¿Cómo progresa la extensión de la historia de Maus?
Lenta pero segura, supongo. La considero la cosa más desafiante que he realizado. Lo que estoy haciendo con Maus es... No creo que extensión sea la palabra adecuada. No sé cuál es la palabra adecuada, porque estoy haciendo Maus por primera vez. Creo que me animó a trabajar en este proyecto aquel pequeño avance, las tres páginas de Maus que hice para Funny Aminals, pero lo que estoy haciendo ahora es tan extenso que es algo completamente diferente. Tiene diferentes requisitos, un ritmo diferente, un trabajo completamente diferente. Va a ser -supongo ahora- quizás una novela comic book, a falta de una palabra mejor, de 200 páginas o más, que será la historia de la vida de mi padre en la Europa nazi, empezando en realidad desde más o menos los años veinte y llevándolo hasta el 46 o el 47. También será la historia de mi relación con mi padre expresada a través de eso; en otras palabras, tendrá lugar más o menos en el presente, con el grueso del libro como flashbacks hacia su vida.
Me está resultando muy, muy difícil. Por un lado, concentrarme en el tema es difícil, y buscar la documentación es difícil porque es demasiado doloroso. Y aún así siento que es muy importante para mí luchar con esos demonios, en la medida que hay historias que la gente debería saber, y ésta es ciertamente una de ellas.
[...] ¿Tienes planes para publicar algo como segmentos de Maus en forma de revista?
Es prematuro por ahora porque tengo que hacer entero el primer libro en forma de bocetos antes de pasar a dibujarlo, y eso me va a llevar uno o dos años al menos. Y puede que entonces esté demasiado impaciente, porque es muy duro hacer algo tan largo sin la gratificación de ver nada publicado. Quizás pueda llegar a algún acuerdo. No me importaría llegar a acuerdos en Europa si puedo. Hay una posibilidad pero, de nuevo, es prematuro. Es duro postergar la gratificación tanto tiempo, pero creo que es la única forma de que un proyecto como éste pueda hacerse, simplemente esperar hasta que esté acabado y salga como un libro.
---Art Spiegelman, entrevistado por Alfred Bergdoll en 1979. La cita la he sacado de ART SPIEGELMAN. CONVERSATIONS, Joseph Witek (ed.), University Press of Mississippi, págs. 7-9, y la he copiado porque el otro día aún volvía a enterarme de algunas confusiones que persisten en torno a la novela gráfica. Espero que el libro teórico que dentro de nada sacará Santiago García contribuya a aclararlo, LA NOVELA GRÁFICA, pero en espera de leerlo no me resisto a escribir aquí un par de notas apresuradas.
Sinceramente: si alguien piensa que eso que está contando Spiegelman es un fenómeno "no novedoso", que "ha sucedido a lo largo de toda la historia del cómic", y que la novela gráfica sería simplemente una manera distinta de llamar a algo "que ya existía desde mucho tiempo atrás", creo que se equivoca por completo. La historia del cómic, quitando a cuatro francotiradores solitarios, casos muy aislados y marginales, está hecha de tebeos realizados para una industria, concebidos como productos industriales, mayoritariamente como entretenimiento de género masivo (y a menudo para un público infantil y juvenil). Eso incluye a los dibujantes de tiras de prensa, de Outcault, Opper, McCay o Herriman a Sterrett, Segar, Raymond, Foster, Crane o Caniff, pero también a los autores de comic book (Kirby, Eisner, Stan Lee, Toth, Gil Kane, los dibujantes de la EC, Marvel, DC, etc.) y de las revistas francobelgas (Hergé, Franquin, Goscinny, Uderzo, Giraud, Mézières, incluso más tarde Humanoides Asociados) o japonesas (de Tezuka a Tatsumi pasando por Otomo y cientos de autores contemporáneos), y terminando por supuesto por los dibujantes españoles que produjeron a destajo para las revistas y cuadernillos producidos industrialmente aquí por Bruguera, Toray, Valenciana, Toutain, y lo mismo los autores argentinos e italianos para sus propias revistas y publicaciones periódicas (incluyo a Oesterheld y Hugo Pratt).
Sin embargo, lo que está contando Spiegelman es algo totalmente diferente. Y no digo ahora que sea el único ni el primer caso, que no lo es, pero sí era un caso muy minoritario en 1979 y desde luego el más importante de la novela gráfica moderna por la repercusión que tuvo MAUS a partir de 1986 en medios generales y por su influencia en autores posteriores. En el caso de Spiegelman se trata de un autor que decide contar su historia, algo completamente personal, y decide hacerlo al margen de los cauces industriales, de géneros y de otras convenciones aceptadas, sin tener en cuenta siquiera el público que lo leerá, sin saber siquiera en el momento en que empieza MAUS dónde lo publicará (Carlos Giménez también hizo algunas obras así, por cierto). MAUS no fue concebido ni realizado para la industria, fue realizado como forma de expresión personal e intransferible; en otras palabras, como obra plenamente de autor. En la historia del cómic, concebido como producto industrial masivo de entretenimiento, aparecen cómics concebidos como expresión creativa personal.
Incluso Spiegelman tuvo la visión de imaginar su MAUS publicado directamente en libro, cuando el 98% de lo que se había realizado hasta entonces en la historia del cómic se publicaba de forma inmediata, serializada (diaria, semanal o mensualmente), como producto industrial, repito, ya en prensa ya en soportes autónomos como revistas y tebeos de grapa, entre otras razones porque los autores dependían para vivir del pago por esas entregas periódicas (hoy por ejemplo, pero no antes, algunos autores de novela gráfica consiguen adelantos igual que los escritores literarios para afrontar la realización a largo plazo de sus cómics, y eso es porque la novela gráfica ha demostrado en los últimos años su viabilidad comercial, mayormente en el mercado literario general).
Finalmente Spiegelman no pudo esperar a terminar MAUS para verlo editado y fue publicándolo por entregas en su revista RAW, antes de recopilarlo en libro (MAUS I, 1986; MAUS II, 1991; hoy ambos refundidos en un solo tomo). Eso es novela gráfica. Y no, desde luego no creo que sea un invento de la industria o los medios, ni mucho menos que haya existido siempre. Que la industria del cómic esté aprovechándose de la novela gráfica con posterioridad para explotarla comercialmente no significa que la haya inventado. La novela gráfica la inventaron los autores, determinados autores de cómic (como Spiegelman y otros, previos y sobre todo posteriores) porque buscaban hacer en el cómic justamente lo que no se hacía: obras de autor, de expresión libre, al margen de los estrechos condicionamientos industriales y editoriales, y abordando temas que el cómic no abordaba. Por eso tuvieron que inventar, siguen teniendo que hacerlo, recursos formales adecuados para narrar en cómic lo que hasta entonces no se había narrado. Precisamente la novela gráfica es una de las razones por las cuales la realidad ha penetrado en los cómics -como Gustavo Montes señaló con mucho tino el otro día en la mesa redonda de divulgadores de la Complutense, según me ha contado Santiago-, cómics hasta entonces y desde siempre poblados por material de género: aventuras, superhéroes, ciencia-ficción, horror, crimen, humor; fantasía en suma. Un material que está muy bien, por supuesto, en el cine existe material de género y de fantasía desde muy pronto, y en la literatura ya no digamos (y soy uno de los que disfrutó viendo AVATAR, ¿eh?).
La anomalía en el cómic era precisamente ésa: que hasta hace relativamente poco no podías encontrarse nada de nada, cero o cero coma cinco, de un material narrativo que sí existía en la literatura o el cine: la memoria, la autobiografía, lo documental, lo biográfico, incluso la ficción realista. En resumen: la realidad. Lo cual no significa que toda la novela gráfica pase por la realidad, por cierto, aunque sí es una de sus principales aportaciones. Hoy en cambio existen autores en activo como Spiegelman (no sólo MAUS, que como todo el mundo sabe es memoria sobre el Holocausto y también la relación autobiográfica entre el autor y su padre; SIN LA SOMBRA DE LAS TORRES se nutre del impacto que tuvo el 11-S en Spiegelman), Chester Brown (su LOUIS RIEL es una biografía de un personaje histórico), Joe Sacco (que hace periodismo, reportajes en cómic), David B. (EPILÉPTICO, autobiografía y memoria familiar con enfermedad crónica de por medio), Marjane Satrapi (PERSÉPOLIS, POLLO CON CIRUELAS, o sea, autobiografía y memoria), Emmanuel Guibert (LA GUERRA DE ALAN, EL FOTÓGRAFO, testimonios documentales, memoria, reportaje), Chris Ware (JIMMY CORRIGAN es en gran medida ficción autobiográfica; BUILDING STORIES tiene clara vocación de ficción realista contemporánea), Alison Bechdel (FUN HOME, memoria familiar de nuevo) y muchos otros autores españoles (con EL ARTE DE VOLAR de Altarriba y Kim como penúltimo y máximo ejemplo), italianos (Gipi), japoneses (Tatsumi, Taniguchi, etc.) e incluso alguna israelí (Rutu Modan y METRALLA, ficción realista situada en Israel), sólo por citar ahora un puñado de nombres. Autores de novela gráfica con los que esa situación tradicional del cómic está cambiando cada vez más rápido.
En otras palabras: el cómic se normaliza respecto a otras artes. Y la novela gráfica supone -entre otras cosas- la introducción y generalización de un material narrativo, la realidad, que antes apenas existía en el cómic, pero que ahora coexiste junto a ese material tradicional de género (aventuras, humor, superhéroes, etc.) del que se ha nutrido a lo largo de su historia.