
Dejando clara algunas premisas sobre AVATAR que ya me imaginaba antes de verla, por ejemplo que tiene un guión sumamente convencional (si alguien pensaba que una productora se puede permitir invertir casi 400 millones de dólares en un guión experimental o arty, será mejor que despierte y vuelva a la realidad), la película me ha parecido histórica, un hito destinado a marcar un antes y un después en la historia del cine, particularmente en el terreno de
creación pura de imágenes. La otra premisa antes de seguir hablando del film es que resulta un espectáculo total y apabullante, tan
total que alcanza un sentido en sí mismo y desplaza cualquier reproche (que sí, que se pueden hacer) al guión técnico. El argumento de la película es el que algunos autores denominan argumento mesiánico, y además muy clásico, por eso nos suena tanto: un "elegido" o mesías que proviene de otro lugar (literalmente del cielo en este caso) y está destinado a revelar algo y salvar a un pueblo que se enfrenta a una amenaza exterior, aquí un invasor extranjero. Argumento mesiánico que aparece estructurado, como ya es habitual en James Cameron (y en George Lucas y ciertos westerns, y en algunas películas de Spielberg, y en los cómics de Miller más o menos desde RONIN, y en MATRIX, y en muchas otras ficciones recientes) en las etapas del "viaje del héroe" que relató Joseph Campbell después de rastrear las mitologías de distintas épocas y culturas, etapas heroicas iniciáticas que culminan en un renacimiento que en AVATAR es, además, literal.
Aceptando que ese argumento nos "suena" (en realidad por clásico, quiero decir, más por arquetípico que por cliché), hay que reconocer que las variantes y aplicaciones que se le han dado en esta película tienen su miga y permiten múltiples lecturas que van desde lo evidente a lo no tan evidente, lo alegórico, lo inconsciente y hasta subversivo. Lo más llamativo desde luego es el alegato ecologista y la llamada a renacer como civilización para convertirnos en otra cosa, pero es que, vamos a ver, no hay que ser muy listo para darse cuenta de que esa preocupación ambiental está omnipresente en el imaginario colectivo en los últimos años, y sin ir más lejos también estaba en otro gran éxito popular de 2008, WALL-E. Tememos por nuestra civilización, tememos que pueda estar en un peligro real, abocada a un suicidio colectivo comandado por los nuevos depredadores, las grandes multinacionales de apetito (económico) insaciable que todo lo arrasan a su paso, selvas, personas y países, para continuar creciendo. Luego parece lógico que ese miedo colectivo se proyecte en las ficciones de nuestra época. El alegato ecologista de AVATAR es evidente, pero no lo es siempre la forma de presentarlo. El protagonista, muy significativamente un lisiado que no puede caminar, descubrirá un nuevo
cuerpo, individual (creado por el hombre mediante ingeniería genética) y colectivo (el pueblo Na'vi), con el que se integrará en una sociedad primitiva que vive "en armonía con la naturaleza". Viendo a los Na'vi de AVATAR, es inevitable pensar en los indios americanos y la guerra que los enfrentó a los colonizadores blancos, una guerra que todos sabemos quién ganó. También muy significativamente, AVATAR
cambia la Historia porque aquí ganan los indios (los Na'vi), que consiguen expulsar al monstruo colonizador. Anoche en el cine no dejaba de pensar en otra ficción reciente que también se atrevía a cambiar la Historia, me refiero a INGLOURIOUS BASTERDS de Tarantino, y ahí de forma más osada porque el cambio era literal ("Hitler" era Hitler, "Goebbels" era Goebbels), y no alegórico como sucede con los Na'vi, trasunto fantástico de los indios.
Ese "cambio de la Historia", que los indios ganen al hombre blanco y le expulsen de sus tierras, es otro aspecto de la película que da idea de nuestra esquizofrenia actual como civilización. Es evidente que los espectadores occidentales de AVATAR nos identificamos con los indios (los Na'vi) porque son los buenos que se enfrentan al Mal (ese militar monstruoso que declara guerras preventivas, un Darth Vader sin máscara y con pinta de lo que es, un coronel mercenario, maquinaria militar programada para actuar sin escrúpulos morales al servicio del Gran Mal, el Capital, encarnado por supuesto en el ejecutivo de la multinacional), pero nosotros en el mundo real no somos los indios, somos el hombre blanco. Somos los decadentes espectadores occidentales que, apoltronados en nuestros asientos tecnológicos, hemos de visitar un mundo digital como el de esta película para poder
disfrutar de la naturaleza*. Los hombres blancos de la sociedad del espectáculo que, en efecto, compramos sin pensar demasiado los productos que fabrican las empresas que arrasan selvas, montes, costas y lo que haga falta para producir esos productos y seguir ganando dinero. Sin embargo, en la película nos proyectamos en los indios para vencer al Mal Blanco en esa batalla final contra "la Estrella de la Muerte". Una victoria comandada, no lo olvidemos, por un hombre blanco
disfrazado de indio, Jack Sully, es decir, exactamente lo que somos nosotros cuando nos ponemos en la piel (azul) de los Na'vi viendo la película.
* una naturaleza hiperreal que, por supuesto, es
mejor que la real: la sensación de maravilla que experimentamos al descubrir el nuevo mundo de AVATAR opera también como un mecanismo de distanciamiento respecto al nuestro: nos permite repensar las maravillas que (aún) tenemos aquí mismo, en la Tierra, no en Pandora. ¿O acaso la naturaleza futura será solamente la digital, una hiperrealidad generada por ordenador como la de AVATAR, porque todo el planeta estará urbanizado?

Esa victoria final del indio sobre el hombre blanco, y esto también tiene su miga, se produce gracias a la intervención
de la misma naturaleza, y sin ella no habría sido posible. Porque la victoria que todos celebramos en el cine, niños y mayores, cuando ganan los Na'vi es la de
un planeta que consigue expulsar a los parásitos humanos que pretenden saquearlo. En otras palabras, viendo AVATAR celebramos el hecho de que un ecosistema acabe con una raza de depredadores (el hombre colonizador, el hombre tecnológico, el hombre capitalista) que ponía en peligro la existencia misma del ecosistema. Más claro, agua. Pandora es así un avatar fantástico de la Tierra, una Tierra que soñamos nostálgicamente en un estadio "virgen" más primitivo del que ahora tenemos, un paraíso perdido ideal anterior a la llegada del
progreso y de la civilización industrial. La película en general es un
avatar en sí misma, puro metalenguaje, porque funciona como artefacto o vehículo de hiperrealidad en el que cuando nos ponemos la interfaz de las gafas de 3D (para ellas ha sido concebida la película, para esa prótesis o
extensión de nuestro cuerpo, que diría McLuhan, y creo que así hay que verla, con las gafas de 3D) penetramos, de manera equivalente al lisiado Jake Sully cuando se sumerge en su particular interfaz (la cápsula de control de su avatar Na'vi) en un
nuevo mundo en el que tenemos la posibilidad imposible de renacer como un nuevo hombre capaz de convivir en armonía con la naturaleza, esa armonía que ahora mismo buscamos como civilización (ejemplo: agitación y protestas en la cumbre de Copenhague) sin que aún podamos atisbar si la conseguiremos.
La ficción de AVATAR nos propone una salida, que es la del "elegido" Jack Sully, el héroe en el que también nos proyectamos: morir y renacer como un nuevo ser con una conciencia trasvasada (literalmente) de hombre blanco a "indio". En el mundo real esto nos resulta imposible
literalmente, no podemos desandar lo andado para volver a vivir como sociedades primitivas (al menos voluntariamente: quizás dentro de unas décadas el planeta también se encargue de ponernos en ese sitio primitivo a la fuerza), pero la mente, la conciencia, sí es moldeable
culturalmente. El mundo no es "el mundo", el mundo siempre es y ha sido la visión que tenemos del mundo. Si cambiamos la visión del mundo, cambiaremos el mundo. Y ahora mismo necesitamos, nos viene a decir AVATAR, cambiar urgentemente nuestra conciencia. La película pone así sobre el tapete los debates de nuestra época, una era de crisis, es decir, de completa transición e incertidumbre porque ya no nos sirve la vieja visión del mundo y necesitamos una nueva, aunque aún no sepamos cuál es. Temas sobre el tapete: la nostalgia por la naturaleza perdida, la tecnología vs. naturaleza, la relación hombre-naturaleza y el conflicto ambiental, la explotación demencial de los recursos naturales, el reparto más demencial aún de esas riquezas naturales en el sistema capitalista, las guerras preventivas por intereses económicos e imperialistas, y más. AVATAR también le da la vuelta al punto de vista etnocéntrico de hombre blanco, aquí volvemos a la necesidad de cambiar nuestra conciencia para superar la crisis, y nos pone en el punto de vista de otros pueblos, exponiendo una visión del mundo inspirada en filosofías y religiones no occidentales: el planeta no es "nuestro" porque todos somos el planeta, árboles, animales, ríos, personas, todos formarían parte de una deidad animista que reside en todas y cada una de las cosas de este mundo.
En fin, lo dejo porque podría seguir, y no he dicho prácticamente nada sobre el aspecto formal de las imágenes. Digamos solamente que en ese aspecto la película me ha parecido, para resumir, la polla, un hito que parece destinado a convertirse en el modelo de un futuro cine digital donde ya no se
reproducirán imágenes de la realidad sino que se
crearán de la nada. Una hiperrealidad completamente nueva, quizás el Nuevo Mundo a conquistar por el hombre blanco.