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domingo, 13 de julio de 2014

crisis en tierras paralelas

Había nubarrones negros nada más llegar a Angoulême. Las noticias, oídas en las conversaciones con autores, hablaban de veteranos de la BD comercial quemados por los cambios de los últimos años; autores experimentados que han dejado el medio porque ya no les compensa económicamente y se han marchado buscando pastos más verdes en la animación o los videojuegos, y autores que se están pensando hacer lo mismo si no cambian las cosas. Luego me han confirmado las tiradas y tarifas a la baja en una industria que desde España tenemos sumamente idealizada. Se hablaba también de las acciones que están preparando los autores para la próxima edición del Festival de Angoulême; se rumorea que «incluso quieren llegar a pararlo» (sic).

Y en este mar de fondo tan agitado me he topado con una tira de cómic que ha tenido una gran difusión nada más publicarse hace pocos días. Escrita y dibujada por Elric Dufau, un antiguo residente de la Maison des Auteurs, la tira resume los problemas recientes del mercado de la BD que están cambiando profundamente el panorama editorial, especialmente para el eslabón más débil que, para variar, también aquí, son los creadores. Lo cual por cierto no es una característica exclusiva del cómic sino más bien del capitalismo, y como tal se da igualmente en otras industrias (volveremos sobre esto). La tira en cuestión va al grano desde su mismo título, «La crise de la BD», y como digo pretende exponer los principales problemas que presenta hoy la estructura económica de la hasta no hace mucho potente industria del cómic francobelga. 

En dicha crisis se combinan diversos factores, externos e internos. Entre los externos a la industria de la BD estaría la reforma francesa de las pensiones en el marco más general del desmontaje del Estado del bienestar en el seno de la Unión Europea, una reforma por la cual los autores (no solo de cómic, también escritores en general, etc.) pasarán a cotizar el 8% en 2016 si quieren tener una pensión complementaria de conformidad con la normativa europea. Para un gran número de autores que ganan bastante menos del Salario Mínimo Interprofesional francés (que por supuesto no es el español: en enero de 2014 el SMIC francés era de 1.445 euros brutos al mes por 151,67 horas mensuales trabajadas) el cambio no es precisamente menor. Los sindicatos de autores de BD y de escritores ya han acudido a los ministerios de Cultura y Asuntos Sociales para intentar negociar una solución, que si no lo he entendido mal podría ser que editores / libreros / distribuidores cubrieran la mitad de esas cotizaciones, y los ministros responsables han dado ya algunas respuestas públicas en las que se muestran dispuestos a hablar del asunto. Unas respuestas muy ambiguas y cautelosas, políticamente hablando, que Elric Dufau parodia en el siguiente diálogo de su tira:
—En resumen, algo que se parece a: "Podemos discutir, pero de alguna manera te vamos a joder".
—En resumen: la definición de la democracia.
La tira de Elric está ciertamente bien documentada y acude a fuentes como, precisamente, el documental de Maiana Bidegain Sous les bulles (Bajo los bocadillos, subtitulado La otra cara del mundo de la BD), que arranca con la reportera llegando al Festival de Angoulême y aborda en particular las condiciones laborales de los autores de BD, cada vez más precarias.



Como cita Elric de ese documental, en el reparto del «camembert» o tarta del precio de venta al público de un cómic, los autores se llevan el 8% frente al 20% del editor, el 34% del librero, el 12% + 9% del distribuidor y otros. En algunos proyectos el autor puede negociar hasta llegar a un 12% de la tarta, dependiendo del autor y el proyecto concretos.


De la tira de Elric Dufau «La crise de la BD»
De ese 8% del precio de cada libro el autor tendría que descontar ahora la nueva cotización, lo que supondría una merma notable de sus ya de por sí magros ingresos. La personaja de la tira afirma entonces que se trata de una «cuestión de ética». Pero, por supuesto, hablamos del sistema capitalista, que por definición es amoral. «Un poco como sucede con la agricultura», comparación afortunada que establece Elric en su tira, donde los agricultores son los menos beneficiados en su propia cadena de producción a pesar de que aportan la materia prima. Es, de nuevo, la lógica del capitalismo.

Respecto a los factores internos del mercado de la BD en esta crisis, algunos nos van a sonar en España; otros son más específicos de la industria francobelga. A saber: la desaparición de las revistas de cómic llevó a una lógica de producción de álbumes, de hecho superproducción, que en principio multiplicó la producción de libros, de autores nuevos y de la cantidad de libros vendidos... pero solo en el cómputo global, no por cada título. Un momento. Elric cita las cifras de Gilles Ratier, periodista y crítico de BD, según las cuales en los años ochenta se publicaban grosso modo unos 800 álbumes al año, cuando aún existía un mercado relevante de revistas mensuales de cómic, frente a los 3.070 álbumes publicados en 2005... o los 5.159 en 2013. ¿Cuál es el problema entonces, si tanto se publica? Que al multiplicarse la oferta por las editoriales las ventas de cada libro se han dividido; en otras palabras, el mercado de lectores no puede absorber exponencialmente la oferta creciente. Como me resumía un autor el otro día, los editores «disparan» a mansalva sacando más títulos, con autores y temáticas más diferentes, porque aunque venden menos de cada álbum el negocio lo hacen sumando ventas globales. Al menos en principio, luego volveremos sobre esto. En su momento (y yo diría que no hace tanto tiempo) se consideraba «una buena venta 10.000 ejemplares. Hoy han caído a los 3.000», y cito de nuevo la tira de Elric, pero también a autores que me han contado lo mismo aquí en Angoulême. De hecho, me lo acaba de confirmar otro ahora mismo. Esto significa que, dependiendo de la tirada, un autor medio puede cobrar ahora mismo entre 1.000 y 7.000 euros por dibujar un álbum que le representa más o menos un año de trabajo. Suponiendo, claro, que no tenga que vivir de otras cosas (ilustración, docencia y un largo etcétera), como les sucede a un numero igualmente creciente de autores, porque entonces el tiempo de producción del álbum se puede ir a los dos años o más. De nuevo, solo estoy contando lo que estoy viendo y oyendo aquí. Y si cobras entre 1.000 y 7.000 euros por álbum, obviamente vas a tener que alternar el cómic con otros trabajos para vivir, con lo cual no vas a poder terminar tu libro en un solo año, etcétera. 

Esto nos va sonando cada vez más en España, ¿verdad? Un mercado del cómic que, mutatis mutandis, se parece bastante a esas cifras; donde de hecho hemos sido para variar «precursores» respecto a los franceses. Es broma, entre otras razones porque nosotros estamos haciendo el camino «a la inversa» desde hace ya 30 años, cuando se derrumbó la industria española de producción propia y solo en los últimos diez años se ha empezado a construir una nueva con gran esfuerzo. 3.000 ejemplares vendidos hoy de un libro son realmente buenas ventas en España, y esto tanto para el cómic como para el mercado literario, aunque casos excepcionales como Paco Roca puedan vender diez o quince veces esa cantidad. Aquí hay que tener en cuenta que la diferencia respecto a la cuota de lectores en Francia, mucho mayor, se compensa de algún modo por esa hiperoferta del mercado de la BD de los últimos diez años. 

Elric cita entonces el mea culpa de Fabrice Neaud, reconocido autor de cómic autobiográfico que también fue residente en la Maison des Auteurs (le saludé de hecho el otro día porque estaba de paso en la Maison) y que ha publicado con una pequeña editorial como Ego Comme X. «Los autores y editores independientes son en parte responsables; me siento responsable por devaluar el valor de nuestro trabajo». Pero Elric quiere examinar mejor este punto, y acude a datos concretos, que por cierto he conocido de primera mano, y no solo porque aparecen citados expresamente en su tira: un autor cobra ahora mismo en la colección Shampooing de Delcourt, dirigida por Lewis Trondheim (cofundador hace dos décadas de una de esas editoriales independientes, la hoy célebre L'Association) 7.500 euros por un libro de ciento y pico páginas como autor completo (guión, dibujo, todo). En 2006 cobraba por un libro en la misma Delcourt prácticamente el doble, 14.000 euros. Estas tarifas significan, en plata, que un coloso editorial como Delcourt (el segundo grupo editorial del mercado francobelga junto al Grupo Glénat; el primero es Média-Participations, que agrupa hoy a Dargaud, Dargaud Benelux, Kana, Le Lombard y Dupuis) está imitando lo que son, o eran, tarifas «dignas»... para una pequeña editorial independiente. No para una gran editorial de ese tamaño con tiradas de 15.000 ejemplares por título, por ejemplo.

Por supuesto, el asunto es aún más complejo. 

Entrevistado en 2005 por Thierry Belefroid, Yves Schlirf (director de Dargaud Benelux y de Kana, sello editorial especializado en manga creado en 1996, ambos integrados hoy en Média-Participations) admite la existencia de acuerdos entre editores. «Está claro que si los autores hablan entre ellos, los editores hablan igualmente». Personalmente, añade Schlirf, él no ha participado en «reuniones secretas», pero «está claro» que los grandes dueños de las editoriales se reúnen para hablar. «Por ejemplo, creo que Marcel-Didier Vrac, de Glénat, ideó la supresión del precio por página para transformarlo en adelanto sobre los derechos. ¡No hicieron falta ni 45 segundos para que todos los demás editores consideraran realmente buena la idea!». 

De este modo los editores reunidos cambiaron en algún momento de los años noventa el modo de pagar a los autores, prosigue Elric en su tira, desde el sistema anterior (precio por página + pago de derechos sobre las ventas posteriores) a un sistema de sólo adelanto de derechos. «Podemos imaginar fácilmente que la sustitución de los adelantos de derechos por las tarifas planas se ha operado de la misma manera». Si tenemos en cuenta en este sentido que esos adelantos se calculan normalmente para que las ventas estimadas (y luego declaradas, claro) del álbum no superen lo que les corresponde al autor en ese adelanto, la tarifa es «plana» porque el autor sólo cobra normalmente ese adelanto. «Los grandes editores son hombres de negocio», me explica ahora mismo un compañero de la Maison, y «como tal ven su producto. Para ellos es sólo una cuestión de costes y beneficios. Son duros negociando los contratos, y  por supuesto siempre intentan pagar el mínimo a los autores». En este punto hay que recordar que también en Francia, por supuesto, la ley prohíbe los acuerdos sobre precios entre competidores del mercado; de hecho es una infracción grave de las normas de libre competencia que en Francia además está tipificada en el Código Penal, como ya ha comentado este abogado experto en derecho de la competencia. El abogado recomienda a los autores, preferiblemente a través de una asociación o grupo para llamar la atención sobre la gravedad del problema, que denuncien el caso ante las autoridades en materia de competencia.

Es igualmente destacable la definición de los autores de BD que hace Bruno Maïorana, dibujante de la serie Garulfo (Delcourt), citado por Elric en su tira: los historietistas son generalmente cultivados, licenciados universitarios, gente muy cualificada que domina sus habilidades técnicas, hipermotivados, que no se quejan por las horas.... «¡en pocas palabras, el sueño de cualquier patrón!».

«Desde un punto de vista humano, los autores son personas generosas y desde un punto de vista capitalista particularmente idiotas», concluye la personaja de la tira de Elric. 

(Actualización: para entender mejor este fenómeno cultural, propio del capitalismo tardío de nuestro tiempo, os recomiendo este artículo de Javier Montero que me pasó ayer Santiago García: «The Illusion of Choice. Una crítica de la creatividad»)


CAMISETAS. Como suele ocurrir, lo mejor se deja para el final. Un personaje no identificado aparece entonces en la tira para confirmar que las ventas han bajado realmente para sellos como Dupuis, Dargaud, Kana y Le Lombard, todos en el emporio Média-Participations, pero aún así  este último grupo editorial se beneficia de la situación actual porque tiene su propia distribuidora, MDS. En otras palabras, la superproducción de álbumes les sale a cuenta a esa escala porque el simple movimiento de libros genera beneficios. Esto, por supuesto, es una burbuja especulativa típica del capitalismo que a todos nos suena... especialmente en España.

Naturalmente, la lógica de producción de masas necesita mano de obra barata para reducir los costes, y ahí entra en juego la nueva «política de autores» de las grandes compañías de la BD. Ejemplo concreto: un autor histórico de la BD como Michel Plessix presenta recientemente un proyecto junto al también veterano Frank Le Gall a Delcourt. El proyecto es rechazado porque, alega el editor, los dos resultan demasiado caros en comparación con los autores jóvenes. De ahí que Delcourt haya decidido crear una escuela para autores de BD, cae entonces en la cuenta la personaja de la tira.

No se vayan, aún hay más: el competidor Média-Participations quiere mantener vivas sus grandes marcas, Blake & Mortimer, Lucky Luke, etc., y para eso se están planteando crear también su propia escuela de dibujantes... en China. El informante no puede revelar sus fuentes porque, afirma en la tira de Elric, «tengo una familia, tengo hijos». La lógica de la globalización capitalista es aplastante: si tus modos de producción del cómic son industriales, en China vas a pagar a los dibujantes mucho menos que en Francia. Al fin y al cabo, ya estás imprimiendo tus álbumes en China. «En resumen, se trata de producir BD como si fuera una camiseta de H&M», lo que me recuerda a su vez los viejos tiempos del comic book norteamericano: pinchad en este enlace, una cita de Al Jaffee en la que recuerda cómo trabajaban en los años cuarenta en la industria del tebeo estadounidense.

Elric no da puntada sin hilo y relaciona entonces el «fenómeno chino» con algo que ocurrió en el mercado británico durante los setenta. Un autor le había explicado a Elric hace poco que, «en Inglaterra, donde tienen seguramente la política más liberal de Europa», redujeron la producción propia de cómics en los años setenta sencillamente porque los tebeos norteamericanos les suponían menos gastos y más beneficios. Esto por cierto me recuerda a lo que sucedió en España en los ochenta y noventa, cuando una gran editorial como Planeta DeAgostini inundó paulatinamente el mercado del cómic español a través del sello Forum con material norteamericano traducido. Alguno de sus dirigentes de esa época, sin embargo, hoy se permite actuar como vocero de un apocalipsis sembrado entonces en buena medida por aquel modelo de producción, y dar lecciones implícitas a los que hoy están, estamos, intentando (re)establecer un sistema de producción propia en España a través de la novela gráfica; un sistema que no se limite a traducir material importado y a un gueto de lectores aficionados cada vez más reducido. Por supuesto, tampoco puedes producir una «novela gráfica de Paco Roca» (o de Blutch, o de Guibert, o de Satrapi, si hablamos de Francia) a través de una escuela de dibujantes en China como si fuera ropa de H & M, porque es una obra de autor con unas características creativas y culturales muy específicas que no se pueden imitar con modos de producción industriales. 

Elric concluye su tira muy inteligentemente aludiendo a los cambios en los hábitos de consumo actuales. Un álbum de BD que cuesta 13 o 15 euros permite un tiempo de lectura limitado, digamos media hora; un álbum de una serie de BD que además tarda en producirse un año de media, digamos. ¿Cuánto tiempo tiene que esperar un consumidor actual para disfrutar una serie de televisión de 14 episodios, y cuántas horas de entretenimiento le proporciona esa serie? De este modo, el público de BD está compuesto hoy de fans y coleccionistas cada vez más viejos. «La tira de Elric resume muy bien los problemas que llevo oyendo en estos años en el mundillo, pero hay que tener una visión más amplia del asunto, no meramente corporativista», opina uno de mis compañeros en la Maison des Auteurs. «Quiero decir que el mundo está cambiando, sí, vale, pero ese cambio es para todos, no sólo para el cómic. Hoy hay mucha competencia en la industria cultural en general: literatura, cine digital, series de televisión, videojuegos, internet... Los cambios traumáticos son para todos, no sólo para los autores de cómic. Así que si no puedes ganarte la vida con el cómic, tal vez tengas que cambiar de mentalidad». El autor francés que afirma esto ya se está buscando las habichuelas como profesor de instituto... sin dejar de dibujar sus cómics, por cierto. «Pero ahora me podré permitir rechazar un contrato malo de un editor sin la presión de tener que ganarme la vida con el cómic, y producir sólo en las condiciones que me parezcan buenas para mí», remata.

¿Soluciones? Tomos únicos, indica Elric, o series producidas rápidamente por equipos de autores imitando el sistema del manga (ejemplo: LastMan, editada aquí por Casterman). ¿Cómic digital? Los precios no parecen ser muy seductores ahora mismo. Una BD impresa de 12 euros puede costarte unos 8 euros en digital, explica Elric en su tira; teniendo en cuenta que los compradores son aficionados a quienes les gusta coleccionar los libros impresos, o que pueden encontrar cómics de segunda mano más baratos que esos 8 euros, la alternativa digital no parece muy fiable. Para Média-Participations la venta de cómic digital representaba hace poco el 1% de sus ventas, mientras en Estados Unidos la compra on line (de libros impresos y e-books) ha superado ya las ventas en librerías físicas, que, recordemos, se llevan el 34% del trozo de la tarta del álbum de cómic en Francia.

Más testimonios que recoge Elric: lectores que dicen sentirse sobrepasados por las novedades cuando entran en una librería. Librerías que están divididas en sección «juvenil» y «adulta», con subsecciones a su vez (véase mi post anterior) de BD francobelga, novelas gráficas, «comics» (sinónimo en Francia de cómic norteamericano) y mangas, a su vez subdivididas alfabéticamente.

Por mi parte, sé de autores que ya están buscándose la vida en el mercado del cómic norteamericano porque allí les pagan más que en Francia. En Angoulême también he oído los rumores de las próximas acciones reivindicativas de los autores. Por lo visto quieren plantarse para negociar con los editores, entre otras propuestas, la reducción de la oferta de BD para que así las ventas de cada título puedan subir y ellos cobrar más por cada álbum producido, algo que para la lógica capitalista de un Grupo Delcourt o un Média-Participations no tiene mucho sentido. Buena suerte, la van a necesitar.