jueves, 15 de abril de 2021

la familia bien, gracias


La familia bien, gracias”

COLECCIÓN SUPER HUMOR: LA FAMILIA ULISES. 60 ANIVERSARIO.
Autor: Benejam y otros
Editorial: Ediciones B
Páginas: 192
Precio: 13,95 €

Se acaban de cumplir 60 años de la primera aparición, un 6 de marzo de 1945 [hubo una historieta aislada, previa, de 1944], de La Familia Ulises, una de las series más populares y longevas de nuestro cómic. Con aquella plancha, publicada en el semanario infantil TBO con dibujos de Marino Benejam y guión de Joaquín Buigas, comenzaba una saga que abarcaría tres décadas y se convertiría en la serie estrella del semanario que dio un nombre español al medio,
"tebeo", y que en su mejor época llegó a tirar 350.000 ejemplares. La autoría de dicha serie, erróneamente, se suele atribuir en solitario al dibujante menorquín Benejam (Ciudatella,1890-Barcelona,1975), seguramente por su fama como creador de otros personajes —Melitón Pérez,
Eustaquio Morcillón y Babalí— y uno de los artistas que dibujó la célebre sección Los grandes inventos del TBO. Pero lo cierto es que Benejam siempre contó en La Familia Ulises con guiones de otros, primero del citado Joaquín Buigas y más tarde de Carles Bech.

   El tomo conmemorativo que tenemos entre manos es una selección de entre las más de mil páginas de esta saga humorística, protagonizada por una familia de clase media típica de su época. Don Ulises, el progenitor, era un buenazo gordinflón y torpe que lidiaba estoicamente
con las meteduras de pata de su familia. Sobre todo con las de su oronda mujer, Doña Sinforosa, siempre preocupada por el ascenso social, y las de su suegra Doña Filomena, una anciana también obsesionada por las apariencias, pese a que con su particular dicción no pudiera ocultar su origen humilde y analfabeto. La prole estaba integrada por Lolín, la hija en edad de merecer y víctima habitual de las maniobras familiares para buscarle un buen partido, y por los gemelos Merceditas y Policarpito, que cubrían la cuota de travesuras infantiles junto a la mascota, el perro Treski.

   Las historietas, todas de una página autoconclusiva, eran abigarradas en diseño pero claras en línea, y llegaban a abarcar hasta 18 viñetas. Leídas ahora, su humor se antoja a veces demasiado blanco y amable, sobre todo en la etapa con guiones de Bech, pero sí constituyen un fascinante retrato sociológico de nuestra posguerra, en particular de las costumbres, estrecheces económicas y aspiraciones pequeño-burguesas de la clase media de entonces. Los timadores y estraperlistas, la emigración del campo a la ciudad, los intentos de medrar invitando al jefe de Ulises a almorzar en casa, las modestas modalidades de ocio de la época —las excursiones domingueras, la radio, la televisión luego— e incluso las mejoras del desarrollismo tienen su eco cómico en estas páginas. Unas páginas que, por eso mismo, suministran una impagable radiografía de nuestra historia reciente y de un modelo familiar que, por qué no decirlo, se encuentra hoy en franca extinción.

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Una reseña que publiqué en El periódico de Catalunya en marzo de 2005.

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