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lunes, 28 de diciembre de 2009

LA IMPORTANCIA DE LA CRÍTICA (SOBRE CÓMICS)

La reseña de Harold Bloom sobre el GÉNESIS de Crumb que he traducido parcialmente más abajo me ha parecido muy significativa por varias razones. Hace unos años, durante un Salón del Cómic de Barcelona, participé en una mesa redonda sobre la crítica de cómic en la que alguno de los participantes venía a decir que la crítica no es realmente relevante ni tiene una influencia real entre los lectores. Algunos de los participantes en la mesa, entre ellos yo, opinábamos lo contrario, y por supuesto sigo opinando lo mismo. Las razones: el crítico, el teórico, el historiador en su caso, es quien relata al mundo el devenir del medio sobre el que escribe (artes plásticas, literatura, cine, música, cómic, el que sea). Son ellos quienes seleccionan el grano de la paja -siempre por supuesto con arreglo a su criterio, por eso puede haber tantos relatos como teóricos e historiadores- y explican al mundo no especializado qué obras son importantes, qué obras merecen ser conocidas y disfrutadas con preferencia a otras, y argumenta los porqués de todo ello, o al menos debería argumentarlos. No sólo eso, es que el público no especializado busca y necesita guías para no perderse en ese mundo especializado (para eso leen suplementos y revistas culturales, igual que leen libros de historia para conocerla, o libros sobre directores de cine o pintores). El sábado pasado teníamos un ejemplo habitual por estas fechas: el Babelia de El País publicaba su lista de mejores libros del año, y otro tanto están haciendo en estos días otros suplementos culturales de la prensa, nacional e internacional. Cualquier librero te podrá contar que el impacto real que tiene esa lista del Babelia (elaborada por críticos) se mide en ventas contantes y sonantes.

Recuerdo también que en aquella mesa redonda del Saló de Barcelona puse de ejemplo precisamente a Harold Bloom como crítico con un impacto evidente en el entendimiento actual de la literatura, y en particular en la literatura inglesa (no olvidemos que el medio literario se inserta en un sistema por lenguas, pues obviamente la forma literaria se basa exclusivamente en el lenguaje, no hay imágenes como en el cómic, y esa forma pura es la escritura en la lengua en que originalmente se escribe, no en sus traducciones extranjeras). Pues bien, resulta que ahora había que reseñar el GÉNESIS de Crumb en el New York Review of Books y la reseña le toca hacerla a Bloom, experto en estudios sobre la Biblia ente muchas otras cosas. Y resulta que el ilustre y erudito Harold Bloom tiene que reseñar un cómic y no sabe bien qué decir. Por supuesto, su vasta cultura y sus décadas escribiendo artículos y reseñas le permiten analizar algunos aspectos con perspicacia y decir cosas con interés (nada más lejos de mi intención cuestionar a Bloom en general), pero al final su texto es una faena de repertorio, por usar terminología taurina, donde acude mecánicamente a sus temas y giros favoritos en vez de hablar en particular del tebeo que había venido a reseñar. Por supuesto: Bloom es un crítico LITERARIO y es evidente que no sabe cómo abordar la reseña de un CÓMIC, un medio en el que se maneja un lenguaje VISUAL que integra palabras e imágenes. En su reseña, Bloom reconoce de buen principio su ignorancia sobre Crumb -imaginémosle diciendo lo mismo en una reseña del nuevo libro de Philip Roth o de Martin Amis, ¿imposible, verdad?-, luego lanza en plan fuego graneado un puñado de referencias que no siempre tienen que ver con Crumb sino más bien con los gustos del propio Bloom (de entre todas las que cita, las que más se acercan a las auténticas influencias y referencias de Crumb es la revista MAD y, mucho más atrás, las caricaturas de Gillray), cita a Miguel Ángel y Tintoretto porque sí, porque pintaron escenas bíblicas (en realidad Crumb detesta la escuela de Miguel Ángel), se refiere a un enfoque de "realismo" respecto a las mujeres de Crumb (!!) y remata la faena aludiendo un par de veces a que esas mujeres de Crumb le parecen horribles, una observación "estética" absurda digna de un blogero aficionado hablando de sus manías (cambiemos a Crumb por otro dibujante: "Qué feas son las mujeres que dibuja Frank Quitely", ¿os suena, verdad?). Y, como en general a Bloom tampoco le gusta demasiado este Génesis, se pone finalmente a hablar de sus autores fetiche: de Shakespeare, de su fascinación por William Blake (en realidad las auténticas influencias de Crumb procedentes del arte oficial están en El Bosco, el Viejo Brueghel y Hogarth) y del JOSÉ Y SUS HERMANOS de su adorado Thomas Mann, versión libre de los últimos capítulos del Génesis sobre la que Bloom insiste un par de veces en su reseña.

En fin, a donde quiero llegar con todo esto es a destacar no sólo la importancia general de la teoría y la crítica para respaldar, divulgar y relatar un medio entre el público no especializado, sino a la importancia específica de la crítica sobre cómics puesto que se trata de hablar de, eso mismo, cómics. Me consta porque lo he oído de otros, o vivido directamente, que en algunos medios generales había un interés por publicar reseñas y artículos sobre cómic desde hace años pero no tenían a nadie que pudiera hacerlo, y realmente no empezaron a dedicarles espacio hasta que no consiguieron a colaboradores que supieran de cómics y, a ser posible, de cómo escribir sobre cómics. Cosa que Bloom, crítico literario, evidentemente no sabe. Nueva prueba de que todavía tampoco se sabe a ciencia cierta dónde colocar al cómic en las estanterías, las reales y las figuradas de la cultura oficial: las novelas gráficas, como ésta de Crumb, son libros, tienen aspecto de libro y se leen, como los libros. Pero no son iguales que los libros de literatura porque son cómics. Su lenguaje no es literario, es una original combinación de palabras e imágenes, un lenguaje visual donde el texto es dibujo y el dibujo texto, todo a la vez, y ese lenguaje específico demanda por tanto un conocimiento específico. Y es en ese terreno específico donde un crítico literario, por mucha cultura que tenga, puede perderse sin llegar a ninguna parte. Es normal por otra parte. Los que nos hemos especializado en los cómics, los que nos gusta leerlos, hacerlos o escribir sobre ellos, aún estamos dando palos de ciego para aprender a escribir decentemente sobre tebeos.

domingo, 27 de diciembre de 2009

YAVÉ CONOCE A CRUMB

"Ilustrar la Biblia hebrea ha sido una gran búsqueda para pintores, con Miguel Ángel y Tintoretto repartiéndose quizás la palma. Una caricatura o una reducción en cómic del Génesis debería ser idealmente el resultado de una fusión poco probable de Rembrandt y William Blake. Eso no es un criterio justo para invocar teniendo en cuenta el riesgo de R. Crumb con el libro del Génesis. Mirando a las mujeres y los hombres del Génesis de Crumb, recuerdo vagamente a alguien mostrándome un número de la revista Mad. Bajo mi punto de vista ignorante el trabajo de Crumb recuerda a aquella publicación pero de alguna manera también se acerca a lo que yo recuerdo como el aguerrido estilo proletario de Ben Shahn. Al menos, las caricaturas de Crumb tienen el mérito inicial de la extrañeza en su representación de los patriarcas y las matriarcas del primer libro de la Biblia hebrea.

(...) Las gentes del Génesis son realmente pintorescas, pero poderosamente feas en la visión de Crumb. No me quejo de los hombres, pero las mujeres, de Eva a Raquel, son tan terribles que me hacen infeliz. Algo apenas suficiente, incluso si se trata de defender el enfoque de Crumb como uno de sano realismo. ¿Qué respuesta se podría sugerir si un admirador de Crumb afirmó que "Así era el aspecto que realmente tenían, en aquel entonces"? No existe un "en aquel entonces". El Génesis, como el Éxodo, Números y los otros, es la narración de un cuento fabuloso, no hechos históricos. Se le puede llamar mito si se desea o aquello que se crea que siente mejor a la historia de la tribu.

(...) Quedarse con las representaciones de Crumb puede no ser delicioso, pero su posición hacia la historia es muy refrescante. Crumb está libre de devociones rancias y, muy apropiadamente, no tiene ningún uso para los sentimientos sacerdotales preservados en el Génesis. La locura moral de hacer justicia divina como excusa para el sufrimiento humano es algo ajeno a Crumb. Cualquiera que sea la inquietud estética que siento en lo que respecta a sus mujeres es más que contestada por su cautela saludable hacia Yavé, una cordura que atribuyo a su exuberancia gráfica.

(...) Crumb se refiere claramente a toda esa fe persistente en que el Génesis aún sea Palabra de Dios vinculante como parte de la locura contemporánea y su dibujo funciona como una técnica de alejamiento. Probablemente, su Génesis ilustrado me hubiera ayudado en la infancia de mi década de los 30, si hubiera estado disponible. Siendo un apasionado de Blake cuando tenía diez años, visualicé personajes bíblicos al modo de Blake, que tenía afinidades con caricaturistas paródicos del siglo XVIII, como Rowlandson y Gillray.

(...) Lamento no ser más amable con Crumb, que me ha devuelto el Génesis para meditar de nuevo sobre Yavé, que para mí es un motivo interminable para meditar como lo son Falstaff y Hamlet. Yavé sigue asegurando a los Patriarcas que desea un pacto con ellos, y ellos están dispuestos a confiar en su palabra. Él, que puede tener el récord universal y eterno de falta de credibilidad de entre todos los dioses y ejemplos de piedad. Uno desearía que Thomas Mann, y no la tradición yahvista, hubiera sido su autor principal".
Harold Bloom reseña el GÉNESIS de Crumb en The New York Review of Books (gracias por el soplo, Alvy)

domingo, 1 de noviembre de 2009

LA PALABRA Y EL DIBUJO

"La historia más grande jamás contada se ha convertido en la historia más grande jamás dibujada por mano de Robert Crumb, que ha realizado durante los últimos cinco años la que podríamos denominar “novela gráfica definitiva”, el hito final que confirma el tránsito realizado por el cómic durante la última década desde los arrabales de la cultura a sus esferas más prestigiadas.

Por supuesto que el Génesis de Robert Crumb no es la primera adaptación (parcial) de la Biblia a las viñetas. Las sagradas escrituras han sido tradicionalmente fuente de numerosas historietas didácticas infantiles y hasta se han visto convertidas en manga. Pero este libro tiene un carácter completamente distinto, en primer lugar por ser su autor quien es. Y es que Crumb no es sólo el historietista más importante de la historia; es, sencillamente, uno de los mayores artistas vivos del mundo.

(...) El Génesis puede verse, más que como una excursión inesperada, como la clave maestra para interpretar toda la obra de Crumb, que se revela a su luz como un inmenso proyecto para descifrar los mecanismos secretos de funcionamiento de la sociedad humana y de su unidad más esencial, la familia. Los comentarios sobre el texto que introduce Crumb en la parte final, donde analiza los mitos mesopotámicos que pudieron servir de material de base para las sagradas escrituras, muestran su interés por encontrar el sentido a lo que parece una caprichosa acumulación de sucesos descabellados. No es de extrañar que Crumb se sintiera atraído por un texto en gran medida velado y alegórico, informe y brutal, porque en eso se parece a las historietas que lleva realizando toda su vida.

Para Crumb, la Biblia no es la palabra de Dios, sino la palabra de los hombres, y su dibujo pone de manifiesto esa humanidad divina, ya que, por mucho que se empeñe el autor, no existe la fidelidad, sino la pretensión de fidelidad. El dibujo relee implícitamente las palabras. Decía Barthes que “El cuadro, escriba quien escriba, no existe sino en el relato que se hace de él”, y podríamos decir en este caso que el texto, dibuje quien dibuje, no existe sino en el relato gráfico que se hace de él. Igual que Pierre Menard reescribió el Quijote palabra por palabra como una obra propia, Crumb ha reescrito el Génesis dibujo por dibujo haciéndolo suyo".
Santiago García, ayer en el cultural ABCD. Texto íntegro en su blog