
Al documentarme sobre la canción de M.I.A.
PAPER PLANES (2008) para una ilustración que acabo de entregar, me he topado con una vieja cantinela ya conocida de la que ahora quiero hablar. Resulta que la canción fue objeto de acusaciones de apología del terrorismo, entre ellas, las que hizo un rapero de Sri Lanka (M.I.A. tiene nacionalidad británica pero es de origen tamil, una minoría en Sri Lanka enfrentada en guerra civil a la mayoría; su padre fue precisamente líder político de la oposición tamil). Para tales críticas se aludió a frases de la canción como "a algunos los mato / a algunos los dejo marchar" y a los sonidos explícitos de disparos en el estribillo (acompañados del sonido de una caja registradora cuando se dice a continuación "y
cojo mi dinerocoge tu dinero").
En la letra de PAPER PLANES, que colgué por
aquí hace unas semanas, resulta evidente que la perspectiva que usa M.I.A. para abordar los temas de la canción no es didáctica, es decir, no es la de alguien que se pone a sermonear directa y obviamente contra lo que la canción critica, sino una perspectiva más agresiva o provocativa, que es la de ponerse irónicamente en la situación del que comercia con armas y hace negocio de ese tráfico o de la profesión de mercenario en una guerra. La canción llegó a sufrir censuras de lo más rocambolesco, particularmente en la MTV y en algún talk show (el de David Letterman): al llegar al estribillo cambiaban los sonidos de disparos por ambiguos sonidos poppies; en la MTV llegaron a doblar la voz de M.I.A. para cambiar algunas palabras de la letra, incluyendo el "weed", que podría entenderse como una alusión al cannabis. Al parecer, podemos almorzar viendo todos los días imágenes de la guerra (real) en el telediario, pero no soportamos oír unos disparos sampleados en una canción. En el colmo del absurdo, M.I.A. tuvo finalmente que responder a las insistentes acusaciones de "apoyo al terrorismo" en una entrevista de comienzos de este año donde mostró expresamente su oposición tanto a la violencia gubernamental de Sri Lanka como a la violencia de los Tigres Tamiles, el grupo terrorista de la minoría Tamil, y aprovechó para explicar que la canción era una sátira sobre varios asuntos: el comercio de armas, el negocio de las guerras recientes o los prejuicios "terroristas" raciales contra las minorías que viven trabajando pacíficamente en nuestras sociedades occidentales. El asunto me trajo a la cabeza inmediatamente dos ejemplos parecidos, ya clásicos en el cómic.

Uno es el caso de Robert Crumb, alma completamente libre capaz de expresar en sus tebeos las fantasías más locas que pasan por su cabeza, incluso aquellas que peor le dejan "como persona" ante el lector. Crumb ha sido frecuentemente acusado por las feministas de hacer pura y simple "pornografía misógina", pero también ha recibido críticas de "racismo" por dos de sus historietas más polémicas. Se trata de
¡CUANDO LOS NEGROS TOMARON AMÉRICA! (1993), en donde Crumb abordaba su sátira sobre el tradicional racismo norteamericano no desde el didactismo sino jugando con la premisa de mostrar a unos negros vengativos que tomaban el poder en Estados Unidos y cometían todo tipo de barbaridades contra sus antiguos explotadores blancos, incluyendo las mismas que sufrieron (la delirante historieta terminaba con los negros azotando "sin mostrar piedad" a blancos que cantaban blues mientras trabajaban en una plantación). En la otra historieta "racista" que completaba el par,
¡CUANDO LOS MALDITOS JUDÍOS TOMARON AMÉRICA! (1993), Crumb mostraba, exagerados hasta el ridículo, todos los tópicos racistas sobre los judíos. Ambas historietas, verdaderas astracanadas desternillantes, fueron malinterpretadas y tergiversadas hasta el hecho de ser tomadas en serio por grupos racistas, que las reimprimieron y divulgaron como "propaganda" (incluso llegaron a ser colgadas en alguna web neonazi norteamericana).

El otro caso que me vino a la mente con el asunto M.I.A. es el de Frank Miller, a quien más de una vez se le ha atribuido personalmente cualquier cosa que hacen o dicen sus personajes más extremos, ya sea su Batman Dark Knight, ya sean los espartanos de 300. Miller ha respondido más de una vez a esas insistentes acusaciones, por ejemplo, las que le tildan de "fascista". En 1997, Jon B. Cooke le preguntaba para una pequeña entrevista en THE JACK KIRBY COLLECTOR #16 al respecto:
"-A lo largo de los años, algunos críticos han percibido un subtexto fascista en tu obra. ¿Cómo respondes a eso?
-Me río un montón. Desde mi punto de vista, un fascista es alguien que les dice a los demás cómo tienen que pensar, y eso es algo que yo nunca hago. No me importa lo que vote la gente; no intento controlar los pensamientos de los demás lo más mínimo. Ésa es una de las razones por las que no tengo un equipo de ayudantes (...). Mis historias son juegos morales, exploraciones sobre temas como el bien y el mal. No soy un propagandista. Hoy día todo se considera propaganda y se reseña como tal. Yo no soporto la propaganda y no tengo interés en hacerla. De verdad creo que cualquiera con dos dedos de frente que haya leído mi material y piense que es obra de un fascista debería aprender lo que es el fascismo. También debo decir que es una palabra que se utiliza con facilidad; es insultante, es ofensiva, es como que te llamen violador, y me ofende mucho".
Miller también fue preguntado en otra entrevista de 1991 por Christopher Sharrett acerca de las críticas aparecidas en el Village Voice en 1986, cuestionando el trasfondo de THE DARK KNIGHT RETURNS y acusando al Batman de Miller de ser un "Rambo con capa". Esto es lo que respondía:
"La reacción del Village Voice, junto con algunas otras, fue una reacción basada en el hecho de que Dark Knight no ofrecía una perspectiva didáctica izquierdista. Me divertí muchísimo practicando la parodia, y nunca he sido capaz de renunciar a la idea de los superhéroes. No podía hacer Batman y ser políticamente correcto al mismo tiempo, porque el componente políticamente correcto no acepta personajes de carácter mítico. Además, por supuesto, la violencia no se lleva, y Batman es un personaje extremadamente violento".
En fin, siempre habrá quienes prefieran un arte que sermonee y deje bien claras y sencillas las cosas al espectador para que no quepa duda alguna de lo que se está diciendo, un arte tranquilizador e inofensivo para mentalidades "correctas". Otros en cambio preferirán a artistas provocadores como los citados, que nos sacuden y desafían desde perspectivas no didácticas hasta el punto de hacer dudar sobre qué pretendían decirnos con sus obras. Bien por ellos, por su talento y su valentía.