sábado, 29 de septiembre de 2012

DISCIPLINA POPULAR

Soy de los que piensan que la denostada por algunos 300 (1998), de Frank Miller y Lynn Varley, era una obra abierta que se prestaba a diferentes lecturas en función del observador, y por supuesto de su ideología, su visión del mundo y sus prejuicios personales. A mi juicio, hay dos razones que permitieron esa cualidad "abierta" de la obra, a saber,

1) la propia tradición asociada a la leyenda de la Batalla de las Termópilas. Una leyenda contada, recontada y aludida en Occidente a través de los siglos en los más diversos momentos históricos, en la mayoría de casos para apelar a la defensa de la libertad frente a la opresión de una tiranía, ya externa (como el invasor persa en los hechos originales que sirvieron de base a la leyenda de las Termópilas entre los griegos de aquel lejano siglo V a.C.), ya interna (un tirano propio, que gobierna el país en perjuicio de sus súbditos). La leyenda de las Termópilas dio lugar a una rica tradición cultural que, también en contra de lo que algunos dijeron a propósito de 300 (a menudo desconocedores de esa leyenda y de la extensa tradición asociada a ella), fue estudiada a fondo y tenida muy en cuenta por Miller a la hora de elaborar su propia versión. De la leyenda, que no de los "hechos históricos". No en vano la de las Termópilas fue una leyenda cultivada y apelada profusamente, no solo por los antiguos griegos, sino posteriormente, en la edad media, el renacimiento y, significativamente, ya en la era de la ilustración y la modernidad: durante los procesos revolucionarios de finales del siglo XVIII y XIX, muy a menudo la lucha de los antiguos griegos fue asociada a las propias luchas de liberación de la época y a los ideales republicanos de libertad, razón y resistencia heroica contra la tiranía (del Antiguo Régimen, de la metrópoli inglesa en el caso de los estadounidenses, de determinadas potencias invasoras, etc.).

2) El tratamiento que Miller le dio a esa leyenda en su propia versión. Con sus personajes arquetípicos, sin una verdadera psicología, su protagonista colectivo y su exageración mítica de los hechos –son los propios espartanos los que narran en presente los hechos del pasado de la batalla, mitificándolos como relato de «victoria» aglutinador de la identidad colectiva–, incluso con el mismo grafismo elegido, Miller y Varley conseguían la suficiente abstracción como para permitir esas diferentes lecturas. Su rechazo del detalle y sus evidentes licencias de ficción, tanto en el guión como en la representación gráfica, alejaban la obra de lo concreto y lo literal y la llevaban al terreno de la alegoría. Una alegoría abierta a múltiples lecturas, éticas y políticas, y no necesariamente asociadas a la literalidad de "pueblo invadido defendiéndose de una invasión extranjera". Lecturas diferentes e, insisto, a veces contradictorias, dependiendo como he dicho de la cosmovisión e ideología de cada observador. Muchas de ellas cabían, y caben, en la misma obra. Y como dijo Eco, si vas a interpretar personalmente un texto, preguntarle al autor por su intención es irrelevante.

En su adaptación cinematográfica de 2007, Zack Snyder modificó algunos elementos importantes del cómic 300 (en más de un caso para humanizar a los espartanos, por cierto, frente al deseo expreso de Miller de retratarlos en el cómic más bárbaros que el enemigo persa), pero no los suficientes como para impedir el mismo efecto de abstracción y alegoría en el filme. En realidad, la película es sustancialmente fiel al cómic. Cuando el filme se estrenó y obtuvo un descomunal éxito internacional, la polémica fue acorde a las dimensiones de ese éxito y, efectivamente, hubo lecturas diferentes y contradictorias de la misma película. De este modo, por un lado las autoridades iraníes se rasgaron las vestiduras pensando que la película iba por ellos, y contra ellos, porque supuestamente se trataba de un producto de propaganda imperialista que pretendía justificar la invasión estadounidense de Irak –y, presumiblemente, tal vez de Irán– tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 (en esta lectura nadie parecía reparar, sin embargo, en que 300 se publicó tres años antes del 11-S, enésimo ejemplo de que las interpretaciones que hacemos de las obras siempre están condicionadas por nuestras propias circunstancias presentes). Por otro lado, con una visión parecida hasta cierto punto, agitadores como el colectivo Wu Ming hacían lecturas en la misma onda, y de paso, hay que decirlo, cometían gruesos errores fácticos a la hora de interpretar otras obras de Miller (y de Dave Gibbons) con arreglo al sentido que ya les habían adjudicado de antemano. Su lectura, no obstante, estaba bien argumentada en otros aspectos y yo diría que la película podía admitirlas igualmente.

Pero en esto va y entra en escena Slavoj Žižek, siempre dispuesto a comentar los productos de la cultura de masas más relevantes del momento, para hacer su propia lectura de 300, la película. Žižek, defensor del filme de Snyder en lo formal y en lo ideológico, hizo una lectura puramente izquierdista del mismo, refiriéndose a él como «la auténtica izquierda de Hollywood» en un artículo de 2007. Traduzco el comienzo:
300, de Zack Snyder, la saga de 300 soldados espartanos que se sacrificaron en las Termópilas para detener la invasión del ejército persa de Jerjes, ha sido atacada como la peor clase de militarismo patriótico por sus claras alusiones a las recientes tensiones con Irán y los acontecimientos en Irak... Sin embargo, ¿las cosas son tan claras realmente? La película debería más bien defenderse contra esas acusaciones. 
Se pueden alegar dos argumentos; el primero se refiere a la historia en sí misma. Es la historia de un país pequeño y pobre (Grecia), invadido por el ejército de un Estado mucho mayor (Persia), en aquel momento mucho más desarrollado, y con una tecnología militar igualmente mucho más desarrollada. ¿Acaso no son los elefantes persas, los gigantes y las grandes flechas de fuego [de los persas] la versión antigua de las armas de alta tecnología? Cuando el último grupo de supervivientes espartanos y su rey Leónidas mueren bajo miles de flechas, ¿no están en cierto sentido siendo bombardeados hasta la muerte por tecno-­soldados que operan armas sofisticadas desde una distancia segura, como hacen hoy los soldados de Estados Unidos que aprietan los botones de los misiles desde los buques de guerra que navegan a distancia segura en el Golfo Pérsico?
Más interesante aún resulta su lectura sobre las alusiones a la disciplina espartana, fundamentales no ya en 300, el cómic y la película, sino en la misma leyenda original. Disciplina para cumplir sus propias leyes, las de su comunidad, y disciplina para sacrificarse voluntariamente por ella. Pero antes de seguir, un alto en el camino para señalar un detalle esclarecedor sobre el background milleriano. Miller, al que podemos situar en la órbita libertarian americana (con un discurso que se ha radicalizado en los últimos años hacia la derecha dura, en efecto, precisamente a raíz de los atentados del 11-S) no es precisamente un pijo de familia bien, como algunos creen y alguien ha afirmado alguna vez, sino un tipo de pueblo, emigrado a la gran ciudad en su juventud, que procede de familia trabajadora. Al habla Miller en una entrevista que le hizo Christopher Brayshaw, publicada en The Comics Journal en 1998:
Mi madre trabajaba de once de la noche a siete de la mañana como enfermera... un trabajo muy exigente, y después volvía a casa y criaba a siete hijos. Dormía una media de dos a tres horas por noche. Eso, para mí, es disciplina. Mi padre [carpintero y electricista] tenía una energía y una determinación inagotables. Creo que es imposible conseguir gran cosa sin una enorme cantidad de disciplina. Si no ser chapucero es no ser humano, prefiero no ser humano.
Y ahora, vuelta a Žižek sobre 300, la película, en su artículo de 2007:
El arma principal de los griegos contra esta abrumadora superioridad militar es la disciplina y el espíritu de sacrificio; y, por citar a Alain Badiou: «Necesitamos una disciplina popular. Diría incluso [...] que ‘aquellos que no tienen nada sólo tienen su disciplina’. Los pobres, los que no cuentan con medios financieros ni militares, los que carecen de poder, todo lo que tienen es su disciplina, su capacidad para actuar juntos. Esa disciplina ya es una forma de organización». En la era actual de permisividad hedonista como ideología imperante, ha llegado el momento de que la izquierda se (re)apropie de la disciplina y del espíritu de sacrificio: no hay nada inherentemente «fascista» en esos valores.
Pero esa identidad fundamentalista de los espartanos es aún más ambigua. Una declaración programática hacia el final de la película define la agenda griega como «contraria al dominio de la mística y de la tiranía, hacia el brillante futuro», especificada más adelante como el imperio de la libertad y la razón... Parece un programa elemental de la Ilustración, ¡incluso con un sesgo comunista!

[...] ¿Y cómo entender el aparente absurdo de la idea de dignidad, libertad y razón, sostenida por una disciplina militar extrema [...] ? Ese «absurdo» no es otra cosa que el precio de la libertad: la libertad no es gratuita, como se muestra en la película. La libertad no es algo que se otorga, se reconquista a través de una dura lucha en la que es necesario estar dispuesto a arriesgarlo todo. La despiadada disciplina militar espartana no es simplemente el opuesto externo de la «democracia liberal» ateniense, es su condición inherente, es donde reside sus cimientos: el sujeto libre de la Razón sólo puede emerger a través de una cruel autodisciplina. La auténtica libertad no es la libertad de elegir que se ejerce desde una prudente distancia, como elegir entre un pastel de fresa o de chocolate; la verdadera libertad se superpone a la necesidad. Uno hace una auténtica elección libre cuando la elección pone en juego la propia existencia… y se lleva a cabo porque simplemente «no se puede hacer otra cosa». Cuando tu país se halla bajo ocupación extranjera y te convoca el líder de la resistencia para unirse a la lucha contra los ocupantes, la razón que se nos da no es «eres libre de elegir», sino: «¿No ves que esto es lo único que puedes hacer si quieres conservar tu dignidad?». No sorprende, pues, que todos los radicales igualitarios precursores de la modernidad, desde Rousseau a los jacobinos, admiraran a Esparta e imaginaran la República Francesa como una nueva Esparta: hay un núcleo emancipatorio en el espíritu espartano de disciplina militar que sobrevive incluso cuando restamos toda la parafernalia histórica del régimen de clases espartanas, la explotación brutal de los esclavos sometidos al terror, etc.
Sus palabras de hace cinco años parecen cobrar más resonancias en estos días, a este lado del (antiguo) mundo libre. En efecto, disciplina popular es lo que necesitamos ahora, porque es lo único que tenemos, lo único que nos queda ante el tirano. La libertad nunca fue gratuita, siempre hubo que luchar por ella. También estamos claramente ante ese umbral ético, el de la imposibilidad de elegir otra cosa que no sea oponerse al tirano, que en este caso no es ningún invasor extranjero. «¿No ves que esto es lo único que puedes hacer si quieres conservar tu dignidad?». Exactamente.

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Más: 300: del cómic al cine, por Santiago García

18 comentarios:

Santiago Garcia dijo...

Te dejo más madera: http://santiagogarciablog.blogspot.com/2011/02/300-heroes.html

Pepo Pérez dijo...

Es verdad que colgaste ese texto en Mandorla, voy a enlazarlo.

Pepo Pérez dijo...

Acabo de encontrar tu alusión en ese trabajo a la interpretación del argumento de 300 en contra de que los espartanos se vean como los "marines" invasores y a los persas/iraníes como los invadidos. En las Termópilas, los espartanos y demás griegos eran los invadidos, justo lo contrario de lo que esa lectura contemporánea proponía.

"La proyección de conflictos contemporáneos sobre la película era previsible, aunque la identificación de las autoridades iraníes con sus antepasados los persas aqueménidas resulta peculiar cuando el argumento desnudo se presta con mayor facilidad, puestos a hacer paralelismos con la situación en Oriente Medio, a ver a los espartanos como resistentes palestinos o iraquíes que defienden su propio territorio y al todopoderoso ejército invasor como los Estados Unidos que avanzan arrolladores. Esta perspectiva no escapó a algunos nacionalistas americanos, que repudiaban la teoría de que Leónidas y los suyos se “inmolaran” en las Termópilas, pues parecía validar las tácticas suicidas terroristas de las células extremistas árabes, como ya apuntamos antes".

Si no me equivoco, eso lo escribiste antes de leer a Zizek, no? Porque el artículo de Zizek sobre 300 yo te lo pasé bastante después, cuando lo encontré hace un par de años. Los dos hacéis la misma lectura, en cualquier caso. Puestos a comparar la historia de 300 con los marines USA-el Oriente medio contemporáneo, el argumento no casa porque los invadidos en este caso son los árabes, y los invasores son el imperio americano.

Robur dijo...

La disciplina y el libertarianismo son dos cosas opuestas, quizás por eso Miller es hoy día mucho mas neocon que libertarian.

La férrea disciplina espartana venia inculcada desde el nacimiento por una sociedad absolutamente militarizada y que sobreviva gracias a la enorme población de ilotas, que no eran ya simplemente esclavos sino auténticos untermensch. Disciplina enseñada a golpe de látigo desde la infancia durante todo el proceso de la agogé.

El poner a los Espartanos como ejemplo de libertad siempre me pareció una de las grandes ironías de la historia. Los espartanos eran tan tiranos, o peor, que los Persas. Eso si era la tiranía idealizada de los oligarcas, la tiranía no de uno sino de un grupo de elegidos. Un grupete de verdaderos ciudadano con derechos y el resto de la morralla a servirles. Y aun así dentro de Esparta aun tenías varias capas de control. Sí había una asamblea de los pocos hombres libres verdaderos espartanos,los iguales, pero al final mandaban siempre las mismas familias, incluyendo las de los dos reyes, y además era una gerontocracia total. El verdadero órgano ejecutivo era la gerusia y tenias que tener 60 años para estar en ella y ser de una de las familias importantes.

Osea sociedad racista, ultramilitarizada, esclavista, oligárquica, monárquica y dirigida por una gerontocracia. Échale libertad.

Robur dijo...

Ah te dejo un par de artículos de Victor Davis Hanson, historiador especializado en la Grecia antigua y neocon nativista admirado por Miller, sobre la peli 300, por si no los conocías

http://www.victorhanson.com/articles/hanson101106.html

´http://www.victorhanson.com/articles/hanson032807.html

Pepo Pérez dijo...

Gracias, Robur. Sí, hace tiempo estuve mirando un poco el discurso de Davis Hanson a propósito de 300, y recuerdo haber leído un artículo suyo sobre la película, pero voy a ver esos enlaces, igual es otro material.

"La disciplina y el libertarianismo son dos cosas opuestas, quizás por eso Miller es hoy día mucho mas neocon que libertarian"

Bueno, pero aquí hay que tener en cuenta otra cosa, creo yo. Miller es una persona, un individuo quiero decir, y aunque uno intente etiquetarle (con "libertarian" o cualquier otra) para entender grosso modo por dónde se mueve, sigue siendo una etiqueta que puede ayudar a entendernos, pero que no puede definirle en su integridad, como individuo distinto a cualquier otro. Lo de la disciplina según Miller lo traía a colación de que es un valor importante para él, simplemente porque lo vio en sus padres trabajadores, y especialmente en su madre. De ellos lo aprendió a admirar, y por ellos supongo también que lo quiso destacar en 300, salvando todas las diferencias obvias... me refiero a disciplina a efectos simbólicos.

En ese mismo sentido se entiende la lectura de Zizek sobre la "disciplina", simbólica, no literalmente espartana. Si 300 es alegoría, entonces la disciplina que nos enseñan los espartanos no puede ser literal. Evidentemente, y esto no lo aclaro por ti sino por si acaso, por disciplina no se trata ahora de despeñar a los bebés "no aptos" como hacían los espartanos desde el monte Taigeto, ni sacar el látigo, ni buscarse a ilotas (aunque de esto último sí se encargan los que están en el poder, y no me refiero ahora a Esparta), se trata de otra cosa distinta.

Pepo Pérez dijo...

"El poner a los Espartanos como ejemplo de libertad siempre me pareció una de las grandes ironías de la historia. Los espartanos eran tan tiranos, o peor, que los Persas".

La cuestión importante en este sentido, y he querido destacarlo en el post porque hubo mucha confusión en este sentido, es que 300 no va de los hechos históricos sobre Esparta y las Termópilas, va de la leyenda espartana y la leyenda de las Termópilas, que es muy diferente. Una cosa es la Antigua Esparta, que fue tal como la describes, y otra muy distinta la leyenda "romántica" que se ha transmitido sobre Leónidas y sus hombres. Aun así, Miller quiso mostrar "detalles feos" de su sociedad que fueron omitidos deliberadamente en otros relatos previos sobre la batalla.

Y esa leyenda, ya desde el relato original de Herodoto, SÍ giraba en torno a la libertad, y la lucha por ella. Puede parecernos irónico, desde luego, teniendo en cuenta el asunto de los ilotas y cómo se inculcaba la disciplina espartana en la agoge, pero la cuestión de la libertad estaba en el relato original de Heródoto, la fuente escrita de todas las versiones posteriores, y es una de las cosas que Miller no se inventa.

Hay varias alusiones en Heródoto a que los espartanos luchaban por su libertad, para no perderla frente a la "esclavitud" que significaría la sumisión al imperio persa, y eso forma parte de la leyenda desde su nacimiento. La "Historia" de Herodoto sobre las Termópilas fue muy exagerada en muchos aspectos, tal como hoy saben los historiadores modernos, y contada con un fuerte sesgo panhelénico en un momento en que la nación griega no existía como tal (Herodoto sí creía en esa identidad nacional, pero era difícil conseguirla; las distintas regiones griegas solían estar enfrentadas entre sí, etc.).

En resumen, que para los propios griegos de entonces (para los que tenían status de ciudadanos, como dices, no para los ilotas, no los esclavos, que tenían tanto Esparta como Atenas) es fácil imaginar que sí se veían como hombres libres cuya sociedad les permitía una libertad-autonomía que podían perder bajo el mando persa. O al menos eso es lo que se contaron a sí mismos en la leyenda oral idealizada de los hechos, la que pasó al relato escrito de Herodoto y lo que se ha repetido después en muchas ocasiones a lo largo de los siglos.

Herodoto destaca varias veces hasta qué punto los espartanos (los espartiatas, ciudadanos de pleno derecho) valoraban su libertad, y cómo iban a luchar por ella hasta la muerte. Ellos no iban a luchar a golpe de látigo, como sí iban los soldados persas, ellos iban a luchar por su voluntad, como hombres libres (estoy citando a Herótodo de nuevo, según su relato eso es lo que le contó Demarato a Jerjes cuando este le preguntó sobre cómo eran los espartanos). Espera que copio otra cosa:

En Grecia, le decía Demarato a Jerjes, «había arraigado la hombría de bien –conseguida en base a la inteligencia y de unas leyes sólidas–, cuya estricta observancia le permite defenderse de la pobreza y el despotismo». Los espartanos, explicaba Demarato a Jerjes, «jamás aceptarán tus condiciones, que representan esclavitud para Grecia; pero, además, es que saldrán a hacerte frente en el campo de batalla, aunque los demás griegos abracen en su totalidad tu causa». En pocas palabras, disciplina y respeto absoluto a la ley (no al gobierno de los hombres o de un dictador como Jerjes). Los espartiatas, hombres libres, según los historiadores modernos creen, respetaban las leyes por voluntad propia, porque eso es lo que habían aprendido en su cultura. Respetar las leyes de la comunidad era un valor fundamental para ellos en tanto ciudadanos.

Pepo Pérez dijo...

De todos modos, no deja de ser significativo que siempre salga a colación los esclavos que tenían los espartanos, pero nunca los que tenían los atenienses... en tiempos de grandes filósofos también, y con su primitiva democracia ya vigente. Creo que Miller contó con esto cuando destacó también en 300 las diferencias culturales entre los democráticos atenienses y los militaristas espartanos.

Aunque en ese aspecto, el de los ilotas, no se diferenciaban.

Pepo Pérez dijo...

Como nos recuerda Davis Hanson en uno de los enlaces que has dejado, Robur, "2,500 years ago, almost every society in the ancient Mediterranean world had slaves".

"And all relegated women to a relatively inferior position. Sparta turned the entire region of Messenia into a dependent serf state.

But in the Greek polis alone, there were elected governments, ranging from the constitutional oligarchy at Sparta to much broader-based voting in states like Athens and Thespiae.

Most importantly, only in Greece was there a constant tradition of unfettered expression and self-criticism. Aristophanes, Sophocles and Plato questioned the subordinate position of women. Alcidamas lamented the notion of slavery.

Such openness was found nowhere else in the ancient Mediterranean world. That freedom of expression explains why we rightly consider the ancient Greeks as the founders of our present Western civilization".

Robur dijo...

Claro, la leyenda montada después es otra cosa. A mi personalmente si hablamos de libertad y disciplina ejemplares en ese conflicto me llama mas la atención que los atenienses votasen democraticamente, dos veces, a favor de los planes navales de Temistocles en vez de repartirse el dinero de la plata encontrada en las minas de la ciudad, que era la otra opción.


En fin como leyenda siempre se recuerda la heroicidad de la batalla perdida (donde murieron muchas mas de 300, pero de los ilotas y los tebanos y tespios no se acuerda nadie) mas que las victorias posteriores.

Y si, para los autores griegos pronto el conflicto con los persas se representa como la lucha de la libertad contra la tiranía, aunque la guerra contra los persas siguió dando lugar al imperialismo ateniense y muchas ciudades estado subyugadas y que Esparta como icono de libertad es muy cuestionable. Herodoto es el que mas admira a los espartanos, y Miller no se inventa eso aunque Miller si que pone a los Persas muchísimo peor que Herodoto y ya en la peli ni te cuento.

El respeto por sus leyes y el patriotismo esparta y capacidad de sacrifico por defendedor era enormes, pero el origen de todo ello esta en el sistema educativo intensisimo, violento y manipulador en el que se veían desde que cumplían los 7 y por el resto de sus vidas. Esa devoción por la unidad y sus leyes esta también presente en los mejores cuerpos especiales.

Pero vamos que estoy de acuerdo que Miller no transforma la idea fundamental transmitida ya desde Herodoto, que no fue contemporáneo con los hechos pero casi.

Robur dijo...

Mienras escribía mi tocho has puesto un par de cosas:
Bueno es que la situación de los ilotas era muchísimo peor que la de los esclavos atenienses. La krypteia nada mas ya hacia las cosas absolutamente diferentes. Ademas lo ilotas no eran propiedad privada sino esclavos institucionales y sus posibilidades de emancipación eran mínimas.

Sobre lo de la autocritica le doy , en rasgos generales la razon a VDH.

Pepo Pérez dijo...

" aunque Miller si que pone a los Persas muchísimo peor que Herodoto y ya en la peli ni te cuento".

Desde el momento en que eliges contar la leyenda desde el punto de vista espartano, que es lo que hace Miller en 300, esa caricaturización de los persas como villanos, y villanos "exóticos", cae por su propio peso... Por cierto que lo del "exotismo" y "lujo" asiático también tiene su base en la visión griega y posterior tradición occidental, empezando porque los griegos eran entonces un pueblo pobre (joder, iba a decir tan pancho "bueno, y ahora también", pero mejor dejarlo porque no es cosa de broma, y aquí además vamos por el mismo camino) frente a un imperio persa mucho más rico y sofisticado en diversos aspectos. Por supuesto que ese "punto de vista espartano" es una elección muy provocadora, y Miller está claro que lo sabe cuando lo escoge.

Pepo Pérez dijo...

Cabe preguntarse si hay algo de su 'propia cosecha' en esa visión que da de los persas en 300. Quiero decir, si lo hizo con la intención personal de ponerlos a parir como pueblo. Sinceramente, en 1998, cuando hace 300, yo creo que no es su intención. Está imaginando una "visión espartana" de sus enemigos, caricaturizada y maniquea. 300 no es un relato contado desde 'fuera', por narrador omnisciente, es una leyenda 'oral' contada por los propios espartanos ante el fuego, como mito identitario, para animarse a seguir luchando, y eso condiciona todo el planteamiento narrativo y gráfico.

Ahora, si me hablas de después de 2001, después del 11-S, con la visión que tiene del terrorismo islámico y del "choque de civilizaciones", ya no te diría lo mismo.

Robur dijo...

Si es una cosa mas caricaturesca. Miller en 1998 estaba ya lejos de contar las cosas con tonos grises.Es buenos y malos, retorcidos pero buenos y malos. Los griegos resaltan la diferencia con los Persas, y su lujo(sobre todo comparados con los espartanos)y costumbres, pero mantienen cierto respeto y resaltan muchas veces el valor de los Persas. Los Persas adema estaban solo unas generaciones separados de ser una tribu de nómadas a caballo.


Ernesto dijo...

Yo recuerdo el paralelismo que creo que hacía el propio Miller entre los espartanos de Leonidas y los Marines de la actualidad, y la paradoja que resultaba de este enfoque en tanto que sostenía que a veces la única oportunidad para la supervivencia de la Democracia era un grupo de asesinos psicópatas dispuestos a todo.

En ese sentido creo que en el discurso puede cambiarse Democracia y Libertad por Patria y Dios y la alegoría mantendría toda su fuerza porque los espartanos se enfrentan a un enemigo exterior que quiere, no exterminarlos (recordemos que aún estamos lejos de las guerras de religión), sino reducirlo a pueblo vasallo de Persia, algo que imagino que se traducía en el gobierno de un tirano nativo afecto o de un sátrapa importado y al pago de un impuesto, condiciones normalizadas en el tráfico de las guerras de la frontera de occidente con oriente, pero en lo que aquí nos ocupa implicaba también un desbaratamiento de las élites gobernantes que son siempre las que sostienen el mástil de la bandera de los grandes ideales cuando ven cercano el riesgo de perder la silla.

La pregunta que siempre me he hecho en este tema es cuánto hay de ideario libertario en la acción de unos pocos espartanos (no olvidemos que el resto se quedo en casita con la excusa de la fiesta de la carneia) y cuánto de patriotismo mal entendido en cuanto que efecto pantalla de los intereses de los que siempre mueven los hilos.

Por otro lado, ayer vi un documental (Hell and back again) en el que seguían el día a día de la recuperación de un marine herido en Afganistán intercalando escenas de algunas de las acciones militares en las que había participado, y me llamó la atención cuando en la oficina de alistamiento le preguntaron por sus razones para incorporarse al cuerpo y el decía que quería matar gente, y de cómo le felicitaban porque esa era la mejor respuesta que habían oído nunca. Es decir, no era ya ese manido “quiero defender a mi país o a la Democracia” y todo el paquete, sino un crudo y desnudo “kill people”.

Pepo Pérez dijo...

Efectivamente, Ernesto, la memoria no te engaña. En 1998, Miller comparaba con marines respecto al paralelismo que veía en las democracias occidentales, que se sustentan gracias a fuerzas jerarquizadas y nada democráticas como el ejército. Cuando necesitas defender el país no envías al Congreso ni al gobierno, envías a los marines, decía Miller más o menos. Y, como bien dices, Ernesto, el ejército en guerra solo tiene una misión, matar o de lo contrario morir.

El paralelismo respecto a las Termópilas Miller lo encontraba en que los menos democráticos de los griegos, los espartanos, que podríamos ver como una especie de "ejército profesional de elite", defendieran a la incipiente democracia griega, a los griegos más democráticos. Un poco como el ejército moderno defiende y permite con su fuerza (siquiera disuasoria) las democracias occidentales.

Me suena que este asunto también salió en la pequeña encuesta que hice en su día. El tema se veía en 300, pero se rechazaba que el cómic lo señalara, como si fuese una manipulación o tergiversación maniquea. En realidad se trata, creo yo, de una verdad incómoda de nuestras sociedades.

juanan dijo...

Hay una cuestión que me interesa de "300" de la historieta, pero sobre todo de su adaptación cinematográfica y es su estética: es de agradecer que se aparte del "realismo" imperante desde hace años. Y lo pongo entrecomillado porque tal elección estética no es más que una convención. Precisamente, ese aspecto legendario que mencionas se refuerza con el uso de decorados y fondos croma. Si hubieran elegido emplear un estilo más al uso, comoen "Troya" el resultado sería completamente distinto. Lo mismo que si Miller hubiera usado un estilo similar al empleado en "Elektra Born Again" por ejemplo.
Esto ya es una cuestión personal, pero reconozco que cada vez más hecho de menos esa síntesis, abstracción incluso que existía con los decorados que "se notaban"

Pepo Pérez dijo...

Tú lo has dicho, Juanan, y has elegido una comparación perfecta. Troya tiene un tratamiento realista hasta cierto punto (bueno, de realismo cinematográfico, para ser más exactos) que es justo lo contrario al de 300, película y cómic. El tono de la obra sería completamente distinto. La comparación con Born Again también es muy pertinente, pues el dibujo de Mazzucchelli (como en Year One) también aportaba una cualidad naturalista que no tiene Miller, mucho menos en 300.

Zack Snyder por ejemplo justificaba sus trasgos literalmente monstruosos en las filas persas (la exageración sobre la exageración, superando ahí con creces a Miller en el cómic) justamente por ese tratamiento: es una leyenda, una "ópera sobre las Termópilas", no una representación realista de la batalla, y una leyenda contada además desde el punto de vista espartano...