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lunes, 10 de septiembre de 2012

EN BUSCA DE CÓMICS MALOS

 
«La lista de cómics malos muy promocionados podría seguir y seguir. Pocas historias, incluso historias de Batman, son tan malas como La broma asesina de Alan Moore, un ejercicio vacío de crueldad que depende de la prestidigitación, del uso siempre espléndido del lenguaje de Alan y del dibujo fenomenal de Brian Bolland para evitar que el público se percate no solo de que el chiste no tiene gracia, sino de que ni siquiera había chiste. Esto no le impidió llegar a ser, junto a The Dark Knight Returns, una de las dos obras claves para prácticamente todas las interpretaciones posteriores de Batman. El Sandman de Neil Gaiman es una de las series más encumbradas en la historia de los cómics, pero sus defensores pasan convenientemente por alto los finales casi literalmente deux ex machina de muchas sagas del principio, con el héroe Morfeo apareciendo en el clímax desde el campo izquierdo para poner fin a todas las líneas argumentales con lánguido aburrimiento y un gesto de la mano. Eso no es una cualidad que uno encuentre tradicionalmente en los buenos finales, en cualquier medio. [...] Por el lado alternativo, siempre me he preguntado si los fans de la novela gráfica que nos descubrió a Craig Thompson, Adiós Chunky Rice, y que ayudó a desencadenar el interés de los editores mainstream en los cómics alternativos, no estaban al tanto de que era melaza sentimental, o si estaban dispuestos a pasarlo por alto, o si es ahí donde residía su principal atractivo. 
Cito estos cómics como malos no sólo porque todos cambiaron el curso de los cómics de alguna manera, también porque cada uno era, a su manera, bastante bueno (respecto a Sandman, se merece totalmente su reputación desde el momento en que Neil abandonó aquel molesto truco). Si esto parece una contradicción, bienvenido a los cómics. No estoy sugiriendo que no se deban leer, o disfrutar. Ni siquiera estoy sugiriendo que la maldad sea una razón especialmente buena para no leer un comic book. Hay cosas peores para un comic book que sea malo. Un problema de discutir sobre cómics malos es que, si bien hay unos cuantos tan malos como para ser memorables, hay realmente muy pocos suficientemente malos como para ser memorables. Muchos de ellos son lo suficientemente buenos como para disfrutarse momentáneamente, como comerse un Twinkie. Algunos, como los mencionados en el párrafo anterior, son lo suficientemente buenos para haber alterado la industria».
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El guionista Steven Grant, en The Hooded Utilitarian. Su lista personal de cómics malos sigue aquí

(Viñeta de The Killing Joke, 1988, de Alan Moore y Brian Bolland, color de John Higgins)

viernes, 15 de junio de 2012

ANTES DE WATCHMEN

Aunque muchos de vosotros ya lo habréis leído, no me resisto a traducir un par de cosas más de la mesa redonda con Alan Moore y Dave Gibbons que enlazaba en el post anterior. Recordemos, la charla tuvo lugar en septiembre 1986 y la publicó The Comics Journal al año siguiente:
«Moore: El guión aún no está preparado, pero el rumor es absolutamente cierto...[Watchmen] ha sido opcionado para una película, y pinta bien. Se ofreció una cantidad de dinero importante por los derechos para la pantalla. Todos sabemos que [...] se han opcionado muchas películas, y no puedo prometer que esto se haga, pero todos parecen muy impacientes con el proyecto. No es Walter Hill, y no sé donde salió esa historia de Walter Hill. Creo que se debe probablemente a que 48 horas fue dirigida por Walter Hill y producida por Larry Gordon y Joel Silver, y son Larry Gordon y Joel Silver los que quieren hacerlo. Hablé con Joel Silver en el teléfono, y me pareció un tío muy agradable. Me dijo que quiere que yo escriba el guión, a partir del próximo año tal vez, y también dijo:" ¿Puedes hacerlo viñeta a viñeta, como en el cómic?", pero no creo que sea posible porque de ahí saldría una película de mierda, realmente. Fue escrito para ser un cómic, no una película, y no son intercambiables, pero el hecho de que quiera que se haga así dice mucho para mí [...]. 
[...] Desde el público: ¿Watchmen os pertenece realmente? 
Moore: Hasta donde entiendo, cuando Watchmen esté terminado y DC no haya utilizado los personajes en un año, son nuestros. 
Gibbons: Nos pagan una cantidad sustancial de dinero... 
Moore: ...para retener los derechos. Así que básicamente no son nuestros, pero si DC está trabajando con los personajes en nuestro interés, entonces podría ser así. Por otro lado, si los personajes han sobrevivido a su tiempo de vida natural y DC no quiere hacer nada con ellos, entonces después de un año los tendremos y podremos hacer lo que queramos con ellos, con lo cual estoy muy feliz. 
Gibbons: Lo que sería horrible, y DC podría hacerlo legalmente, es poner a Rorschach en un crossover con Batman o algo así, pero tengo la suficiente fe en ellos para creer que no harían algo así. Pienso que, debido a este equipo único, no podrían conseguir a nadie para encargarles hacer Watchmen II o alguna otra cosa parecida, y ciertamente nosotros no tenemos planes para hacer Watchmen II».
Parece que la visión omnisciente del tiempo del Dr. Manhattan falló un poco ahí. 25 años después...

sábado, 9 de junio de 2012

UN PORTAL A OTRA DIMENSIÓN.

«No se nos pidió hacer nada con los superhéroes de Charlton. Pensé que estaban todos ahí, a disposición de cualquiera, y yo no había oído hablar de que se estuviera haciendo algo con ellos. Eran sólo un buen grupo de personajes, inocente, lo cual significa siempre juego limpio, de verdad, y había un universo autónomo con cuatro o cinco personajes, y pensé que estaría bien tomar eso y hacer lo que quisieras. Así que empecé a trazar algunas ideas, y en un principio era sólo una novela de misterio: "¿Quién mató al Peacemaker?", eso era todo. Enviamos todo este material a Dick Giordano y algunas cosas eran extremas. Ibamos a tratar a The Question de manera mucho más extrema de lo que había sido tratado con anterioridad. A Dick le encantó, pero sentía un afecto paternal por estos personajes de su época en la Charlton, así que en realidad no quería darle sus bebés a los carniceros y, para decir la verdad, eso es lo que habría sido. Él dijo: "¿Puedes cambiar a los personajes e inventar otros nuevos?" Al principio no estaba seguro de que funcionaría, pero cuando Dave y yo nos juntamos y empezamos a planear las cosas, todo encajó en su lugar y funcionaba bien. Estoy mucho más contento ahora de haberlo hecho con personajes originales. Ha funcionado mucho mejor de lo que habría sido si hubiésemos utilizado al Capitán Atom, Blue Beetle y todos los demás, y estoy contento con eso. Dave y yo queríamos hacer algo juntos desde hace mucho tiempo, así que cuando esto salió dije que estaría encantado de trabajar con Dave y Dave dijo que estaría encantado de trabajar conmigo, y eso fue todo».
The Comics Journal ha subido a su web la charla que mantuvieron Neil Gaiman, Alan Moore y Dave Gibbons en septiembre de 1986 durante una convención de cómics en Londres, publicada en The Comics Journal nº 116 (julio 1987). Me llama la atención el concepto de personajes "originales" de Moore, muy revelador de la mayor parte de su carrera: un escritor "posmoderno" de manual, en el sentido de que ha trabajado a partir de personajes clásicos creados por otros, revisándolos, reinterpretándolos y descubriendo la "verdad oculta" en ellos mediante infinitos juegos de alusiones y citas intertextuales: Marvelmal/Miracleman, Alec Holland-Swamp Thing, los personajes de Charlton Comics en WATCHMEN, Doc Savage en TOM STRONG, Wonder Woman en PROMETHEA, los Caballeros Extraordinarios de la novela fantástica victoriana, la Alicia del País de las maravillas, Dorothy de El mago de Oz y Wendy de Peter Pan en LOST GIRLS, etcétera.

Dejando aparte eso ahora, hay que tener en cuenta el valor de esta charla como documento histórico puesto que en septiembre de 1986 Moore y Gibbons aún no habían terminado de realizar WATCHMEN sino que estaban, aproximadamente, en mitad de la faena. La primera edición de la obra se publicó precisamente entre septiembre de 1986 y octubre de 1987. En la charla queda claro el proceso orgánico e improvisado de creación de WATCHMEN, para nada ese "plan maestro trazado meticulosamente desde el principio" como algunos aficionados han contado míticamente (por ejemplo, Moore explica cuándo se le ocurrió introducir las citas al final de cada episodio, que en los tres primeros no aparecen). Traduzco algo más, esta vez de las respuestas de Dave Gibbons:
«Me acuerdo de las portadas en particular. Le dimos muchas vueltas a lo que iría en ellas, y sabíamos que, fuera lo que fuese, no iban a ser escenas de lucha ni figuras completas de superhéroes. Después de dibujar el primer número pensé, "tal vez podríamos sacar al smiley en la portada", y al dibujarla y tener inmediatamente una buena idea de por dónde iba la serie, se me vinieron a la cabeza otros seis diseños de portadas. Creo que lo que se envió a DC no fue "aquí está este smiley, la portada del primer número," sino seis o siete portadas, todas trabajadas un poco como diseño gráfico, eso es lo que realmente se vendía en ellas. Posteriormente fue idea de Alan llevarla un poco más lejos y hacer de cada portada la primera viñeta de la historia, y eso es una idea muy fuerte también. La forma en que lo racionalizamos es que se trata de un cruce de caminos. La portada de Watchmen está en el mundo real y se ve muy real, pero empieza a convertirse en un comic book, un portal a otra dimensión. Ese es el tipo de cosas que pensamos mientras lo estamos haciendo».
Más en el enlace.



sábado, 19 de mayo de 2012

LA HISTORIA INTERMINABLE (2)

(sigue de la primera parte) 


En realidad, la experiencia gnóstica reveladora de la "auténtica naturaleza del mundo" no es el único elemento autobiográfico de Grant Morrison en FLEX MENTALLO (1996, DC-Vertigo; ahora recuperado en una nueva edición de 2012). Hay bastantes más, tal como él mismo ha confesado: se trata de una obra basada en parte en su vida, la real y la imaginada, una especie de «memoria de un "Grant Morrison de Tierra-2"», como la describe en su libro Supergods (2011, Spiegel & Grau). ¿Alguien decía que estaba cansado de novelas gráficas autobiográficas, de esos "cómics de la experiencia" donde el autor nos cuenta su vida? Bueno, hay quien también lo hace en el comic book de superhéroes, tradición en la que se inscribe orgullosamente este FLEX MENTALLO, un trabajo a medio camino entre el homenaje a la industria de enmascarados y la versión íntima y personal del producto de esa industria. La versión de un autor que está evidentemente fascinado por aquellos tebeos y quiere revisitarlos para bucear en el magma superheroico que alimentó su infancia y adolescencia, buscando en sus viñetas, en la iconografía y clichés del género, las claves ocultas de su propia vida, de su imaginación y, por qué no –hablamos de Morrison al fin y al cabo–, de la naturaleza del universo.

El argumento de este tebeo, resumiendo con cuatro brochazos, recorre las aventuras de Flex Mentallo a través de una ciudad nocturna construida en lo que parecen ser «los escombros de recuerdos medio olvidados del comic book» mientras busca a un compañero perdido, The Fact, reaparecido ahora. En esa búsqueda se enfrenta a una célula terrorista inusual, Faculty X (Morrison elige el término acuñado por Colin Wilson, facultad X, para referirse al potencial oculto de la mente humana), que va por la ciudad poniendo bombas de cartoon que no explotan porque su misión es otra, sembrar la confusión: son bombas «no para destruir objetos sino certezas». The Fact es un superhéroe que, como el propio Mentallo, había salido de las viñetas de un cómic infantil para hacerse real, un cómic casero dibujado de niño por el verdadero héroe de la historia, Wally Sage, el "auténtico creador" por tanto de Flex Mentallo. Sage es, naturalmente, un sosias de Grant Morrison, que de adulto se ha convertido –en las paginas de este tebeo, quiero decir– en una estrella del rock y ahora está intentando suicidarse con una sobredosis de paracetamol, o eso cree él, mientras va contando todo lo que sabe a una línea telefónica de samaritanos, o eso cree él de nuevo. Las aventuras de Mentallo, de hecho, pueden interpretarse como las alucinaciones que tiene Sage durante su supuesta agonía, esto es, Sage como narrador-demiurgo dentro de la narración, y Morrison como supranarrador del narrador en un juego metatextual de muñecas rusas que, como en las tierras infinitas de DC (o del universo según Morrison), podríamos entender interminable. Si el mundo de ficción del cómic es real dentro de sus páginas, el mundo en el que habitamos nosotros puede ser también el producto de ficción de un supramundo invisible, etcétera.


Es curioso porque a mí el aspecto de Wallace Sage me recuerda poderosamente a Neil Gaiman, con esas greñas morenas y esa pinta de rockero ochentero, pero el caso es que Morrison le da al personaje recuerdos de su propia infancia, e incluso su apartamento está basado en el de Morrison, incluyendo su gato, sus tebeos, su parafernalia sobre aliens y ovnis, la novia que va a visitarle y sus propias «noches visionarias de blitzkrieg al rojo vivo» (cito de nuevo a Morrison en Supergods). Como el niño Wally Sage en FLEX MENTALLO, Morrison tuvo que internarse en un hospital para una operación infantil, su tía le llevó tebeos para leer y tras la operación pasó una interminable noche febril en la que una lámpara verde del techo del hospital le parecía una "inteligencia alienígena que le observaba" mientras conducía un "experimento" con él de protagonista. Como al niño Wally Sage, también a Morrison le encantaba de chaval colocarse entre dos espejos para ver su reflejo multiplicado en él, como si habitara infinitos mundos paralelos con múltiples versiones de sí mismo:


«Nadie va a encontrarme. Sé que tienes buenas intenciones pero no quiero ser encontrado. No importa si muero aquí... bien, seguiré viviendo en algún otro lugar. Mundos paralelos sin fin. Versiones infinitas de mí. En algún lugar, no soy un cantante, soy un ejecutivo de oficina o el padre de una niña pequeña, o un dibujante de cómic, dibujando esta historia. Puedo verme en todas las épocas y lugares» (FLEX MENTALLO, capítulo segundo, página de arriba). Incluso el callejón por el que se arrastra Sage durante gran parte de la historia, atiborrado de LSD y paracetamol (o pastillas M&M's, quién sabe), está basado en un callejón similar de Glasgow, la ciudad escocesa de Morrison y del dibujante Frank Quitely. Teniendo en cuenta el grado de permeabilidad que para Morrison existe entre la realidad y la ficción, los mundos de Sage (sus recuerdos, su realidad, sus visiones psicodélicas) y Flex Mentallo están condenados a entrecruzarse en la historia de manera cada vez más desconcertante, tal vez porque Sage/Morrison se ha introducido mediante un "traje de ficción" –el término es nuevamente morrisoniano– en el universo de papel y tinta de Mentallo para poder cobrar vida y actuar en él.

Pero hay aún otro plano de la historia, un universo platónico de superhéroes (un multiverso o "poliverso", como se le llama aquí) que ha sido devorado por una entidad cósmica llamada The Absolute. Para sobrevivir a semejante armagedón, un grupo de superhéroes supervivientes llamado La Liga de Legiones idearon un plan desesperado, como se revela en el último capítulo: crear un nuevo universo al que poder escapar huyendo de esa Nada cósmica que lo devoraba todo a su paso. El nuevo universo creado por los superhéroes es de ficción –porque ellos eran reales–,  y se trata efectivamente de nuestro propio universo.


«No es la muerte, es algo nuevo. No es la muerte. Preparaos para convertiros en ficción», dice Lord Limbo, el líder de la Legión de Legiones, durante el tránsito desde su universo real al nuestro de ficción (página de arriba, capítulo cuarto de FLEX MENTALLO). De este modo, las historias de superhéroes que los humanos contamos en los tebeos –que llevamos contando desde 1938, cuando apareció Superman y todos sus derivados– son simplemente, según Morrison, «recuerdos de raza de nuestros propios orígenes en aquel mundo perdido». Sombras deformadas que contemplamos encerrados en la cueva platónica de las viñetas del comic book, sombras de algo que fue real en algún otro lugar y momento: los superdioses que nos crearon. Que en el universo morrisoniano, por supuesto, visten capas y mallas de colores.


«Es su mundo el que es real, no éste. Todo nuestro universo es una burbuja dentro de esta... entidad llamada 'The Absolute'... sí... Ellos evitaron la muerte de su realidad convirtiéndose en ficción en el nuestro. [...] Hacemos los cómics porque sabíamos. De algún modo, sabíamos algo que se había perdido e intentamos rellenar el hueco con historias sobre dioses y superhéroes... Pero ellos volvieron para salvar el mundo. Me lo dijeron. Ellos nos crearon pero algo salió mal. [...] Como en los cómics. Los cómics son solamente intentos burdos de recordar la verdad sobre la realidad...» (FLEX MENTALLO, capítulo cuarto, viñetas de arriba y abajo).


Desde cierto punto de vista, Morrison está aludiendo a una conocida estrategia narrativa posmoderna a la que el filósofo Slavoj Žižek se refiere incluso con la misma expresión, "rellenar los huecos". Es decir, "contarlo todo" allí donde el relato clásico (en el caso de Morrison, los tebeos de superhéroe que leyó en su infancia) no lo hacía. En el libro Super Heroes. A Modern Mythology (1992, University Press of Mississippi), Richard Reynolds define el tiempo de los superhéroes, la continuidad, y la clasifica en tres tipos: continuidad serial (el mismo tipo de continuidad de los folletines televisivos, que necesita ser consistente con los episodios anteriores y mantener la coherencia con lo que se narró previamente), jerárquica (simplificando, esta continuidad consistiría en las jerarquías de poder que se van estableciendo entre los superhéroes/supervillanos en función de las batallas que han ganado o perdido en los episodios anteriores) y el tipo de continuidad que nos interesa ahora, la estructural. Reynolds afirma:
«La continuidad serial, que es diacrónica (se desarrolla a lo largo del tiempo), y la continuidad jerárquica, que es sincrónica (el estado de los asuntos es un momento dado), se combinan para producir la continuidad estructural, que es, en resumen, todo el contenido de los universos DC o Marvel. Sin embargo, la continuidad estructural incluye algo más que la suma total de todas las historias y las interacciones canónicas entre superhéroes, villanos y los personajes secundarios. La continuidad estructural también incluye aquellos elementos del mundo real que se contienen dentro del universo ficticio de los superhéroes, y (para los verdaderamente entregados) las acciones que no aparecen en ningún texto específico, pero que son implicadas inevitablemente por la continuidad. […] Si los superhéroes van a ser reclamados para considerarse los portadores de una “mitología moderna”, comparable en algunos sentidos a los panteones de la mitología griega, nórdica o de los nativos americanos, entonces esta continuidad extra-textual es una clave esencial para el modo en que la mitología de los comic books se articula en la mente del lector. El fan ideal es capaz de prever un metatexto ideal de DC o Marvel: una suma de todos los textos existentes más todos los huecos que esos textos han dejado sin especificar» (las cursivas son mías).
Tal vez la principal originalidad de la revisión posmoderna de Morrison en FLEX MENTALLO está en ir más allá de los detalles, que es un poco el nivel en el que se quedaron guionistas como Kurt Busiek, obsesionados con "revelar" qué pasó entre determinados episodios o incluso escenas concretas de lo "ya dicho" en los tebeos de superhéroes clásicos: Spiderman, Vengadores, etc., en definitiva, "rellenar los huecos" a un nivel literal (el nombre de aquella colección de Spiderman ambientada en la época "clásica" del personaje escrita por Busiek era bien elocuente, LAS HISTORIAS JAMÁS CONTADAS DE SPIDERMAN, serie que por cierto es casi coetánea de FLEX MENTALLO, septiembre 1995-octubre 1997). Morrison prefiere "rellenar los huecos" de la continuidad clásica a un nivel más global, trascendiendo los detalles concretos –incluso los superhéroes existentes; él prefiere inventar sus propias versiones, ecos personales de los superhéroes clásicos: Lord Limbo y la Legión de Legiones, el propio Flex Mentallo, etc.– y preguntarse qué son los universos ficticios del comic book de superhéroes desde un punto de vista estructural, de qué está hecha esa continuidad y cómo se relaciona con nuestro mundo. 


La respuesta que nos ofrece en FLEX MENTALLO ya se ha dicho arriba, y es justo eso lo que significa para Morrison hacer superhéroes «realistas». Los superhéroes eran reales en su propio universo hasta que vinieron al nuestro, que es el ficticio, convirtiéndose desde entonces en el espíritu heroico que llevamos dentro, sublimándose en arquetipos del inconsciente colectivo y empujándonos –igual que hace Lord Limbo con el álter ego de Morrison en FLEX MENTALLO– a "recordar" la verdad olvidada para así volverles reales de nuevo en nuestro propio universo (lo que "salió mal" en el tránsito desde su mundo al nuestro es que quedaron atrapados en el nivel cuántico de nuestra realidad). Es así como Lord Limbo le muestra finalmente a Wallace Sage el "sitio de donde proceden las ideas", el lugar secreto donde le cogía de la mano cuando era un niño, y le impulsa a recordar la palabra mágica que dispara el "dispositivo hipnótico" que traerá finalmente de vuelta a los superhéroes (de nuevo, el poder mágico de las palabras en el que creen magos del caos como Morrison o Alan Moore). Llevando más lejos la idea al final de la obra, resulta que en el nivel de las partículas elementales cuánticas (la "cuantaesfera") estaríamos hechos no de polvo de estrellas, sino de "polvo de superhéroes": ellos, los superdioses, habitan en nosotros. O más exactamente, constituyen la materia misma de lo que somos.

«En Flex Mentallo quería responder la pregunta que siempre le hacen a los escritores: '¿De dónde sacas tus ideas?'», escribe Morrison en Supergods. «A mí siempre me había parecido obvio: miro dentro de mi cabeza y ahí están. Flex era un intento de exponer ese proceso en la página. Ésta era mi oportunidad de mostrar qué quería decir cuando hablaba de superhéroes realistas».  FLEX MENTALLO «mostraba también la influencia de mis experiencias ocultistas, e intentaba resolverlas en el contexto de la ficción de superhéroes, usando los símbolos, arquetipos y personajes que habían formado mi imaginación para construir una especia de alternativa superheroica a la religión». Si nos atenemos a las declaraciones de Morrison (y confieso que en ocasiones me parece un farsante que se lo ha inventado todo para construir su "personaje" de guionista, en una aplicación práctica de los postulados de la magia del caos: puedes ser aquello que desees ser, basta imaginarlo y llevarlo a la realidad, toda nuestra realidad procede de ideas previas, etc.), su creencia en que los superhéroes del universo bidimensional de papel y tinta se volverán reales no es metafórica sino literal. En 2004 declaraba a la revista Arthur:
«Me imaginé incluso que dentro de 50 años probablemente tendremos unos cuantos superhumanos en el planeta. Hay algo en la idea del superhombre que está empujando  cada vez más cerca de la realidad, hacia la vida real del mundo cotidiano material que podemos tocar. Los superpersonajes comenzaron en los pulps y luego se abrieron camino a través de los tebeos, y siguieron moviéndose hacia más y más medios de comunicación. Ahora están en todas partes, y se han convertido en moneda común de la cultura. Yo dije tiempo atrás, casi bromeando, que pensaba que la supergente realmente estaba tratando muy en serio de abrirse camino fuera de la piel de la segunda dimensión para entrar aquí. Quieren estar aquí con nosotros. Están colonizando las mentes de la gente, y ahora están colonizando el cine, así que el siguiente paso consiste en trepar fuera de la pantalla hacia la calle. Creo que lo que estamos empezando a ver, con cosas como este chico raro [un niño alemán superfuerte], y los experimentos que se están llevando a cabo con animales, los experimentos con cyborgs y la manipulación genética que hoy es posible, es que muy pronto va a haber superpersonas. Podrás seleccionarlos: "Quiero que mi hijo tenga poderes eléctricos." Ese tipo de cosas».
Acudiendo de nuevo a Supergods, Morrison confiesa que FLEX MENTALLO, como LOS INVISIBLES, fue un producto directo de su experiencia gnóstica de Katmandú, experiencia que relata con bastante detalle en el libro: su visión de la verdadera dimensión (dimensiones) del universo y de la simultaneidad del tiempo, los "ángeles de cromo" que se la mostraron y su capacidad para ver el mundo desde una perspectiva bien diferente («pronto descubrí que había sido enviado de vuelta a la Tierra con mi propio superpoder. Ahora era capaz de "ver" en una perspectiva de 5 dimensiones», una en la que cada objeto se proyecta hacia sus orígenes remotos, etc.). Después de su experiencia, escribe Morrison, «me sentí estrellado contra el repentino peso de mi carne sobre la cama, el chirrido de la respiración dando vueltas como sonidos que retornaban, y la habitación como un rompecabezas que apareciera de la nada, como un kit ensamblado por mis ojos abiertos. El sentido de pérdida, la caída del cielo, fue desgarradora, pero también era mi historia de origen... mi iniciación personal en el cuerpo cósmico, el ejército de luz».

Portada del número 4 de FLEX MENTALLO (1996), por Frank Quitely
Como el mismo Morrison escribe algo más adelante en Supergods, lo que le sucedió se podía interpretar de diversas formas. Se podía leer como una historia más de "viaje" sin relevancia para el mundo real; ciertos ocultistas reconocerían el conocimiento del ángel de la guarda sagrado; también encajaba en los episodios relatados de abducción por aliens, contacto de ángeles o epilepsia del lóbulo temporal. «Ninguna de esas "explicaciones" para lo que vi, procediendo como procecen de un universo plano de baja resolución, podrían hacer justicia de verdad a mi experiencia. Allá donde hay dimensiones superiores implicadas, es aconsejable recordar la historia del hombre ciego y el elefante y asumir que todos los intentos de encajar [lo de] Katmandú en términos de 3-D son en cierto modos absolutamente ciertos. Pero si te resulta más fácil manejarlo así, no dudes en asumir que todo fueron alucinaciones mías y que me volví completa, gloriosa y muy lucrativamente loco».

Un par de páginas antes ha escrito: «Al día siguiente, [mi amigo] Ulrich y yo volamos a casa vía Frankfurt, donde me encerré en una habitación del hotel del aeropuerto para rellenar docenas de página de diario con mis intentos de describir lo que me había sucedido en Nepal. Aunque no sirviera para otra cosa, me había proporcionado suficientes ideas para tebeos como para mantenerme trabajando durante los siguientes cincuenta años».

No dudo de que el viaje de Morrison, fuese real, imaginado, soñado o psicodélico, le proporcionó nuevas ideas para sus tebeos desde entonces, sólo basta leerlos. Lo que sí me parece cierto sin ningún género de dudas es que "el sitio de donde saca las ideas", sus principales ideas como guionista, no está en Katmandú. Los conceptos básicos de sus historias, desarrollados ya desde su etapa en ANIMAL MAN y por supuesto en este FLEX MENTALLO, LOS INVISIBLES y todo lo que vino después, salieron de los propios comic books de superhéroes. Concretamente, de tebeos de la Edad de Oro, de Plata y Bronce, como veremos en la siguiente parte de esta historia interminable.

(continuará)

domingo, 11 de marzo de 2012

REMEMBERING MOEBIUS

«Éste era el dibujo de la portada del primer Métal Hurlant que vi. Yo tenía –¿qué?– 14 años y estaba en París en un intercambio francés con mi clase, y esta espléndida revista llena de cómics abrió mi mente a lo que los cómics podían ser, y en particular al arte de Jean Giraud, alias Moebius, que había dibujado aproximadamente la mitad de la revista de una forma que parecía a la vez familiar y extraña por completo, haciéndolo muy poderoso y perfecto. Dibujaba historias diferentes en diferentes estilos, y lo único que parecían tener en común es que eran hermosas. Compré una copia. Sólo podía permitirme un número de la revista, pero era suficiente.

En realidad no podía entender de qué iban las historias de Moebius, pero pensé que era porque mi francés no estaba a la altura (sí pude entender la esencia de la historia de Den de Richard Corben, que me encantó también, y no sólo por los desnudos, pero las historias de Moebius eran, obviamente, mucho más profundas).

Leí la revista una y otra vez y envidiaba a los franceses porque tenían todo lo que yo soñaba en los cómics... bellamente dibujados, cómics visionarios y literarios, para adultos. Sólo deseaba que mi francés fuese mejor, para poder entender las historias (que yo sabía que serían increíbles).

Yo quería hacer cómics como ésos cuando creciera.

Finalmente leí las historias de Moebius en ese Métal Hurlant cuanto estaba en mis veintitantos, en una edición traducida, y descubrí que las historias no eran realmente brillantes. Más bien eran como una corriente de conciencia gráfica con el absurdo de Ionesco. La profundidad literaria y la brillantez de las historias habían estado en mi cabeza. No importaba. El daño estaba hecho desde mucho antes.

Estuve con Jean Giraud en un par de ocasiones a lo largo de los años. Era encantador y tierno y realmente ... No sé. Espiritual no es una palabra que use mucho, sobre todo porque hoy día parece usarse tan mal, pero me gustaría aplicarla a él. Él me gustaba muchísimo, y me sentía humilde junto a él. Y en mis 20 y 30 años yo no era muy humilde que digamos.

(Moebius se pronuncia al modo francés, como una palabra de cuatro sílabas. Mo-e-bi-us)».

De todas las dedicatorias o textos en memoria de Moebius que he leído desde ayer, éste de Neil Gaiman es uno de los que más me han conmovido por su evidente sinceridad y sentimiento. El texto continúa, sólo he traducido la mitad. En Neil Gaiman's Journal

viernes, 24 de septiembre de 2010

SACANDO LOS COLORES

Horroroso y PRETENCIOSO el nuevo color para la edición Absolute de SANDMAN. La editorial, DC, tiene que hacer caja con la nueva edición, luego tiene que ofrecer en ella algo nuevo a los compradores. En este caso un color de ordenador que no sólo no tiene nada que ver con el original (era el típico color de comic book de los ochenta-primeros noventa, colores planos de tramas mecánicas, colores expresivos, chillones y a menudo no locales ni realistas), sino que es claramente inferior como lectura de cómic, como resultado plástico, como todo. Y eso aunque lo dé (entre otros) uno de los coloristas originales, Daniel Vozzo; para él esto es trabajo, luego dinero. Hay que vivir, y así funciona la industria... ah, la "cultura popular". No, no, nada de estrategias de marketing, ¿qué dice usted? Eso queda reservado, como sabemos, a otro tipo de autores y otro tipo de cómic...

Pero ESO que veo ahí no es SANDMAN, es otra cosa. Es como recolorear viejas películas del cine, una salvajada. Hace nada la gente se tiraba de los pelos con el recoloreado por ordenador de PRÍNCIPE VALIENTE en los primeros números de la edición de Planeta DeAgostini, y con razón. Pues, en mi opinión, nada que envidiar a esta nueva atrocidad.

(vía La cárcel de papel)

viernes, 23 de octubre de 2009

NARRACIÓN NO VERBAL

"Hablas de que la literatura logra esa introspección en lo psicológico. Introspección, la capacidad de ahondar en una mente, o en un estado de ánimo. La literatura en este campo tiene también una limitación, si se quiere dar la vuelta ala tortilla: aborda lo abstracto desde lo verbal. Traduce para el lector un estado de ánimo, por ejemplo, en palabras. Lo hace concreto para que nosotros lo aprehendamos. La palabra tiene una fusión o vínculo directo entre significado y significante que, en otros modos de narrar, se diluye, y ello me parece enormemente rico e interesante.

Bien, creo para empezar que hay bastantes cómics de fuerte peso literaturizante (Moore, ejemplo recurrente) donde eso puede ser contemplado del mismo modo. Otro ejemplo, el Signal to noise de Gaiman y McKean. Obras que recurren a la palabra con la misma fe que tiene en ella el escritor de novelas. Pero por otro lado, el cómic tiene una cualidad expresiva que consigue una comunión muy interesante. Me refiero a la capacidad narrativa (no verbal) del propio dibujo. Joe Matt en Peepshow no necesita de textos para que "leamos" al personaje. El feísmo del dibujo, el trazo tembloroso, cierto horror vacui, pueden ser (son) formas de expresar la profundidad psicológica del sujeto. Y con una ventaja, pues al no ser un discurso verbalizado, al ser una manera abstracta de acercarnos al personaje, es incluso más intelectual (y emocional, e interpretativo) que si atestara de textos explicativos el tebeo.

Lo que quiero decir es que cada medio tiene sus modos y sus capacidades para llegar a donde le interese"
-Octavio B., en los comentarios

miércoles, 7 de octubre de 2009

FORMA Y FORMATO

"Es significativo que, en su reinvención formal, DC haya mirado hacia el mismo sitio hacia el que miró Ware años antes, cuando empezó a rehacer la historia del cómic: hacia los grandes suplementos dominicales, hacia el cómic anterior al triunfo del comic book.

Por supuesto, este movimiento hacia la reinvención de la forma por el formato tiene mucha relación con la revolución digital. El mp3 y las descargas de películas han revalorizado el cómic como bien de consumo (excelente objeto de regalo, si lo respetamos) y han magnificado su condición objetual, más aún que su contenido.

El efecto simbólico de este redescubrimiento de su propio físico por parte del cómic, comparable al descubrimiento de su propio cuerpo por parte de un bebé, ha sido un proceso de alejamiento del paradigma de ilusionismo (la "narración invisible") hegemónico desde los años 30. Ahora se pone de manifiesto el artificio, y ya no se trata tanto de engañar al lector como si fuera un niño, sino de seducirlo como a un adulto. Por eso, en paralelo a los formatos llamativos se ha descubierto la narración fragmentada, que rompe la continuidad eterna del cómic tradicional. Un ritmo secreto une el George Sprott de Seth y los Wednesday Comics de DC".
-Santiago García, en su blog. Sique aquí.

miércoles, 22 de julio de 2009

CURSO 1986-87

A finales de 1986 los cómics habían tomado los medios generales. Artículos en The Times o The Observer, y en publicaciones musicales y de tendencias como New Musical Express (en su número de 1 de marzo de 1986, el titular de portada era "ART! The new breed of comic book celebrities"), Jamming (incluyó un reportaje de 6 páginas sobre cómic) o i-D. En esta última, número de diciembre 1986-enero 1987, un "Especial comic book" en cuyos titulares de portada aparecían junto a Big Audio Dynamite o Neville Brothers Frank Miller, Alan Moore y Art Speigelman (sic), el triunvirato que había marcado aquel 1986 como el año en que el cómic fue tomado en serio por los medios adultos.

Recuerdo haber leído este número de i-D a principios de 1987 y haber alucinado con el trato que recibían los cómics; de hecho fue para mí la señal de alarma de que tenía que volver a leerlos (había dejado de hacerlo unos años antes, al descubrir otros intereses propios de la adolescencia, como tanta otra gente). O al menos tenía que leer aquellos nuevos tebeos. En el interior de aquel i-D, un reportaje de 11 páginas dedicado al cómic, aunque toda la gráfica del número (alucinante por cierto) y los reportajes de moda estaban inspirados en la estética y lenguaje de los tebeos, particularmente los de superhéroes. Por entonces Miller había terminado BATMAN THE DARK KNIGHT RETURNS (junto a Klaus Janson y Lynn Varley), un tebeo editado originalmente en 4 tomos formato Prestige publicados en EEUU entre febrero y junio de 1986 (abajo); el Prestige era un nuevo formato inventado por Miller para la ocasión, que combinaba las medidas de página habituales del comic book americano con la calidad de edición del álbum europeo de 48 páginas.



Spiegelman por su parte había recopilado en un solo libro la primera parte de MAUS, publicada en USA por la editorial literaria Random House (en U.K. lo sacó Penguin Books), y Moore había empezado, junto a Dave Gibbons y John Higgins, WATCHMEN, una serie limitada de 12 comic books -tebeos de grapa mensuales- cuyo primer número había salido en septiembre de 1986; la serie concluiría en octubre de 1987.

Ese año, tras la recopilación en un solo tomo de todo BATMAN DKR, que por cierto llevaba una introducción de Alan Moore (no mucho después llegaría el libro recopilatorio de WATCHMEN), el fenómeno novela gráfica terminó por explotar. Noticia en The Observer, diciembre 1987: "Frank Miller, izquierda, es el artista americano cuya "novela gráfica" vende millones". Portada del suplemento de fin de semana de The Observer, también de 1987: "Shazam! The hero breaksdown. The neurotic super-hero has arrived". El artículo estaba dedicado a BATMAN DKR y a WATCHMEN, e iba ilustrado con una viñeta de Miller y una gran foto de Moore embutido en el traje blanco que por entonces lucía en todas partes.

Los 12 tebeos mensuales de WATCHMEN (septiembre 1986-octubre 87). Abajo, portada del posterior tomo recopilatorio

También hubo programas de TV dedicados al fenómeno. Spiegelman por su parte obtuvo un éxito fulgurante de crítica y público con MAUS, y recibió un trato de artista en los medios. De repente, muchas editoriales del mercado literario se interesaron por estos nuevos cómics.
"Por la época en que Dark Knight y Maus salieron al mercado del libro, en Doubleday pensaron que los cómics iban a ser el nuevo filón, así que publicaron todos los cartoons que pudieron encontrar. Les dije que yo había hecho algunos".
(Kyle Baker)

En realidad, según lo recuerda Eddie Campbell, también las compañías de cómic estaban rebuscando en sus almacenes para recopilar "cualquier vieja cosa absurda de sus archivos de publicaciones, y convertirlas en "novelas gráficas"". "Literatura para la generación post-literaria", fue otro de los titulares sonados sobre aquel boom de la novela gráfica. "Es una época increíblemente excitante para estar en los cómics", decía Neil Gaiman en un programa de TV.

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(algunas fuentes y declaraciones de este post las he sacado del estupendo cómic de Eddie Campbell ALEC. HOW TO BE AN ARTIST (1997-2000), que entre otras cosas aborda toda la vorágine comiquera de aqueños años ochenta)