viernes, 28 de mayo de 2010

TINTA DE HURACÁN

Hace unas semanas Carlos Miranda inauguró en la galería Sandunga de Granada (hasta el 15 de junio) la exposición TINTA DE FURACÂO, que comento aquí por motivos obvios, basta ver la foto de arriba. Carlos lleva tiempo trabajando con la narratividad y la relación entre el lenguaje de la imagen y la palabra, y las influencias del cómic (doy fe que tiene la casa llena de ellos) siempre han sido una constante en su trayectoria. En este caso quizás más que nunca.

En TINTA DE FURACÂO, sexto capítulo de THE ESTATE OF ANONYMOUS, un programa que lleva desarrollando desde hace años a través de distintas disciplinas, Carlos Miranda ha recubierto la galería de viñetas, desde el suelo hasta el techo. El montaje llama mucho la atención conforme te aproximas desde la calle, pues puede verse a través del gran escaparate de la galería. O, mejor dicho, ha recubierto la galería de marcos de viñetas, porque se trata de viñetas sin contenido alguno: de una retícula de viñetas, vaya. Lo cual me recuerda a lo que decía Andrei Molotiu sobre las historietas abstractas que recoge su reciente antología ABSTRACT COMICS: "revelan algo fundamental sobre el medio del cómic en sí mismo. Reducidos a los elementos más básicos del medio -la retícula de viñetas, las pinceladas o trazos de plumilla y en ocasiones los colores-, destacan los mecanismos formales que subyacen en todos los cómics, como el dinamismo gráfico que conduce al ojo (y la mente) de viñeta en viñeta, o el juego estéticamente rico entre secuencialidad y diseño de página".

Lo de Carlos Miranda no es un cómic, claro, pero sí utiliza la forma del cómic, y nos la recuerda expresamente para sus intereses, que son los de evocar la secuencia de imágenes, y por tanto, la narración en imágenes. La narración en este caso que establecemos nosotros sobre nuestra propia vida, sobre los demás, sobre la sociedad y el arte; en fin, esa necesidad de relatar el mundo para poder entenderlo que es consustancial al ser humano. De vez en cuando, sobre esta trama de viñetas-cero o viñetas de blanco absoluto, aparecen superpuestas algunas imágenes, cuya construcción específica nos da la pista final del tema de la exposición, la construcción de la realidad como inevitable ficción. Todas las imágenes se componen de dos elementos: la fotografía, la "huella" de la realidad (en este caso, de un viaje real a Brasil que las fotos testimonian y fragmentan en diversos momentos aislados), y el dibujo superpuesto a ella, es decir, la imagen dibujada como construcción pura de algo que jamás ha existido. Un dibujo, por cierto, "muy de cómic", caricaturesco y reducido a trazos esenciales.

Carlos Miranda lleva trabajando unos años con este recurso de combinar dibujos y fotos. En esta exposición, las imágenes fotográficas aparecen siempre invertidas, quizás evocando nuestro proceso mental de construcción de la realidad y por tanto de reinvención subjetiva de la misma. El dibujo superpuesto a la fotografía, como ya sucedía en EL FOTÓGRAFO de Didier Lefèvre y Emmanuel Guibert o en los cómics de Juanjo Sáez o Anders Nilsen, nos parece más "real" que la fotografía. Y no sólo porque en estas fotos de Carlos hay un efecto de extrañamiento al presentarse invertidas, también porque, como han demostrado diversos estudios psicológicos a esas alturas, la mente reconoce más rápida y fácilmente la caricatura de una forma que la fotografía de esa misma forma. El último estudio que he leído sobre este tema viene firmado por Stuart Medley, un diseñador australiano cuya tesis de doctorado estuvo dedicada a la paradoja de que "menos realismo en las imágenes permite una comunicación más exacta". Como cita Medley en el artículo que enlazo, en palabras de Georgia O'Keeffe, "nada es menos real que el realismo. Los detalles son confusos. Sólo por selección, por eliminación, por énfasis, conseguimos el sentido real de las cosas". Lo cual me conduce de nuevo a la TINTA DE FURACÂO de Carlos Miranda. Sólo mediante la construcción mental (representada por el dibujo que hay en sus imágenes, las caricaturas que presentan a personajes fantásticos, puede que heroicos si así lo queremos: "podemos ser héroes por un día", cantaba Bowie) somos capaces de entender la realidad (la que muestran las fotografías) y darle un sentido. Sí, por supuesto que el sentido siempre será ficticio, no hay más significado que el que nosotros elegimos imponer al mundo. Pero no nos queda otra. En medio de las imágenes de Carlos Miranda, un mar de viñetas en blanco que invita a la imaginación, a la narración. La tinta con la que escribimos la realidad está hecha siempre de ficción.

3 comentarios:

Urbs dijo...

Muy interesante, Pepo. Justo el otro día leía un artículo aquí (vía Eliax.com) sobre la emulación por software de los procesos visuales del cerebro humano.

La mirada indiscreta dijo...

uh q bueno! un poco lejos me queda!
saludos desde Bs As

Pepo Pérez dijo...

Gracias por el artículo, Urbs, muy interesante igualmente.