sábado, 4 de mayo de 2019

Rockdelux abril y mayo 2019

No he tenido mucho tiempo en los últimos meses de actualizar sobre la sección de cómic en Rockdelux. Valga este post, al menos, para dar cuenta del contenido de dicha sección (que coordino desde hace años, tantos que he perdido la cuenta) en los últimos dos meses:


Foto de KV: Alfredo Tobía.
Diseño: Gemma Alberich 
Rockdelux 382 (abril 2019)
Reseñas de:
—Guy, retrato de un bebedor, de Schrauwen, Ruppert & Mulot (Fulgencio Pimentel), por Gerardo Vilches;
Pop. ¡No me quito esa canción de la cabeza!, de Luis Bustos (¡Caramba!), por JuanP Holguera;
En un rayo de sol, de Tillie Walden (La Cúpula), por Elizabeth Casillas;
Puerto Langosta, de Edo Brenes (Reservoir Books), por Regina López Muñoz;
Archivos có(s)micos, de Flavita Banana (¡Caramba!), por Isabel Guerrero;
Negalyod, de Vincent Perriot (Norma), por Kike Infame.

Columna de Daniel Ausente titulada «Arde, tebeo, arde», donde relaciona el Frankenstein (1940-1954) de Dick Briefer (Diábolo) con el libro de David Hajdu La plaga de los cómics (Es Pop), un ensayo dedicado a las campañas públicas contra los comic books norteamericanos que condujeron a la implantación del Comics Code de autocensura. 

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Diseño: Gemma Alberich
Rockdelux 383 (mayo 2019)
Reseñas de:
Peter Hipnos, de Josep Maria Beà (Trilita), reseñado por Daniel Ausente;
La noche polar, de Marcos Prior (Astiberri), por Raúl Minchinela;
¿Arte? ¿Por qué?, de Eleanor Davis (Barrett), por Elizabeth Casillas; 
Manicomio. Una historia real, de Montse Batalla y Xevidom (La Cúpula), por Daniel Ausente;
California Rocket Fuel, de Lorenzo Montatore (Sugoi), por Gerardo Vilches;
Doble reseña de Solid State (Jonathan Coulton, Matt Fraction y Albert Monteys) y Blackhand Ironhead (David López), por Alex Serrano.

Columna de Ricard Martin sobre el paso de Daniel Clowes por el renovado Comic Barcelona, que incluye declaraciones jugosas del historietista estadounidense.

Entrevista de una página al belga Olivier Schrauwen, uno de los autores más importantes que ha dado el cómic internacional en esta década; una conversación que servidor tuvo el gusto de mantener en el pasado festival GRAF de Barcelona. 

Y esto es todo de momen. Hasta el próximo Rockdelux

futuros presentes


Desde sus futuros imaginados, la ciencia ficción suele hablar de los miedos del presente, y el cómic de Ana Galvañ Pulse Enter para continuar (Apa-Apa, 2018) no es una excepción. Es sintomático que, en particular desde Blade Runner (1982) y el cyberpunk literario de los ochenta, la ciencia ficción tienda a situarse en futuros «sucios» y plausibles alejados de las viejas utopías de tecnología aséptica. O que bastantes ideas de la anticipación cyberpunk se hayan hecho realidad en estas tres décadas: el «ciberespacio», las megaurbes multiculturales, los problemas ambientales de la nueva era geológica que, tras el Holoceno, algunos científicos denominan ya Antropoceno, con la humanidad como principal agente de cambio medioambiental global.[i] Resulta igualmente significativo que una de las historias «futuristas» de Pulse Enter para continuar sea básicamente una representación extrañada, entre Ballard y el absurdismo surrealista, de las humillantes entrevistas de trabajo que ya tienen lugar en el presente neoliberal. Como señaló Fredric Jameson, nos resulta más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo.[ii]

No es fácil rastrear la obra previa de Ana Galvañ debido a su dispersión en formatos y medios, acaso signo de nuestros tiempos; al menos para artistas que, como ella, se mueven en la escena independiente. Fanzines, antologías, prensa, internet. Ilustradora e historietista, Galvañ (Murcia, 1975) comenzó su carrera en el cómic hace una década, con predilección por la tradición surrealista y títulos destacados como Podría ser peor (Ultrarradio, 2012), Trabajo de clase (Apa-Apa, 2014), Más allá del arco iris (autoeditado, 2015) o Luz verdadera (Fosfatina, 2016). También ha coordinado la web Tik Tok Cómics para historietistas emergentes, de la que han salido obras colectivas como Teen Wolf (editada en libro por Fosfatina, 2016), y ha comisariado el ciclo de exposiciones La ciudad en viñetas en CentroCentro Cibeles. Tres historias de Pulse Enter para continuar dan cuenta de esa dispersión, pues son nuevas versiones de piezas ya publicadas: en la antología Hoodoo Voodoo (Fosfatina, 2016), en Tentaciones (El País) y en kuš(nº 28) revista letona de cómic de vanguardia internacional.

Estructurado con historietas breves vinculadas por diversos elementos visuales, Pulse Enter para continuar toma su título en homenaje a la novela corta Press Enter (1984), del «archifeminista»[iii] John Varley. El gusto ochentero por la revisitación posmoderna del constructivismo ruso y las vanguardias históricas, con su «esplendor geométrico» de colores vibrantes, aporta forma a las viñetas de Galvañ, en páginas de exuberantes diseños donde círculos y triángulos fosforescentes se derraman fuera de los marcos rompiendo el ilusionismo. Es un libro-objeto muy cuidado, cuyas perspectivas isométricas y figuras icónicas sin rostro —personajes de «videojuego» que en cada prólogo inician nueva «partida» en su competición individual— crean una distancia estética que aleja la narración del naturalismo y la psicología realista.

Las paradojas espacio-temporales alimentan la historia inicial y la final; en esta última, virus informáticos usados para el ciberterrorismo (de Estado, quizá) se nutren de traumas personales y conspiranoia sobre el control de población. Porque los ordenadores no son solo máquinas calculadoras sino, escribe W.J.T. Mitchell, «nuevos organismos misteriosos, formas de vida enloquecedoramente complejas que vienen completas con parásitos, virus y una red social propia».[iv] Galvañ niega en las entrevistas que lo suyo sea ciencia ficción social, pero cuanto más lo niega más evidente resulta que lo es, aunque de manera no deliberada y, por tanto, más reveladora. «Solo quería crear situaciones asfixiantes», ha confesado la autora, «y para ello he echado mano de la idea del entorno opresivo y los sistemas abusivos que suelen dominar al ser humano».[v] Así, su historia «Scandal, la muñeca humana» [imagen de arriba] parece una alegoría satírica sobre la cosificación sexual de la mujer que, en un doble salto mortal, como el del trapecista de la historieta, aliena también al hombre.

En Pulse Enter para continuar predomina la distopía, pero es una que, como en los paisajes tecnocapitalistas de Ballard, se parece demasiado al presente. Como indica Manuel Arias, en nuestra fascinación por la distopía late la preocupación escatológica de la psique humana por el fin de la humanidad; acaso la prevalencia hoy de la distopía sobre la utopía se explica porque «vivimos después de la utopía. Es decir, tras el fracaso de las utopías de la modernidad».[vi] En efecto, nos hallamos lejos de las ingenuas utopías de progreso que abundaban a comienzos del siglo XX y, ya en menor medida tras dos guerras mundiales, durante la Guerra Fría. Constatado el fracaso de proyectos utópicos, totalitarios y liberales, en la imaginación actual «nos habríamos quedado sin futuro: el presente se habría convertido en una jaula asfixiante» dominada por «la frustración que produce la ausencia de alternativas plausibles al modelo liberal-capitalista» y la aparente imposibilidad de resistirnos al determinismo neoliberal y tecnológico.[vii] Es la «muerte del futuro»: de sujetos de la historia a sujetos pacientes de la misma sin capacidad para imaginar un rumbo alternativo.[viii] El mundo «feliz» de Aldous Huxley existe, y está en este.

Incluso en la «utopía» de ciencia ficción más «clásica» de Pulse Enter para continuar palpita ese sentimiento determinista tan contemporáneo. En un entorno propio del Antropoceno avanzado, donde la colonización humana parece haber conducido a un ecosistema «natural» completamente artificial, dos chicas «corps» se conocen en un campamento de verano [imagen de la izquierda]. Como dijo Donna Haraway, las fronteras entre ciencia ficción y realidad social son una ilusión óptica, y tal vez en su Manifiesto Cyborg se encuentre la clave: la unión de máquina y organismo como metáfora de un animal tecnológico en un mundo posgénero.[ix] Tras cruzar un umbral de cristal líquido y pasar un reconocimiento exhaustivo de su «espectro senoidal», las actividades de las «corps» supervisadas por monitoras consisten en contemplar «las marapendas del lago», «subirse a los quirompos» o, antes de acostarse, conectarse todas al «Dimenterión» para compartir experiencias y capacidades. Al final del verano, el intercambio de vida e identidad entre las dos protagonistas se revela como un camino sin vuelta atrás que conduce al mismo sitio.



[i] Véase Manuel Arias Maldonado, Antropoceno. La política en la era humana, Barcelona: Taurus, 2018.
[ii] Fredric Jameson, «Future City», en New Left Review 21 (mayo-junio 2003), disponible online en https://newleftreview.org/II/21/fredric-jameson-future-city
 (acceso: 23/09/2018).
[iii] Donna J. Haraway, «A Cyborg Manifesto: Science, Technology, and Socialist-Feminism in the Late Twentieth Century», en Simians, Cyborgs, and Women: The Reinvention of Nature, Nueva York: Routledge, 1991, p. 179.
[iv] W.J.T. Mitchell, What Do Pictures Want? Chicago / Londres: University of Chicago Press, 2005, p. 26.
[v] Ana Galvañ, entrevistada por Infame & Co., «Esplendor geométrico», en Z 61 (abril 2018), p. 4.
[vi] Manuel Arias Maldonado, «Utopía sin utopía», en Torre de Marfil. Revista de Libros (13/06/2018), disponible online en https://www.revistadelibros.com/blogs/torre-de-marfil/utopia-sin-utopia
 (acceso: 23/09/2018).
[vii] Íbídem.
[viii] Véase Manuel Cruz, La flecha (sin blanco) de la historia, Barcelona: Anagrama, 2017.
[ix] Donna J. Haraway, «A Cyborg Manifesto...», op. cit., pp. 149-151.
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«Pulse Enter para continuar, de Ana GalvañFuturos presentes» lo publiqué en la revista [Fuera de Margen] nº 23 (2018).

martes, 5 de febrero de 2019

2 dibujos 2

Un par de dibujos recientes que he hecho para ilustrar textos de opinión en Rockdelux. Este ilustraba un EDIT de José Manuel Caturla sobre el Record Store Day:
Este de aquí abajo ilustra un EDIT de Isabel Guerrero sobre las elecciones andaluzas de diciembre 2018, con mención especial a —sí— Vox. El texto puede leerse en el número de Rockdelux que está ahora mismo en kioscos.

lunes, 4 de febrero de 2019

tebeos imaginarios

Yo empecé mi afición por los tebeos con Spiderman. Con eso ya está dicho todo: miles de niños crecimos obsesionados con Peter Parker y su alter ego trepamuros. Lo vi por primera vez en el colegio, en clase, con 6 años; un compañero sacó un tebeo de su pupitre y a mí se me salían los ojos de las órbitas. Era un Spiderman en edición Vértice, ya en formato revista, grapado, no librito en rústica, pero aún en blanco y negro (los tebeos originales USA siempre fueron a color, como la inmensa mayoría de comic books norteamericanos); era la historia del Lagarto de los comienzos de la etapa dibujada por John Romita Sr. en la que Spiderman tenía que luchar con el brazo en cabestrillo. A mi impresionable mente infantil se le quedó grabado ese extraño superhéroe adolescente que llevaba un disfraz de supervillano y, encima, era perseguido por las autoridades. Una noche de verano, volviendo de pasear con mis padres, les pedí que me compraran un Spiderman, el único que había en el kiosco. Era este (algunas notas sobre las "diferencias" entre el tebeo americano y la edición de Vértice, en el enlace). 
Portada USA: John Romita | Portada de Ed. Vértice: Rafael López Espí
Al final de la historia, Spiderman quedaba amnésico tras un enfrentamiento con el Dr. Octopus y este aprovechaba para engañarle, haciéndole creer que era un criminal a su servicio; toma conflicto de identidades. Continuará. Durante semanas, durante meses, volví al kiosco a intentar conseguir el siguiente número, para ver cómo terminaba la historia. Recuerdo que intentaba explicarle al kiosquero cómo era el tebeo que buscaba. En vano; la distribución nacional era entonces un desastre. Los tebeos se distribuían y redistribuían en completo desorden, en particular en la periferia. El kiosquero me sacaba lo que tenía: un Drácula —no es esto, no es esto—, un Spider —ese era otro personaje, un "auténtico" villano que hacían historietistas británicos, nada que ver—, vete a saber lo que me sacó. Así que tuve que imaginarme esa continuación del episodio, un verdadero "tebeo" en mi mente infantil. Llegué incluso a empezar a dibujalo. Años después, cuando menos lo esperaba, encontré el número siguiente en casa de unos primos, en un enorme montón de tebeos, un verdadero tesoro para un niño. El número estaba muy mal impreso, con sobrecarga de tinta en muchos pliegos, pero se podía leer. Más o menos. Por supuesto, fue una decepción.

viernes, 1 de febrero de 2019

cómics en Rockdelux febrero 2019

Foto portada: Alfredo Arias; diseño de Gemma Alberich
En el Rockdelux de febrero, que llega ahora a kioscos de toda España, Yung Beef nos da la "bienvenida" en portada para un número cargado de "material". Por lo que aquí nos interesa, os resumo la sección de cómic de este mes, dos páginas:

Reseñas de:
Línea editorial (Aia), de Arnau Sanz, un cómic sobre la vocación y dudas del artista y sobre el propio cómic (el alternativo barcelonés, en concreto), reseñado por Xavi Serra;
El inmortal Hulk (1-4, Panini), de Al Ewin, Joe Bennett y otros, por Miguel Ángel Oeste, o cómo HULK APLASTAAAA se torna una fábula jungiana sobre lo buenos que (no) somos aunque creamos lo contrario con una Masa inteligente e inmortal como protagonista;
Nuevas historias del viejo Palomar (La Cúpula), de Beto Hernandez, una reedición del mediano de los Hernandez Bros. reseñada por Isabel Guerrero;
Yo, loco (Norma), segunda entrega de la "trilogía del Yo" de Antonio Altarriba y Keko, reseñado por Kike Infame;
Bárbara Maravilla (Astiberri), de Marta Alonso Berná, reseñado por Isabel Guerrero, una novela gráfica insólita, verdaderamente inclasificable;
LA MENTIRA y cómo la contamos (Astiberri), estupendo debut largo de la australiana afincada en Montreal Tommi Parrish, reseñado por Raúl Minchinela;
Poochytown (Fulgencio Pimentel), nueva entrega del Frank del gran Jim Woodring, reseñado por Isabel Cortés;

La columna "La nostalgia mató a la estrella del britpop", que firma Daniel Ausente, gira en torno a The Wicked + The Divine (Norma), de los británicos Kieron Gillen y Jamie McKelvie, pero sobre todo en torno a su serie Phonogram (Norma). 

—Entrevista a Brecht Evens, por Gerardo Vilches, que recomiendo muy fuerte por su síntesis de ideas interesantes;

—Reseña destacada del mes: la maravillosa Sabrina (Salamandra Graphic), de Nick Drnaso, que yo mismo he reseñado. Para quien suscribe, uno de los cómics del año en España (de momento, el año solo ha empezado :). Hasta el mes que viene, Rockdelux.