Ya mismo se cumplirán cuarenta años desde su publicación, y la verdad es que sigue siendo bastante impresionante. Me refiero a A VOW FROM THE GRAVE, publicada en Detective Comics #410 en abril de 1971, una historieta con guión de Dennis O' Neil y dibujos de Neal Adams (tintas de Dick Giordano). Era una historieta corta, pero es imposible escenificar un drama más intenso en las apenas 15 páginas de las que constaba. Aún sigue siendo una de las favoritas de O'Neil, y por supuesto forma parte del puñado de historias de Batman que realizó junto a Adams y que instauraron la versión más seria y "gótica" del personaje frente a la imagen camp que había difundido la serie de TV de 1966-68 (y que tenía una base en los tebeos de los primeros 60, si bien la televisiva fue una relectura intencionada y autoconsciente; hasta Warhol fue invitado a la fiesta de presentación de la serie protagonizada por Adam West). La nueva versión de Batman que ofrecieron O'Neil y Adams sería la relevante durante todos los setenta y primeros ochenta, y la que perduraría en las interpretaciones de otros autores... al menos hasta que llegó Miller en 1986 y le puso las manos encima al personaje, claro. Pero ésa es otra historia.UN JURAMENTO DESDE LA TUMBA. Batman perseguía a un asesino fugado de la cárcel, Kano Wiggins (hoy día, cuando releo la historieta, no puedo evitar un pequeño repullo al leer "Kano" y asociarlo sin querer a cierto dibujante español bien conocido), y durante la persecución se topaba con un grupo de freaks de circo que, tras quebrar éste, se habían quedado varados viviendo en un pueblo fantasma. La situación evocaba, por supuesto, a LA PARADA DE LOS MONSTRUOS (FREAKS), la película de Tod Browning de 1932. Un forzudo grandullón de más de dos metros, Goliat, una mujer gorda, Maud, un Increíble Hombre Huesudo, Charley Bones, y un niño retrasado con brazos y piernas tipo aletas de foca, Flippy. Aquí, en los freaks, es donde estaba la clave de la historia, lo que la hacía tan impresionante. Se cometía un asesinato (uno de los freaks moría), y Batman descubría en pocas páginas que, en contra de lo que parecía, no lo había matado el asesino fugado, sino uno de los propios freaks, por celos y amor. Un crimen pasional. Sí, eso también evocaba en cierto modo a los freaks de Browning, encarnados en su momento por freaks reales. ¿Por qué de repente aparecían en un tebeo de Batman de los primeros setenta freaks como los que hasta poco antes se exhibían –en el mundo real– en atracciones como el Museo Hubert's de Nueva York (que había cerrado en 1965; en él se exhibía también una mujer gorda y un chico foca)? Como suele ocurrir, las cosas no pasan por casualidad. Para averiguar las posibles razones hay que levantar un poco la vista, en este caso del tebeo, y mirar a los alrededores. De su época, claro.
(la escena cortada de FREAKS)
FREAKS, de Browning, como nos cuenta David J. Skal en su MONSTER SHOW. UNA HISTORIA CULTURAL DEL HORROR (Valdemar), había sido redescubierta y canonizada a primeros de los 60, concretamente tras su proyección en el Festival de Venecia de 1962 y su reposición en cines neoyorquinos durante esos años. La misma película que en su estreno en 1932 había sido repudiada por demasiado espantosa y de mal gusto (una leyenda cuenta que el negativo de la película fue a parar al fondo de la bahía de Nueva York), en los sesenta fue adoptada por toda una generación. Los jóvenes de la contracultura, que la veían en las sesiones de medianoche, la tomaron como seña de identidad, y lo que en los treinta era "horrible" ahora resultaba "humano" y "compasivo". Se adoptaba a los "monstruos" como parte de la familia porque no eran tales, eran como nosotros. Qué gran verdad, más profunda aún de lo que ya parece. A partir de ese reestreno, a Diane Arbus le dio por visitar el Museo Hubert's de la calle 42 de Nueva York para fotografiar a los freaks que encontró allí, y poco después por retratar a gente "normal" como si fueran freaks. Arbus pasó a la historia por eso, no por sus reportajes de moda. Por eso y por su suicidio en 1971, muy pocos meses después de que se publicara A VOW FROM THE GRAVE, por cierto.

Naturalmente, Batman no desentonaba en absoluto en medio de los freaks. No sé hasta qué punto O'Neil y Adams eran plenamente conscientes de ello, pero lo cierto es que en la última imagen de la historia lo captaron a la perfección. Sin decirlo expresamente, como debe ser. Batman, con su capa tipo Drácula y sus orejas de murciélago, pertenecía a la misma estirpe que los freaks; la única diferencia es que él llevaba disfraz, y los "fenómenos" no. En 1986, Miller lo entendió a la perfección cuando presentó en las primeras páginas de THE DARK KNIGHT RETURNS a Bruce Wayne poseído por "otro", su "alma", un "doble" que aparecía representado como un murciélago monstruoso, el que le decía en sus noches de insomnio que volviera a ponerse el disfraz y aceptara lo que era. Al freak que aparecía en ese primer capítulo, Dos Caras, le habían operado la cara para "curarle", pero aquello no tenía curación. Incluso con la cara perfecta seguía siendo un freak, lo llevaba "dentro". En la última página de aquel primer capítulo, Batman veía a Dos Caras –que ahora sólo tenía una– exactamente como lo que era. El doble monstruoso de sí mismo.
Pero eso, como he dicho antes, es otra historia.