Como ya he dicho aquí en más de una ocasión, tenía este blog parado por un trabajo importante que tenía entre manos y que, durante 2011, me ha absorbido hasta el punto de no dejarme tiempo para casi ninguna otra cosa. No era ningún rollo, sino la pura verdad. En realidad se trata de un trabajo de largo recorrido que se ha extendido durante más de 4 años, un trabajo de investigación del que aquí habéis sido testigos en parte aunque no lo supiérais. Al menos por lo que respecta al aspecto de recogida de citas y entrevistas, un trabajo que en realidad podría decir que empezó desde más atrás, desde el blog Con C de arte. De modo que aprovecho ahora para agradeceros vuestros debates al respecto, porque pude aprender de ellos y aclarar algunas de mis ideas sobre el tema de investigación.
Me refiero a la tesis doctoral sobre cómic que defendí con éxito el pasado viernes en la Facultad de Bellas Artes de Málaga. Una monografía de más de 1.000 páginas ilustradas sobre toda la carrera de Frank Miller, analizando aspectos históricos, industriales, materiales y formales (con análisis narrativos y gráficos, de dibujo y diseño en cada cómic, incluyendo por supuesto los realizados en colaboración con otros dibujantes como David Mazzucchelli, Bill Sienkiewicz, Dave Gibbons, Geof Darrow y Jim Lee, sin olvidar las aportaciones de una colorista/artista de la talla de Lynn Varley); también sobre los aspectos estéticos e ideológicos de toda su obra. La tesis incluye sus trabajos cinematográficos, y aborda también, por supuesto, la inserción del Miller historietista en la industria y tradición del comic book americano. Comic book al que dediqué un extenso primer capítulo como introducción histórica, más otros largos epígrafes en varios capítulos posteriores. La tesis fue calificada con sobresaliente cum laude y espero ir publicándola por partes durante los próximos años, cuanto antes mejor.
Ahora quiero dejar constancia aquí, más que nada, de mi más profundo agradecimiento a mis directores de tesis, Carlos Miranda y Carmen Osuna, a TODOS LOS AMIGOS presentes en el acto, que fueron muchos –y algunos se presentaron por sorpresa desde lejanas ciudades–, y a la generosidad que demostraron en todo momento los miembros del tribunal con sus observaciones, comentarios y, por supuesto, críticas y precisiones, que sin duda enriquecerán el trabajo y me ayudarán a matizarlo de cara a una futura publicación en diversos libros (espero), tal como ellos mismos me sugirieron.
Para el recuerdo, el mío, el momento en que después de las tres horas que duró el acto (una hora de mi exposición, más otras dos con las observaciones del tribunal y mi respuesta breve a las mismas) pude salir mientras deliberaban sobre la nota final a saludar a todos mis seres queridos presentes allí. Sin los cuales, que no lo duden, yo no podría haber hecho nada. Ese momento, lo supe en presente, mientras duraba unos escasos minutos, fue una de esas cosas que no olvidaré jamás en la vida.