sábado, 7 de junio de 2014

lo que (NO) se puede decir [algunos hombres buenos]

Lo sucedido esta semana con la portada DESTRUIDA de El Jueves ha sido gravísimo, espero que no haga falta que se diga de nuevo; otro escándalo más que se suma a la estafa, de dinero y libertades, acometida durante el último lustro por esta democracia orgánica de la que «disfrutamos». Cuando hace siete años se ordenó el secuestro judicial del número de El Jueves por la portada de los príncipes, en el que «la Casa Real no tuvo nada que ver», quien quiso verlo ya lo vio y lo dijo: el precedente era gravísimo porque dejaba claro el «marco» oficial dentro del cual se podría ejercer la libertad de expresión, y esto no en plena transición, sino a las alturas de 2007. Poco después y en un proceso exprés de rapidez inusitada, dos dibujantes, dos historietistas, fueron condenados en vía penal por publicar una caricatura, como si estuviésemos en el siglo XIX. Simplemente ASQUEROSO. Más tarde, cuando acudieron en amparo ante el Tribunal Constitucional, este último se saltó su propia doctrina según la cual la libertad de expresión prevalece sobre el derecho al honor, la intimidad y la propia imagen cuando se trata de ejercer la crítica a las autoridades públicas, y más si dicha crítica se realiza en un ámbito humorístico y satírico. Porque esa crítica es necesaria para una democracia que aspire a serlo. O eso se supone.

Lo que ha ocurrido con el número de El Jueves esta semana es consecuencia y continuación de aquello. Poco más que añadir, porque ahora sólo se me ocurren insultos, y esto no es una metáfora. Mis sentimientos son de enfado y pesar. Pesar porque lo ocurrido es una tragedia personal para los afectados, gente honrada que vive, o vivía, de ese trabajo honrado, absolutamente necesario —repitámoslo una vez más— en una sociedad que aspire a ser algo más que una dictadura bananera; un trabajo honrado que cumple una función social imprescindible e insustituible de crítica y contrapeso al sistema. No olvidemos que la mascota de El Jueves es un bufón. Pero lo ocurrido también es una tragedia colectiva, siquiera simbólicamente, por lo que representa para todos nosotros: por lo que dice de nosotros como país. Los insultos que se me ocurren, que son muchos, van destinados por supuesto a los malos, que vuelven a ganar para variar. Y los elogios y aplausos van dirigidos a algunos hombres buenos, sacrificados como chivos expiatorios, para variar también. Que son demasiados ya en estos años de «transición» entre lo malo y lo peor, visto lo visto.

Quiero aplaudir precisamente la dignidad y valentía de Albert Monteys, Manel Fontdevila, Paco Alcázar, Manuel Bartual, Guillermo Torres, Isaac Rosa, Bernardo Vergara, Mel, Malagón, Luis Bustos y Pepe Colubi (actualización: y Bea Tormo; actualización 2: y Lalo Kubala; actualización 3: y Miquel Gras, Iu Forn y José Luis Ágreda). Todos se han negado a tragar y han dejado de colaborar con El Jueves, y pido disculpas si se me ha olvidado mencionar a todos los que se han negado a pasar por el aro. Algunos de ellos llevaban trabajando en la revista más de 20 años y el grueso de sus ingresos procedía de su trabajo en ella. No quiero olvidar a los que, aun pensando lo mismo que los que han abandonado, no han podido tomar la misma decisión. Ellos, a su manera, también están viviendo el duelo. Mis más sinceras condolencias para todos ellos, víctimas de un sistema implacable cuyo único objetivo es perpetuarse como tal. Ha sido una semana muy triste y no hace falta insistir más, solo enviarles desde aquí, modestamente, mi apoyo y amistad.

10 comentarios:

molina dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Pepo Pérez dijo...

Sí, están mencionados en el texto.

molina dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
molina dijo...

Borro los comentarios mejor que a veces me pierde la bocota.

Pepo Pérez dijo...

no pasa nada.

Carlos Maiques dijo...

Sí que es tremendo. Ya lo fue en 2007, pero esto ya es peor, por interiorización, por miedo a ¿qué? (RBA, con o si presiones coronadas, etc.)Todo mi apoyo a quienes han renunciado, y también para quienes continúan, porque quieren o porque no pueden permitírse dejarlo.Vvivmos tiempos interesantes, como decía la maldición china. Habrá que dibujarlos. Un saludo y hasta otra.

Amanda Vazquez dijo...

Entiendo tu enfado y cabreo. Leo en medios o hablo con gente que los critican porque "hay que ser profesionales y uno no puede abandonar así un trabajo, etc etc..." Yo respondo a estas personas con esta historia:

Un jefe de éstos que hemos conocidos todos, que no escucha, se apropia de los logros ajenos y recompensa resultados apretando un poquito más para engrosar su bonus a costa de su equipo.

ÉSE tipo de jefe un día viene con una idea de mierda que afecta negativamente por igual a miembros de su equipo y a la calidad del producto que llega a cliente.

El equipo dice "tururú. Ahí te quedas con tu idea. Nosotros no vamos a llevarla a cabo porque no tragamos".

Es probable que ese jefe de mierda piense: bueno, pues contrato a otro que haga lo mismo por la mitad o becario.

Ya, pero no es lo mismo reponer a uno que a UN EQUIPO ENTERO de trabajo. Y tampoco pretendas que en una semana ésas personas den el mismo resultado que los anteriores, por simples razones de adaptación.

Así al jefecillo le dan de lleno en la cara las consecuencias de una mala decisión porque no tiene a nadie que le levante el trabajo y puede que hasta aprenda que a los buenos profesionales no se les tiene que tratar como algo de usar y tirar.

Si tuviésemos en todos los ámbitos la misma actitud de los dibujantes del jueves, probablemente no hablaríamos tan a menudo de la precariedad laboral, de las bajadas de salarios, recortes laborales y otras lindezas.

Viva y bravo por ellos.

Santiago García dijo...

Muy bien dicho, Pepo. Lo suscribo completamente.

Carlos Rioja dijo...

Amén.

Kurt dijo...

Por lo leído, un momento clave del asunto fue cuando El Jueves perdió su independencia en favor de RBA, en el 2006. Alguien debería entrevistar a los antiguos dueños de la revista. Estaría bien saber si en aquel momento la publicación se encontraba en un momento económicamente delicado como para verse obligada a dar ese paso o si fue simplemente para evitar problemas económicos en el futuro, o para crecer más. En algún lugar he leído que con el nuevo inversor se quería convertir a El Jueves en una plataforma más multimediática. Está claro que cuanto más público deseas captar, más blanco e inofensivo tiene que ser tu humor. Si esto es cierto, oiremos en el futuro hablar más de la marca “El Jueves” pero no ya tan relacionada con la esencia de la revista. Es una cabecera conocida y ahora su fama puede usarse para otras cosas que generen dinero. Puede ser el comienzo de la desnaturalización del producto. Precisamente se han ido los que lo hacían más genuino.

Otro asunto a tener en cuenta, la diferencia entre la RBA tolerante del 2007 y la actual es que su máximo accionista, Ricardo Rodrigo, se encuentra ahora imputado por fraude fiscal. Si el Estado ha hecho tratos en el pasado con personas imputadas (del estilo: te quito la imputación a cambio de tu colección de cuadros o de que delates a otros defraudadores) no veo por qué no puede ser este también el caso. El trato consistiría en descabezar a El Jueves.

Lo de RBA parece que tendrá un efecto parecido al que tuvo en su día la bomba de El Papus. Tras el atentado la mítica revista continuó su actividad pero más descafeinada en cuanto a contenidos políticos. Esto provocó que años después varios de sus dibujantes se fueran a otra nueva revista (El Pupas primero, luego El Pulpo). Me veo en el futuro a los exiliados de El Jueves montando una nueva revista llamada ¿”El Viernes”? o a lo mejor se van al Mongolia. La antigua bomba fue enviada por la ultraderecha, la nueva “bomba” parece haberla traído este clima de histerismo ultramonárquico en que estamos sumidos. No basta con apagar la tele, nos quitan hasta nuestras revistas.

Monteys ha escrito en uno de sus tuits que probablemente nunca sabremos la causa de todo esto pero creo que es bueno especular en torno a ello como un ejercicio para perder la ingenuidad sobre ciertas ideas, como por ejemplo creer que un grupo empresarial va a comprar un medio de comunicación sin querer influir, directa o indirectamente, en sus contenidos.