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miércoles, 12 de octubre de 2011

EL FIN DE LA INOCENCIA

Entre septiembre de 1986 y octubre de 1987, una serie mensual de doce tebeos sacudió el mercado americano de superhéroes y luego el cómic internacional al completo. 22 años después de su publicación, las ondas de su impacto aún reverberan, amplificadas ahora hacia el público general gracias a la adaptación al cine de Zack Snyder. Hablamos por supuesto de Watchmen (Planeta DeAgostini), el cómic de Alan Moore, Dave Gibbons y John Higgins.


"WATCHMEN"
EL FIN DE LA INOCENCIA


Winston Churchill contaba en sus memorias que, desde el momento en que Estados Unidos obtuvo la bomba atómica, ni el presidente Harry Truman ni él mismo dudaron en usarla para terminar la guerra cuando antes. En esas memorias también ponderaba el enigma que rodea una decisión política. Lo explica muy bien el filósofo Slavoj Zizek: una vez que todos los analistas y expertos han dado su opinión, alguien debe asumir el difícil acto de transferir toda esa complejidad de puntos de vista a un simple SÍ o NO. Ataquemos o no. Lancemos la bomba o no. Watchmen arranca con una alusión a Truman, y no es casualidad. Si hubiera que resumir el tema principal del cómic, sería este: el significado moral de la decisión política y la Razón de Estado. O de la figura que hay tras ella: alguien con el poder y la determinación para imponer un orden de sentido en la confusa multiplicidad de la realidad.

UN NUDO GORDIANO
En 1985, el guionista Alan Moore (Northampton, 1953) y el dibujante Dave Gibbons (Londres, 1949) se labraban su carrera en DC, una de las dos grandes editoriales tradicionales del cómic estadounidense. Cuando surgió la oportunidad de colaborar juntos, quisieron imaginar cómo habría sido el mundo si los superhéroes hubiesen existido realmente. El equipo creativo se completó con el colorista John Higgins (Liverpool, 1949), cuyos violentos contrastes terminaron de dar la imagen distintiva del cómic. En el 1985 alternativo de Watchmen , los vigilantes enmascarados, muy populares en los años cuarenta, han sido ilegalizados y están siendo asesinados por una misteriosa conspiración. El Dr. Manhattan, que tampoco se llama así por casualidad, es un superhombre todopoderoso capaz de manipular la materia, la pieza clave de la superioridad estratégica americana frente a la URSS. Aunque ni él podría detener una guerra nuclear, la gran amenaza que se cierne sobre toda la historia –sobre el mundo de 1985– y constituye su nudo gordiano. Recordemos aquel nudo legendario que nadie conseguía desatar. La leyenda cuenta que Alejandro Magno, en su camino hacia la conquista de Persia, se enfrentó al problema y lo resolvió. Cortó las cuerdas con su espada.

EL GRAN HÉROE AMERICANO
Dilemas morales aparte, Watchmen es también una sátira sobre la política estadounidense de la guerra fría y, por supuesto, sobre el héroe y su versión americana del siglo XX, el superhéroe, entendido por Moore como una metáfora de las tácticas del imperialismo americano. Que Watchmen esté escrita en clave dramática en vez de cómica no le impide ser una sátira en cierto sentido clásico. Los autores han confesado que se inspiraron en una historieta clásica de Harvey Kurtzman y Wally Wood,
“Superduperman!” (1953), una parodia de Superman publicada en la revista satírica MAD, el mejor tebeo de la historia según Moore. “Queríamos girar 180 grados a ‘Superduperman’… hacerlo dramático en lugar de cómico” (Moore, 2005). La MAD de los cincuenta fue una inspiración clave para los jóvenes de la contracultura posterior, y Moore y Gibbons pertenecen en efecto a la generación que creció durante los sesenta empapándose de aquella cultura popular, oyendo a Bob Dylan o The Who e incluso (caso de Gibbons) ilustrando alguna portada para Jethro Tull.

El planteamiento inicial de Watchmen condujo así a unos vigilantes decadentes, fetichistas, neuróticos o directamente fascistas. Aquí la obra participa del proceso típicamente posmoderno de crítica y deconstrucción de la figura heroica, en este caso de su versión superheroica. El Capitán América de Watchmen –El Comediante– es un mercenario amoral que disfruta haciendo la guerra sucia para la CIA. Superman –Dr. Manhattan– es un “Dios de sí mismo” por encima del bien y del mal, un auténtico superhombre alejado de los asuntos humanos. Batman –Búho Nocturno II– es un cuarentón frustrado e impotente sexual salvo cuando se pone el disfraz. El héroe puro que lo sacrifica todo –Rorschach– es, en el contexto realista de Watchmen, un perturbado. Y el supervillano megalómano y totalitario, el héroe que “salva” al mundo. Este fin del sueño americano que encarnaron los superhéroes clásicos está representado finalmente por un vigilante retirado, Búho Nocturno I, símbolo de la Edad de Oro del comic book (los tebeos de superhéroes que surgieron en los años cuarenta tras la estela de Superman). Este antiguo héroe, un hombre bueno que creía en los viejos valores, es ahora un jubilado solitario. Acaba linchado por una pandilla juvenil.

SUPERHÉROES Y “SUPERHÉROES”
En cierto modo, Watchmen ha sido para el cómic de superhéroes lo que El Quijote fue para las novelas de caballería. No es un auténtico tebeo de enmascarados sino más bien su crítica, su sátira intertextual, pero tampoco podría existir sin esas cinco décadas previas de género. Watchmen funciona así como un palimpsesto cuyos personajes contienen múltiples ecos de los viejos superhéroes: parte de un conocimiento profundo de esa historia para homenajearla con nostalgia, y a la vez reescribirla bajo una luz racional, crepuscular y elegíaca. Y el trabajo de deconstrucción de los dos “relojeros” británicos fue tan efectivo que pusieron punto final simbólico al género. Por supuesto, desde entonces se siguen publicando tebeos de superhéroes, pero nada ha vuelto a ser igual. Revelado “el truco de magia”, los verdaderos superhéroes –Superman, Capitán América, etc.– se han convertido lentamente en fantasmas de un pasado irrecuperable, y cuando se les ha intentado aplicar un tratamiento a lo Watchmen ha sido aún peor. Llevados a un entorno político, realista y lleno de matices, lejos del universo plano y conmovedoramente ingenuo del comic book tradicional, los superhéroes clásicos no pueden existir.


LAS ARENAS DEL TIEMPO
El tiempo y su fugacidad constituye otro tema capital en Watchmen. El capítulo IV, “Watchmaker” (“Relojero”), es uno de los más poéticos de la obra y cuenta la vida entera del Dr. Manhattan evocando su especial percepción del tiempo (o del espacio-tiempo). De modo parecido al Billy Pilgrim de Matadero Cinco de Kurt Vonnegut, el Dr. Manhattan percibe simultáneamente pasado, presente y futuro. Hace poco, Iván Pintor sugería brillantemente en un artículo para La Vanguardia que el Dr. Manhattan puede verse como metáfora de la página de cómic. Es cierto. En el cómic el tiempo se expresa a través del espacio (“espacio-tiempo”) que ocupan las viñetas: cada viñeta indica un momento distinto, pero todas están en la página delante de nuestros ojos. Sólo al leer la página concretamos el momento exacto que queremos percibir. En el mismo capítulo cuarto, una viñeta recurrente muestra la caída de las piezas de un reloj. Es 1945 y el padre del Dr. Manhattan, un relojero, tira las piezas por la ventana al enterarse del lanzamiento de la bomba atómica. El viejo orden se ve roto por la relatividad de la física moderna y la liberación del átomo en Hiroshima, como “ejemplo práctico” de la muerte de Dios.

El Dr. Manhattan encarna también el deseo científico de conocer el mecanismo del Gran Reloj del universo; su monólogo interior remite a la vieja cuestión: ¿Quién hace el mundo? ¿Existe un Gran Relojero? También alude a la causalidad y el determinismo de la física de Einstein. El conflicto de esta última con la indeterminación de la mecánica cuántica es un enigma científico aún no resuelto, al menos en nuestro mundo “real”. En el mundo de ficción de Watchmen, resulta muy significativo que quien conteste finalmente a la Gran Pregunta no sea el Dr. Manhattan, el superhombre que “sabe”, que conoce la mecánica del universo, sino Rorschach, el único héroe verdadero del tebeo: “Nosotros hacemos el mundo”. Así es.

DOCE MINUTOS PARA LA MEDIANOCHE
Al final de cada capítulo, el Reloj del Juicio Final marca un minuto más hacia las doce de la noche, arrancando desde doce minutos antes, los doce capítulos. Es sólo un ejemplo de las múltiples piruetas formales de Watchmen. Y si la adaptación al cine de Zack Snyder parece muy kitsch, es porque el argumento del tebeo lo es. Lo que hace complejo al cómic no es su argumento, tópicos reciclados de la ciencia ficción de serie B y de los propios tebeos de superhéroes, sino la forma en que está contado. Así lo han reconocido los propios autores, y fue su interés por explorar recursos narrativos lo que elevó la obra a un nuevo plano. Este aparato formal, ideado mano a mano entre Moore y Gibbons –el proceso creativo se explica en el estupendo Watching the Watchmen (Norma, 2009)–, es el que aporta la densidad, las múltiples lecturas e incluso temas subyacentes como la teoría del caos. En Watchmen hay constantes juegos de diseño, barrocas contraposiciones texto-imagen, flashbacks, patrones simétricos y fractales autosimilares, estructuras dentro de estructuras, metaficción y una continua intertextualidad . El número de citas a lo largo de la obra llega a ser agotador: poemas de William Blake, frases de Nietzsche, de Jung, películas de Tarkovski (Sacrificio, por supuesto)…

El diseño del logotipo y las portadas, obra de Gibbons, es tan distintivo como el resto del aspecto visual del cómic, empezando por su hipnótico uso de la retícula fija de viñetas, otra idea del dibujante basada, como él mismo ha contado, en los tebeos de guerra de los cincuenta que realizó el gran Harvey Kurtzman. En Watchmen existe una intención clara de producir una “obra de arte total”, e incluso en sus páginas “suena” la música: canciones de Billie Holiday, John Cale o Bob Dylan. “All Along the Watchtower” en concreto inspiró una parte crucial del argumento.

UNAS MANCHAS VACÍAS Y SIN SENTIDO
Este discurso hiperformalista que pretende contener “el mundo entero” con su multiplicidad de puntos de vista y su inabarcable complejidad llega al paroxismo en el capítulo V, de diseño completamente simétrico. Pero de todos los estratos semióticos que se superponen en la obra, el gran hallazgo a nuestro juicio es la repetición de símbolos subliminales, un recurso inspirado en los cómics que William Burroughs realizó en los setenta junto al dibujante Malcolm McNeill. Así, el famoso smiley manchado de sangre con el que se abre Watchmen –símbolo del fin de la inocencia ya aludido, entre otros significados, y que fue homenajeado por Bomb The Bass en la portada de su “Beat Dis” (1987)– deviene en un patrón visual que se repite una y otra vez hasta llegar al “cráter sonriente” de Marte durante una escena clave con el Dr. Manhattan, que EXISTE realmente… pero que los autores no descubrieron hasta la mitad de la obra, en uno de los extraños casos de serendipia que han relatado.


A base de recurrencia, el smiley, las manchas de Rorschach, la silueta de los amantes volatilizados de Hiroshima, terminan cargados de resonancia. No se dice nada en concreto y a la vez se está diciendo todo. “Dime lo que ves”, le pide el psiquiatra a Rorschach durante el test de manchas que lleva su nombre. Después de mentirle varias veces, Rorschach se sincera y le contesta. La existencia es azar. No hay patrones ni significado. Sólo el que elegimos imponer.

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DEL COMIC BOOK A LA NOVELA GRÁFICA
Una vez publicada entre 1986 y1987 en doce comic books, tebeos de grapa, Watchmen fue recopilada en un libro siguiendo los pasos de otros dos hitos del cómic americano editados en 1986: Maus, de Art Spiegelman, y Batman: El regreso del Caballero Oscuro, de Frank Miller, Klaus Janson y Lynn Varley (una reconstrucción épica del superhéroe, lo contrario a Watchmen). Las tres obras despertaron una atención mediática sin precedentes e impulsaron el fenómeno actual de la novela gráfica. Además de un enorme éxito comercial sostenido desde entonces (un millón de ejemplares vendidos en 2008), Watchmen obtuvo un Premio Hugo en 1988, y es el único cómic incluido en la lista de las mejores novelas en lengua inglesa del siglo XX según la revista Time. Su influencia también se deja sentir en la atmósfera conspiranoica y los juegos de estructuras narrativas de series televisivas como Perdidos, como han reconocido expresamente sus guionistas.

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El texto anterior lo publiqué, con algún pequeño recorte, en la revista Rockdelux, en su número de abril de 2009, con ocasión del estreno de la adaptación al cine de WATCHMEN dirigida por Zack Snyder. En este artículo quise hablar del cómic, no de la película, para explicarlo a los lectores de esta revista musical, lectores que pudieran estar o no familiarizados con el tebeo de Alan Moore y Dave Gibbons (y John Higgins). Esto es lo que salió, y ahora lo he recuperado para el blog.





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Más WATCHMEN en Con C de arte:

20 años de WATCHMEN (serie de posts de 2007)
Entrevista a Dave Gibbons de Mark Salisbury

viernes, 9 de octubre de 2009

SUPERPODERES

"¿Por qué dedicas una canción a Stephen Hawking?

Es una reafirmación de mí mismo a través de él. Que alguien así pueda hacer todo lo que ha hecho y que pueda seguir trabajando la teoría unificada desde el hospital moviendo solo el párpado... Es como encerrarse en uno mismo y decir 'Estoy aquí, estoy vivo'. Es una verdadera genialidad y un monumento a la perseverancia. Pero en esta canción, y otras mías, también está el pasmo que nos dan los avances científicos a los que no somos científicos. Creo que era Arthur C. Clarke quien decía que toda ciencia suficientemente avanzada parece magia. ¡A mí me lo parece! Mucha gente dice que le hubiese gustado estudiar piano. Yo, a estas alturas, querría haber estudiado más matemáticas en vez de latín y griego".
Antonio Galvañ, Parade, entrevistado este mes en Rockdelux por Nando Cruz aprovechando la salida de su nuevo disco, LA FORTALEZA DE LA SOLEDAD. He copiado la cita porque lo de las matemáticas me tocó personalmente. A mí me hubiera gustado también estudiar muchas más matemáticas, pero lo que pasó es que sencillamente no valía para ellas. Yo de pequeño quería ser médico, es lo que decía que iba a estudiar desde los 9 o 10 años. Y eso es lo que tenía en la cabeza, estudiar medicina, cuando al iniciar mis estudios de 3º de BUP elegí ciencias puras en contra de mis apetencias naturales. A mí se me daban mucho mejor las letras que las ciencias, como había descubierto ya al final de la EGB y sobre todo en el instituto cuando las matemáticas empezaron a ponerse más serias. El salto de segundo a tercer curso de bachillerato en materia de ciencias, y particularmente en matemáticas, me pareció brutal. Me pasé dos semanas atendiendo al máximo las clases y esforzándome todo lo que podía, pero no había manera. A veces tenía la sensación de que el profesor me hablaba en un idioma alienígena. Lo peor de todo era ver que mis compañeros sí le entendían perfectamente. A las dos semanas desistí y seguí mis inclinaciones naturales: pedí el cambio por letras puras. Nada de mixtas. En cuanto "regresé a casa" me sentí fenomenal porque me encontraba en mi sitio, el de las Humanidades. Allí, entre literatura, latín, griego, filosofía y, más tarde, ya en COU, historia del arte. Todo lo cual me hace recordar la empatía, conmovedora por supuesto, que sentí cuando leí este pasaje de las memorias de Jung:

"La escuela comenzó a fastidiarme. Me ocupaba demasiado tiempo que yo hubiese empleado con gusto en dibujos de batallas y en jugar con fuegos. Las clases de religión resultaban increíblemente aburridas y por las clases de matemáticas sentía verdadero pánico. El maestro hacía suponer que el álgebra es algo por completo evidente mientras que yo ni siquiera logré saber qué son los números en sí y por sí. No eran flores, ni animales, ni fósiles, nada que sea imaginable, meramente cantidades que se representan por cifras. Para mi confusión las cantidades que se sustituyeron por letras equivalían a sonidos, de tal modo que se podía oírlas, por así decirlo. Asombrosamente mis compañeros supieron habituarse a ello y lo encontraban natural. Nadie podría decirme qué son los números y yo no podía formular la pregunta. Con asombro descubrí que nadie comprendía mis dificultades. El maestro se esforzaba cuanto podía, debo reconocerlo, para explicarme el sentido de estas maravillosas operaciones, en convertir cantidades comprensibles en sonidos. Comprendí, finalmente, que este sistema de abreviaturas resultaba adecuado para representar muchas cantidades en una forma abreviada.

Pero esto no me interesaba en absoluto. Pensaba para mis adentros que era completamente arbitrario expresar números mediante sonidos, se podría igualmente expresar a por manzano [apfelbaum, en alemán], b por peral [birnbaum, en alemán] y x por signo de interrogación. (...) Esta indignación la sentía cuando el maestro consideraba, en contra de la propia definición de paralelas, que se cortaban en el infinito. Esto se me antojaba una absurda majadería en la que yo no podía ni quería participar. Mi moral intelectual se resistía a esta frívola incongruencia que me cerraba el acceso a la comprensión de las matemáticas. (...) Durante toda mi vida me resultó un enigma por qué no logré hacerme asequibles las matemáticas, de las que nunca dudé que servían para contar".
Carl G. Jung, RECUERDOS, SUEÑOS, PENSAMIENTOS, 1961 (edición española de Seix Barral)

También a mí me resulta incomprensible, y a veces algo irritante, la aproximación que algunas personas de ciencias (algunas) hacen a las humanidades. Me resulta una forma de aproximarse muy "científica", valga la redundancia, demasiado "literal", a veces tergiversadora en su búsqueda de la comprensión "exacta" de las mismas, de la "fórmula sencilla" para analizarlas de manera que "todo cuadre", encaje en alguna "categoría". Todo eso suele ser contrario a las Humanidades y desde luego al arte y la literatura, cuyo terreno es el lenguaje poético, que es lo menos científico que se me pueda ocurrir ahora. Volviendo al principio, Antonio Galvañ dice también en la entrevista de este mes en el Rockdelux, preguntado por Nando Cruz acerca de su habilidad como compositor musical, que
"Tengo esa habilidad por la educación clásica que recibí. Si a mí me ponen mañana a arreglar un coche lo vería muy complicado, pero entendería que algún mecánico me dijera que lleva treinta años haciéndolo y que para él cambiar las bielas es una maravilla".
A los dibujantes suelen decirnos con admiración que menuda habilidad para dibujar, mientras se maravillan por la "magia" de ver brotar el dibujo del lápiz, pero yo pienso del dibujo lo mismo que dice Galvañ de sus canciones. A mí me encanta la música pero no tengo el más mínimo talento para tocarla o componerla, y mira que lo intenté a mis veinte años. Supongo que el mismo que tuve para las ciencias puras, es decir, cero. Todos tenemos un talento, o varios, unas inclinaciones naturales, una habilidad para hacer alguna cosa mejor que las otras; un "superpoder", en términos metafóricos de tebeo. Cada cual el suyo. Lo importante es saber reconocer cuál es. Y, por supuesto, no negarse a ejercitarlo.


[en el Rockdelux de octubre, como cada mes, aparece la habitual sección sobre novedades de cómic. Este mes reseñan Rubén Lardín (EL ARTE DE VOLAR, Altarriba y Kim], Enrique Vela (JULIUS KNIPL, FOTÓGRAFO INMOBILIARIO, Ben Katchor), Quim Casas (ALL STAR BATMAN Y ROBIN, Frank Miller y Jim Lee), Raúl Minchinela [EL EXTRAÑO CASO DE LA ISLA PANORAMA, Suehiro Maruo), Elisa G. McCausland (LOS INVISIBLES, ahora que se reedita desde el primer tomo, por Grant Morrison y varios dibujantes), Alberto García (la nueva edición de LA GUERRA DE LAS TRINCHERAS, Tardi; DOS VECES BREVE ESPECIAL CUADROS, varios autores] y Pablo Ríos (MY BRAIN IS HANGING UPSIDE DOWN, David Heatley)]

jueves, 24 de septiembre de 2009

LIBER NOVUS

Después de pasar 23 años depositado en la caja de seguridad de un banco suizo, ha salido a la luz un manuscrito inédito de Carl Jung, el conocido como LIBER NOVUS, libro nuevo en latín, o sencillamente como el "libro rojo" porque está encuadernado en cuero rojo. Y el aspecto de sus páginas es el siguiente (clic para ampliar):



Jung, uno de los padres fundadores de la psicología y el psicoanálisis, discípulo de Freud y más tarde rival, responsable de conceptos hoy tan conocidos como arquetipo o inconsciente colectivo y estudioso de las mitologías de diversas épocas y civilizaciones, más allá de la "verdad" de sus ideas o de la superación de sus teorías en la psicología reciente, ha sido uno de los pensadores más influyentes -de forma directa o indirecta a través de sus discípulos- en la cultura popular de los últimos cuarenta años. Especialmente a través de las estructuras argumentales presentes en los cómics de determinados autores (Moore, Miller, Jodorowsky, Morrison, etc.) y, sobre todo, en los guiones de buena parte del cine de Hollywood de las últimas tres décadas. Desde películas de George Lucas, James Cameron, Steven Spielberg o Tarantino, hasta EL REY LEÓN y MATRIX, entre muchas otras.

Pues nada, que me han gustado las ilustraciones del libro y he aprovechado para enlazar la noticia.

miércoles, 29 de abril de 2009

EL TIEMPO ES LA IGNORANCIA.

"Los ángeles no conocen el tiempo"
Emmanuel Swedenborg (1688-1772), científico, filósofo y místico sueco.

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REVELACIONES.


"Durante la conferencia que Jorge Luis Borges impartió en la Universidad de Belgrano el 16 de junio de 1978, el escritor relató someramente las visicitudes de la obra y la vida del místico sueco Emanuel Swedenborg. Así, explica cómo sucedió el cambio de perspectiva que a los 56 años lo arrebató del estudio de la ciencia y lo condujo a la teología y el esoterismo. El cambio de perspectiva supuso un cambio de estilo también, del barroquismo a una árida prosa que buscaba la exactitud de la descripción. Dichos cambios se deben a una serie de revelaciones en las que Jesucristo se presentó en la casa londinense de Swedenborg para requerir de él una misión: reconducir la religión y la interpretación de las escrituras cristianas. Con los poderes de un Fausto para visitar cielo e infierno, pero evitando el pacto diabólico, Swedenborg recibió permiso para contarle a la humanidad los secretos de la vida después de la muerte. El encuentro se produjo de la siguiente manera: Swedenborg se hallaba mirando por la ventana cuando vio llegar a un hombre por su calle hacia él llegando a sentir una empatía instantánea. Para su sorpresa, aquel hombre se dirigió a su puerta y llamó. Al abrir, Swedenborg sintió una confianza absoluta, una necesidad de entrega hacia ese individuo, que se presentó a sí mismo como Jesucristo. Tomando agradablemente un té con él, éste le reveló su preocupación por el rumbo de la Iglesia y le anunció que él era el indicado para explicar al mundo el camino correcto. Borges arguye que muchos místicos pueden pasar por locos, pero el caso de Swedenborg es especial, tanto por su enorme capacidad intelectual, como por el tremendo prestigio científico del que gozaba como por el radical viraje que supuso en su vida y obra. Destaca también como prueba de verosimilitud de estos escritos la sencilla facilidad de su prosa, enfrentada a la tradicional exaltación mística y a su misma prosa anterior, densa y abstrusa, como a la enorme originalidad de sus planteamientos, los cuales han sido fundamentales en la conformación del concepto de cielo moderno".

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BORGES Y EL MISTERIO DE SWEDENBORG.

"El hecho cardinal de su vida humana ocurrió en Londres, en una de las noches de abril de 1745. Swedenborg mismo lo ha denominado el grado discreto o grado de separación. Lo precedieron sueños, plegarias, períodos de incertidumbre y de ayuno y, lo que es harto más singular, de aplicada labor científica y filosófica. Un desconocido, que silenciosamente le había seguido por las calles de Londres, y de cuyo aspecto nada sabemos, apareció de pronto en su cuarto y le dijo que era el Señor. Directamente le encomendó la misión de revelar a los hombres, ahora sumidos en el ateísmo, en el error y en el pecado, la verdadera y perdida fe de Jesús. Le anunció que su espíritu recorrería cielos e infiernos y que podía conversar con los muertos, con los demonios y con los ángeles.

A la sazón, el elegido contaba cincuenta y siete años; durante casi treinta años más llevó una vida visionaria, que fue registrando en densos tratados de prosa clara e inequívoca. A diferencia de otros místicos, prescindió de la metáfora, de la exaltación y de la vaga y fogosa hipérbole.

(...) Al dictar estas líneas, siento que me detiene la incredulidad del lector como un alto muro de bron­ce. Dos conjeturas la hacen fuerte: La deliberada impostura de quien ha escrito esas cosas extrañas o el influjo de una demencia brusca o gradual. La pri­mera es inadmisible. Si Emanuel Swedenborg se hubiera propuesto engañar, no habría recurrido a la publicación anónima de buena parte de su obra, como lo hizo en los nueve volúmenes de su Arcana Caelestia, que renuncian a la autoridad que confiere un nombre ya ilustre. Nos consta que en el diálogo no procuraba hacer prosélitos. A la manera de Emerson y de Walt Whitman, creía que los argumentos no persuaden a nadie y que basta enunciar una verdad para que los interlocutores la acepten. Siempre rehuía la polémica. En su obra entera no se descu­brirá un solo silogismo; no hay sino tersas y tranquilas afirmaciones. Me refiero, claro está, a sus tratados místicos.

La hipótesis de la locura no es menos vana. Si el redactor del Daedalus Hiperboreus y del Prodromus Principiorum Rerum naturalium se hubiera enloque­cido, no deberíamos a su pluma tenaz la ulterior redacción de miles de metódicas páginas, que representan una labor de casi treinta años y que nada tienen que ver con el frenesí.

Consideremos ahora las coherentes y múltiples visiones, que ciertamente encierran mucho de milagroso. William White ha observado agudamente que otorgamos con docilidad nuestra fe a las visiones de los antiguos y propendemos a rechazar las de los modernos, o nos burlamos de ellas. Creemos en Ezequiel porque lo enaltece lo remoto en el tiempo y en el espacio, creemos en San Juan de la Cruz porque es parte integral de la literatura española, pero no en William Blake, discípulo rebelde de Swedenborg, ni en su aún cercano maestro.

(...) los ángeles, en cualquier sitio que estén, siempre miran de frente al Señor. En el orbe espiritual el sol es la visible imagen de Dios. El espacio y el tiempo sólo existen de manera ilusoria; si una persona piensa en otra, ya la tiene a su lado".
(Jorge Luis Borges, en su conferencia de 1978 sobre Emmanuel Swedenborg)

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"-Usted decía hace un momento que Swedenborg viajó a Londres para conocer a Newton y que le parecía raro que no hubiera logrado hacerlo. Sin embargo en esa misma ciudad, tuvo lugar su encuentro con Cristo.

-Sí. Sé que el primer encuentro con Cristo fue en Londres, y los otros también. El estuvo además en Alemania, Holanda, los Países Bajos, pero finalmente se estableció en Londres.(...) A partir de ese momento su vida cambió totalmente. Abandonó el estudio de la ciencia; por ejemplo: la anatomía, la astronomía, las matemáticas, y se dedicó a registrar minuciosamente ese mundo espiritual. El diálogo con los ángeles empezó a ser un hecho cotidiano para él.

-¿Qué impresión le dio la manera en que escribe Swedenborg?

-Bueno. Generalmente, los místicos, tienden a escribir de un modo vago; él no. La obra de él es..., yo no diré prosaica, pero sí precisa. Es un poco..., como si él hubiera ido a la China, o hubiera ido a la India y describiera lo que ha visto.

-Como un científico...

-Sí, claro. El llevó esa... casi aridez, esa sequedad, esa precisión, a sus descripciones. Generalmente cuando se habla de éxtasis, se usan metáforas del amor, o metáforas del vino, metáforas arrebatadas. Pero en el caso de él no. El no busca efectos patéticos. El describe lo que ha visto. (...) Del mismo modo, las visiones de los místicos musulmanes, de los sufíes, no concuerdan con las de los cristianos. Quiere decir que hay como fuerzas o espíritus que cada uno ve de acuerdo con sus prejuicios o conocimientos. Posiblemente esos mismos ángeles, ese mismo Cristo, que él vio de ese modo, fue visto por místicos de otra tradición de otro modo.

(...)-Una pregunta en relación al tema, pero vinculada más directamente con usted. ¿Alguna vez desde su infancia hasta hoy, usted percibió, sintió o intuyó la presencia del mundo angélico o trascendente?

-No sé si llamarlo angélico o trascendente. Pero sé que... bueno... Yo dos veces en mi vida he sentido el hecho de vivir fuera del tiempo. Eso me ha ocurrido.., una vez fue en Palermo, y otra vez fue en uno de los puentes detrás de la estación de Constitución. Y esas dos veces, me habían sucedido cosas, bueno, que me habían conmocionado durante el día.
No sé... Una mujer me había dejado... Y de golpe estaba pensando en eso, y de pronto me vi así, en tercera persona, y sentí: 'qué puede importarme lo que le pasa a Borges, si yo soy Otra cosa; lo que me ha pasado es meramente circunstancial.' Ahora, yo no sé cuánto 'tiempo' duró ese estado; pero yo me sentí, no sé si feliz, pero como... bueno, como sereno, como arrebatado así de todo. Y he tratado de decirlo, una vez en un poema y otra vez en prosa, pero no sé si he logrado comunicar esa sensación."
(Jorge Luis Borges, entrevistado en 1984 por Christian Wildner acerca del científico y visionario sueco Emmanuel Swedenborg)

EMMANUEL SWEDENBORG
Más alto que los otros, caminaba
Aquel hombre lejano entre los hombres;
Apenas si llamaba por sus nombres
Secretos a los ángeles. Miraba
Lo que no ven los otros terrenales:
La ardiente geometría, el cristalino
Laberinto de Dios y el remolino
Sórdido de los goces infernales.
Sabía que la Gloria y el Averno
En tu alma están, y sus mitologías;
Sabía, como el griego, que los días
Del tiempo son espejos del Eterno.
En árido latín fue registrando
Ultimas cosas sin por qué ni cuándo.
Jorge Luis Borges

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TIGRE, TIGRE...

"La eternidad está enamorada de las creaciones del tiempo"
William Blake (1757-1827), poeta, pintor y místico; el “discípulo rebelde” de Swedenborg, en palabras de Borges

"Tigre, tigre, que te enciendes en luz
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
pudo trazar tu aterradora simetría?"

(William Blake)

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LA MALA MEMORIA.


"–Es una mermelada muy buena –dijo la Reina.
–Bueno, de todos modos hoy no me apetece.
–Hoy no la tendrías aunque quisieras –dijo la Reina–. La regla es: mermelada ayer, mermelada mañana... pero no hoy.
–Pero de vez en cuando debe haber «mermelada hoy» –objetó Alicia.
–No; no puede ser –dijo la Reina–. La mermelada toca al otro día; como comprenderás, hoy es siempre éste.
–No os comprendo –dijo Alicia–. ¡Lo veo horriblemente confuso!
–Es lo que pasa al vivir hacia atrás –dijo la Reina con afabilidad–: siempre produce un poco de vértigo al principio...
–¡Vivir hacia atrás! –repitió Alicia con gran asombro–. ¡Jamás había oído nada semejante!
–Sin embargo, tiene una gran ventaja: la memoria funciona en las dos direcciones.
–Desde luego, la mía solo funciona en una –comentó Alicia–. No puedo recordar cosas antes de que hayan sucedido.
–Es mala memoria, la que funciona sólo hacia atrás –comentó la Reina".
--Lewis Carroll, A TRAVÉS DEL ESPEJO Y LO QUE ALICIA ENCONTRÓ ALLÍ, 1871.

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"No es posible hacerse una idea de la belleza e intensidad del sentimiento que experimentaba durante las visiones. Fueron lo más inmenso que he experimentado en mi vida. (...) Se recela de la expresión "eterno", pero yo sólo puedo describir el vivir como beatitud de un estado no temporal, en el cual presente, pasado y futuro son una misma cosa. Todo cuanto sucede en el tiempo estaba allí compendiado en una totalidad objetiva. Ya nada se encontraba separado en el tiempo ni podía medirse mediante normas temporales. El vivir podría definirse en última instancia como un estado, como un estado de ánimo, que, sin embargo, no puede imaginarse. ¿Cómo puedo imaginarme que existo a la vez anteayer, hoy y pasado mañana? Entonces algo no habría comenzado todavía, otra cosa sería de la más diáfana actualidad y nuevamente algo ya estaría terminado, y sin embargo, todo sería la misma cosa. Lo único que la percepción podría captar sería una suma, una irisada totalidad en la que estaría incluida tanto la esperanza de lo que comienza, como la sorpresa acerca de lo ya sucedido y la satisfacción o desilusión sobre el resultado de lo sucedido. Un todo indescriptible en el que se está inmerso; y, sin embargo, se percibe con objetividad completa.

(...) El mundo tridimensional en el tiempo y en el espacio me parece como un sistema de coordenadas: se separa en ordenadas y abscisas lo que "allí", en la intemporalidad e inespacialidad, puede mostrarse quizás como una prefiguración con muchas facetas, quizás como una difusa nube de conocimientos acerca de un arquetipo".
(Carl Jung, RECUERDOS, SUEÑOS, PENSAMIENTOS -1961)


EL RELOJERO.



“Billy Pilgrim ha volado fuera del tiempo. Billy se ha acostado siendo un viejo viudo y se ha despertado el día de su boda. Ha entrado por una puerta en 1955 y ha salido por ella en 1941. Ha vuelto a traspasar esa puerta y se ha encontrado en 1963. Ha visto su nacimiento y su muerte muchas veces, según dice, y viaja al azar hacia cualquier momento de su vida. Eso dice. Billy Pilgrim es un espástico en cuanto al tiempo; no puede controlar lo que va a sucederle y sus excursiones no siempre son divertidas. Vive en constante temor, según dice, pues no sabe nunca que parte de su vida le va a tocar representar al momento siguiente”.
(Kurt Vonnegut, MATADERO CINCO, 1969)

"Hasta cierto punto, es una metáfora. Pero también lo digo de forma literal... Pero, sea como sea, el acontecimiento central de mi carrera en la magia fue algo que me ocurrió hace cinco o seis años. De hecho, puedo dar la fecha exacta: fue el 7 de enero de 1994. Tuve una experiencia que podría denominarse como iluminadora o... o como quieras llamarlo de acuerdo con tu sistema de creencias. El caso es que fue muy agradable y no me dejó incapacitado ni redujo mi funcionalidad... Más bien, me suministró mucha información. Una de las cosas que me pasó es que, en un momento determinado, me sentí como si estuviera fuera del tiempo. En aquel momento, mi percepción, lo que para mí era cierto, fue que todo el tiempo ocurría en un mismo instante, y sentí que las profecías no eran sino recuerdos y que, en cierta medida, sólo existe un único instante. (...) Todos los instantes ocurren al mismo tiempo en la eternidad. En el caso de la magia, mucha gente ha apuntado hacia esto. Por ejemplo, Emmanuel Swedenborg, que era un visionario sueco que vino a Inglaterra y fundó su propia iglesia. En su libro decía que "los ángeles no saben nada del tiempo".

Pero, volviendo a mi experiencia, después recordé lo que había escrito sobre el Dr. Manhattan en Watchmen. Y me dio la impresión -aunque puede que fuera una alucinación- de que más que tener una experiencia basada en mis recuerdos de mi propio trabajo de hacía seis años, mi trabajo de hacía seis años era un "pre-eco" de dicha experiencia.

Como si estuvieras recordando la experiencia que más tarde ibas a tener...

Exacto. Sin embargo, cuando escribí lo del Dr. Manhattan todo estaba en el terreno de la teoría. Estaba jugando con el concepto poético de la causalidad en el tiempo. Pero después de tener esta experiencia, está claro que se trataba de algo más personal. Incluso aunque mi experiencia hubiera sido una alucinación, o simple locura, o lo que sea, seguía siendo una experiencia que yo había tenido a nivel sensorial. Así que tenía que interiorizarla".
(Alan Moore, entrevistado por Jaime Rodríguez en la revista U -nº18, diciembre 1999)

KUNDALINI EXPRESS.
"A principios de enero de 1994, de repente, se convirtió en un tema menos remotamente académico para mí [ríe]. Me hallé en medio de lo que parecía una experiencia mágica completa que no podía explicarme realmente.

¿Qué quieres decir?

Cuando ves que te has pasado al menos parte de una tarde hablando con una entidad que te dice que es un demonio goético específico que fue mencionado por primera vez en el Libro apócrifo de Tobid... [ríe con suavidad]. No hay muchas formas en las que puedas asumir eso. La más obvia es que tuviste algún tipo de alucinación, o que tuviste algún tipo de ruptura mental, una psicosis, algo por el estilo. Lo cual está bien, a no ser que haya otra gente contigo que haya tenido experiencias similares en el mismo momento, o algo así. Así que cuando dices, vale, esto ha sido algún tipo de experiencia real, tienes que pensar, bueno, ¿fue entonces algo puramente interno? ¿Era esto alguna parte de mí mismo a lo que he dado un nombre y rostro, o que he proyectado de alguna forma? Es posible. ¿O era lo que decía que era? ¿Era esto algún tipo de entidad totalmente externa que de hecho era lo que decía ser y que me estaba hablando? Es posible.

Intento no eliminar ninguna de las posibilidades. Lo que parece más satisfactorio es la idea de que podrían ser ambas cosas, podría estar dentro y fuera de tí. Eso no tiene ningún sentido desde una perspectiva lógica, pero es lo que más me satisface emocionalmente. Parece más cierto.

Esto son experiencias de gnosis. O las has tenido o no las has tenido. Por ejemplo, la primera experiencia que tuve... esto es muy difícil de describir, pero yo y un amigo muy cercano, nos sentimos como si nos hubiera llevado una entidad específica a la experiencia. La entidad a mí y a mi amigo nos parecía... [suspiro]... parecía este dios serpiente romano del Siglo II llamado Glycon.


Ese dios serpiente romano del Siglo II es una de las formas por las que se conoce en ocasiones este tipo de energía. Porque la serpiente es un símbolo que atraviesa casi todo sistema mágico, y cada religión. En los sistemas de yoga tienes la serpiente del Kundalini. En los mitos amazónicos de la creación en las Indias Amazónicas tienes innumerables serpientes que toman parte en la creación. Igual con la Biblia: la serpiente en el jardín del Edén. El Gusano de [inaudible]. La serpiente de Midgard enrollada tres veces en torno al mundo. Es difícil encontrar una religión que no tenga una serpiente en algún lugar.






Así que tuvimos esta experiencia. Al menos parte de ella parecía estar totalmente fuera del Tiempo. Había una percepción de que el Tiempo estaba sucediendo todo a la vez. El tiempo lineal era puramente una construcción de la mente consciente, y de hecho el Tiempo es mucho más de la forma en la que gente como Stephen Hawking parece describirlo, con el EspacioTiempo casi como una pelota enorme con el Big Bang en un lado y el Big Crunch en el otro, pero existiendo todos los momentos a la vez, en este enorme agujero en el presente. Es sólo nuestra consciencia la que se está moviendo a través de ello, de A a B a C y a D. De hecho, el alfabeto al completo está ahí, desde el principio. Así que estaba esta percepción, de que estábamos fuera del Tiempo. Desde esa perspectiva, era posible ver que todo el Tiempo estaba de hecho sucediendo a la vez.


(...) Ahora bien, lo que se supone que era este dios Glycon en el momento de su nacimiento, era la segunda venida del dios Asclepio; este es el dios de la medicina, que suele mostrarse tradicionalmente como un hombre anciano con una serpiente alrededor de su vara. Este es el origen del símbolo del cadúceo que ves en las ambulancias y los hospitales. Por eso es por lo que la serpiente se asocia con la curación, por Asclepio. Ahora, imagínate mi sorpresa cuando algunos años después de haber tenido esta experiencia preliminar, estaba leyendo "Las Cartas Completas de Philip K.Dick" [ríe entre dientes]. Esto era, lo que escribió a principios de los 70, justo antes de su experiencia VALIS, antes de que se volviera completamente loco. Habla en términos muy claros sobre cosas según suceden. Está hablando sobre cómo está obteniendo toda esta información que parece estar siendo enviando directamente a su cerebro como luz. La luz rosa. Y está hablando sobre cómo parte de ella parece tener que ver con el Sacro Imperio Romano. Parte parece tener que ver con la Roma de los siglos II y III. Parte también parece tener que ver con la percepción de que todo el tiempo está sucediendo a la vez. Y que, en sus propias palabras, el Imperio nunca terminó. Que todo el tiempo es una cosa en estado sólido que está sucediendo todo a la vez.

Y está este pequeño trozo especialmente estremecedor que leo en una de sus cartas, donde dice "He encontrado el nombre de la entidad que está contactándome. Se llama Asclepio". Pensé que esto era un poco, ya sabes, un poco preocupante [ríe a carcajadas]. Sonaba como si yo hubiera tenido una experiencia muy parecida, y parecía estar relacionada con la misma entidad. Ahora, no sé qué hacer con eso. Creo que podrías decir que... quiero decir, los magos dirían que hay una "corriente" en torno a la serpiente, una energía si lo quieres, a la que la gente podría conectarse. Y podrían entender esta energía de diversas maneras; como Asclepio, o como Glycon, o el Kundalini, o lo que sea; pero se trata esencialmente de un tipo de energía sinuoso que asociamos con la serpiente y con cierto tipo de consciencia".
(Alan Moore, entrevistado en 2003)

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"¿QUÉ DEMONIOS SABEMOS DEL TIEMPO?"

"En lo que respecta al tiempo, hay algunas buenas ideas, pero aún confusas", prosigue Carlo Rovelli. Sin embargo, junto con el matemático francés Alain Connes, ha demostrado recientemente que un flujo temporal, que no existe a nivel microscópico puede surgir de nuestra inevitable necesidad de compresión de la información a nivel macroscópico. Más precisamente, es al despreciar las diferencias de información entre los estados elementales que adquiriríamos la posibilidad de observar un parámetro "t", independiente de los mismos estados y que tiene todas las características del tiempo...

Como la entropía, el tiempo, visto con gafas informáticas, dependería entonces de las capacidades de tratamiento informático del observador y no existiría más que para "seres de nivel intermedio" como nosotros. Más que un flujo independiente que marca la sucesión de los acontecimientos, sería en definitiva la marca de nuestra incapacidad de apreciar los detalles. Es lo que resume la frase de choque del físico teórico y filósofo de la ciencia ruso Alexei Grinbaum, que ha consagrado parte de su tesis a esta cuestión: 'El tiempo es la ignorancia'".
(Extractos de "Aux limites de la matière, la realité n'est plus une certitude", artículo publicado en la revista de divulgación científica Science & Vie, nº 1057, octubre de 2005, y traducido aquí)

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"-Entonces, ¿qué demonios sabemos del tiempo?

-El tiempo... es un concepto que se utiliza en Física, pero es inquietante que se utilice de distintas maneras en distintas parcelas de la Física.

En la relatividad especial el tiempo se trata de la misma manera que el espacio, y un observador en movimiento verá como tiempo lo que nosotros vemos como espacio y viceversa, de manera que el tiempo y el espacio se mezclan en lo que llamamos "transformaciones de Lorentz". De esto trata la relatividad especial. El tiempo en esa teoría está muy relacionado con el espacio, es prácticamente intercambiable.

En mecánica cuántica, sin embargo, el tiempo recibe un tratamiento muy distinto al del espacio, es completamente diferente. Y por eso es tan difícil unificar mecánica cuántica y relatividad. (...) Sin embargo, la relatividad general, en la que se permite la curvatura del tiempo y el espacio, todavía no se ha integrado totalmente con la mecánica cuántica. Y es todo un reto.

Además de eso hay un reto distinto. El tiempo tal y como lo percibimos parece ser muy distinto al tiempo que aparece en las ecuaciones de la Física; sin duda no percibimos que tiempo sea lo mismo que espacio, de la misma manera que no percibimos las vicisitudes de la mecánica cuántica.

-¿Y qué tienen que ver esas ecuaciones o esos conceptos con nuestra conciencia?

-Es un reto enorme y a mí se me escapa, pero creo que debemos llegar a comprender más profundamente la mecánica cuántica y la conciencia antes de poder resolverlo.

(...) El tiempo no pasa, simplemente ES. Y así es como aparece en la relatividad, ¿sabes? En ella el concepto fundamental no es el tiempo, sino el espaciotiempo. Y de la misma manera que pensamos que el espacio siempre está allí, en la relatividad el tiempo y el espacio están tan estrechamente vinculados que realmente deberíamos pensar que el espaciotiempo está simplemente 'ahí'. Así que no se trata de que el futuro cobre existencia, sino que el futuro está en cierto modo 'ahí', es parte de lo que hay allí fuera. Simplemente nosotros lo vemos así... Nosotros, que lentamente avanzamos por nuestras líneas en el espacio y el tiempo, lo vemos desplegarse ante nosotros. Pero en las ecuaciones el tiempo es algo que no discurre. Simplemente está ahí".
--Frank Wilczek, Premio Nobel de Física de 2004, entrevistado en 2007 por Eduard Punset para el programa REDES, La Dos de RTVE. Video: