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sábado, 7 de noviembre de 2009

RAÍCES PROFUNDAS

Qué gracia me ha hecho descubrir por qué el Ernest de GUS 3 (Norma) se llama Ernest. El personaje, un antiguo forajido reciclado como dueño de un saloon de postín, tenía un aire en sus rasgos que me recordaba a alguien, pero no sabía bien a quién. Se notaba que Christophe Blain, el autor de este raro western cómico que es GUS, una serie en parte homenaje a LUCKY LUKE y al cine del Oeste, en parte autobiografía camuflada, se había basado en alguien real para diseñar al personaje. La cuestión es que Blain no lo revela del todo hasta esa viñeta de arriba, ya bien avanzada la historia, cuando los rasgos del personaje se ven claramente como los del actor Ernest Borgnine. Esa forma de cara, ese entrecejo, esos paletones separados, ese hoyuelo en la barbilla. Le pongo aquí abajo en dos fotogramas, uno de su memorable interpretación en MARTY (Delbert Mann, 1955), junto a Betsy Blair:

y otro de -hablando de pelis del Oeste- un western tan mítico como GRUPO SALVAJE (Sam Peckinpah, 1969):

Borgnine en una foto ya de mayor:

Es curioso porque en cuanto reconoces a "Ernest Borgnine" en el tebeo ves las conexiones entre el cine que protagonizó y el personaje de Blain. El Ernest de GUS 3, igual que el personaje que encarnó Ernest Borgnine en GRUPO SALVAJE, comienza la historia como asaltador de bancos. Más tarde, igual que el carnicero tímido que interpretó Borgnine en MARTY, descubrimos que tiene serios problemas para entablar relaciones con mujeres, y de hecho ésa es su principal preocupación en la historieta de Blain: conseguir a "mujeres de verdad", y no sólo a las putas que compra para su flamante saloon. Por esa razón justamente Ernest se fija en Gus, que sí aparenta tener gran éxito entre las féminas.

Pero con "Ernest" no acaban los guiños cinéfilos de GUS 3.

He aquí uno de los jugadores de cartas a los que se enfrenta Gus. Se llama Paul Schrader, como el guionista (TAXI DRIVER) y director de cine (HARDCORE, AMERICAN GIGOLO, AFLICCIÓN)

pero cuyo físico está inspirado obviamente en este actor de aquí abajo:

que, en efecto, es Edward G. Robinson. El fotograma además pertenece a THE CINCINATTI KID (EL REY DEL JUEGO, Norman Jewison, 1965), donde precisamente Robinson encarnaba, en uno de sus memorables papeles secundarios, a Lancey "The Man" Howard, un viejo jugador de póker al que finalmente se enfrentaba el protagonista, el "chico" interpretado por Steve McQueen. En el tebeo también aparece brevemente un tal "Scott" cuyos rasgos me recuerdan, aunque aquí ya no estoy seguro, al actor Randolph Scott.

Y para terminar hay que dejar lo mejor, como todo buen cuentacuentos sabe. Que es lo que hace Blain con la historieta final del álbum, ANGIE, ANITA, ANTON, la más redonda y lograda. En ella hay otros guiños cinéfilos, unos más claros y otros menos. Esta "Angie" dibujada por Blain


me suena a Angie Dickinson, actriz que intervino en westerns legendarios como, entre otros, RÍO BRAVO (Howard Hawks, 1959).

El otro guiño de ANGIE, ANITA, ANTON está más claro, y de hecho toda la historieta es un divertido homenaje en clave paródica al film RAÍCES PROFUNDAS (SHANE, George Stevens, 1953), en el que un pistolero -aquí Gus- llegaba a un pequeño pueblo para defender a sus pacíficos habitantes de un cacique abusón. La historieta de Blain incluye también flirteo con la señora casada e hijo pequeño que admira con obstinación al pistolero; todo, por supuesto, en plan de coña. Blain incluso se permite introducir al final de su historieta una ensoñación de Gus donde evoca el final de RAÍCES PROFUNDAS:



¿El álbum? De puta madre, me lo he pasado muy bien leyéndolo. Blain cada vez dibuja mejor, lo cual en su caso significa que dibuja como los más grandes, con un estilo modernísimo y a la vez "con raíces", procedentes sobre todo de dibujantes caricaturescos de principios del siglo XX. Blain también se encarga esta vez, parcialmente (junto a Clémence), de los estupendos colores del álbum. Respecto al contenido, esto no es humor en sentido estricto, quiero decir que es algo más que una parodia llena de guiños, aunque también lo sea, porque todo está impregnado por esa melancolía del "cherchez la femme" que Blain introdujo rápidamente en la serie, en parte por cinefilia de nuevo y en parte, sospecho, por ser ése un tema personal, autobiográfico. No en vano Blain es fan confeso de François Truffaut y en particular de EL HOMBRE QUE AMABA A LAS MUJERES (EL AMANTE DEL AMOR en su título español, Truffaut, 1977).

miércoles, 20 de mayo de 2009

NO PUDO SER ESTA VEZ.

"Asunto: Norman Foster y Carlos Giménez

Como ya saben ustedes, el arquitecto Norman Foster ha sido galardonado con el premio Príncipe de Asturias de este año, premio al que habíamos presentado a nuestro Carlos Giménez.

No ha podido ser esta vez. Era muy difícil, y desde el principio lo sabíamos todos.

Creo, no obstante, que no hay motivo para el desencanto, sino para la alegría.
Porque Giménez y la historieta se han medido contra los pesos pesados de las otras artes, y porque ha estado ahí, batiéndose el cobre, hasta el último momento. Porque por una vez el mundo de la cultura y de la historieta (perdonen ustedes el plenoasmo innecesario) ha funcionado como una piña y ha hecho oír su voz y ha refrendado su propuesta.

Y porque nadie, ni siquiera Foster, hoy galardonado, se ha llevado el premio a la primera.

Todos podemos darnos por satisfechos. Hoy la historieta ha entrado por la puerta grande en el mundo de la cultura "oficial". No cabe responsabilizar al jurado (donde hay nombres muy importantes y gente que conoce perfectamente la labor de Giménez) más que de resolver la difícil papeleta que tenía ante sí: elegir a los mejores de entre los mejores de un buen puñado de campos.

Así, gracias a todos los que han apoyado esta candidatura. Al mundo de la historieta, a la Semana Negra de Gijón, a las universidades, escritores, blogueros y cineastas que han avalado con su firma nuestro deseo.

Los emplazo a todos para otro año.

Y gracias, claro, a Carlos Giménez: por su constancia, por su sencillez, por su gran obra digna de tantos premios".
--Rafael Marín