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martes, 26 de enero de 2010

SIGNIFICAR, NO DAR SIGNIFICADOS

El otro día pude escaparme a oír una charla de Chema Cobo sobre su propia exposición, la que tiene actualmente en el CAC de Málaga, charla organizada por la Facultad de Bellas Artes de Málaga. Fue una tarde muy bien aprovechada por todo lo que pude aprender y reflexionar. Está claro que Chema Cobo es un pintor que piensa mucho lo que hace, muchísimo de hecho, y así pinta lo que pinta. Entre otros temas, aparte de ciertas cuestiones técnicas en la realización de sus cuadros, durante su charla habló de los límites de la pintura a estas alturas de la historia ("ya está todo hecho, en las texturas y los elementos", "hay que buscar resquicios en profundidad, y no en extensión"), y también de su obsesión por crear imágenes cuestionadoras de la representación (algunos de sus cuadros parecen -falsamente- fotografías, o postales distorsionadas, o fotogramas de una película inexistente), y, esto lo digo yo, viceversa, imágenes cuestionadoras de la realidad puesto que la "realidad" también es una representación, la que nuestros sentidos se hacen: la materia de los recuerdos, de los sueños; las imágenes que percibimos en un aquí y ahora que ya no es aquí y ahora porque el instante de hace un momento ya ha pasado, ya no es presente, ya está en nuestros recuerdos.

Chema quiere también fabricar imágenes no banales pero que, a la vez, tampoco estén cargadas de significados. En el catálogo de la exposición, que me ha pasado Cake, le entrevistan y en sus respuestas profundiza en los mismos temas que le preocupan. Dice que está cansado de imágenes banales, que están por todas partes, que la gente apenas reconoce lo que hay en esas imágenes, incluso que ha detectado fotos periodísticas que los diarios usaron durante un tiempo para describir un suceso importante, pero que, pasada una temporada, "aquello no lo reconoce nadie como tal", y la imagen "queda sin substancia." Dice también, y esta clave me parece importante, que quiere hacer una obra "no imperativa" que, aunque tenga intención de significar, no imponga significados concretos al espectador para que éste se pregunte. "Cuantas más preguntas se haga uno ante la obra, es porque la ha visto cada vez mejor".

lunes, 13 de julio de 2009

EL CIRCO DEL SOL.

Quizá en otras predicciones se equivocara, pero en esta en concreto no. En LA SOCIEDAD DEL ESPECTÁCULO (1967), Guy Debord supo ver con clarividencia uno de los nuevos rasgos del capitalismo en la sociedad del consumo y su megaindustria del ocio: la alienación de los trabajadores ya no se centraría como antaño en la explotación durante el tiempo de trabajo (porque este tiempo tiende a disminuir), sino que iría colonizando poco a poco el ocio del trabajador, aparentemente de forma no relacionada con la producción industrial, y terminaría por "expropiarle" el tiempo total de vida. Una vez terminado su horario laboral, el trabajador en su "seudo ocio" se convierte en masa de consumidores pasivos y satisfechos. En otras palabras, en su "ocio" sigue "produciendo" aunque sea de forma pasiva, con su consumo. El trabajador se ha liberado así de una cantidad creciente del horario laboral sólo para que la gigantesca industria del ocio y entretenimiento (y eso incluye también a los inmensos centros comerciales de hoy) haya venido a llenarlo. Lo que gana el trabajador con su esfuerzo se lo gasta luego durante su tiempo libre en consumir, consumir y consumir. Frank Zappa aludió a este triunfo final (y total) del capitalismo a su manera, más bruta y cachonda: "El comunismo no funciona porque a la gente le encanta poseer porquerías".

Cuento todo esto porque el sábado acompañé a mi amigo Cake a IKEA, y, además de lo ya sabido sobre esa gran cadena (todo allí es "auto" servicio, incluso pretenden que lo sea pagar con las famosas "autocajas" que por cierto la Fnac también ha intentado implantar), estuvimos observando el "espectáculo" que había al final del todo, tras las cajas de pago. Productos alimenticios suecos de gama baja a precios de Tienda del Gourmet del Corte Inglés, y ojo que si compras tienes que pagar la bolsa para llevarte las cosas (20 céntimos de euro) porque no es gratis. Igual que la tienes que pagar aunque hayas comprado muebles y "complementos" del hogar, vaya. Pero ahora venía lo mejor. Junto a la seudo tienda del gourmet sueco, hay instalado un siniestro fast food con unos perritos lamentables y una bebida que tú mismo te tienes que servir para comer luego de pie (como los soldados, que diría mi madre) porque no hay sillas, sólo mesas a la altura del pecho, en plan cocina americana. Lo asombroso es que, a pesar de todo el maltrato implícito que hay ahí, y del montaje descarado maquinado por los cerebros calculadores del marketing para que las familias "disfruten toda su tarde de sábado" en el centro comercial (por supuesto en el IKEA, como en tantos otros sitios de ahora, también hay parque infantil para que los padres dejen a sus hijos y puedan "disfrutar"... del consumo), la barra del fast food estaba a tope, con gente comprando y consumiendo su seudo merienda antes de marcharse a casa.

En fin, que buen verano y espero que lo paséis en la playa o en algún otro sitio bonito, y no en un puto centro comercial ni nada que se le parezca. Cierro el blog pero volveré en septiembre. Feliz verano a todos.