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lunes, 23 de marzo de 2015

el centro del cerebro


ROBERTO HERREROS: Siempre aplaudí el empeño de J por discutir cada cláusula de su contrato. Se lo tomaba muy en serio y hacía muy bien. No estaba precisamente en una organización alternativa. 
J: «Ciencia ficción» [1998] es una canción de amenaza, pero no en primera persona. Por poner una metáfora con la escena indie: es como que un día los indies seremos mogollón y a todos los horteras y los chungos os putearemos. Pero no habla solo de la escena indie, sino del bien y del mal. 
FLORENT: J es muy quijotesco. Tiene ideas muy revolucionarias, de «me pongo mi armadura en contra del mal». Lo lleva en el ADN. Para de eso puede ser la lectura de tantos cómics.  
J era muy de Marvel. Yo era más de tebeos. Las portadas de las maquetas, el nombre del EP Medusa y títulos de canciones como «El centro del cerebro» vienen de esa iconografía. El me enseñaba los cómics de donde venían esas letras: esa lucha entre el bien y el mal, el conflicto, la fuerza de los superhéroes que van a salvar el mundo, el trasfondo amoroso...  
Ese discurso estaba muy presente en las charlas que teníamos en la furgoneta: introducirte en el sistema y dar por culo todo lo que puedas. 
J: RCA era como los molinos de Don Quijote, un enemigo contra el que pelear. Pero, en realidad, es una cuestión de estructura económica mundial. Así funcionan los negocios y el capitalismo. No luchábamos contra RCA, sino contra el funcionamiento de la industria de la música. Ahora me parece un poco ingenuo, pero entonces pensaría que ese era mi enemigo real, contra quien estaba peleando. La compañía representaba el sistema. Era la estructura económica superior de la que dependíamos directamente.  
[...] Yo no quiero ocupar el espacio que ocupaba la generación anterior. Quiero comunicar ideas que sean útiles a los demás, que les ayuden en su vida diaria, les hagan más felices y les hagan entender mejor el mundo.  
En Los Planetas, la idea es incidir en la relación que tiene cada individuo consigo mismo y su forma de entender el mundo. Eso es básico para poder entender después cualquier movimiento social. Y a partir de ahí, se puede construir todo lo que quieras. Eso ha hecho más consciente a la gente que ha escuchado el mensaje, y gracias a eso ha podido haber ciertos movimientos sociales. Ahora sale en los telediarios cómo el Estado está organizado expresamente para robar a la gente. Antes lo sabíamos unos cuantos. Ahora la gente es mucho más consciente que en el 99 y ya se organiza de otra manera. Y nosotros hemos aportado nuestro granito arena.
Un fragmento que me ha llamado la atención del monumental libro de Nando Cruz, Pequeño Circo. Historia oral del indie en España (2015, Barcelona: Contra Ediciones, páginas 636-638). 

(viñetas: X-Men nº 7, septiembre 1964, Stan Lee y Jack Kirby, tintas de Chic Stone)

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Actualización | La portada del nuevo EP de Los Planetas, Dobles fatigas (2015), dibujo de Al Barrionuevo

domingo, 22 de abril de 2012

EL TSUNAMI SIGILOSO

Un dibujo que ilustraba un texto de Nando Cruz sobre el cierre de una conocida tienda de discos en Barcelona, CD.Drome. El artículo de Nando se titulaba "El tsunami sigiloso", se publicó en la revista Rockdelux, y comenzaba así :
«Quizás alguien lea esto dentro de cincuenta años y grite: “¡Cuánta tinta se malgastó en la primera década del siglo XXI lamentando lo inevitable! ¿Por qué no se lloraba también el cierre de las tiendas de revelado de fotografías?”. La era digital lo está transformando todo, desde el paisaje de las ciudades hasta los hábitos más íntimos, y las tiendas de discos no son una excepción, sino lo contrario. Cada día es más evidente que pronto serán reductos con aroma añejo como los que ahora venden sellos, monedas o trenes en miniatura».
El texto sigue aquí. La fotografía analógica, los CDs y las tiendas que los vendían no son los únicos caídos en la era digital y de internet. No hace falta mencionar por enésima vez a los tebeos populares de grapa en kioscos, cuando el cómic era un medio de entretenimiento de masas, en un tiempo ya lejano que no volverá.

domingo, 24 de julio de 2011

CURSO DE COLISIÓN

En este tipo de asuntos siempre se trata de una cuestión de elección.

Acabo de terminar de leer el libro de Nando Cruz UNA SEMANA EN EL MOTOR DE UN AUTOBÚS. LA HISTORIA DEL DISCO QUE CASI ACABA CON LOS PLANETAS (Lengua de Trapo). El libro, lo digo ya, es extraordinario y posee una entidad literaria propia. Quiero decir que lo puede disfrutar cualquiera, con independencia de que te gusten Los Planetas o no te interesen lo más mínimo, porque es un gran libro. Nando es, yo lo tengo clarísimo, uno de los mejores periodistas que han pasado por la revista Rockdelux y El Periódico de Catalunya. También es alguien al que, él lo sabe bien, tengo mucho afecto desde la primera vez que le conocí. Que fue, casualmente, el mismo verano en que UNA SEMANA EN EL MOTOR DE UN AUTOBÚS sonaba en las radios, el verano de LA PLAYA, una canción a la que también tengo asociados mis propios recuerdos dolorosos; el mismo verano del Festival de Benicàssim del 98, que fue justo donde conocí en persona a Nando y compartí charlas, cañas, pitas de falafel y, sobre todo, dolor de piernas por estar tantas horas de estar de pie para ver a grupos como Spiritualized, Jesus & Mary Chain, Tindersticks o, sí, Los Planetas.

Tras un trabajo de documentación y entrevistas de campo que se adivina titánico, Nando ha escrito una crónica novelada de los días en que fue parido aquel disco de Los Planetas, en mi opinión el mejor grupo español de los últimos 15 años. UNA SEMANA EN EL MOTOR DE UN AUTOBÚS (1998) es probablemente lo más gordo que han grabado los granadinos junto a LA LEYENDA DEL ESPACIO (2007), dos discos a mi juicio históricos en el pop español. Después de terminar su investigación, Nando ha ocultado al lector todo el trabajo de documentación y se ha escrito un libro soberbio que, en su vocación de brevedad, despojamiento y "pequeñez", resulta grande. Grande porque, como los grandes libros, revela asuntos humanos, consigue tocar profundidades del alma y las relaciones humanas y, también en este caso, de los conflictos que encierra la creación artística.

Pero hay algo concreto que quería contar ahora de lo que el propio Nando cuenta en su libro.

(puede leerse un capítulo del libro en la web de Rockdelux)

En LA HISTORIA DEL DISCO QUE CASI ACABA CON LOS PLANETAS, una "subtrama" fundamental (recordemos que esto es una, digamos, novela de no ficción, y los protagonistas son personas reales de carne y hueso que vivieron de un modo u otro los hechos que Nando ha intentado reconstruir en su relato) es la adicción de Florent, el segundo de a bordo del grupo. El guitarra con el "toque psicodélico" intransferible de Los Planetas.

Florent estaba ya bastante mal para 1997, según cuenta Nando en el libro. Pasaba del grupo por su adicción, y el grupo estaba harto de que él pasara de ellos, de que desapareciera sin avisar o de que no viniera a ensayar porque tenía que ir al polígono a pillar. De esa tensión con J y el resto del grupo surgieron la mayoría de las canciones del disco. La tensión había ido creciendo conforme llegaba la hora de trabajar en serio en las canciones del disco, y Florent empezó a sospechar que el grupo estaba dispuesto a prescindir de él, de que podía quedarse sin grupo y sin amigos.

Talento desperdiciado, recuerdo ahora que decían en una película de Robert De Niro.

Llegó un momento en que Florent tuvo que elegir si seguir por ese camino o dar un volantazo a su vida. Y, como siempre sucede con este tipo de dilemas (no necesariamente debido a las drogas), es una simple cuestión de elección. De una elección que nadie puede tomar por ti. Florent se lo estuvo pensando un tiempo, y J lo sabía. El dilema de su amigo le inspiró la letra de la canción LÍNEA 1, la línea de autobús de Granada que hay que tomar para llegar al polígono.


(letra: J. Música: J / Kieran Stephen. Arreglos de cuerda: Kurt Ralske)
Iba a hacerlo esta mañana. Levantarme de la cama. Comprar algo de comida. Empezar con otra vida. Pensé que sería lo mejor, toda esta mierda se acabó. Voy a dejarlo de verdad, ya no me gusta nada.
Y a ordenar por fin la casa, y lavar estas dos mantas,
y recuperar mis discos,
y unas cosas que he perdido.
Y después pensé: mejor que no,
y puse la televisión.
Subí a pillar un poco más, después de todo esto no está mal.


Nando Cruz lo cuenta en un capítulo extraordinariamente escrito, un capítulo que posee la cualidad de un viejo recuerdo que vuelve repentinamente, casi de un sueño. A Florent le ayudó a desintoxicarse el mánager del grupo entonces, Paco López, que vivía en Madrid. Se lo llevó a su casa el verano de 1997, para quitarle de los ambientes de Granada y de su rutina "toxicósmica".

«Una tarde de junio» –escribe Nando Cruz en el libro–, «Florent apareció con el petate en casa de Paco. Ya le tenían preparada la habitación de invitados. Lo primero era ir a la clínica de desintoxicación. Allí le hicieron las pruebas y le suministraron la medicación necesaria para superar el síndrome. Cada cual le llamará como más le apetezca (probar sustancias, experimentar nuevas sensaciones, entrar en una dimensión tóxica, ir por el lado salvaje de la vida, entrar en la espiral...), pero el diagnóstico médico era sólo uno: Florent se había enganchado a la heroína. Había entrado muy rápidamente, pero llevaba poco tiempo consumiendo, así que le resultaría más fácil salir. No era imprescindible ingresarlo, pero tendría que hacerse análisis rutinarios para comprobar que no consumía absolutamente nada durante el tratamiento. Ni siquiera alcohol. [...] Es lo que habían hablado tantas veces con J... Él había llevado la máxima del rock'n'roll al extremo. Y eso, aunque era muy valiente, chocaba con la idea de dedicarse a la música de forma más o menos profesional. Era imposible compatibilizar esas dos carreras».

Florent, finalmente, parecía haber tomado su decisión. Paco López y Cristina, su mujer, cuenta Nando, le trataron en su casa de Madrid como un invitado de honor, como alguien de la familia. Por las tardes le llevaban a la clínica de desintoxicación para el tema de la medicación y los análisis, y también para ver a la psicóloga del centro. Tras más de dos meses allí, Florent volvió a Granada limpio. Durante esos más de dos meses, nadie del grupo fue a verle, cuenta Nando. Como diría luego la letra de la canción LA PLAYA, ni siquiera le llamaron una sola vez.

Florent llegó a tiempo para participar activamente en la grabación del que sería uno de los mejores discos de Los Planetas. Hoy, más de 13 años después, Florent sigue en el grupo. Sigue tocando la guitarra, haciendo música, creando.

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Un recuerdo desde aquí para alguien, también con talento, que tomó una decisión diferente.

viernes, 9 de octubre de 2009

SUPERPODERES

"¿Por qué dedicas una canción a Stephen Hawking?

Es una reafirmación de mí mismo a través de él. Que alguien así pueda hacer todo lo que ha hecho y que pueda seguir trabajando la teoría unificada desde el hospital moviendo solo el párpado... Es como encerrarse en uno mismo y decir 'Estoy aquí, estoy vivo'. Es una verdadera genialidad y un monumento a la perseverancia. Pero en esta canción, y otras mías, también está el pasmo que nos dan los avances científicos a los que no somos científicos. Creo que era Arthur C. Clarke quien decía que toda ciencia suficientemente avanzada parece magia. ¡A mí me lo parece! Mucha gente dice que le hubiese gustado estudiar piano. Yo, a estas alturas, querría haber estudiado más matemáticas en vez de latín y griego".
Antonio Galvañ, Parade, entrevistado este mes en Rockdelux por Nando Cruz aprovechando la salida de su nuevo disco, LA FORTALEZA DE LA SOLEDAD. He copiado la cita porque lo de las matemáticas me tocó personalmente. A mí me hubiera gustado también estudiar muchas más matemáticas, pero lo que pasó es que sencillamente no valía para ellas. Yo de pequeño quería ser médico, es lo que decía que iba a estudiar desde los 9 o 10 años. Y eso es lo que tenía en la cabeza, estudiar medicina, cuando al iniciar mis estudios de 3º de BUP elegí ciencias puras en contra de mis apetencias naturales. A mí se me daban mucho mejor las letras que las ciencias, como había descubierto ya al final de la EGB y sobre todo en el instituto cuando las matemáticas empezaron a ponerse más serias. El salto de segundo a tercer curso de bachillerato en materia de ciencias, y particularmente en matemáticas, me pareció brutal. Me pasé dos semanas atendiendo al máximo las clases y esforzándome todo lo que podía, pero no había manera. A veces tenía la sensación de que el profesor me hablaba en un idioma alienígena. Lo peor de todo era ver que mis compañeros sí le entendían perfectamente. A las dos semanas desistí y seguí mis inclinaciones naturales: pedí el cambio por letras puras. Nada de mixtas. En cuanto "regresé a casa" me sentí fenomenal porque me encontraba en mi sitio, el de las Humanidades. Allí, entre literatura, latín, griego, filosofía y, más tarde, ya en COU, historia del arte. Todo lo cual me hace recordar la empatía, conmovedora por supuesto, que sentí cuando leí este pasaje de las memorias de Jung:

"La escuela comenzó a fastidiarme. Me ocupaba demasiado tiempo que yo hubiese empleado con gusto en dibujos de batallas y en jugar con fuegos. Las clases de religión resultaban increíblemente aburridas y por las clases de matemáticas sentía verdadero pánico. El maestro hacía suponer que el álgebra es algo por completo evidente mientras que yo ni siquiera logré saber qué son los números en sí y por sí. No eran flores, ni animales, ni fósiles, nada que sea imaginable, meramente cantidades que se representan por cifras. Para mi confusión las cantidades que se sustituyeron por letras equivalían a sonidos, de tal modo que se podía oírlas, por así decirlo. Asombrosamente mis compañeros supieron habituarse a ello y lo encontraban natural. Nadie podría decirme qué son los números y yo no podía formular la pregunta. Con asombro descubrí que nadie comprendía mis dificultades. El maestro se esforzaba cuanto podía, debo reconocerlo, para explicarme el sentido de estas maravillosas operaciones, en convertir cantidades comprensibles en sonidos. Comprendí, finalmente, que este sistema de abreviaturas resultaba adecuado para representar muchas cantidades en una forma abreviada.

Pero esto no me interesaba en absoluto. Pensaba para mis adentros que era completamente arbitrario expresar números mediante sonidos, se podría igualmente expresar a por manzano [apfelbaum, en alemán], b por peral [birnbaum, en alemán] y x por signo de interrogación. (...) Esta indignación la sentía cuando el maestro consideraba, en contra de la propia definición de paralelas, que se cortaban en el infinito. Esto se me antojaba una absurda majadería en la que yo no podía ni quería participar. Mi moral intelectual se resistía a esta frívola incongruencia que me cerraba el acceso a la comprensión de las matemáticas. (...) Durante toda mi vida me resultó un enigma por qué no logré hacerme asequibles las matemáticas, de las que nunca dudé que servían para contar".
Carl G. Jung, RECUERDOS, SUEÑOS, PENSAMIENTOS, 1961 (edición española de Seix Barral)

También a mí me resulta incomprensible, y a veces algo irritante, la aproximación que algunas personas de ciencias (algunas) hacen a las humanidades. Me resulta una forma de aproximarse muy "científica", valga la redundancia, demasiado "literal", a veces tergiversadora en su búsqueda de la comprensión "exacta" de las mismas, de la "fórmula sencilla" para analizarlas de manera que "todo cuadre", encaje en alguna "categoría". Todo eso suele ser contrario a las Humanidades y desde luego al arte y la literatura, cuyo terreno es el lenguaje poético, que es lo menos científico que se me pueda ocurrir ahora. Volviendo al principio, Antonio Galvañ dice también en la entrevista de este mes en el Rockdelux, preguntado por Nando Cruz acerca de su habilidad como compositor musical, que
"Tengo esa habilidad por la educación clásica que recibí. Si a mí me ponen mañana a arreglar un coche lo vería muy complicado, pero entendería que algún mecánico me dijera que lleva treinta años haciéndolo y que para él cambiar las bielas es una maravilla".
A los dibujantes suelen decirnos con admiración que menuda habilidad para dibujar, mientras se maravillan por la "magia" de ver brotar el dibujo del lápiz, pero yo pienso del dibujo lo mismo que dice Galvañ de sus canciones. A mí me encanta la música pero no tengo el más mínimo talento para tocarla o componerla, y mira que lo intenté a mis veinte años. Supongo que el mismo que tuve para las ciencias puras, es decir, cero. Todos tenemos un talento, o varios, unas inclinaciones naturales, una habilidad para hacer alguna cosa mejor que las otras; un "superpoder", en términos metafóricos de tebeo. Cada cual el suyo. Lo importante es saber reconocer cuál es. Y, por supuesto, no negarse a ejercitarlo.


[en el Rockdelux de octubre, como cada mes, aparece la habitual sección sobre novedades de cómic. Este mes reseñan Rubén Lardín (EL ARTE DE VOLAR, Altarriba y Kim], Enrique Vela (JULIUS KNIPL, FOTÓGRAFO INMOBILIARIO, Ben Katchor), Quim Casas (ALL STAR BATMAN Y ROBIN, Frank Miller y Jim Lee), Raúl Minchinela [EL EXTRAÑO CASO DE LA ISLA PANORAMA, Suehiro Maruo), Elisa G. McCausland (LOS INVISIBLES, ahora que se reedita desde el primer tomo, por Grant Morrison y varios dibujantes), Alberto García (la nueva edición de LA GUERRA DE LAS TRINCHERAS, Tardi; DOS VECES BREVE ESPECIAL CUADROS, varios autores] y Pablo Ríos (MY BRAIN IS HANGING UPSIDE DOWN, David Heatley)]