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lunes, 23 de junio de 2014

What a woman may be,

«Female heroism in ancient and modern times», William K. Haselden. Una caricatura de las acciones militantes para conseguir el voto de la mujer. Publicada en Daily Mirror, 27 Feb 1913. Enlace a la fuente de la imagen

«What a woman may be, and yet not have the vote», Suffrage Atelier, 1913. Un póster de propaganda a favor del movimiento para obtener el voto de las mujeres en Gran Bretaña. Fuente imagen

(vistos en Paul Gravett y John Harris Dunning, Comics Unmasked. Art and Anarchy in the UK, Londres, The British Library, 2014). 

domingo, 22 de junio de 2014

1820

«En 1820 George IV accedió finalmente al trono. El nuevo monarca intentó contener a Cruikshank, junto a otros caricaturistas y sus editores, a través de los tribunales. Cuando esta táctica fracasó, los archivos reales muestran que George IV pagó a Cruikshank y a otros sobornos por un total de 2.600 libras entre 1819 y 1822, "en consideración al compromiso de no caricaturizar a Su Majestad en ninguna situación inmoral". Cruikshank cogió el dinero y a pesar de todo continuó satirizando al rey. Solo después de ser convocado a una audiencia con George en agosto de 1820 en el Pabellón de Brighton, Cruikshank disminuyó sus ataques gráficos, conforme el mercado de las estampas daba paso a las revistas y libros ilustrados. La herencia satírica continuó, no obstante, y todavía se mantiene viva en las viñetas editoriales diarias en los periódicos británicos».
Paul Gravett y John Harris Dunning, Comics Unmasked. Art and Anarchy in the UK, Londres, The British Library, 2014, pp. 75-76. 
Caricatura de George IV, por Cruikshank, julio de 1820. Con bocadillos de diálogo, por cierto

miércoles, 20 de noviembre de 2013

CARICATURA POLÍTICA Y FIGURACIÓN PICTÓRICA


¿Tiene futuro el dibujo en la época de la tableta digital?
El realismo tiene pocos amigos entre los estetas. Puede contarse su número con los dedos de la mano. Parece que fue ayer cuando Clement Greenberg denostaba la figuración pictórica como representación consumada del sentimiento pueblerino, altamente reaccionario ante la marcha del espíritu hegeliano desde la pintura de caballete hasta elflatness. Pero no fue ayer, sigue siendo hoy. El público abarrota las exposiciones de Edward Hopper en las principales capitales de Occidente mientras las instituciones que cobran la entrada desprecian a este tipo de pintores dada su incapacidad manifiesta de colocar lo que no huele a Modernidad en el cronograma del siglo XX. Ello excluye también a artistas claramente protegidos por los filósofos, como pasa con Francis Bacon, un islote de figuración sin contexto, directamente vinculado por los historiadores con el siglo XVI. Menos mal que Frederic Jameson ha roto hace poco la baraja publicando The Antiomies of Realism, una investigación sobre las diversas variantes del realismo y de la nostalgia por los fenómenos perdidos con interesantes proyecciones sobre nuestro tiempo presente, porque hasta hace poco parecía que el grueso de los estetas seguían suscribiendo de tapadillo una variante de este formalismo historicista, solo que añadiendo su corriente artística preferida a la cola del espíritu hegeliano.
Entre las margaritas aplastadas y los huevos rotos para hacer la tortilla de la estética contemporánea podemos encontrar numerosos géneros que gozan del favor del respetable aunque no de la crítica. Es el caso de la caricatura política y de la figuración dibujada. Si a finales del siglo XVIII Goya tuvo que disculparse en el prólogo a Los caprichos porque estaba utilizando géneros como la sátira o el retrato de costumbres, que hasta entonces habían sido prerrogativa exclusiva de los escritores, hoy día parece que sus herederos tienen que pedir permiso antes de entrar en el Museo. Hemos tenido que esperar a la muestra curada este año por Massimiliano Gioni, cuya propuesta centrada en los outsiders estaba felizmente condenada —sí o sí— a incluir elementos marginales, para que maestros indiscutibles como Robert Crumb figuren en la Bienal de Venecia. No obstante, esta exterioridad del dibujo respecto a determinadas instituciones no sólo responde a las necesidades y limitaciones expositivas del White Cube, aunque resulte ciertamente incómodo consultar el cómic de La Biblia a través de una vitrina, sino sobre todo a la vitalidad comercial que todavía retiene este medio expresivo, cuyo penoso soporte material hace prácticamente inviable la especulación y el lavado de dinero, realidades tristemente vinculadas con la mercadería artística, más allá del coleccionismo freak y de la acumulación nerd.
—Ernesto Castro, sigue en SalonKritik 
(gracias, Carlos)

martes, 24 de abril de 2012

SON CONCEPTOS

«Pocas veces el histrionismo, la exageración o la hipérbole son valores en liza en la bolsa de la interpretación. Y no debería ser siempre así. En algunas obras dramáticas, una actuación desproporcionada y poco realista despega al actor de la dimensión humana y lo acerca a la abstracción. Para entendernos: Gloria Swanson en “El crepúsculo de los dioses”, Jack Nicholson en “El resplandor” o Daniel Day-Lewis en “Pozos de ambición” no son personas, son conceptos. Y en comedia, la sobreactuación es básica para la deformación humorística. Es la base de la caricatura (otra forma de abstracción, claro)».
Joan Pons, sigue

lunes, 9 de abril de 2012

LA DISTINCIÓN

La "diferencia" entre el retrato y la caricatura:
La denuncia de un caricaturista de la zona motivó, el pasado sábado, la visita de una pareja de la Guardia Urbana que le advirtió que debía dejar de hacer caricaturas y limitarse a confeccionar retratos dando incluso, asegura, instrucciones de cómo hacerlo. “Un retrato tiene que ser como una foto”, afirma que le espetó uno de los agentes. Albert, que tiene dudas de que la policía pueda juzgar si lo que él hace es una caricatura o un retrato se muestra indignado con la manera de valorar su trabajo.
Sigue en La Vanguardia (vía Angux)