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sábado, 21 de marzo de 2020

sábado, 20 de diciembre de 2014

«Huelga de dedicatorias: la BD atraviesa una grave crisis»


Télérama se hace eco de la crisis por la que atraviesa la industria de la BD. Enlazo el artículo de  Stéphane Jarno y Laurence Le Saux (vía Álex Serrano) como complemento al post que publiqué en verano sobre este tema, «Crisis en tierras paralelas». 

(La ilustración no sé de quién es, no viene acreditada en el artículoEditado: me señalan en comentarios (gracias) que el dibujo es de Erwann Surcouf


ACTUALIZACIÓN Algunos destacados del artículo:

[En una librería especializada de París]. Esta avalancha de álbumes no facilita la tarea de los libreros. «Los libros salen demasiado rápido, antes de que tengamos tiempo de defenderlos, se lamenta Jean-Pierre Nakache, el gerente. Un número increíble de ellos vende entre seiscientas y ochocientas copias. Pero hace diez años el mínimo eran tres mil, lo que ponemos en el mercado»... En veinte años, el número de álbumes publicados en Francia se ha multiplicado por diez, ¡de quinientos a cinco mil en un año! Ciertamente el fenómeno manga ha contribuido a aumentar las cifras, pero no lo explica todo. 
Hasta hace poco un sector en fuerte crecimiento, la bande dessinée atrajo muchas vocaciones. Entre los autores, pero también entre los editores, que se han multiplicado (332 en 2013) y publican a diestro y siniestro. Todo sería mejor si los lectores hubieran seguido su ejemplo. 
«En tanto que la producción ha explotado, el ​​promedio de tirada de un álbum se ha dividido por cinco», dice Claude de Saint Vincent, director general del grupo Média Participations, propietaria de Dargaud, Dupuis y Le Lombard. «Hemos pasado de un sector profesional de fondo [un autor podía esperar vender sus obras a largo plazo] a un sector de novedades. Hoy en día, la literatura general, que representa el 30% de la edición, permite vivir a 300 novelistas. La bande dessinée, que solo supone el 9%, ¿cómo podría permitir subsistir a 1.500 autores profesionales?» 
[...] Xavier Mussat, a quien se debe el nuevo y brillante Carnation, habló en junio en una carta abierta: «Es bueno para la supervivencia de una profesión hacerse la pregunta: ¿a qué clase social pertenecerá el que produzca sus libros con calma?» La respuesta de su colega Emmanuel Lepage (La Lune est blanche) es escalofriante. «El futuro pertenece a André Gide, es decir, a los rentistas, me dijo un editor. La situación es trágica. Estamos siendo testigos de la desaparición de un medio, así de claro. Hace cinco años, el sistema de la BD permitía, trabajando doce horas al día, seis días a la semana, mantener la cabeza fuera del agua. Eso hoy día ya no es posible».  
¿Qué perspectivas hay para estos profesionales? ¿Reconvertirse? ¿Diversificarse para ser además ilustradores, diseñadores gráficos o animadores? Algunos pueden, sencillamente, simplificar su trabajo para dibujar más rápido. O adoptar trucos bien probados que garantizan un cierto número de ventas. En todos los casos, la creatividad y la diversidad de historietas hechas en Francia sufriría. 
¿Y qué pasa con los futuros autores que salen cada año de las escuelas de BD, cada vez más numerosas? «¡Tenemos que ir a la delegación del Ministerio de Cultura vestidos de Pitufos, balanceando cubos de sangre falsa!» La idea lanzada por Lewis Trondheim no ha tenido éxito (¿todavía?), pero sus colegas ofrecen una «marcha de los autores y de apoyo a la creación» para el próximo Festival de Angoulême, del 29 de enero al 1 de febrero. Se trata  de romper el mito de color de rosa que rodea su profesión. Y, tal vez, de salvarla.

martes, 22 de julio de 2014

la prueba irrefutable de la existencia de Dios

«Bueno, llegó el tema de la política, me gustaría hablar de esto. 
[...] Juanjo: yo soy de Podemos, lo dejamos ahí. A Mario y a mí nos dio un folleto en un barrio de Valencia un señor y nos dijo “Votar a este”. Que lo cuente Mario… 
Raquel: Ser de Podemos ahora es indie, pero esperamos que llegue a ser mainstream. 
(Risas) 
Juanjo: no es tan indie… Tercera fuerza en Madrid ya es para tomárselo en serio. Puede que sean la auténtica próxima izquierda, y más teniendo en cuenta como han reaccionado el resto de partidos. Hasta Rajoy ha dicho “me interesa un PSOE fuerte”. La clase política se apoya. No sé… no creo que sea algo alternativo a la política o a los partidos. Han entrado muy fuerte. Yo tengo ganas de que salga alguien nuevo aunque sea con coleta. 
[...]  
¿Qué te decía Artur cuando veía que había dibujado ya 200 páginas [de Dream Team] y que aún seguía la cosa, Mario? 
Mario: Le dije, “Artur, va a tener 400 páginas”, porque básicamente cuando tenía doscientas no había llegado ni a las fallas y la mentira de la historia aún seguía en el aire, todavía tenía que ser descubierta. Luego hay una escena muy larga que es cuando el padre se entera y lo ve al día siguiente, y le decía, “Artur tira páginas, tira, tira, haz muchas en silencio una tras otra”, y él empezó a dibujar muchas. 
¿Y qué dijo cuando se enteró finalmente de que sólo estaba a la mitad de la obra? 
Mario: me dijo, “qué le vamos hacer, pues habrá que seguir hasta el final”. 
Artur: Y después lloré tres horas. 
O sea, un libro sobre una mentira construido sobre otra mentira. 
Mario: sí, ja, ja, ja. Es algo así, el proceso y el tema fue toda una mentira, y la editora siempre decía ¿pero cuántas páginas faltan? Y yo le decía siempre “nueve”. Y la editorial contestaba, “pero hace dos meses le faltaban nueve”.  
(Risas) 
Mario: Y Artur hacía casi cuatro por día. En fin, la prueba irrefutable de la existencia de Dios es cómo en este puñetero país se hacen los cómics».
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Entrevisto a Raquel Córcoles (Moderna de Pueblo), Juanjo Sáez, Mario Torrecillas y Artur Laperla a propósito de sus cómics recientes. Hablamos también de la vida en el barrio, la reciente crisis y la política actual, las redes sociales y mucho más. En la revista Passeig de Gràcia / Paseo de Gracia, sigue aquí
(Foto de Raquel Córcoles: Rai Robledo
Foto de Juanjo Sáez: Marta Castro 
Foto de Mario Torrecillas y Artur Laperla: Eva Cuenca)

martes, 15 de julio de 2014

crisis en tierras infinitas

Santiago García ha escrito una respuesta a mi post anterior sobre el estado actual de la BD, «Crisis en tierras paralelas». Podéis leerlo en su blog, Mandorla.

domingo, 13 de julio de 2014

crisis en tierras paralelas

Había nubarrones negros nada más llegar a Angoulême. Las noticias, oídas en las conversaciones con autores, hablaban de veteranos de la BD comercial quemados por los cambios de los últimos años; autores experimentados que han dejado el medio porque ya no les compensa económicamente y se han marchado buscando pastos más verdes en la animación o los videojuegos, y autores que se están pensando hacer lo mismo si no cambian las cosas. Luego me han confirmado las tiradas y tarifas a la baja en una industria que desde España tenemos sumamente idealizada. Se hablaba también de las acciones que están preparando los autores para la próxima edición del Festival de Angoulême; se rumorea que «incluso quieren llegar a pararlo» (sic).

Y en este mar de fondo tan agitado me he topado con una tira de cómic que ha tenido una gran difusión nada más publicarse hace pocos días. Escrita y dibujada por Elric Dufau, un antiguo residente de la Maison des Auteurs, la tira resume los problemas recientes del mercado de la BD que están cambiando profundamente el panorama editorial, especialmente para el eslabón más débil que, para variar, también aquí, son los creadores. Lo cual por cierto no es una característica exclusiva del cómic sino más bien del capitalismo, y como tal se da igualmente en otras industrias (volveremos sobre esto). La tira en cuestión va al grano desde su mismo título, «La crise de la BD», y como digo pretende exponer los principales problemas que presenta hoy la estructura económica de la hasta no hace mucho potente industria del cómic francobelga. 

En dicha crisis se combinan diversos factores, externos e internos. Entre los externos a la industria de la BD estaría la reforma francesa de las pensiones en el marco más general del desmontaje del Estado del bienestar en el seno de la Unión Europea, una reforma por la cual los autores (no solo de cómic, también escritores en general, etc.) pasarán a cotizar el 8% en 2016 si quieren tener una pensión complementaria de conformidad con la normativa europea. Para un gran número de autores que ganan bastante menos del Salario Mínimo Interprofesional francés (que por supuesto no es el español: en enero de 2014 el SMIC francés era de 1.445 euros brutos al mes por 151,67 horas mensuales trabajadas) el cambio no es precisamente menor. Los sindicatos de autores de BD y de escritores ya han acudido a los ministerios de Cultura y Asuntos Sociales para intentar negociar una solución, que si no lo he entendido mal podría ser que editores / libreros / distribuidores cubrieran la mitad de esas cotizaciones, y los ministros responsables han dado ya algunas respuestas públicas en las que se muestran dispuestos a hablar del asunto. Unas respuestas muy ambiguas y cautelosas, políticamente hablando, que Elric Dufau parodia en el siguiente diálogo de su tira:
—En resumen, algo que se parece a: "Podemos discutir, pero de alguna manera te vamos a joder".
—En resumen: la definición de la democracia.
La tira de Elric está ciertamente bien documentada y acude a fuentes como, precisamente, el documental de Maiana Bidegain Sous les bulles (Bajo los bocadillos, subtitulado La otra cara del mundo de la BD), que arranca con la reportera llegando al Festival de Angoulême y aborda en particular las condiciones laborales de los autores de BD, cada vez más precarias.



Como cita Elric de ese documental, en el reparto del «camembert» o tarta del precio de venta al público de un cómic, los autores se llevan el 8% frente al 20% del editor, el 34% del librero, el 12% + 9% del distribuidor y otros. En algunos proyectos el autor puede negociar hasta llegar a un 12% de la tarta, dependiendo del autor y el proyecto concretos.


De la tira de Elric Dufau «La crise de la BD»
De ese 8% del precio de cada libro el autor tendría que descontar ahora la nueva cotización, lo que supondría una merma notable de sus ya de por sí magros ingresos. La personaja de la tira afirma entonces que se trata de una «cuestión de ética». Pero, por supuesto, hablamos del sistema capitalista, que por definición es amoral. «Un poco como sucede con la agricultura», comparación afortunada que establece Elric en su tira, donde los agricultores son los menos beneficiados en su propia cadena de producción a pesar de que aportan la materia prima. Es, de nuevo, la lógica del capitalismo.

Respecto a los factores internos del mercado de la BD en esta crisis, algunos nos van a sonar en España; otros son más específicos de la industria francobelga. A saber: la desaparición de las revistas de cómic llevó a una lógica de producción de álbumes, de hecho superproducción, que en principio multiplicó la producción de libros, de autores nuevos y de la cantidad de libros vendidos... pero solo en el cómputo global, no por cada título. Un momento. Elric cita las cifras de Gilles Ratier, periodista y crítico de BD, según las cuales en los años ochenta se publicaban grosso modo unos 800 álbumes al año, cuando aún existía un mercado relevante de revistas mensuales de cómic, frente a los 3.070 álbumes publicados en 2005... o los 5.159 en 2013. ¿Cuál es el problema entonces, si tanto se publica? Que al multiplicarse la oferta por las editoriales las ventas de cada libro se han dividido; en otras palabras, el mercado de lectores no puede absorber exponencialmente la oferta creciente. Como me resumía un autor el otro día, los editores «disparan» a mansalva sacando más títulos, con autores y temáticas más diferentes, porque aunque venden menos de cada álbum el negocio lo hacen sumando ventas globales. Al menos en principio, luego volveremos sobre esto. En su momento (y yo diría que no hace tanto tiempo) se consideraba «una buena venta 10.000 ejemplares. Hoy han caído a los 3.000», y cito de nuevo la tira de Elric, pero también a autores que me han contado lo mismo aquí en Angoulême. De hecho, me lo acaba de confirmar otro ahora mismo. Esto significa que, dependiendo de la tirada, un autor medio puede cobrar ahora mismo entre 1.000 y 7.000 euros por dibujar un álbum que le representa más o menos un año de trabajo. Suponiendo, claro, que no tenga que vivir de otras cosas (ilustración, docencia y un largo etcétera), como les sucede a un numero igualmente creciente de autores, porque entonces el tiempo de producción del álbum se puede ir a los dos años o más. De nuevo, solo estoy contando lo que estoy viendo y oyendo aquí. Y si cobras entre 1.000 y 7.000 euros por álbum, obviamente vas a tener que alternar el cómic con otros trabajos para vivir, con lo cual no vas a poder terminar tu libro en un solo año, etcétera. 

Esto nos va sonando cada vez más en España, ¿verdad? Un mercado del cómic que, mutatis mutandis, se parece bastante a esas cifras; donde de hecho hemos sido para variar «precursores» respecto a los franceses. Es broma, entre otras razones porque nosotros estamos haciendo el camino «a la inversa» desde hace ya 30 años, cuando se derrumbó la industria española de producción propia y solo en los últimos diez años se ha empezado a construir una nueva con gran esfuerzo. 3.000 ejemplares vendidos hoy de un libro son realmente buenas ventas en España, y esto tanto para el cómic como para el mercado literario, aunque casos excepcionales como Paco Roca puedan vender diez o quince veces esa cantidad. Aquí hay que tener en cuenta que la diferencia respecto a la cuota de lectores en Francia, mucho mayor, se compensa de algún modo por esa hiperoferta del mercado de la BD de los últimos diez años. 

Elric cita entonces el mea culpa de Fabrice Neaud, reconocido autor de cómic autobiográfico que también fue residente en la Maison des Auteurs (le saludé de hecho el otro día porque estaba de paso en la Maison) y que ha publicado con una pequeña editorial como Ego Comme X. «Los autores y editores independientes son en parte responsables; me siento responsable por devaluar el valor de nuestro trabajo». Pero Elric quiere examinar mejor este punto, y acude a datos concretos, que por cierto he conocido de primera mano, y no solo porque aparecen citados expresamente en su tira: un autor cobra ahora mismo en la colección Shampooing de Delcourt, dirigida por Lewis Trondheim (cofundador hace dos décadas de una de esas editoriales independientes, la hoy célebre L'Association) 7.500 euros por un libro de ciento y pico páginas como autor completo (guión, dibujo, todo). En 2006 cobraba por un libro en la misma Delcourt prácticamente el doble, 14.000 euros. Estas tarifas significan, en plata, que un coloso editorial como Delcourt (el segundo grupo editorial del mercado francobelga junto al Grupo Glénat; el primero es Média-Participations, que agrupa hoy a Dargaud, Dargaud Benelux, Kana, Le Lombard y Dupuis) está imitando lo que son, o eran, tarifas «dignas»... para una pequeña editorial independiente. No para una gran editorial de ese tamaño con tiradas de 15.000 ejemplares por título, por ejemplo.

Por supuesto, el asunto es aún más complejo. 

Entrevistado en 2005 por Thierry Belefroid, Yves Schlirf (director de Dargaud Benelux y de Kana, sello editorial especializado en manga creado en 1996, ambos integrados hoy en Média-Participations) admite la existencia de acuerdos entre editores. «Está claro que si los autores hablan entre ellos, los editores hablan igualmente». Personalmente, añade Schlirf, él no ha participado en «reuniones secretas», pero «está claro» que los grandes dueños de las editoriales se reúnen para hablar. «Por ejemplo, creo que Marcel-Didier Vrac, de Glénat, ideó la supresión del precio por página para transformarlo en adelanto sobre los derechos. ¡No hicieron falta ni 45 segundos para que todos los demás editores consideraran realmente buena la idea!». 

De este modo los editores reunidos cambiaron en algún momento de los años noventa el modo de pagar a los autores, prosigue Elric en su tira, desde el sistema anterior (precio por página + pago de derechos sobre las ventas posteriores) a un sistema de sólo adelanto de derechos. «Podemos imaginar fácilmente que la sustitución de los adelantos de derechos por las tarifas planas se ha operado de la misma manera». Si tenemos en cuenta en este sentido que esos adelantos se calculan normalmente para que las ventas estimadas (y luego declaradas, claro) del álbum no superen lo que les corresponde al autor en ese adelanto, la tarifa es «plana» porque el autor sólo cobra normalmente ese adelanto. «Los grandes editores son hombres de negocio», me explica ahora mismo un compañero de la Maison, y «como tal ven su producto. Para ellos es sólo una cuestión de costes y beneficios. Son duros negociando los contratos, y  por supuesto siempre intentan pagar el mínimo a los autores». En este punto hay que recordar que también en Francia, por supuesto, la ley prohíbe los acuerdos sobre precios entre competidores del mercado; de hecho es una infracción grave de las normas de libre competencia que en Francia además está tipificada en el Código Penal, como ya ha comentado este abogado experto en derecho de la competencia. El abogado recomienda a los autores, preferiblemente a través de una asociación o grupo para llamar la atención sobre la gravedad del problema, que denuncien el caso ante las autoridades en materia de competencia.

Es igualmente destacable la definición de los autores de BD que hace Bruno Maïorana, dibujante de la serie Garulfo (Delcourt), citado por Elric en su tira: los historietistas son generalmente cultivados, licenciados universitarios, gente muy cualificada que domina sus habilidades técnicas, hipermotivados, que no se quejan por las horas.... «¡en pocas palabras, el sueño de cualquier patrón!».

«Desde un punto de vista humano, los autores son personas generosas y desde un punto de vista capitalista particularmente idiotas», concluye la personaja de la tira de Elric. 

(Actualización: para entender mejor este fenómeno cultural, propio del capitalismo tardío de nuestro tiempo, os recomiendo este artículo de Javier Montero que me pasó ayer Santiago García: «The Illusion of Choice. Una crítica de la creatividad»)


CAMISETAS. Como suele ocurrir, lo mejor se deja para el final. Un personaje no identificado aparece entonces en la tira para confirmar que las ventas han bajado realmente para sellos como Dupuis, Dargaud, Kana y Le Lombard, todos en el emporio Média-Participations, pero aún así  este último grupo editorial se beneficia de la situación actual porque tiene su propia distribuidora, MDS. En otras palabras, la superproducción de álbumes les sale a cuenta a esa escala porque el simple movimiento de libros genera beneficios. Esto, por supuesto, es una burbuja especulativa típica del capitalismo que a todos nos suena... especialmente en España.

Naturalmente, la lógica de producción de masas necesita mano de obra barata para reducir los costes, y ahí entra en juego la nueva «política de autores» de las grandes compañías de la BD. Ejemplo concreto: un autor histórico de la BD como Michel Plessix presenta recientemente un proyecto junto al también veterano Frank Le Gall a Delcourt. El proyecto es rechazado porque, alega el editor, los dos resultan demasiado caros en comparación con los autores jóvenes. De ahí que Delcourt haya decidido crear una escuela para autores de BD, cae entonces en la cuenta la personaja de la tira.

No se vayan, aún hay más: el competidor Média-Participations quiere mantener vivas sus grandes marcas, Blake & Mortimer, Lucky Luke, etc., y para eso se están planteando crear también su propia escuela de dibujantes... en China. El informante no puede revelar sus fuentes porque, afirma en la tira de Elric, «tengo una familia, tengo hijos». La lógica de la globalización capitalista es aplastante: si tus modos de producción del cómic son industriales, en China vas a pagar a los dibujantes mucho menos que en Francia. Al fin y al cabo, ya estás imprimiendo tus álbumes en China. «En resumen, se trata de producir BD como si fuera una camiseta de H&M», lo que me recuerda a su vez los viejos tiempos del comic book norteamericano: pinchad en este enlace, una cita de Al Jaffee en la que recuerda cómo trabajaban en los años cuarenta en la industria del tebeo estadounidense.

Elric no da puntada sin hilo y relaciona entonces el «fenómeno chino» con algo que ocurrió en el mercado británico durante los setenta. Un autor le había explicado a Elric hace poco que, «en Inglaterra, donde tienen seguramente la política más liberal de Europa», redujeron la producción propia de cómics en los años setenta sencillamente porque los tebeos norteamericanos les suponían menos gastos y más beneficios. Esto por cierto me recuerda a lo que sucedió en España en los ochenta y noventa, cuando una gran editorial como Planeta DeAgostini inundó paulatinamente el mercado del cómic español a través del sello Forum con material norteamericano traducido. Alguno de sus dirigentes de esa época, sin embargo, hoy se permite actuar como vocero de un apocalipsis sembrado entonces en buena medida por aquel modelo de producción, y dar lecciones implícitas a los que hoy están, estamos, intentando (re)establecer un sistema de producción propia en España a través de la novela gráfica; un sistema que no se limite a traducir material importado y a un gueto de lectores aficionados cada vez más reducido. Por supuesto, tampoco puedes producir una «novela gráfica de Paco Roca» (o de Blutch, o de Guibert, o de Satrapi, si hablamos de Francia) a través de una escuela de dibujantes en China como si fuera ropa de H & M, porque es una obra de autor con unas características creativas y culturales muy específicas que no se pueden imitar con modos de producción industriales. 

Elric concluye su tira muy inteligentemente aludiendo a los cambios en los hábitos de consumo actuales. Un álbum de BD que cuesta 13 o 15 euros permite un tiempo de lectura limitado, digamos media hora; un álbum de una serie de BD que además tarda en producirse un año de media, digamos. ¿Cuánto tiempo tiene que esperar un consumidor actual para disfrutar una serie de televisión de 14 episodios, y cuántas horas de entretenimiento le proporciona esa serie? De este modo, el público de BD está compuesto hoy de fans y coleccionistas cada vez más viejos. «La tira de Elric resume muy bien los problemas que llevo oyendo en estos años en el mundillo, pero hay que tener una visión más amplia del asunto, no meramente corporativista», opina uno de mis compañeros en la Maison des Auteurs. «Quiero decir que el mundo está cambiando, sí, vale, pero ese cambio es para todos, no sólo para el cómic. Hoy hay mucha competencia en la industria cultural en general: literatura, cine digital, series de televisión, videojuegos, internet... Los cambios traumáticos son para todos, no sólo para los autores de cómic. Así que si no puedes ganarte la vida con el cómic, tal vez tengas que cambiar de mentalidad». El autor francés que afirma esto ya se está buscando las habichuelas como profesor de instituto... sin dejar de dibujar sus cómics, por cierto. «Pero ahora me podré permitir rechazar un contrato malo de un editor sin la presión de tener que ganarme la vida con el cómic, y producir sólo en las condiciones que me parezcan buenas para mí», remata.

¿Soluciones? Tomos únicos, indica Elric, o series producidas rápidamente por equipos de autores imitando el sistema del manga (ejemplo: LastMan, editada aquí por Casterman). ¿Cómic digital? Los precios no parecen ser muy seductores ahora mismo. Una BD impresa de 12 euros puede costarte unos 8 euros en digital, explica Elric en su tira; teniendo en cuenta que los compradores son aficionados a quienes les gusta coleccionar los libros impresos, o que pueden encontrar cómics de segunda mano más baratos que esos 8 euros, la alternativa digital no parece muy fiable. Para Média-Participations la venta de cómic digital representaba hace poco el 1% de sus ventas, mientras en Estados Unidos la compra on line (de libros impresos y e-books) ha superado ya las ventas en librerías físicas, que, recordemos, se llevan el 34% del trozo de la tarta del álbum de cómic en Francia.

Más testimonios que recoge Elric: lectores que dicen sentirse sobrepasados por las novedades cuando entran en una librería. Librerías que están divididas en sección «juvenil» y «adulta», con subsecciones a su vez (véase mi post anterior) de BD francobelga, novelas gráficas, «comics» (sinónimo en Francia de cómic norteamericano) y mangas, a su vez subdivididas alfabéticamente.

Por mi parte, sé de autores que ya están buscándose la vida en el mercado del cómic norteamericano porque allí les pagan más que en Francia. En Angoulême también he oído los rumores de las próximas acciones reivindicativas de los autores. Por lo visto quieren plantarse para negociar con los editores, entre otras propuestas, la reducción de la oferta de BD para que así las ventas de cada título puedan subir y ellos cobrar más por cada álbum producido, algo que para la lógica capitalista de un Grupo Delcourt o un Média-Participations no tiene mucho sentido. Buena suerte, la van a necesitar.

viernes, 20 de junio de 2014

ciudadanos orgullosos aunque insatisfechos

Hay algo que señala Santiago García en su post sobre Orgullo y satisfacción que me ha parecido verdaderamente importantísimo: 
Pero ayer hubo otra cosa que me llamó la atención. El apoyo y la participación del público, sincero y entusiasta, mostraba que hay al menos una parte de la población que está harta de consignas oficiales y prensa institucional y que demanda rupturas en todos los órdenes de la vida social española, y entre ellos en los medios de comunicación y los productos informativos y culturales que consumimos. No cabe la menor duda de que uno de los motivos por los que Orgullo y satisfacción se ha ganado el apoyo de este público ha sido por lo que su acto tiene de ruptura. Ruptura con la gran empresa, ruptura con las consignas oficiales, ruptura con un sistema y un medio de vida que cada vez más se percibe como alienante y dañino para el ciudadano medio. Hay sed de nuevas propuestas, de propuestas auténticas e independientes que den respiro entre tanta tormenta mediática de las corporaciones internacionales.
Esa necesidad del público de voces críticas y alternativas en los medios, hoy más que nunca, voces que "nos representen" como ciudadanos frente al establishment, yo la percibo igualmente. De hecho así se lo dije a varios de los implicados en Orgullo y Satisfacción mientras la preparaban para animarles porque creo que sí, que tienen una demanda potencial de público muy importante. Lo percibo claramente, y sí, creo como Santiago que esa demanda existe, es potente y solo puede crecer. Si la crisis en España ha servido de algo ha sido para una toma de conciencia ciudadana sobre la corrupción del sistema institucional y político que teníamos, pero también del sistema mediático, que por supuesto forma parte de él. Hay una demanda de más y mejor democracia, de cerrar esta etapa de ensayo de democracia o democracia tutelada que ha sido España desde 1978, y no solo respecto al sistema de partidos, la legislación electoral, etcétera, a sino también respecto a los medios. Digamos que el propio establishment se ha cargado el juguete, y el juguete era obviamente nosotros. No puedo estar de acuerdo con esas generalizaciones que atribuyen la culpa de la crisis a la población porque nosotros «votamos a nuestros políticos» durante todos estos años: lo siento pero yo pago mis impuestos y cumplo las leyes, y al mismo tiempo no era consciente de la magnitud de la corrupción y el engaño de nuestras autoridades durante todos estos años. Y como yo, estoy seguro de que hay muchos millones de personas ahora mismo en el país. 

Pero ese juguete roto ha tomado una conciencia que antes no tenía, ha cobrado vida propia y empieza a recomponerse y a exigir todo lo que antes no exigía. No, no a exigir exactamente: como ya sabe que los viejos jerarcas no le van a dar lo que pide, ha empezado a tomar la iniciativa para conseguirlo por sí mismo. Eso es propio de ser verdaderos ciudadanos, y no súbditos como de hecho quieren que sigamos siendo; basta remitirse al llamamiento de cierta política a los «súbditos» de la «noble y coronada Villa de Madrid» para que arroparan a su nuevo rey. 

Creo honestamente que Orgullo y Satisfacción forma parte de esta corriente de nuevos ciudadanos que toman las riendas de su vida y su comunidad, y espero que como tal esta iniciativa sea respaldada por su público natural, que como digo, pienso que lo tiene de sobra. A comprar y a seguir: Orgullo y Satisfacción

(viñeta de Luis Bustos)

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ACTUALIZACIÓN



Así fue la presentación de Orgullo y Satisfacción en Madrid, transcrita por Gerardo Vilches en Entrecomics (foto de Santiago García)

jueves, 29 de septiembre de 2011

APOCALIPSIS CULTURAL


Prosiguen los recortes. Naturalmente, ya estamos viendo lo primero que se recorta, sueldo de empleados públicos aparte: la educación y la cultura.

PAÍSSSSSS.

Como en Expaña aún no hemos comprendido lo VITAL que resulta la educación y la cultura para la economía de un país (sí, para la economía, no me he equivocado al escribir), estamos como estamos ahora, o sea, mucho peor que otros países en esta vasta crisis económica, la particular Gran Depresión de nuestra propia generación. Basta comparar, en el aspecto de la cultura-educación me refiero, con países como Estados Unidos, o los más cercanos Francia, Alemania, Suiza o Reino Unido. En realidad, casi con cualquier país de nuestro entorno cercano. Hace poco me decía un amigo que no, que aquí lo que importa solamente es "lo concreto", o sea: la caja de ahorros, la empresa, el ladrillo. Y, por supuesto, el pelotazo. Estaba caricaturizando un asunto complejo, pero eso es básicamente la caricatura, una amplificación por simplificación y exageración que consigue reflejar la realidad mejor que la misma realidad. Y eso sigue siendo Expaña. Borja Crespo escribía hace un minuto en su Twitter: "inminente y evidente APOCALIPSIS CULTURAL".

Todo esto lo digo a propósito del último tijeretazo: la cancelación del Salón del cómic de Zaragoza.
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(La Mostra Cómic de Valencia también se ha caído junto con el festival madre, la Mostra de Cine)

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La imagen que ilustra esto procede de una página de la novela en grabados GOD'S MAN, de Lynd Ward, 1929

martes, 27 de septiembre de 2011

LOS RECORTES

"Yo acostumbraba a pensar hasta no hace mucho que los autores en ciernes, los chavales con talento y ganas de comerse el mundo que vienen tras mi generación, como el caso de Cristian, iban a tener la cosa más fácil que los que los precedimos, ahora que el camino se ha abierto, ahora que, tras estos últimos diez años, el cómic comienza a normalizarse de cara a sociedad y medios, e internet está ahí como un excelente medio de difusión, pero aquí, en Galicia, un elemento indispensable para que esa generación de autores que viene tras los José Domingos, Alberto Guitianes y David Rubines de ahora se asiente está desapareciendo; los concursos y las ayudas.

Concursos de creación de cómic para autores noveles, como el que lleva celebrándose desde hace 22 en las Xornadas de Ourense, no se han convocado este año. La Xunta de Galicia, que hasta no hace mucho cacareaba a los cuatro vientos su apoyo al cómic gallego deja huérfanos a chavales como Cristian Fojón, al futuro de la BD gallega, de un concurso que nos sirvió para despuntar y, año tras año, mejorar, a autores hoy en día reconocidos dentro y fuera de nuestras fronteras".
David Rubín, sigue

martes, 5 de octubre de 2010

CRISIS


Chris Ware vuelve a abordar la crisis económica en su última portada para The New Yorker (11 de octubre). La portada se titula DISCOVERING AMERICA, por cierto. Para verla completa, The Ephemerist

(vía 13 millones de naves)

domingo, 7 de marzo de 2010

LAS 10 MENTIRAS DE LA CRISIS

Documento de 20 páginas editado por UGT Catalunya e ilustrado con viñetas de cinco autores que publican en El Jueves: Bernal, Malagón, Monteys, Napi y Oriol Jardí. Aquí en pdf

viernes, 19 de junio de 2009

PRIORIDADES

"Es posible hacer una buena película y una mala película. Lo que pasa es que no veo demasiadas buenas películas ni demasiados buenos tebeos, y teniendo en cuenta las ingentes cantidades de dinero que se invierten en las producciones creo que me gustaría ver una proporción de éxito mucho más elevada. Vale, una gran película con un presupuesto de cien millones de dólares o más, en caso de ser un éxito, acaba generando unos buenos beneficios para el estudio, pero para tener una de esas has de estrenar seis o siete que no llegan a cubrir el desembolso. Y hay que pensar en esto en términos de impacto económico y ambiental. Uno pensaría, particularmente en un momento como éste en el que la economía mundial parece estar al borde del sumidero, que a lo mejor ha llegado la hora de empezar a idear nuevos modos de manejar nuestra cultura.




A lo mejor deberíamos ser más conservadores a la hora de lanzarle estas enormes sumas de dinero a nuestros directores de cine, a nuestros actores, a nuestros deportistas o, hey, a nuestros guionistas de tebeos, aunque nosotros no somos tan culpables. Debo decir que no cobramos para nada lo mismo que los deportistas o las estrellas de cine. Pero a lo mejor deberíamos empezar a repensarnos todo esto. ¿De verdad merece la pena gastar todo ese dinero? ¿Desperdiciar todos esos recursos? O sea, con cien millones de dólares prácticamente podrías solucionar los terribles daños causados por las inundaciones en Haití. Oí que mencionaban esa misma cifra el otro día.


Quizá deberíamos empezar a revisar nuestras prioridades y no limitarnos a intentar anestesiarnos con interminables películas y series de televisión porque nos aburren nuestras vidas en el asquerosamente rico mundo occidental. Quizá deberíamos cambiar un poco nuestras prioridades. Si vamos a gastarnos el dinero en películas, empecemos a valorar a la gente que produce maravillas con poco dinero. Dejemos de asombrarnos de un modo tan infantil por lo que esencialmente no es sino pirotecnia. La mayoría de películas que veo parecen esperar una respuesta crítica equivalente a la de un espectáculo de fuegos artificiales. Todo es "oooh" y "aaaah". Esas parecen las únicas respuestas apropiadas para la mayoría de las películas modernas. Creo que nos espera un periodo de re-evaluación cultural. O ciertamente espero que así sea, porque me parece que, de lo contrario, nos espera un periodo de condenación cultural. Creo que resulta bastante evidente que nos dirigimos de cabeza al infierno y que tenemos que cambiar nuestras prioridades. Tenemos que replantearnos todo esto y creo que reinventar nuestra cultura puede ser parte de ello. Ciertamente así lo espero".
--Alan Moore, entrevistado en febrero de este año en Wired y traducido en Cultura Impopular

(Fuente imágenes: Escuela ARGENTINA de Efectos Especiales)