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martes, 14 de agosto de 2012

FAHRENHEIT 451


Inevitable postear de nuevo esta foto, al hilo del post anterior. Foto que no procede de una película, sino de lo que ocurrió en la realidad. De una quema de tebeos en 1948 en Binghamton, Nueva York (reproducida en el libro de David Hajdu The Ten-Cent Plague: The Great Comic-Book Scare and How It Changed America, 2008). Más información aquí

viernes, 27 de noviembre de 2009

ANTES DE WERTHAM

Para ampliar algo más el tema del libro de David Hajdu comentado dos posts más abajo, rescato esta entrada de Con C de Arte:


Esta fotografía de una quema de cómics en 1948 ilustra una entrevista con el periodista David Hajdu, autor de THE TEN CENT PLAGUE: THE GREAT COMIC-BOOK SCARE AND HOW IT CHANGED AMERICA. El libro trata la histeria contra los comic-books que se desató a finales de los cuarenta y primeros cincuenta en Estados Unidos, que terminó provocando el cierre de editoriales (como EC Comics) y enviando al paro a literalmente cientos de historietistas, una persecución que según Hadju tiene paralelismos con la que sufrieron los autores de la lista negra acusados de comunistas:

How effective was the censorship campaign?

DAVID HAJDU: It was devastating. The title of my book has two meanings: To those crusading against them, comics were a plague on American youth. To the young writers and artists who made comics, however, the crusade against comics was the plague.

Literally hundreds of comics creators were driven out of work by the purge against comics, and many of them were never published again.

Their plight has obvious parallels to the blacklisted writers of the Red Scare, though, to me, it's uniquely tragic.


Para Hadju, los cómics empezaron a recobrarse en los 60, una vez que la paranoia de la posguerra concluyó. "Pero nunca volvieron a ser lo que una vez fueron: la forma de entretenimiento más popular e influyente de América".

jueves, 26 de noviembre de 2009

LOS ECHÉ DE MENOS EL RESTO DE DE MI VIDA.

"Era el único que tenía que despedir al equipo. Fue la cosa más dura que he hecho en toda mi vida. Tuve que decírselo a todos ellos, y entre esa gente había amigos míos. Muchos de ellos... había cenado con ellos en sus hogares... Conocía a sus esposas, a sus chavales, y tenía que decirles esto. Fue, como digo, la cosa más horrible que he tenido que hacer".
El que habla es Stan Lee, editor de Timely / Atlas (luego Marvel) en 1957, año en que tuvo que despedir a la mayor parte de los dibujantes que trabajaban para la compañía. La razón, la crisis general de ventas que azotaba el mercado del comic book. Una crisis provocada en gran medida, entre otras razones, por la repercusión popular que habían tenido las teorías del psiquiatra Fredric Wertham acerca de los "males" que los comic books provocaban en la juventud americana (según él, la principal causa de la criminalidad juvenil), a lo que se sumaron las sesiones de investigación del Senado estadounidense comandadas por Estes Kefauver sobre delincuencia juvenil, más la creación en 1954 de un código editorial de autocensura, el famoso Comics Code, cuyas prohibiciones de contenidos en los comic books consiguieron acabar con todo lo excitante y atractivo que había en muchos de esos tebeos. Después de aquello, los comic books sencillamente estaban mal vistos, como una peste. La declaración de Stan Lee la he copiado de un estupendo libro de David Hajdu, THE TEN-CENT PLAGUE. THE GREAT COMIC-BOOK SCARE AND HOW IT CHANGED AMERICA (Picador, 2008). Hajdu sigue relatando:
"Lee convocó a todos los principales dibujantes de Timely -Joe Sinnott, Dick Ayers, Gene Colan, Martin Nodell, Morris Weiss, Frank Bolle, John Romita- a su oficina, y les dijo, uno por uno, "Lo siento, pero no hay más trabajo para ti. Se acabó", tal como él recordaba. "Estaban en estado de shock, yo estaba en estado de shock". Tras esta conversación, Lee se fue al baño.

Todos aquellos con un especial afecto por el medio, como Pete Morisi, estaban devastados. "Amaba los cómics... Amaba todo sobre ellos, y estaba orgulloso de lo que estaba haciendo, pero me sentí avergonzado de estar haciéndolos. No podías admitir ante nadie que eras dibujante de comic books, tenías que decir que eras 'un dibujante'", contó Morisi, que dejó los cómics, hizo un examen para el servicio civil y terminó como operador telefónico de la policía en Brooklyn. "Cuando el hacha cayó, me mató. Estábamos en apuros. Los cómics estaban muertos. Me partió el corazón".
Mike Sekowsky, continúa relatando Hadju, trabajó durante un tiempo como empaquetador en una tienda de comestibles, y John Severin consiguió un empleo en una fábrica de cerillas. Dick Ayers encontró trabajo como guardia de seguridad. "Tenía que alimentar a mi familia, pero era humillante. Me había dedicado toda la vida a dominar algo que pensaba que tenía calidad, y ahora no podía practicarlo nunca más porque se consideraba como algo criminal. Siendo guarda de seguridad, pensé, vale, esto es irónico, porque se supone que tengo que proteger algo, y resulta que todo el país está intentando proteger a los chavales de mí" (Ayers). Harry Harrison, un dibujante que colaboró con Wally Wood para EC y otras editoriales, no encontró trabajo en un año. "No había nada. En realidad había trabajo, pero siempre que quisieras hacer mierda juvenil. Pero si te tomabas el trabajo en serio y ponías tu orgullo en lo que hacías, no había nada para ti. Los dibujantes de cómics estaban pateando las calles. La gente simplemente desapareció... desapareció. Gente de los mejores, no sólo los marginales.... grandes talentos. Estaban arruinados". Harrison, cuenta Hadju, dejó los cómics finalmente y se dedicó a su segunda gran pasión, escribir.

Jack Cole, el creador de Plastic Man, fue otro de los afectados por el "gran miedo" al comic book desatado en los cincuenta. Cole fue uno de los dibujantes a los que Wertham había atacado expresamente en su libro SEDUCTION OF THE INNOCENT debido a su descripción aterradora de la pesadilla de un adicto a la morfina en una historieta para TRUE CRIME COMICS. Cole encontró trabajo haciendo "chistes lujuriosos" (sic) para la revista Playboy. En 1958, se compró un rifle calibre 22 y se pegó un tiro por razones desconocidas ("Las teorías más creíbles sobre sus motivos incluían problemas de matrimonio, probablemente relacionados con la deriva de Cole en el círculo mundano de conocidos de Hugh Hefner, y las deudas; el día de su suicidio escribió una carta a Hefner diciendo 'Perdona por deberte tanto'). Fred Guardineer, que había dibujado igualmente historietas de crimen, dejó los tebeos para siempre y trabajó como cartero en Long Island. Warren Broderick, que había colaborado con Harry Harrison para muchos editores, se convirtió en conductor de ambulancia. "Warren era un hombre adorable, gracioso, y muy sensible... Dejó el negocio con enorme pesar, y nunca volví a saber de él", dijo Harrison. Jack Kamen, Mort Leav, Marc Swayze y Pierce Rice se dedicaron a la ilustración comercial, para la publicidad o para catálogos industriales, hasta que se jubilaron.
"Me gané bien la vida y, siendo sincero, era respetado entre mis pares en el negocio de la publicidad", dijo Leav. "Pero el trabajo era trabajo. No eran cómics. No podías ser creativo. No era divertido. No tenías la libertad... Eché de menos los comic books durante el resto de mi vida". Hacia el final de la represión, en los últimos años cincuenta, más de ochocientas personas que trabajaban en los cómics al comienzo de la década habían dejado el negocio, y nunca más hicieron una viñeta para un comic book".
Hadju acaba su libro con un apéndice que incluye un listado con los nombres y apellidos de cerca de novecientas personas que nunca volvieron a trabajar en los cómics. Todo esto lo leí anoche, en la cama. Apagué la luz de mi mesilla con el corazón encogido.