). La cita se refiere a los tebeos norteamericanos tras la implantación del código de autocensura Comics Code en 1954; la definición de la sensibilidad imperante a partir de dicho código (el entrecomillado «buen gusto hipócrita y afectado») es una cita del libro de Joseph Witek Comic Books as History (1989).

viernes, 21 de julio de 2017

los vencidos y los muertos

En el setenta aniversario del fin del mayor conflicto bélico de la historia, el japonés Nozoe Nobuhisa (1949) publicaba un manga basado en los recuerdos de seis supervivientes. Teniendo en cuenta que el autor no vivió la guerra, su objetivo principal, aclara en el prólogo, era dejar constancia del testimonio de aquellos que sí la vivieron (la sufrieron):

“Ya no tenía ni a mis padres ni a mi suegro –explica Nobuhisa–, y a mi alrededor apenas quedaba nadie que hubiera vivido la guerra en primera persona y pudiera hablarme sobre ella. Ya no era posible que aquellos que la habían vivido pudieran contarme historias sobre la trágica derrota.
Pero entonces pensé: si yo hubiera vivido en la época de la guerra del Pacífico, ¿a qué trágicas vivencias habría sobrevivido? Tenía que crear una historia para que nosotros, los japoneses, no olvidásemos nunca aquella tragedia. Así fue como creé mi propia historia sobre la guerra basada en hechos que escuché e investigué. Y así es como decidí dibujar este libro”.


Si aplicamos la terminología de Marianne Hirsch, hablaríamos aquí de postmemoria: “un espacio para el recuerdo intersubjetivo y transgeneracional, vinculado específicamente al trauma cultural o colectivo”, definido “a través de una identificación con la víctima o con el testigo del trauma, modulada por la distancia insalvable que separa al participarte del que nació después”. Una postmemoria sobre un trauma colectivo, que Nobuhisa construye inspirándose en testimonios de diferentes supervivientes que investigó, alrededor de los que articula seis capítulos.

Lo más llamativo en libros (cómics, mangas) como este es, al menos para mí, poder acceder al punto de vista del vencido en la guerra, cuya perspectiva nunca es la dominante en la mayoría de relatos que consumimos sobre ella, no digamos ya en el caso de la II Guerra Mundial, sobre la que se ha escrito y realizado producciones (audio)visuales en cantidades industriales. La historia y mitología en torno a aquella contienda no cesa y, comprensiblemente, estas no cesan de interesarnos. A la hora de narrarla, el vencido tiende a callar, a menudo acogotado por el vencedor y por sus relatos, particularmente si el primero fue el que empezó la guerra.

La visión de la II Guerra Mundial que nos proporciona este cómic de
Nozoe Nobuhisa, de manera parecida a otros mangas de los años setenta y ochenta (de Shigeru Mizuki a Keiji Nakazawa pasando por el Adolf de Osamu Tekuka), es, de manera palmaria, la visión propia del derrotado. Solo el título del cómic deja claro que va a hablarnos de una TRÁGICA DERROTA (Haisen higeki). Asumido el desastre y la victoria del adversario, el relato deja a un lado las hazañas y se centra en episodios de infausto recuerdo por sus consecuencias: el trauma individual del que padece la guerra; el trauma colectivo y cultural de una nación derrotada.

A mí me han impresionado especialmente dos capítulos: por un lado, el de la mujer violada
por soldados soviéticos durante la retirada de Manchukuo (y luego por un compatriota japonés porque, total, como “el enemigo la ha violado repetidas veces, qué más le da una vez más”) que, en su senectud, recuerda “para nosotros” lo ocurrido entonces. La anciana aún conserva el cianuro potásico que le proporcionaron para poder “escapar” en caso de ser apresada, que en teoría no usó.

Por otro lado, el capítulo del soldado que sobrevivió “milagrosamente” en el frente del Pacífico cuando todos sus compañeros, incluido un hermano, murieron. Por ellos, por su memoria y dignidad, se resiste a morir, ya viejo, incluso cuando ha terminado en la ruina. Entre medias, un par de escenas escalofriantes donde se pone de manifiesto la utilidad de la táctica del gyokusai o ataque suicida, que iba mucho más allá de la estrategia militar frente a un enemigo superior: también servía para mantener previamente una disciplina tan férrea como injusta. “Cada noche [los oficiales] nos castigaban de forma injustificada. Si pensabas que de todos modos morirías en esta guerra, apenas sentías dolor o rabia. Y si además pensabas que los militares que ahora te estaban sancionando morirían también del mismo modo, dejabas de sentir rencor”.

El dibujo de Nobuhisa, un registro de caricatura realista, alterna tramas manuales con fondos dibujados con grafito que, a veces, combina con fotografías en busca de la verosimilitud. Entre capítulo y capítulo, citas a Goya y algunas reflexiones breves del autor en forma de aforismos (lo peor del libro, dada su ingenuidad u obviedad en bastantes casos). Terminemos aludiendo a esa promesa de amor incumplida en el primer capítulo, el de los torpedos kamikazes, o cómo la guerra —la máquina implacable de la Historia— separa arbitrariamente a las personas determinando el destino del individuo con escaso o nulo margen de elección, y por supuesto a todo lo que se halla implícito en una sola frase del libro acerca de la naturaleza de la guerra, del monopolio estatal de la violencia, de la sociedad y las leyes en tiempos de guerra frente a los tiempos de paz. Me refiero al momento del capítulo segundo en el que ese anciano, atormentado por ejecutar a un prisionero, comete delitos menores siete décadas después para intentar ir la cárcel. “Hace 70 años maté a un chino”, le “confiesa” el anciano al policía que le ha arrestado por hurto en una tienda. El policía le responde: “¿Hace 70 años? ¿Se refiere a la guerra? Matar a un soldado enemigo durante la guerra no se considera un delito”.

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Trágica derrota
(Haisen higeki)

Nozoe Nobuhisa
2015
Ediciones ECC, 2017
Traducción de Yosuko Tojo

domingo, 16 de julio de 2017

lecturas múltiples (según el espectador)

«Algunos críticos posmodernos consideran que los espectadores de una obra de arte la interpretan o leen desde perspectivas tan distintas que a partir de su experiencia visual se construyen de hecho obras diferentes que pueden llegar a parecerse poco o nada a la intención original del artista. Stanley Fish sostiene que los espectadores se convierten en artistas al recrear la obra en el acto mismo de entenderla».

«En el arte posmoderno, las diferencias entre interpretaciones se originan en un uso deliberado de la contradicción, la ironía, la metáfora y la ambigüedad, también llamada doble codificación».

—Arthur D. Efland, Kerry Freedman y Patricia Stuhr, La educación en el arte posmoderno (1996)

«El acto creativo toma otro aspecto cuando el espectador experimenta el fenómeno de transmutación; por el cambio de materia inerte a obra de arte, es una transubstanciación la que ha tomado lugar, y el rol del espectador será determinar el peso de la obra en la escala estética.
En suma, el acto creativo no es desempañado por el artista solamente; el espectador lleva la obra al contacto con el mundo exterior por medio del desciframiento y la interpretación de sus cualidades internas y así agrega su contribución al acto creativo».

—Marcel Duchamp, «El acto creativo» (1957)

(cursivas mías)

Para los que ven “apologías de” o “fetichización nociva” en obras artísticas de otros, creyendo además que su lectura personal de esas obras es LA lectura.

«se suele acusar de hacer apología»

"No lo sé, es curioso, y además la gente ahora está muy mojigata. Hay como una doble tendencia de apertura al «todo es posible» y por otro lado de censura rara. A lo mejor ahora se puede volver a aquello, puede tener cierto sentido de nuevo porque la gente está tonta. Durante un tiempo eso ya no era transgresor, pero ahora parece que vuelve a ser transgresor lo que hace veinte años ya no lo era. Yo estoy oyendo todo el rato que ahora se están intentando conseguir cosas que no teníamos y creo que es al revés, estamos diciendo que no se pueden hacer cosas que antes se hacían. El otro día, paseando por el centro, entré en una librería porque vi en el aparador una especie de fanzine erótico viejo pero bien editado, y el tío de la librería me dijo: «Esto antes se hacía, pero ahora no se puede hacer». Hay demasiadas cosas que antes se podían hacer y ahora no. Todos necesitamos que se relaje la gente y que todo el mundo pueda hacer lo que quiera. En los ochenta, cuando se publicaban estas cosas, no había ningún problema y ahora hay mojigatería por todos lados disfrazada de progresismo.
 
También parece que un solo comentario de alguien aislado puede hacer muchísimo ruido.

En internet dicen: «La gente dice».

«Lo ha dicho uno».

Hostia, que un capullo ha venido y me ha dicho una chorrada, como toda la vida. Es que, a ver: ¿por qué damos voz a quien no debemos?

Se suele acusar de hacer apología.

¿Qué es apología? ¿Que trates un tema es apología? ¿Una película de guerra es apología de la guerra? Hombre, dependerá de la peli, porque puede ser crítica. Pero hay gente que se las tomará todas como una apología porque, claro, salen guerras. O sale maltrato y estás haciendo que haya maltrato. [...] No debería existir la censura de una obra artística, es ficción. ¿La gente no sabe reconocer qué es ficción y qué no? Pues deberíamos empezar por aprender las diferencias.
[...] Y hay gente que se autocensura, que eso también es otro tema. La autocensura es peor, es horrible y ahora hay mucha autocensura porque no quieres que la gente te linche en Twitter. «No voy a decir esto, no voy a decir lo otro, voy a decir solo lo que se lleva esta semana, quedar bien con el tema que toque». Así no vamos bien, es peligroso esto y un poco distópico".


Maria Llovet, entrevistada por Diego Cuevas y Iván Galiano en Jot Down

jueves, 13 de julio de 2017

cómic (aún) infantil(oide)

Al hilo de las movidas censoras en el cómic USA contra determinadas imágenes y artistas gráficos, con participación de determinados autores y editores, tengo que decir con tristeza que veo ahí una razón de fondo: que el cómic no consigue desprenderse de su pasado infantil como instrumento pedagógico de educación en valores, role models, etc. Si el cómic ya es –o eso se supone– un arte más, no puede estar siempre al servicio de la pedagogía moral como lo estaba el cómic infantil (el Comics Code y otros códigos de autocensura / censura editorial europeos se crearon en los años 50 y 60 para garantizar que los tebeos, a la sazón un producto mayoritariamente infantil, educara en unos valores determinados a sus lectores, niños y adolescentes). El cómic infantil puede ser eso, por supuesto, puede ser una herramienta de pedagogía, pero se supone que hoy día se hacen muchos otros tipos de cómics, ¿no? Cómics para adultos. Se supone. 

Tengo noticias: en el arte contemporáneo para adultos (cine, literatura, artes visuales, etc.) las cosas no se “explican” para educar al público, al que ya se supone educado en cuanto adulto. Y eso incluye crear imágenes y escenas provocadoras, chocantes o desagradables.

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Update

Ejemplo actual para comparar. En estos días ha circulado una denuncia de una asociación protectora de animales acusando al artista Santiago Ydáñez de hacer supuesta “apología de la zoofilia” y cometer “maltrato animal” por un par de cuadros que tiene expuestos ahora mismo en el CAC Málaga, exigiendo su retirada del centro de arte (nota: en la misma exposición pueden verse versiones del empalamiento de los Desastres de la guerra de Goya y de Judith con la cabeza de Holofernes de Caravaggio, entre otros cuadros). Unas pinturas, hay que aclarar de manera redundante para recordar que un cuadro está pintado, con lo cual el “daño” lo habrá “sufrido” en todo el caso el lienzo, el pincel y los acrílicos con los que fue pintado.

Al grano. A continuación, en respuesta a la “denuncia” y petición de censura de los cuadros de Santiago Ydáñez en el CAC, 

1) los artistas visuales se han posicionado a favor de Ydáñez y en contra de retirar los cuadros en defensa de la libertad de expresión, incluyendo a asociaciones como la UAVA (Unión de Artistas Visuales de Andalucía)
2) el centro de exposición se ha posicionado en favor del artista y en contra de retirarlos en defensa de la libertad de expresión; 
3) el alcalde de cuyo Ayuntamiento depende el centro de exposición se ha posicionado en favor del artista y en contra de retirarlos en defensa de la libertad de expresión.

Cualquier parecido con los casos recientes del cómic, me los señalan si quieren en comentarios.

lunes, 3 de julio de 2017

cómics en Rockdelux julio-agosto 2017

Nuevo número de Rockdelux en kioscos, el de julio-agosto de 2017, bajo portada dedicada a Arca. Su sección de cómic trae los siguientes contenidos este mes:

1) Reseñas de:
Dibujos secuenciales, de Richard McGuire (Salamandra Graphic), por Raúl Minchinela;
El día más largo del futuro, de Lucas Varela (La Cúpula), por Daniel Ausente;
Carlitos Fax, de Albert Monteys (Astiberri), por Laura Fernández;
Poncho Fue, de Sole Otero (La Cúpula), por Isabel Cortés;
Ortega y Pacheco Deluxe Volumen 1, de Pedro Vera (¡Caramba!), por Raúl Minchinela;
Heavy. Los chicos están mal, de Miguel B. Núñez (Sapristi), por Alex Serrano;
La gran aventura humana, de Miguel Brieva (Reservoir Books), por Mireia Pérez;
¿Cuánta tierra necesita un hombre?, de Martin Veyron (Norma), por Daniel Ausente.
 
2) «Apabullante» artículo de Daniel Ausente sobre el centenario del nacimiento de El Rey, o sea, Jack Kirby, a propósito de dos ediciones recientes de su material: King-Size Kirby (Panini) y El Cuarto Mundo (ECC).
  
3) Espléndido reportaje-entrevista de Gerardo Vilches sobre Catherine Meurisse con ocasión de su visita a España (Gerardo también reseña La levedad, el libro de Meurisse que ha editado Impedimenta en nuestro país recientemente), que incluye foto exclusiva de Óscar García.
(diseño de la revista de Gemma Alberich)

Y eso eso todo de momento. Rockdelux, ya en kioscos. Buen verano a todos.

iconoclastia

Tras un incidente en un debate previo durante el cual me han borrado mi comentario, voy a decir lo mismo aquí, para evitar que me lo borren de nuevo. Esta portada, de Howard Chaykin, retirada al parecer (me estoy enterando sobre la marcha) por las protestas del público, tiene detrás una tradición previa de imágenes. Una tradición de denuncia de la violencia contra minorías étnicas. Me refiero a la decisión deliberada de tomar y difundir imágenes del cadáver de la víctima para que la sociedad tome conciencia de lo que supone esa violencia. El caso más notorio quizá, por ser de los primeros, fue el de Emmett Till, un joven afroamericano de 14 años que fue linchado en Mississippi en 1955. Su madre pidió expresamente dejar el ataúd abierto en el funeral para que todos pudieran ver cómo había quedado su hijo (completamente desfigurado). Los periodistas tomaron la foto del cadáver mutilado y algunos medios gráficos se atrevieron a difundirla, captando la atención nacional e internacional sobre el grado de racismo y la falta de derechos de los afroamericanos en EE UU. Como la de Till es una imagen fotográfica de violencia real, no un dibujo ni una ficción como la portada de Chaykin, no la cuelgo aquí pero está por todo internet. Igual que la portada de Chaykin

Hasta aquí el resumen de mi comentario borrado. Añado algo más ahora. Me ha llamado la atención la furia iconoclasta que se ha desatado contra esta portada: la intención es “destruirla” puesto que “no debería haber existido nunca”, y eso en la era de internet supone no volverla a colgar para que nadie, en teoría, pueda verla. Mis conclusiones son dos. 1) La destrucción de imágenes o iconoclastia suele ser, en la historia del arte, signo de que alguien ha tomado el poder y procede a (o al menos intenta) destruir las imágenes creadas por el poder previo. Lo hicieron los revolucionarios franceses contra los símbolos del Antiguo Régimen, lo intentaron los artistas de las vanguardias históricas (como los futuristas) contra la tradición de la historia del arte, lo hicieron los soldados estadounidenses que tomaron (invadieron) Irak al derribar la estatua de Saddam Husseim en Bagdad, etc. Que cada cual saque sus propias conclusiones. 2) Para ser más listo que Chaykin no solo hacen falta más años sino también más lecturas. De la historia y de las imágenes que se representan. La portada es horrible, sí. De eso se trata.


miércoles, 31 de mayo de 2017

cómics en Rockdelux junio 2017

Nuevo Rockdelux ya en kioscos. Bajo esa portada con el nuevo flamenco de Rocío Márquez (flamencodelux) hay mucho contenido, pero lo que aquí nos atañe es la sección de cómic. Este mes trae el siguiente «material»:

—Artículo de Alberto García Marcos sobre la edición integral de Alack Sinner, de Muñoz y Sampayo (Salamandra Graphic), un cómic clave en la emergencia del cómic adulto latino-europeo en los setenta;
—Artículo de Daniel Ausente sobre el Baco de Eddie Campbell (Astiberri), ahora que ha terminado de editarse en España en cinco volúmenes, o la versión «campbelliana» de los superhéroes vía mitos antiguos + Robert Graves + Marvel 1960s + humor socarrón.

Reseñas de: 
* De tripas y corazón, del francés Pozla (edita Dibbuks), por Daniel Ausente;
* La Familia Carter. Recuerda esta canción, un cómic de Frank M. Young y David Lasky (Impedimenta) inspirado por Frank King (es decir, por Chris Ware también) y R. Crumb, reseña JuanP Holguera;
* Kobane Calling, del italiano Zerocalcare (Reservoir Books), un superventas en Italia reseñado por Daniel Ausente; 
* La balada de Jolene Blackcountry, de Victor Puchalski (Autsaider), o el «indie» español hoy (el de Puchalski, para más señas) según Alex Serrano;
* Oscuridades programadas, una contundente crónica de viajes por países en conflicto a cargo de Sarah Glidden (Salamandra Graphic), que el reseñista, Xavi Serra, compara en parte con el citado Kobane Calling;
* Fragmentos seleccionados, la experimentación narrativa casi «sin red» de Andrés Magán (Apa-Apa) reseñada por Isabel Cortés;
* Cortázar, biografía del escritor argentino realizada por Jesús Marchamalo y Marc Torices (edita Nórdica) que reseña Mireia Pérez.

Para cerrar estas dos páginas de cómic, una entrevista a Tom Gauld (Un policía en la Luna, entre otros títulos) realizada por el reportero dicharachero Gerardo Vilches, «nuestro hombre en Madrid». 

Pues eso es todo. De momento, claro. Hasta el mes que viene, «rockeros». O flamencos. Y pelícanos.
Foto de Alex Serrano 
Portada Rockdelux: foto de Rocío Márquez de Alfredo Arias
Diseño de Gemma Alberich

domingo, 28 de mayo de 2017

el lenguaje

«Tenemos el arte para no morir de la verdad». Es la cita de Nietzsche –que Camus recogió en El mito de Sísifo– con la que se abre La levedad, de Catherine Meurisse. Publicado en Francia el año pasado y traducido en España hace unos meses por Impedimenta, el libro es bien conocido en los medios, al menos para quien haya prestado algo de atención, puesto que está escrito y dibujado por una «superviviente» del atentado contra Charlie Hebdo de enero de 2015. Catherine Meurisse debía estar en esa reunión matutina en la redacción de la revista satírica francesa durante la cual su plana mayor fue asesinada, pero llegó tarde –según cuenta con humor autoparódico en las primeras páginas– debido a sus cuitas amorosas, que le hicieron quedarse en la cama más de la cuenta. «¿Por qué todo el mundo habla de “atentado”... si ha sido una matanza?», se pregunta la autora en dos viñetas del libro, bastantes páginas más adelante, mientras se dibuja a sí misma contemplando un atardecer en la playa. En la siguiente página, en la misma playa ya en sombras, un pterodáctilo levanta el vuelo en el horizonte. Un elemento chocante sin un significado aparente, abierto a la interpretación: el lenguaje poético. El arte.

El arte como terapia, por un lado. Meurisse produjo el grueso de este libro tras un diagnosticado shock postraumático, en el que la personalidad se «disocia» y todo pasa a verse «desde fuera». Es un mecanismo mental para evitar los efectos de la adrenalina y cortisona que el cerebro genera ante un suceso así; la disociación provoca «una anestesia emocional, sensorial, además de amnesia», explica el psiquiatra a Meurisse en otra página. «Cuando esté “re-asociada” lo contará todo en una novela gráfica», añade. 


Meurisse llegaba tarde a aquella reunión, pero «a tiempo» porque cuando aún no había concluido la matanza. «No subas a la redacción», le dijo su compañero de revista Luz desde la acera de enfrente. Refugiados en una oficina cercana, oyeron las ráfagas de fuego. Onomatopeya: Ra ta ta ta ta ta ta ta ta ta ta ta ta ta ta ta

«–Tu padre no lo reconocerá, pero después de la llamada [de Catherine Meurisse a su madre] estuvo mucho tiempo sentado sin poder pronunciar ni una palabra.
—El terrorismo es el enemigo declarado del lenguaje» (pág. 50).

El arte como tecnología para manejar la realidad, por otro. El arte, la narración, el lenguaje simbólico en general, como necesidad humana e instrumento para explicar el mundo, la vida, a nosotros mismos. Sin lenguaje nos situamos más allá de la realidad, en «lo Real» en bruto: algo que no podemos manejar, entender o asimilar (lo inefable). Necesitamos mitos, relatos, imágenes, palabras, dibujos para poder «hacer nuestro» el mundo, tanto más cuanto más difícil resulta entender lo que ha ocurrido en él. Por volver a Nietzsche, el arte como mentira para re-velar la verdad sin perecer al contemplarla.

Meurisse, que cuenta con una larga trayectoria
en Francia como ilustradora y dibujante de cómics, demuestra un contundente dominio del lenguaje que le es propio en las gloriosas 60-70 primeras páginas de este libro. Pertenece a la tradición de Sempé, Claire Bretécher, Quentin Blake y, como ellos, dibuja maravillosamente. También tiene el filo propio del lápiz al que se ha sacado punta en la redacción de Charlie Hebdo, revista en la que Meurisse había empezado a colaborar diez años antes del atentado, con solo 25 años; en ella desarrolló su tira Scènes de la vie hormonale, en la que abordaba con humor sus relaciones sentimentales, a menudo con hombres casados, como la que cuenta al comienzo de este libro. Meurisse tiene mucha versatilidad para cambiar el tono y saltar del (gran) homenaje a sus compañeros asesinados a la autoparodia bien armada y la risa sobre «aquello de lo que no podemos reír». Pero ella sabe bien, como sus compañeros muertos, que sí podemos reírnos de todo. De nuevo, gracias al lenguaje.

Meurisse sabe también usar el diseño más allá de la retícula clásica de viñetas, porque dispone de un libro de muchas páginas para, por ejemplo, jugar con la introducción del color tras una larga secuencia en negro y grises, con el blanco de la página o con los dibujos a toda ídem. Hay un bajón de inspiración, para mi gusto, en la última parte del libro, cuando relata su «fuga» a Roma para sumergirse en el Gran Arte como consuelo durante su duelo (y de paso para escapar de la prensa y los escoltas que le puso el gobierno francés tras el atentado). Aquí caemos en el territorio de algunos tópicos: la «belleza», el síndrome de Stendhal, etc. Prefiero mil veces una página sin palabras del comienzo (pág. 9), en la que el horizonte de la playa se convierte en una suerte de Rothko –un artista que quiso hacer de sus cuadros una experiencia mística–, que toda la cháchara sobre la posible conmoción de Stendhal ante las obras expuestas en los museos de Roma (pág. 118). Al final del todo, en los créditos, encuentro una posible explicación: las primeras 71 páginas las hizo del tirón, durante el verano de 2015. El resto, más «recalentadas» en mi opinión, toda esa parte sobre Roma y una visita al Louvre para cerrar el libro, las dibujó en enero-febrero de 2016. Pero su abrazo del arte tiene sentido, todo el sentido del mundo, si hacemos caso de nuevo a la cita de Nietzsche que eligió para abrir este libro.

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La levedad
Catherine Meurisse
Traducción de Lluís Maria Todó de
La légèreté (Dargaud, 2016) 
Impedimenta, 2017
135 páginas

 
Catherine Meurisse tiene otro libro traducido por Impedimenta en 2016, La comedia literaria