sábado, 13 de octubre de 2012

BUILDING STORIES: NOTAS (V)


DEL IPAD AL TEBEO IMPRESO. Acabo de leer en papel esta historia en uno de los tebeos grapados de Building Stories. Se trata de la que Chris Ware concibió originalmente para iPad, titulada Touch Sensitive (2011), y que en formato impreso aparece ahora sin título. Me he acordado por las imágenes, he buscado el post de Santiago y efectivamente, es. Naturalmente, es y no es, porque ya es otra cosa muy diferente al pasar al tebeo impreso. Aquí las imágenes aparecen completas, y obviamente no se puede tocar ninguna "pantalla" para que vayan apareciendo, ni las imágenes están superpuestas de modo que unas desaparecen al aparecer otras, etc. La doble página que he colgado allá abajo aparece completa, y la disposición de las viñetas en el diseño es bastante diferente.

Aunque yo no he leído la historia original para iPad, sospecho que Ware ha añadido material para la versión impresa, en un viaje inverso al habitual en estos casos. Pero mas allá de plantear ahora las obvias diferencias entre un cómic digital y un cómic impreso (literalmente, son medios diferentes), quiero hablar de otra cosa. ¿Cuál es el "contenido" de esta historia? Muy resumidamente, una pareja en descomposición que intenta recordar los días en que se conocieron, cuando se querían; el detonante de la crisis (al menos de la crisis que vemos nosotros) es una aparición fugaz de su vecina, la protagonista coja.
Pantallazo de la historia en formato digital, con parte de las posibles imágenes desplegadas conforme se pasa el dedo por ellas
La doble página de la historieta impresa

Lo apasionante, lo que da sentido(s) y originalidad a ese "contenido" es la forma de contarlo, de representarlo visualmente gracias a la concepción de Ware, y de tu propia participación como lector al descifrar la página, donde el diseño combina acciones en presente, recuerdos o sensaciones del pasado, donde el sentido del tacto tiene una gran importancia por razones evidentes (repito que la historieta fue concebida originalmente para iPad, se titulaba Touch Sensitive y había que tocar mucho la pantalla para poder verla). Veáse la esquina superior derecha de esa doble página de arriba del tebeo impreso, por ejemplo; también en la parte inferior izquierda se mezclan simultáneamente las viñetas del pasado con las del presente; los recuerdos se amontonan literalmente, superpuestos a la experiencia actual. También son los detalles aparentemente nimios, como ese bocadillo mudo que indica el canto del pájaro en la primera página de la historia; la mano de ella que lleva anillo, la de él que no lleva en la doble página de arriba; el inesperado y abrupto cambio de estación en las últimas viñetas de otra doble página, y mil pequeñas cosas más. Como en otras ocasiones en los tebeos de Ware, hay algo de estereotipado en los comportamientos de sus personajes. No creo que pretenda que sean "personas" ni engañarnos de manera ilusionista haciéndonos creer que lo son, sino más bien representaciones confesas. Sin embargo, en sus comportamientos estereotipados ligeramente, no demasiado, uno puede contemplarse y reconocerse en aquello en que puede reconocerse.

De Touch Sensitive, Chris Ware para Ipad. La imagen, explicaba Santiago en su blog, no aparecía nunca entera en pantalla, pues «se desplaza a medida que la movemos con nuestros dedos. Lo que reproduzco [...] nunca lo vemos en el iPad, porque la pantalla nunca lo abarca completamente, sólo fragmentariamente».
Doble página, tal como aparece impresa en el tebeo grapado recogido en Building Stories
No digo nada del otro salto narrativo, el que se despliega en la última doble página del tebeo impreso, aparte de que la pirueta formal añada a todo lo anterior un punto satírico, cómico también, muy del gusto de Ware. Una vez más tratándose de la forma en un tebeo suyo (del contenido, por tanto), no he visto nada igual en ningún cómic que haya leído antes; todo lo más, y de manera embrionaria, en Crumb y Richard McGuire. Con Ware uno se acostumbra a que suceda eso, como si fuera lo más normal del mundo. Con él, el cómic vuelve a parecer una forma virgen, un territorio desconocido donde todo estuviese por inventar o, como mínimo, por desarrollar.