Hablando de poner de manifiesto lo ficticio de toda representación (ver post anterior):
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viernes, 25 de junio de 2010
THIS IS HARDCORE
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"MALDITOS DEFINIDORES"
"Así que si leía que alguien decía categóricamente que un cómic tiene que tener más de una imagen o no es un cómic... No te lo puedes imaginar. Eso era algo grave. 'Malditos definidores -decía-, que les den por culo a todos'. Se reservaba el derecho a dibujar un cómic con un solo dibujo si le apetecía. Como si alguien fuera a impedírselo. [...] O decía que iba a hacer que su 'novela gráfica' fuera sólo un montón de texto con un par de ilustraciones, como si hubiera una policía de la novela gráfica que fuera a ponerle una multa por una infracción imaginaria.Esto aparece en la pábina 21 de EL DESTINO DEL ARTISTA, de Eddie Campbell, que acaba de publicarse en España (Astiberri). Aparece en bocadillos dichos por Hayley Campbell, la hija del dibujante, en páginas donde es "entrevistada" acerca de su padre. La representación de la supuesta entrevista no se hace con dibujos, sino con fotos de Hayley: una fotonovela. La realidad entra en el cuadro, digo en el cómic. ¿O no es esto un cómic? Buena pregunta, porque EL DESTINO DEL ARTISTA parece hecho expresamente para poner en práctica la declaración de Campbell que he copiado arriba. En otras palabras, parece hecho para desafiar continuamente al lector sobre qué concepto convencional tiene del cómic, qué se puede hacer en un cómic y hasta dónde se puede llegar en él. Campbell hace aquí casi de todo, y casi nada puede verse en los cómics tradicionales. Entre páginas de historieta dibujada aparecen "insertos" de todo tipo: texto corrido con fuente tipográfica (como en una novela, vaya) y pequeñas ilustraciones ("anomalías tipográficas"), fotonovela ocasional, pequeños collages fotográficos para las capitulares, tiras que imitan a los "funnies" de la prensa antigua (nuevamente, Campbell REIVINDICA el pasado del cómic, como no ha dejado de hacerlo a lo largo de toda su carrera, ya en sus propios tebeos -Campbell, aparte de haber realizado FROM HELL junto a Alan Moore, tiene tras de sí una larga trayectoria como autor completo-, ya desde su blog)... y mucho más.
'Son sólo historias ilustradas -decía-. Y una ilustración es sólo una anomalía tipográfica'. Detestaba que se intentara categorizar todo".
Un repertorio de recursos que parecen estar ahí para retar al lector a pensar qué es un cómic... o qué podría ser. Porque a mi juicio por ahí van los tiros, desafiar las definiciones más o menos establecidas o aceptadas de qué es un cómic. Como si un arte pudiera definirse o categorizarse con arreglo a generalidades. Como si una pintura renacentista tuviera mucho que ver o participase de un mismo "lenguaje general" con el Desnudo bajando una escalera de Duchamp, aun siendo pintura en ambos casos. Lo cual me lleva a otro asunto crucial aquí. Ya sé que hay gente que piensa que la novela gráfica reciente es "lo mismo" que el cómic tradicional, sólo que "en más gordo" o en un formato "más lujoso", también se ha dicho en los comentarios de este mismo blog de manera más o menos explícita. Yo no lo creo. Hay, por supuesto, cómics más convencionales que otros dentro del movimiento de la novela gráfica reciente (tal como así ha sido apodado por una entidad más grande y poderosa que todos nosotros, el medio y la sociedad en general; podemos llamarlo "nuevo cómic" si a alguien no le gusta el dichoso término de novela gráfica, lo que pasa es que a mí me gusta entenderme rápidamente con la gente). Pero también hay bastantes cómics dentro de ese movimiento que no se parecen demasiado a los tebeos tradicionales, por mucho que puedan tener sus raíces firmemente ancladas en ellos. EL DESTINO DEL ARTISTA es, claramente, uno de ellos, aunque hay muchos más ejemplos (el ACME de Ware, los cómics de Dash Shaw, el reciente ASTERIOS POLYP de Mazzucchelli, sólo por citar tres). Ya lo pensé cuando EL DESTINO DEL ARTISTA salió hace cuatro años en inglés y llegó a casa mi copia, que aquello "no parecía un cómic", al menos a los cómics que conocíamos hasta ahora, claro. Y el pensamiento se mantiene hoy. No es ya sólo por los recursos formales que despliega Campbell (todos esos insertos ajenos al mundo del cómic, los textos tipográficos sin ningún dibujo, las fotografías, las digresiones ensayísticas sobre música clásica o historia del arte con texto ilustrado, incluso el propio diseño de las páginas), es por todo el conjunto: la voz narrativa, el tono, aquello que se quiere contar. Que por cierto se trata de una crisis personal y creativa, es decir, se trata de autobiografía, a veces disfrazada con formas de género; ahí están esas tiras "decimonónicas" para representar las "escenas de un matrimonio" entre dos sosias de Campbell y su mujer.
Dejando ese tema, EL DESTINO DEL ARTISTA es una alegría como lectura, es entretenidísimo y contiene escenas memorables, de ésas que uno recuerda a lo largo de los días. Por ejemplo, cuando la mujer de Campbell le golpea con un vaso en la cabeza durante el curso de una discusión doméstica (por cierto que si hubiera sido al revés, él golpeándole a ella, me imagino que la escena sería impublicable bajo riesgo de ser denunciado a la policía... y no a "la de la novela gráfica"), con el resultado de varios puntos de sutura en el hospital. La escena tiene mucha gracia por la forma en que está contada, incluyendo interrupción para mostrar al lector la "puesta en escena" y recordarnos que lo que estamos leyendo no es la realidad, sino una ficción que la reconstruye... supuestamente. Al final del libro, Campbell aborda directamente la causa de su crisis creativa después de haberla vadeado con la destreza e ingenio de los mejores escritores durante todas las páginas anteriores. Y la aborda "por relato interpuesto", recurriendo en una idea genial a la ficción pura para expresar su propia crisis con la autobiografía: adapta al cómic un cuento breve de O. Henry, LAS CONFESIONES DE UN HUMORISTA, donde "el papel principal es interpretado por el Sr. Eddie Campbell". Todo esto después de que, en las páginas precedentes, el propio papel de Cambpell en su vida cotidiana haya sido "interpretado por un actor".Una última cosa que me parece importante aclarar. Con la afirmación que hice antes de que EL DESTINO DEL ARTISTA no se parece a los cómics tradicionales (aunque Campbell los homenajee constantemente en sus páginas) no estoy diciendo que por ello sea mejor o peor. Sólo digo lo que me parece obvio: que esto es un cómic diferente al que conocíamos hasta ahora. Y lo es de manera deliberada porque Campbell intenta, como lleva haciendo toda su carrera, avanzar por caminos no transitados. Descubrir cómo será el cómic del futuro. O del presente, dicho sin florituras retóricas. Porque sólo podemos vivir la vida, trabajar o crear, en presente.
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Más: comentarios y reseñas de EL DESTINO DEL ARTISTA en
-La cárcel de papel
-Mandorla
-The Watcher and the Tower
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NOVELA GRÁFICA,
REALIDAD Y REPRESENTACIÓN
domingo, 12 de julio de 2009
TODO EL MUNDO LO SABE.
EVERYBODY KNOWS (video subtitulado en español)
Leonard Cohen/Sharon Robinson
1988
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UN SEÑOR VESTIDO DE MARISCAL. "¿Por qué decimos "una representación teatral" y también "el representante de la comunidad autónoma extremeña", o incluso "la representación extremeña"? Porque en todos estos casos la verdad sólo puede conocerse mediante un juego, una ficción aceptada y pactada por todos. Una representación es una ficción que produce "realidad".--Félix de Azúa
Aceptamos la ficción de que un señor perfectamente juicioso diga ser Hamlet, el cual sólo puede expresarse mediante un actor. Del mismo modo aceptamos la ficción de que un ciudadano perfectamente razonable afirme ser la "representación" de Extremadura, porque Extremadura sólo existe a través de un actor, encarnada por un actor, a quien todos dejamos ser Extremadura mientras nos convenga.
Las representaciones tienen ese durísimo corazón: sólo nos acercan a la verdad mientras mantengamos la ficción. Cuando la ficción nos aburre o nos perjudica, la abandonamos y entonces Hamlet deja de ser Hamlet y pasa a ser un actor originario de Cartagena. Y el representante de Extremadura, aquel que durante una temporada tuvo el honor de ser Extremadura, pasa a ser un don nadie. Pero alguien deberá entonces encargarse de representar a Extremadura, porque, si no, lo que se convierte en nada es la propia Extremadura. (...) Este mecanismo tiene una importantísima función en nuestras vidas, las cuales son, en más de un 90%, mera representación. Por ejemplo, no es que siempre seamos nosotros mismos (el que era yo hace treinta años me produce verdadero estupor y una antipatía enorme), sino que siempre representamos a la misma persona, al mismo personaje, el cual sólo subsiste en la ficción del Documento Nacional de Identidad ya que el Estado es el único propietario de nuestra representación. El Estado es el apoderado de todas las representaciones de sus súbditos.
Uno de los primeros en advertir tan sensacional artimaña fue Pascal, quen se asombraba de que algunas actividades no pudieran subsistir sin la representación, en tanto que otras actividades eran independientes de ella. Su asombro era enorme cuando contemplaba la administración de justicia, con sus jueces cubiertos de pelucas y ropajes, sus acusadores mordaces y sus defensores sentimentales moviéndose por un decorado de altísima carga teatral. Y es que en efecto, no podría haber administración de justicia sin representación.
(...) En los EEUU, donde se ha prescindido de buena parte de la representación, los juicios se llevan a cabo como un negocio: el acusado acepta una pena a cambio de declararse culpable y así todo el mundo se ahorra la representación. A eso lo llaman un deal, es decir, un "acuerdo". Ese acuerdo no es un acuerdo cualquiera: es el acuerdo de suspender la representación, el drama, y al mismo tiempo destruir el sistema judicial. (...) Pero Pascal añadía que otras actividades no precisan representación, y ponía como ejemplo la guerra, en la que, a su juicio, auqnue los soldados vayan disfrazados, no hay representación, pue gana siempre el más fuerte y no el que conduce mejor el drama. Se equivocaba. Tolstói, en Guerra y paz, describe muy acertadamente la destrucción de la Gran Armée de Napoleón, tras la retirada de Moscú, como un puro fenómeno de deal: los soldados se pusieron de acuerdo en dejar de creer. Y el ejército se volatilizó. Aparecía un buen hombre vestido de mariscal y trataba de dar órdenes gritando que él era un mariscal del Imperio, pero los soldados se lo quitaban de encima a codazos y le llamaban "payaso" o cosas peores. Ya no había mariscales, sólo había gente disfrazada de mariscal. Una realidad (simbólica) era sustituida por otra no menos real".

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