sábado, 14 de enero de 2017

allí leen, tienen libros.

«¿Aquí casi no se ha editado esa parte de tu obra?  

De hecho, me ha costado vender aquí esa otra parte de mi trabajo, es increíble, hablamos de un país, España, donde hay un problema de lectura, hay una falta de inversión, no hay una política a largo plazo. En Francia pasaba lo mismo —no hay que olvidar que yo soy belga, y no teníamos este problema en Bélgica— hasta que llegó Mitterrand a principios de los ochenta. Se pueden decir muchas cosas de François, pero este hombre promovió cosas como las noches blancas de los museos, una política de lectura con cuentacuentos esparcidos por todo el territorio, con presupuesto para que los autores fueran a los colegios, públicos y privados. Promovió e impulsó la lectura y esta política ya es sistémica en Francia, y esas políticas han permitido que en veinte años Francia pasara de estar casi a la cola en lectura de cómics infantiles a entrar en el top de los cinco primeros. Hay que invertir a medio y a largo plazo. En el caso de España, hay que entrar en casa de una familia que tenga recursos, en la habitación de un chaval de once años, para ver la realidad: chavales, hijos de médicos, no tienen libros. En cambio, en una familia francesa de emigrantes, los de segunda generación, sí tienen libros. Pueden ser manga, una saga para adolescentes… pero leen, tienen libros».
Zidrou