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martes, 1 de marzo de 2016

Un dibujo que he hecho para ilustrar un (estupendo) artículo de opinión de Juan Manuel Freire sobre la presentación del nuevo disco de Kanye West, titulado «El arte de la desmesura». En el Rockdelux de marzo, ya en kioscos

sábado, 8 de noviembre de 2014

nuevos esclavos / vanguardia y mainstream


KANYE WEST
 “Yeezus”
2013
Roc-A-Fella / Def Jam
hip hop de vanguardia

El año pasado, el hombre apodado Yeezy se reinventaba con un álbum publicado sin campaña promocional y sin portada propiamente dicha, aunque sí con una nueva fanfarronada narcisista desde su título.

Como el director de una superproducción cinematográfica, Kanye West (Atlanta, 1977) había liderado un dream team de colaboradores como Daft Punk, Frank Ocean o Justin Vernon. Frente a la ópera barroca (o “egipcia”) que fue “My Beautiful Dark Twisted Fantasy” (2010), Yeezus suponía una estrategia opuesta: un radical despojamiento con el que West aprendía que menos es (mucho) más de la mano del productor Rick Rubin, contratado a última hora para desnudar el sonido del disco. El resultado es una obra maestra experimental que sitúa a West en la tradición de grandes músicos como David Bowie y Prince (soy la estrella del rock viva número 1”, afirma West, y ahora mismo tiene razón), que consiguieron ser mainstream y vanguardia al mismo tiempo. “Nadie está haciendo lo que él hace, ni siquiera está en el mismo planeta”, afirmaba entusiasmado Lou Reed poco antes de fallecer, y comparaba las intenciones de “Yeezus” con su “Metal Machine Music”

Las influencias citadas por West parecen irrelevantes: una exposición de muebles en el Louvre, una lámpara “minimalista” de Le Corbusier. Más interesantes son las influencias que no cita, como los aullidos vocales y las agresivas interpolaciones de electrónica industrial del avant-rap de Death Grips. Pero el todo es, en efecto, la suma de las partes, y “Yeezus” es sobre todo y ante todo Kanye West, quien, como el “vampiro” Bowie, hace suyo aquello de lo que se apropia. Así sucede también con el house clásico de Chicago, la ciudad donde se crió, otra fuente de inspiración confesada. En una operación recurrente en la historia del arte, el artista acude a estilos pasados, ya en desuso, que reinterpreta desde su mirada presente como la vanguardia más rabiosa: por mucho que diga West, “I Am a God” o “Black Skinhead” no suenan a “house” sino a algo que solo pudo concebirse en 2013. Por la misma lógica, el sample de Gary Glitter de esta última no la convierte en “glam” sino en algo completamente diferente y futurista. En otro volantazo inesperado en su carrera, West ha renunciado en gran parte a las melodías, pero no a los samples eclécticos, escuela De La Soul. Así, “New Slaves” es pura estructura con elementos mínimos, voz y bases sintéticas, pero también es política de contrastes extremos. De repente, Frank Ocean canta encima de un sample de rock progresivo húngaro de 1969 (Omega), y la canción deja paso sin solución de continuidad a la siguiente, como en el torrente informativo de los medios digitales. El omnipresente Auto-Tune deforma la voz hasta confundirla con el sintetizador; la forma es contenido y el medio, mensaje: bienvenidos a la nueva humanidad digital. La letra de “New Slaves” da además con otra clave de nuestro tiempo, el consumismo como “dominación suave”: los “nuevos esclavos” son —somos— voluntarios. Y el atrevimiento de contraponer en “Blood on the Leaves” la violencia implícita en el sample de “Strange Fruit”, versión Nina Simone, con el relato narcisista en primera persona de una relación fracasada por la banalidad materialista es propio de un gran artista que pretende desplazar el significado del original con su comentario (metamúsica, sí) en una obra abierta a las múltiples interpretaciones del oyente.

Por supuesto, la gente estaba atenta, escuchando. Porque “Yeezus” nos habla del mundo en que vivimos, y lo hace además con la lengua de ese mundo. La música tiende a parecerse a la lengua de su tiempo. La nuestra es una que se expresa desde nuevos medios digitales —Twitter, Instagram, Whatsapp— que condicionan, en caracteres y actitud, lo que decimos en ellos. Sí, el narcisismo “exagerado” de Kanye West solo nos devuelve nuestro reflejo. Por eso nos fascina contemplarnos en él. 

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La revista Rockdelux cumple 30 años y lo celebra con un número especial que llega ahora a los kioscos. El texto de arriba es mi contribución (sin los recortes necesarios para encajarla en la maqueta) a este número, que propone una lista comentada de los 500 discos imprescindibles del periodo 1984-2014. Lo de abajo es un dibujo de Kanye West que hice con motivo de la elección en la revista de Yeezus, precisamente, como mejor disco de 2013.


Making of:



miércoles, 23 de diciembre de 2009

WHERE THE WILD THINGS ARE

"Es mi mentor, estuve en contacto permanente con él durante la escritura del guión. Él no se considera un autor de libros para niños porque nunca los ha tratado con condescendencia. Siempre los ha visto como las personas listas, inteligentes y resolutivas que son. Y eso es tan admirable como su preciosa escritura".
Quien habla es Spike Jonze, entrevistado por Desirée de Fez para el Rockdelux de este mes, y el "mentor" al que se refiere es Maurice Sendak, autor del cuento ilustrado WHERE THE WILD THINGS ARE (1963). Resulta que anoche fuimos a ver AVATAR (en 3-D, por supuesto), pero como ya no había entradas terminamos viendo la nueva película de Jonze, una adaptación del cuento de Sendak que aquí se ha titulado de manera bastante menos sutil (me dicen en comentarios que así se tradujo en su momento el cuento), DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS. Viendo la película, magníficamente realizada con una estética personal pero no manierista (esto no es un producto de la factoría Tim Burton, para entendernos) y una banda sonora espléndida (que incluye canciones de Karen O & The Kids, grupo ad hoc creado por la líder de Yeah Yeah Yeahs junto a miembros de Deerhunter y Liars), me di cuenta de hasta qué punto estamos amorcillados por el modelo hegemónico en materia de cine para niños, que por supuesto sigue siendo el de Disney, tal como ha sido por otra parte durante gran parte del siglo XX.

En esta película del director de ADAPTATION. EL LADRÓN DE ORQUÍDEAS, que se dice muy fiel respecto al cuento de Sendak (aunque no lo he leído, sí es cierto que viendo la película se intuye esa fidelidad al espíritu del texto original), no hay ninguna necesidad de articular una "gran historia" repleta de "aventuras trepidantes" en la que insertar mensajes didácticos claros para el niño (el cine infantil como agente socializador y formativo, por supuesto dentro del discurso cultural dominante en el que se inserta ese cine), sino más bien una necesidad de expresar sentimientos infantiles con formas estrictamente infantiles, y a través de texturas, sensaciones y ambientes. A mi lado en el cine había una niña de no más de seis o siete años y se lo estaba pasando pipa; al final daba literalmente botes en su asiento al ritmo que marcaban las criaturas de la película. La película es profundamente emotiva, pero no del modo habitual (Disney de nuevo y sus diálogos explícitos, sus personajes estereotipados e idealizados), sino a través de fantasías y juegos que proceden directamente del mundo infantil, un mundo mucho más salvaje, egoísta y cruel de lo que a menudo queremos admitir como adultos. Las "cosas salvajes" en las que el niño protagonista proyecta sus emociones y frustraciones, esos monstruos peludos, entrañables y a la vez amenazadores (ambiguos, vaya), entroncan directamente con el imaginario infantil, no sólo por lo que tienen de criaturas típicas del cuento popular de hadas, sino por aquello a lo que se dedican a hacer siguiendo las órdenes de su nuevo "rey", el niño protagonista, convertido finalmente en su particular Señor de las moscas: organizar peleas de tierra y de pedradas, hacer melés, dormir todos juntos o construir fuertes "perfectos" e "inexpugnables". Esto que digo es lo que más me sorprendió de la película. Eso, y comprobar cómo de emocionante puede resultar ver llorar a un (gran) muñeco de peluche porque el niño protagonista -en ese momento quizás un álter ego suyo- ha decidido dejar atrás el pasado y abandonar el desierto de fantasía al que se había exiliado voluntariamente porque no aceptaba la realidad de su vida (de la vida). La realidad de que las cosas ya no son como solían ser, y de que nunca volverán a serlo.

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CANNONBALL. Un joven Spike Jonze dirigió este clip para el himno indie noventero de The Breeders:



Jonze ha realizado un montón de videos, entre ellos SABOTAGE, para Beastie Boys, 100%, para Sonic Youth, ELEKTROBANK, para Chemical Brothers, SHADY LANE, para Pavement, TRIUMPH OF A HEART, para Björk, y un largo etcétera. O FLASHING LIGHTS, para Kanye West:

martes, 15 de diciembre de 2009